Más sobre los brillos divinos

Ya hemos contado como empezó aquello de los brillos divinos. Pero si abrimos bien, por la fe, los “ojos del corazón” (Ef, 1, 18), y hacemos oídos atentos a las inspiraciones del Espíritu Santo, no es tan difícil encontrar esos brillos que reverberan en las realidades de nuestro acontecer diario. A veces pensamos que se trata de momentos mágicos o especiales. No tiene porque ser así siempre. Ocurre incluso que se percibe el brillo del Amor de Dios en momentos difíciles. Como cuando aquel sacerdote decía:

“Corazón de Jesús, que me iluminas,
hoy digo que mi Amor y mi Bien eres,
hoy (cada día) me has dado tu Cruz y tus espinas,
hoy digo que me quieres”

No nos tiene que dar vergüenza ver que tenemos defectos, si también luchamos toda la vida, hasta el final ¡Eso también es amor! Y si alguna vez cogemos una rabieta, porque no somos como deberíamos ser, y a escondidas lloramos, podemos repetir entonces estos otros versos:  (más…)