Santiago el Mayor, patrón de España

Miércoles, 25 julio, 2012

Santiago el hijo de Zebedeo y Santiago el hijo de Alfeo. Para distinguirlos se los conoce como Santiago el Mayor y Santiago el Menor, para significar su importancia en la Iglesia primitiva. Santiago el Mayor figura, junto con Pedro y Andrés (otras veces aparece Juan), entre  los tres apóstoles más importantes. 

Se trata del grupo de los íntimos de Cristo. No es que hicieran nada especial para formar parte de este selecto grupo, pero sencillamente el Señor lo quiso así, y durante su vida terrena les dio una serie de responsabilidades por las cuales se significaron un poco más.

Porqué no le decimos hoya al Señor que también tú y yo queremos formar parte de sus íntimos. Reza; y reza de verdad, con estas palabras inspiradas de la Escritura: habla, Señor, que tu siervo escucha.

¡Hay que saber recomenzar!

Jueves, 9 febrero, 2012

El personaje de esta semana es Salomón. Un hombre piadoso, que pedía a Dios al comienzo de su reinado: “Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien”. Un hombre sabio, admirado y querido, cuya fama y gloria llegó hasta los confines de la tierra, e hizo que la mismísima reina de Saba quisiera conocerlo personalmente… Pero a pesar de todo esto, Salomón se echó a perder  ¡se corrompió! Dios estaba feliz con Salomón… ¡Y le defraudó! Al principio, el joven Salomón no buscaba más que a Dios… ¡Y se descarrió! Al principio, Salomón hizo  a Dios un Templo como nunca nadie antes… ¡Y se envileció! Amaba a Dios como pocos le han llegado a amar, con toda su alma… ¡Y degeneró! Su justicia y sabiduría divina eran legendarias, nunca serían superadas… ¡Y se pervirtió!
¿Cómo llegó a esta situación? Lentamente, sutilmente,  poco a poco, cediendo en cosas pequeñas “había desviado su corazón del Señor” ¿Por qué ocurrió todo esto? Porque no supo recomenzar. Porque quiso justificar su actitud. Porque su soberbia le impidió reconocer su error. Porque la vanidad no le dejó ver la verdad. Primero fue la lujuria: “sus mujeres le desviaron su corazón” .También su padre David fue débil, pero él no supo reaccionar “como el corazón de su padre David”, y no supo levantarse con una vida penitente que purificase sus pecados. Salomón no supo recomenzar, y después de la lujuria, fue la avaricia; y tras la avaricia, la idolatría… Un rodar cada vez más abajo. Se emponzoño, y usó de la inteligencia que Dios le había dado para satisfacer sus propios deseos. No en vano el adagio reza: corruptio optimi pessima (la corrupción de los mejores, es la peor).
La conclusión resulta evidente: no bastan unos comienzos buenos y nobles. No bastan las buenas disposiciones de los comienzos. Se necesita la lucha perseverante de cada día hasta el final. Leer el resto de esta entrada »

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