Siempre alegres en este curso que comienza

Martes, 4 septiembre, 2012

Olvidamos con cierta facilidad que la alegría debe conformar todas las actividades de un cristiano. La alegría es, en cierto modo, una consecuencia de la caridad. Es el mismo Santo Tomás quien lo afirma: “La alegría es cierto acto y efecto de la caridad; por tanto, el mandato de estar alegres se extiende tanto como el de la caridad” (S. Th., II-IIae, q. 28, a. 4).

Por eso, hemos de luchar para que todo lo que hagamos sea cara a Dios, con rectitud de intención. Y por eso, como fruto de la caridad que hemos de poner en todo cuanto hacemos, brotará la alegría sobrenatural, que debe informar cualquier actividad. Quizás te preguntes y ¿también en las circunstancias adversas de la vida: enfermedad, contrariedades, etc.? También nos dirá san Pablo omnia in bonum… Y es que nada puede aplastar a un hijo de Dios. Un buen propósito: procurar estar siempre alegres. A ver si lo conseguimos este curso que empieza.

Como cada jueves, ponemos este vídeo del Papa durante la audiencia general de ayer miércoles, que dedicó a la oración contemplativa y la confianza en Dios ante las dificultades. Pidió que se dedique un poco más de tiempo a la oración. Cfr. texto completo de la audiencia general Leer el resto de esta entrada »

Esta tarde tengo la misa de graduación de 4º ESO en el Colegio. Terminan una etapa y empezarán el curso que viene el bachillerato. Algunos ya están pensando en la carrera que quieren hacer. Por eso, estas palabras de san Pablo en la misa de hoy pueden venir muy bien para empezar la homilía: “Lo que me importa es completar mi carrera y llevar adelante el encargo que me dio el Señor Jesús”. Y es que, para Para San Pablo la vida es como una carrera,y el cristiano como un atleta de Cristo: “olvidando lo que dejo atrás y lanzado a lo que está por delante, corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio a que Dios me llama” (Flp 3, 13-14). Leer el resto de esta entrada »

Tocados por la gracia

Miércoles, 25 enero, 2012

Ya lo hemos dicho, es bueno advertir que “nos falta algo”. Que necesitamos a los demás y la gracia de Dios. En la liturgia de esta semana salen a nuestro encuentro dos hombres tocados por la gracia: Pablo y David.
Pablo, perseguidor a muerte de los seguidores de un tal Jesús. Para él se trata solo de un farsante, condenado y muerto, y bien muerto, en un madero. Un embaucador que está poniendo en peligro al judaísmo ortodoxo; él mismo ha podido presenciar este peligro en el martirio de san Esteban… Pero camino de Damasco fue tocado por la gracia, Cristo lo derribó y muriendo Saulo se levanto un hombre nuevo: Pablo, el Apóstol. Todos sus ideales, sus juicios, sus opiniones, y hasta su “religión” quedaron sepultados, camino de Damasco, para siempre. En adelante -dirá él mismo- “ya no soy yo quien vivo. Es Cristo quien vive en mí” (Gál 2, 20). Leer el resto de esta entrada »

El segundo y definitivo momento

Jueves, 19 enero, 2012

Esta semana la liturgia nos presenta varios tipos o figuras: Saúl, David, los doce Apóstoles. El griego typos y el latín figura son utilizados por los teólogos para designar los simbolismos más originales que se descubren en el lenguaje de la Biblia. Hacen referencia a los relatos que sirven de tipo, modelo o ejemplo, de imagen anunciadora, o de reproducción anticipada, de símbolo o imitación.
Que David es tipo o figura de Jesús es fácil descubrirlo. Como Jesús, David siente la predilección de Dios por él: Dijo el Señor: –Levántate y úngelo, porque éste es. Tomó Samuel el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento invadió a David el espíritu del Señor, y estuvo con él en adelante. Dios amaba a David y él lo sabía. Este amor de predilección le dio la confianza que necesitaba llegado el momento para salir de la formación y correr velozmente en dirección al filisteo (Goliat); echó mano al zurrón, sacó una piedra, disparó la honda y le pegó al filisteo en la frente: la piedra se le clavó en la frente, y cayó de bruces en tierra. Es el mismo amor que hacía correr a Jesús hacía su pasión de Cruz: Tengo que ser bautizado con un bautismo, y ¡cómo me siento urgido hasta que se lleve a cabo! Es la confianza total de su victoria la que les permite superar el miedo y la angustia de la muerte y salir corriendo en dirección del Calvario.
Pero será con un segundo y definitivo golpe como ambos triunfan. Venció David a Goliat, usando precisamente su propia arma: David corrió y se paró junto al filisteo, le agarró la espada, la desenvainó y lo remató, cortándole la cabeza. Jesús alcanzó con un segundo golpe, la resurrección, la victoria definitiva sobre su enemigo, usando su misma arma, la muerte: más por envidia del diablo entró la muerte en el mundo (Sab 2,24). Desde entonces sabemos, con san Pablo, que la muerte ha sido absorbida en la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado, la ley. Pero demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo.
Este viernes narra la liturgia la elección de los Doce Apóstoles: tipo o figura de nosotros. Leer el resto de esta entrada »

Este Domingo IV del Tiempo Ordinario, la liturgia nos ofrece el himno de San Pablo a la caridad (el ágape o amor cristiano), tal vez el más célebre y sublime que jamás se haya escrito. La fórmula clásica de la caridad es aquella de Jesús que dice: «Como yo os he amado, amaos así los unos a los otros». La otra forma de amar es el amor de deseo o eros. A diferencia del ágape, el amor de eros tiende a la exclusividad y ama en gran medida por lo que recibe. Sin embargo el amor de ágape además de ser expansivo y permanecer, ama no por lo que recibe, sino por lo que necesitan los demás.

Esta idea se puede ilustrar con una anécdota real: Lapide P. cuenta, en un diálogo con V. Frankl que, siendo cónsul de Israel en Milán, organizó un acto de agradecimiento a unas franciscanas que habían acogido a 27 judíos durante 25 meses en la segunda guerra mundial. Después de dos horas de discursos y todo lo demás, le pide disculpas a la anciana abadesa diciendo:

- «El mundo tiene exceso de malas noticias; quizás sea conveniente que la gente tenga de cuando en cuando algo bueno que oír». Entonces la abadesa me preguntó algo que nunca olvidaré:

- «Mire, Sr. Cónsul, ¿son ustedes comunistas o fascistas?»

Por primera vez en mi vida no supe qué contestar. Le dije: “Señora, llevamos aquí dos horas hablando de las bienaventuranzas, del amor al prójimo, de la tierra santa, de Jerusalén y de la Biblia, ¿y me hace usted esa pregunta?”

Entonces la anciana señora se puso colorada y contestó tartamudeando: «mire, Sr. Cónsul, soy una mujer ya mayor, y tiene que disculparme, pero en el sótano que les acabamos de mostrar, a 600 metros de las oficinas de la Gestapo, hemos tenido escondidos comunistas en 1942, judíos de 1943 a 1945 y fascistas en los años 1946 y 1947. Comprenderá que me encuentre ahora un poco atolondrada».

Concluye su relato el Cónsul judío: «Gracias a Dios todavía existen personas como éstas» (Cf. «Búsqueda de Dios y sentido de la vida», Herder, Barcelona 2005, p. 154-5).

Este tipo de personas es posible porque los cristianos no amamos solo ni principalmente por lo que recibimos o nos aportan los demás, sino por lo que los demás necesitan de nosotros.

Te has fijado que Jesús, contra lo que muchos puedan pensar, nunca estuvo “entregado a los hombres”; sino que estuvo entregado a Dios “por los hombres”… Esta es mi cuerpo que se entrega (a Dios) por vosotros y por todos… En este caso, el cambio en una pequeña preposición marca una diferencia radical. Efectivamente, nuestra entrega es siempre a Dios, aunque se realice por los demás…

Y si esto hace que quedes mal con unos y con otros, piensa que parte del sacrificio de Jesús fue también quedar mal con los hombres, ser tenido por blasfemo, por rebelde, por poco complaciente con las reglas del mundo.

Madre, haz que sea como Jesús, que no me detengan ni los halagos ni las amenazas. Haz, Madre, que mi acción esté destinada sólo a Dios. Jesús alcanzó su objetivo, se sentó a la derecha del Padre, y nos salvó a todos. Nos amó… Madre, enséñame a amar así, para que viendo ese Amor le vean a Él.

San Pablo: un hombre que supo querer

Miércoles, 3 junio, 2009

Vilyandi, está en el centro

Vilyandi, está en el centro

Quizás ya algunos os habréis dado cuenta del retaso en los post. La causa: que estoy unos días en Estonia. Más en concreto en Viljandi (o Vílyandi como dicen aquí), muy cerca de una villa denominada Ramsi. Estoy viviendo en  una especie de albergue, que lleva por nombre Kivi Turismiltalu. Ya os contaré más adelante como he parado por aquí. Por ahora os diré que estoy intentando aprender un poco de estonio, cosa que doy por imposible; así como hacerme el oído al inglés para poder entender y hacerme entender algo.

Pero como estamos apunto de terminar el año jubilar dedicado a san Pablo se me ha ocurrido poneros este post sobre un aspecto que a veces no se trata mucho. Si, san Pablo fue un hombre con corazón, que supo querer.

Basta conocer un poco la vida de san Pablo para advertir que se trata de la aventura fogosa de un hombre extraordinario, entregado en cuerpo y alma a su misión. Le vemos moverse y actuar por una fuerza que parece inagotable, y cuya razón última se esconde en un corazón enamorado: Pablo es un enamorado de Cristo: para mi vivir es Cristo…

Efectivamente, toda su vida cambia repentinamente, como él mismo repetidamente cuenta, tras aquel encuentro inesperado con Jesús en el camino de Damasco. Un encuentro que hará re-fundar toda su vida: Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en miTodo eso que para mi era ganancia, lo tuve por pérdida comparado con el Mesías; más aún, cualquier cosa tengo por pérdida al lado de lo grande que es haber conocido personalmente al Mesías Jesús mi Señor… Yo vivo en la fe del hijo de Dios que me amó y se entregó por mí.

Su vida será ya una respuesta de amor (amor con amor se paga) a ese amor de Cristo, ya no entenderá ni sabrá otra cosa sino a Cristo… Pablo ha descubierto el Amor de Dios, ha sido atrapado por Cristo, y será ya desde entonces el siervo de ese Amor: servidor de Jesucristo (Rom 1,1). Un enamorado que no parará ya: 30.000 Km. en viajes (recordar las dificultades y peligros de los viajes de entonces); las Cartas (no es un teólogo sino un misionero; lo costoso en tiempo y dinero); su desvelo por las comunidades (padre y madre: sufro con dolores de parto hasta ver formado…); amigos y amigas (listas interminables de nombres y saludos al final; enfados Bartolomé).

- Si el corazón es la esfera más tierna, más interior, más secreta de la persona. ¿Cuál fue el misterio, la fuente más profunda de su alegría imperturbable, de sus desvelos, de su entrega insaciable? En su encuentro personal con Jesús, Pablo percibió con certeza plena que Cristo le amaba: «Yo vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Flp 1,21). Pienso que este fue su gran secreto, y que es el secreto más íntimo de los santos, y en el fondo de toda alma fiel.

Este gran secreto —el infinito amor de Dios por nosotros en Cristo— es la fuente de nuestra alegría, de nuestro consuelo, de nuestra esperanza, de nuestro deseo permanente de eternidad. Por eso san Pablo se propuso durante toda su vida, convertir su corazón a la medida del Suyo: «Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. Y si tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia, y aunque tuviera tanta fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy. Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer a pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo caridad, de nada me sirve. La caridad es sufrida, es benigna; la caridad no tiene envidia, la caridad no hace sinrazón, no se ensancha; No es injuriosa, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal; No se huelga de la injusticia, mas se huelga de la verdad; Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. La caridad nunca deja de ser: mas las profecías se han de acabar, y cesarán las lenguas, y la ciencia ha de ser quitada; Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; Mas cuando venga lo que es perfecto, entonces lo que es en parte será quitado. (…) Ahora vemos por espejo, en oscuridad; mas entonces veremos cara á cara: ahora conozco en parte; mas entonces conoceré como soy conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza, y la caridad, estas tres: empero la mayor de ellas es la caridad.

Ayer, miércoles 4 de febrero, en la intervención durante la audiencia general, Benedicto XVI ha concluido la serie de su catequesis sobre la figura de san Pablo.

La serie de nuestras catequesis sobre la figura de san Pablo ha llegado a su conclusión: queremos hablar hoy del final de su vida terrena. La antigua tradición cristiana testifica unánimemente que la muerte de Pablo vino como consecuencia del martirio sufrido aquí en Roma. Los escritos del Nuevo Testamento no recogen el hecho. Los Hechos de los Apóstoles terminan su relato señalando la condición de prisionero del Apóstol, que sin embargo podía recibir a todos aquellos que le visitaban (cfr Hch 28,30-31). Sólo en la segunda Carta a Timoteo encontramos estas palabras premonitorias suyas: “Porque yo estoy a punto de ser derramado en libación, y el momento de mi partida [de desplegar las velas en el original, n.d.t.] es inminente” (2 Tm 4,6; cfr Fil 2,17). Se usan aquí dos imágenes, la cultual del sacrificio, que ya había usado en la Carta a los Filipenses interpretando el martirio como parte del sacrificio de Cristo, y la marinera de soltar las amarras: dos imágenes que juntas aluden discretamente al acontecimiento de la muerte, y de una muerte cruenta.

Acerca del reciente levantamiento de la excomunión a los obispos “lefevbristas”, la Secretaría de Estado ha publicado una Nota advirtiendo de que aún se ha de verificar una serie de pasos para llegar a la plena comunión.Por otro lado, y ante la polémica provocada por las ciertas declaraciones antisemitas de uno de estos obispos, si que parece que se ha de andar con pies de plomo y evitar ingenuidades en temas que como este puede provocar cierta polémica.

Otra notocoa interesante es el aparente buen entendimiento entre los representantes del Gobierno español que aseguraron este miércoles al recibir al cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, que respetarán los acuerdos que rigen las relaciones Iglesia-Estado.

Texto completo de la audiencia general: Leer el resto de esta entrada »

Benedicto XVI

Benedicto XVI

Hoy durante la audiencia general, Benedicto XVI ha vuelto a hablarnos sobre la figura de san Pablo, pero esta vez centrándose en el sentido de la Cruz para un cristiano desde la luz de la Resurrección. El siguiente párrafo expresa esta idea:

“Si Cristo no ha resucitado, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe… estáis todavía en vuestros pecados” (1 Cor 15,14.17). Con estas fuertes palabras de la primera Carta a los Corintios, san Pablo da a entender qué decisiva importancia atribuye a la resurrección de Jesús. En este acontecimiento, de hecho, está la solución del problema que supone el drama de la Cruz. Por sí sola la Cruz no podría explicar la fe cristiana, al contrario, sería una tragedia, señal de la absurdidad del ser. El misterio pascual consiste en el hecho de que ese Crucificado “ha resucitado el tercer día, según las Escrituras” (1 Cor 15,4) -así atestigua la tradición protocristiana. Aquí está la clave central de la cristología paulina: todo gira alrededor de este centro gravitacional. La entera enseñanza del apóstol Pablo parte desde y llega siempre al misterio de Aquel que el Padre ha resucitado de la muerte. La resurrección es un dato fundamental, casi un axioma previo (cfr 1 Cor 15,12), en base al cual Pablo puede formular su anuncio (kerygma) sintético: Aquel que ha sido crucificado, y que ha manifestado así el inmenso amor de Dios por el hombre, ha resucitado y está vivo en medio de nosotros.

Cfr. Texto completo de la audiencia genera: Leer el resto de esta entrada »

Benedicto XVI
Benedicto XVI

Como cada jueves, te traigo el texto de la audiencia general de ayer, miércoles 22 de octubre de 2008, en la que Benedicto XVI sigue con su catequesis en torno a la figura de san Pablo, con ocasión del año paulino en el que estamos. Esta vez se ha centrado sobre el aspecto central de la predicación de Pablo: la divinidad de Jesucristo. Entre otras cosas dijo:

Un desarrollo posterior de este ciclo sapiencial, que ve a la Sabiduría abajarse para después ser exaltada a pesar del rechazo, se encuentra en el famoso himno contenido en la Carta a los Filipenses (cfr 2,6-11). Se trata de uno de los textos más elevados de todo el Nuevo Testamento. Los exegetas en gran mayoría concuerdan en considerar que esta perícopa trae una composición precedente al texto de la Carta a los Filipenses. Este es un dato de gran importancia, porque significa que el judeo-cristianismo, antes de san Pablo, creía en la divinidad de Jesús. En otras palabras, la fe en la divinidad de Jesús no es un invento helenístico, surgido después de la vida terrena de Jesús, un invento que, olvidando su humanidad, lo habría divinizado: vemos en realidad que el primer judeo-cristianismo creía en la divinidad de Jesús, es más, podemos decir que los mismos Apóstoles, en los grandes momentos de la vida de su Maestro, han entendido que Él era el Hijo de Dios, como dijo san Pedro en Cesarea de Filipo: “Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16,16). Pero volvamos al himno de la Carta a los Filipenses. La estructura de este texto puede ser articulada en tres estrofas, que ilustran los momentos principales del recorrido realizado por Cristo. Su preexistencia la expresan las palabras “siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios”(v. 6); sigue después el abajamiento voluntario del Hijo en la segunda estrofa: “se despojó de sí mismo tomando condición de siervo” (v. 7), hasta humillarse a sí mismo “obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz” (v. 8). La tercera estrofa del himno anuncia la respuesta del Padre a la humillación del Hijo: “Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre” (v. 9). Lo que impresiona es el contraste entre el abajamiento radical y la siguiente glorificación en la gloria de Dios. Es evidente que esta segunda estrofa está en contraste con la pretensión de Adán que quería hacerse Dios, y contrasta también con el gesto de los constructores de la torre de Babel que querían edificar por sí solos el puente hasta el cielo y hacerse ellos mismos divinidad. Pero esta iniciativa de la soberbia acabó con la autodestrucción: así no se llega al cielo, a la verdadera felicidad, a Dios. El gesto del Hijo de Dios es exactamente lo contrario: no la soberbia, sino la humildad, que es la realización del amor, y el amor es divino. La iniciativa de abajamiento, de humildad radical de Cristo, con la que contrasta la soberbia humana, es realmente expresión del amor divino; a ella le sigue esa elevación al cielo a la que Dios nos atrae con su amor.

Cfr. Texto completo de la audiencia general: Leer el resto de esta entrada »

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