Ayer sábado, 32 nuevos sacerdotes

Ayer sábado, 32 nuevos sacerdotes del Opus Dei fueron ordenados en la basílica de san Eugenio. Juan Carlos, de Ecuador; Jeff, de Estados Unidos; Paulo, de Brasil; José Enrique, de España; Javier, de Chile, y James, de Kenia,  que en este vídeo cuentan cómo ven su futuro servicio a Dios. !Enhorabuena!

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2 comentarios en “Ayer sábado, 32 nuevos sacerdotes

  1. Ayer sobreabundó la gracia de Dios con la ordenación de los Sacerdotes del Opus Dei. Muchas han sido las oraciones por ellos, especialmente en este día, y siempre por todos los sacerdotes, por quienes yo, particularmente he ofrecido mi vida.

    Siguiendo la conocida expresión paulina (cfr Tim 6,11), se ha insistido constantemente en que el sacerdote es y debe ser homo Dei, hombre de Dios. Puede decirse también con toda razón que el sacerdote es el hombre de lo sagrado. Así lo subraya el Concilio Vaticano II: «el mismo Señor constituyó ministros a algunos (de los cristianos) que, ostentando la potestad sagrada en la sociedad de los fieles, tuvieran el poder sagrado del orden, para ofrecer el sacrificio y perdonar los pecados, y desempeñaran públicamente, en nombre de Cristo, la función sacerdotal en favor de los hombres, para que los fieles se fundieran en un solo cuerpo» .

    Configurado sacramentalmente con Cristo de forma que pueda impersonarle, es decir, actuar in persona Christi et nomine Ecclesiae, el sacerdote tiene una misión de naturaleza estrictamente sagrada. El es el hombre de lo sagrado: el hombre del sacrificio y del perdón de los pecados; el que habla en nombre de Cristo con poder de interpelar a los hombres en nombre de Dios, con poder también de “atar y desatar” en el tribunal de la penitencia; él tiene como tarea edificar a la Iglesia en una forma insustituible y única, pues ejerce su “función sacerdotal en favor de los hombres, para que los fieles formen un solo cuerpo”. El sacerdote es un hombre poseído y envuelto de una forma particular por el misterio de Cristo y de la Iglesia, él está inmerso en el misterio de Cristo Cabeza de la Iglesia, insertado en este misterio como el sarmiento en la vid.

    Es Dios mismo quien se ha hecho hombre y en la noche suprema de la Última Cena habló de tenernos unidos a sí mismo como el sarmiento a la vid (cfr Jn 15, 1-7). Como escribió el Beato Mons. Del Portillo, «este rasgo –este progresivo acercamiento de Dios al hombre, esta gratuita apertura al hombre de la intimidad divina– caracteriza de modo propio y singular la religión proclamada por Jesucristo, y la distingue radicalmente de cualquier otra: el cristianismo, efectivamente, no es una búsqueda de Dios por el hombre, sino un descenso de la vida divina hasta el nivel del hombre»

    En la religión cristiana, la iniciativa divina es lo primero. Es Dios quien busca al hombre hasta el punto de hacerse Él mismo hombre. En la salvación del hombre, la iniciativa, en todos sus aspectos, es siempre divina. De ahí que el concepto vocación sea un concepto clave en el cristianismo. Aún la primera conversión es ya respuesta a una llamada: a la vocación a la fe. En este contexto de iniciativa divina se sitúa el sacerdocio cristiano en su propia naturaleza, en la razón de su existencia y en su actividad: iniciativa divina de ofrecer la salvación a la humanidad haciéndose presente por medio de unos hombres, iniciativa divina con la que, de entre el pueblo sacerdotal, elige a esos mismos hombres para hacerse presente en la comunidad a través de ellos.

    Nuestra gratitud a todos los sacerdotes, y no olvidemos todos los días de pedir por ellos.

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