Persona y acción”, una antropología personalista, es quizás la obra cumbre de la filosofía de Karol Wojtyla. Así lo afirma Juan Manuel Burgos, para quien “Persona y acción” es uno de los textos antropológicos decisivos del siglo XX. Si bien la obra de Wojtyła se encuadra sólidamente en la tradición realista, su pensamiento es plenamente moderno. No sólo asume el giro antropológico de la modernidad sino que, dando un paso más, se integra en el giro personalista llevado a cabo en el siglo XX. Aquí os dejo con este artículo de Juan Manuel Burgos publicado en Aceprensa

Itinerario intelectual

De acuerdo con los planes de estudio de la época, durante su formación sacerdotal en Roma recibió una formación sólidamente tomista. A su vuelta a Polonia, la realización de una tesis de filosofía sobre Max Scheler introdujo a Wojtyła en el movimiento filosófico de la fenomenología y, a través de él, en toda la corriente del pensamiento moderno. Y el contacto profundo con esta filosofía tan diferente le permitió advertir que encerraba propuestas teoréticas de una gran relevancia que merecían ser atendidas: la reivindicación del sujeto, de la subjetividad, de la autonomía, la visión profunda de la conciencia, etc. Leer el resto de esta entrada »

Acabo de leer este artículo de Alfonso Aguiló Pastrana (cfr. interrogantes.net). Especialmente interesante me ha resultado el análisis de la fuerte carga subjetiva que late en el origen del sentimiento de inferioridad; así como la explicación compensatoria de muchos sentimientos de superioridad -originados por la inferioridad.

Como ha señalado Javier de las Heras, el sentimiento de inferioridad se debe a la existencia de un defecto que se vive como algo vergonzoso, humillante, indigno de uno mismo e inaceptable.

En no pocos casos, además, se trata sólo de un presunto defecto, ya que, cuando se conoce y se analiza con un mínimo de objetividad, se comprueba que no hay motivos de peso para considerarlo tal, o que, en cualquier caso, se le está dando una importancia subjetiva desmesurada. Lo habitual es que todo esto se lleve en el secreto de la propia intimidad, y que tenga una importante carga subjetiva. Son evidencias interiores que muchas veces no resultan nada previsibles ni evidentes desde el exterior, pero que suelen constituir un intenso y profundo motivo de desasosiego y condicionar bastante la personalidad y el comportamiento de quien las sufre. Lo sorprendente es que hay gente muy valiosa que también sufre sentimientos de inferioridad. La fuerte carga subjetiva de esos sentimientos hace que, en efecto, se produzcan situaciones bastante sorprendentes. No es extraño, por ejemplo, que una persona que posea unas cualidades muy superiores a la media de quienes le rodean esté fuertemente condicionada por un sentimiento de inferioridad proveniente de cualquier sencilla cuestión de poca importancia.

Las épocas más proclives para esas impresiones son el final de la infancia y todo el periodo de la adolescencia. Por eso es importante en esas edades ayudarles a ser personas seguras y con confianza en sí mismas.

Por otra parte, muchos autores aseguran que los sentimientos de superioridad suelen tener su origen en un intento de compensar otros sentimientos de inferioridad firmemente arraigados. Esos procesos suelen provocar actitudes presuntuosas, arrogantes e inflexibles, de personas envanecidas que tienden a tratar a los demás con poca consideración, y que si a veces se muestran más tolerantes o benevolentes, es siempre con un trasfondo paternalista, como si quisieran destacar aún más su poco elegante actitud de superioridad.

Son personas a las que gusta darse importancia, y que exageran sus méritos y capacidades siempre que pueden; que siempre encuentran el modo de hablar, incluso a veces con aparente modestia, de manera que susciten —eso piensan ellos— admiración y deslumbramiento. Suelen ser bastante sensibles al halago, y por eso son presa fácil de los aduladores. Fingen despreciar las críticas, pero en realidad las analizan atentamente, y esperan rencorosamente la ocasión de vengarse. Están siempre pendientes de su imagen, muchas veces profundamente inauténtica, y con frecuencia recurren a defender ideas excéntricas, o a llevar un aspecto exterior peculiar y extravagante, con objeto de aparecer como persona original o con rasgos de genialidad. Buscan el modo de sorprender, para obtener así en otros algún eco que les confirme en su intento de convencerse de su identidad idealizada: por el camino de la inferioridad, acaban en el narcisismo más frustrante.

¿Es Dios un anciano con barba?

Viernes, 28 noviembre, 2008

Ya se termina este mes de noviembre que tradicionalmente ha tenido ese toque de nostalgia y de referencia al más allá. Por eso, y siguiendo con Luois de Wohl quería hablaros del “Anciano de la barba”.

La idea de un Dios personal está unida en nuestra imaginación a la de un anciano con barba blanca. No se por qué pero tenemos una inclinación especial a simbolizar nuestros conceptos. Con esa imagen del anciano queremos simbolizar la sabiduría, la experiencia, la madurez, el Padre. De algún modo buscamos con esta imagen acercarnos a Dios como nuestro Padre que lo es.

Por esos, para muchos esta imagen está unida también a ideas como vejez, falta de fuerza y actividad, o quizás sus experiencias paternas no han sido buenas y ahora proyectan sus sentimientos al Padre divino. Sin saber por qué sienten rechazo precisamente a esta imagen paternal de Dios. Y prefieren la “idea” de Dios como un gran “Poder”.

Sin embargo, quienes ven a Dios tan solo como un “Poder”, sitúan al Creador del universo, como si fuera una especie de fuerza ciega, algo así como el magnetismo o la energía atómica. De este modo, al negarle personalidad, conciencia, inteligencia y voluntad, sitúan al Único Artista, al Único Poeta, Organizador, Inventor, etc, por debajo incluso del hombre más ruin. Dios es Espíritu Puro dicen, pero no siempre resulta facil relacionarse personalmente con un espíritu puro.

Como niños pequeños hemos hecho mil dibujos de Dios que nos ayudasen a acercarnos a Él… Hasta que Él mismo se acercó a nosotros como un niño…

Cfr. Louis de Wohl en La fe y los “signos de los tiempos” cara a cara

La confianza y el ánimo interior

Martes, 18 noviembre, 2008

confianza y apoyo

confianza y apoyo

Es un fenómeno que puede observarse con claridad, por ejemplo, en los deportes. Los entrenadores saben bien que en determinadas situaciones anímicas, sus atletas rinden menos. Cuando una persona sufre un fracaso, o se encuentra ante un ambiente hostil, es fácil que se encuentre desanimado, desvitalizado, falto de energía. En cambio, cuando un equipo juega ante su afición, y ésta le anima con calor, los jugadores se crecen de una forma sorprendente. También lo experimentan los corredores de fondo, o los ciclistas: pueden estar al límite de su resistencia por el cansancio de una carrera muy larga, pero una aclamación del público al doblar una curva parece ponerles alas en los pies.

No puede olvidarse que la imagen que tenemos de nosotros mismos es una componente real de la propia personalidad, que regula en buena parte el acceso a la propia energía interior, o incluso crea esa energía. Sí, nuestra energía interior no es un valor constante, sino que depende mucho de lo que pensemos sobre nosotros mismos.

El tono vital optimista o pesimista, el sesgo favorable o desfavorable con el que vemos nuestra realidad personal, también es algo que en gran parte se aprende, algo en lo que cualquier persona puede adquirir un hábito positivo o negativo. Y en esto también se puede adquirir como se adquiere un hábito.

Por eso, creer en los demás tiene efectos que muchas veces son sorprendentemente positivos. Todos respondemos conforme a las sinceras expectativas que otros tienen de nosotros. Si probamos durante un tiempo a tratar a alguien con mayor consideración y afecto, a creerle capaz de mejorar su carácter o su rendimiento; si nos esforzamos, en definitiva, por verle con mejores ojos –quizá más inteligente y más capaz de lo que ahora lo vemos–, es bien probable que esa persona acabe siendo mucho mejor de lo que ahora es.

Todos hemos pasado alguna vez por pequeñas crisis, por momentos en los que nos faltaba un poco de fe en nosotros mismos, y quizá entonces encontramos a alguien que creyó en nosotros, que apostó por nosotros, y eso nos hizo crecernos y superar aquella situación.

Goethe escribió: trata a un hombre tal como es, y seguirá siendo lo que es; trátalo como puede y debe ser, y se convertirá en lo que puede y debe ser.

Cfr. www.interrogantes.net

otoño

otoño

En un reciente congreso de filósofos y pensadores de ámbito internacional se analizaron diversas cuestiones relativas a las corrientes de pensamiento actualmente más en boga.

Una de las conclusiones más unánimes se refería a algo que quizá, a primera vista, puede parecer muy simple. Podría resumirse en que el atractivo de la persona individual tiene mucha fuerza, más que las doctrinas y que las ideologías.

Efectivamente, lo normal es seguir a las personas, más que a las ideas. Y ese natural deseo de emulación, muchas veces casi imperceptible, no es algo que se reduzca a los niños, o al seno de la familia, o a la educación. Siempre, pero quizá más en tiempos de controversias ante los valores, emerge con fuerza inusitada el hombre concreto, el modelo individual. Más que ideas generales, se buscan modelos humanos vivos, personalidades concretas que sirvan de referencia.

Se buscan vidas que, por su categoría humana o espiritual, sean dignas de admirar o imitar. La gente no quiere teorías, busca la elocuencia de las obras, de la vida real.

Me parece que esto debe motivar a todos aquellos que tenemos algún tipo de liderazgo, padres en su familia, profesores en sus clases, todo el que tenga algún encargo profesional, social o religioso, etc… Debemos advertir que lo que está en el fondo de esa función, no es tanto el qué o el cómo lo hagamos sino el quien lo hace. Efectivamente, es la categoría de nuestra relación personal, es ella la que sustenta todo y es su calidad la que hará eficaz la función. Leer el resto de esta entrada »

Capital humano y pobreza

Sábado, 16 agosto, 2008

Las Olimpiadas han dirigido la atención hacia el gigante Chino y a los países del Este asiático. Las ideas que siguen pueden ayudar a comprender el vertiginosos desarrollo de estos países en tan poco tiempo.

Con el término “capital humano” puede se hace referencia a los talentos, la educación, la salud y la preparación de los indivi­duos. El siglo XX ha demostrado la principalidad de la educación y de la preparación perso­nales para el aumento de la calidad de vida. Se ha calculado que el capital humano supone cerca del 80% de la riqueza de los países desarrollados.

El caso de los países de Extremo Oriente (Japón, Taiwán, Hong Kong, Corea del sur, etc) ofrece ejemplos concluyentes. Estos países a pesar de tener pocos recursos naturales han logrado crecer de modo extraordinariamente rápido, en gran parte porque han tenido una fuerza de trabajo bien preparada, educada y muy trabajadora, y padres entregados. Todos los Tigres Asiáticos, son muy educados e instruidos, pero además cuentan con el apoyo familiar como transmisor de buenas costumbres y valores del trabajo.

Aunque son necesarios la maquinaria y el capital físico, son más importantes los trabajadores, los directivos y los empresarios preparados. No se puede crecer –en el ámbito internacional-sin un fuerte fundamento humano. Un ejemplo claro de esto lo tenemos en la tecnología. El conocimiento -y en especial el tecnológico-, en el mundo moderno es un elemento determinante de todo punto de vista. La educación y la formación han demostrado ser -también en el ámbito personal-, el método más eficaz para que personas capaces de procedencias pobres reduzcan las desigualdades sociales.

¿De dónde procede el capital humano? ¿Dónde se debe invertir para desarrollar el capital humano? Se debe comenzar por la familia. La familia es la magna fuente del capital humano. La familias saben mejor que nadie los recursos que tienen y se preocupan mejor que nadie de sus hijos e intentan mejor que nadie promover la educación y los valores de sus hijos. Las inversiones de la familia y en la familia son las más rentables.

Es abrumadora la evidencia de que las inversiones en capital humano son una de las mejores formas de elevar a los pobres a niveles decentes de ingresos y de salud (material y espiritual).

Fuente: Gary S. Becker; Premio Nobel de Economía 1992

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