Acerca de la “conversión”

Martes, 24 marzo, 2015

The Conversion of Saul, by CaravaggioEn el lenguaje teológico cristiano el término conversión (del latín convertere) expresa un proceso rico y múltiple que va desde la incredulidad a la fe; desde el estado de pecado al de reconciliación; desde el distanciamiento espiritual a un renovado fervor; etc. La historia del cristianismo está llena de ejemplos y relatos de conversión; el que describe san Agustín en sus Confesiones es un clásico.

La conversión significa, ante todo, “dar la espalda” al pecado para volverse de nuevo a Dios. El Evangelio desde el comienzo presenta la lucha contra el pecado como una exigencia indispensable para poder seguir al Maestro. Y, siguiendo la propia enseñanza del Señor, es inseparable de la fe en la misericordia paterna de Dios, y de la decisión de tomar voluntariamente la propia cruz. Supone, pues, un cambio de la mente y del corazón (metanoia), un abandono de las falsas seguridades personales y la aceptación del don divino que invita a seguir y a servir plenamente a Cristo con un amor fiel.

Por eso mismo, si es sincera, la conversión del cristiano como rechazo del pecado se traduce en manifestaciones externas: un cambio de actitudes y comportamientos.

¿Te animas?

¿Por qué se confiesa poca gente?

Lunes, 16 marzo, 2015

images (1)El Santo Padre anunció el pasado viernes, 13 de marzo de 2015, en la Basílica de San Pedro, la celebración de un Año Santo extraordinario. Este Jubileo de la Misericordia se iniciará el presente año con la apertura de la Puerta Santa en la Basílica Vaticana durante la solemnidad de la Inmaculada Concepción y concluirá el 20 de noviembre de 2016 con la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo.

Por eso me ha parecido muy interesante esta reciente entrevista a Mons. Krzysztof Nykiel, Regente de la Penitenciaría Apostólica, en Radio Vaticana, el pasado 9 de marzo de 2015, cuando al preguntarle sobre el hecho de que hoy, en bastantes países, sobre todo de la Europa cristiana, muchos fieles ya no se confiesan. ¿Nos puede explicar, en su opinión, cuál es el motivo?”.  Responde así: Leer el resto de esta entrada »

Una petición y una caricia

Jueves, 15 enero, 2015

604La escena es del Evangelio de hoy. Cientos de personas rodean al Maestro y escuchan su Palabra. De repente, uno de ellos ve acercarse a un leproso, y da la voz de alarma. Según la Ley de Moisés, quien entraba en contacto físico con un enfermo de lepra quedaba impuro. Temerosos de tocarle, todos se retiran, asombrados de la osadía del enfermo. Se hace silencio… Aquel hombre se aproxima a Jesús, acortando peligrosamente las distancias. Jesús estña quieto y mantiene clavada en él una cariñosísima mirada. Se acerca aún más el leproso y entonces dice aquellas maravillosas palabras: “Si quieres, puedes limpiarme”…

La petición

Estrictamente hablando no es una petición sino un acto sublime de fe. La petición desde luego está presente: Se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas”… Ahí está toda esa carne repugnante, arrodillada a los pies del Maestro; su actitud es un grito silencioso de súplica: “Mírame, Señor, ¿no te doy lástima?”. Leer el resto de esta entrada »

Rothenfluh, Schwyz - SwitzerlandHay preguntas que son como pedradas. Rompen los vidrios, entran en la casa y se incrustan en la pared maestra que sostiene el edificio. Una vez causados los destrozos, lo difícil es sacarlas de allí y devolverlas, debidamente respondidas, a quien las lanzó.

En torno a la Pasión de Cristo, la pregunta es siempre la misma: ¿Por cuál de ellas me apedreáis? Más tarde, iniciada la Pasión, en casa de Anás preguntará Jesús al soldado que acaba de abofetearlo: ¿Por qué me pegas? (Jn 18, 23). Dentro de una semana, ante la Cruz, escucharemos al profeta Miqueas: Pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¿En qué te he ofendido? ¡Respóndeme! (Mi 6, 3).

¡Respóndeme! ¿Por qué? ¿Por qué has llevado a la Cruz, con tus pecados, a Aquél que vino, lleno de Amor, a redimirte? ¿Por qué sigues ofendiéndolo y crucificándolo?

No es fácil, pero es urgente. Dile la verdad: «Señor, no te crucifico porque te odie. Te crucifico porque, si tengo que elegir entre Tú y yo, me prefiero a mí aunque para ello tengas que morir Tú». Y, tras haber respondido, si aún no has muerto de vergüenza, arrepiéntete y conviértete. La Semana Santa está a punto de comenzar.

Autor: José-Fernando Rey B

El deseo de sanación

Martes, 1 abril, 2014

unnamedDifícilmente entenderá el cristianismo quien no asuma esa radical enfermedad del hombre que lo convierte en un ser necesitado de redención. Quien no se reconozca pecador, quien no sea consciente de merecer el Infierno, está incapacitado para acoger la redención traída por Cristo.

    ¿Quieres quedar sano? 

El conocimiento de la propia condición pecadora no es suficiente. Es necesario, además, el deseo de sanación, con todo lo que ello conlleva: romper con el propio pecado y comenzar una vida nueva. Y, en este punto, es donde mucha gente -por desgracia- se nos queda en el camino.

    Y es que son muchos quienes quisieran, a la vez, ser personas religiosas y continuar desposados con sus vicios, mediante el sencillo procedimiento de encontrar un dios que les dé la razón y consagre sus enfermedades. Quieren rezar, pero no renuncian a su soberbia; quieren confesarse, pero se niegan a acusarse de sus pecados más secretos; quieren comulgar el Cuerpo de Cristo, pero no están dispuestos a entregar el suyo.

    Hay paralíticos que no quieren quedar sanos. Les gusta rezar, pero lo de moverse y abandonar sus posiciones es asunto distinto. No vaya a ser que, si caminan, Alguien los invite a subir al Gólgota.

Contradicción

Sábado, 11 enero, 2014

en ti confio padreMi Cristo, yo quisiera amarte como me amas, quisiera amarte una infinitud de lo que tú me amas, quisiera amarte más que a mis debilidades, ser más tuyo que del mundo, desearte a ti más …, estar contigo 24 horas, empaparme de ti a cada momento, mantenerme en oración continua, y estar a la altura de mi llamado y de quien me llama.

Pero no puedo, trato y trato para solo sentir la dulce angustia del que anhela la santidad, la amarga pero gratificante lucha del que quiere seguirte, la gran miseria que despliega el derroche de tu misericordia.

¿Qué merito tengo? ¿Qué merito podré tener? Solo tu gracia me sostiene, y lo poco que tengo te lo entrego, te lo entrego como está. Un corazón herido, humillado, dividido, una voluntad anémica, un amor incompleto, una carne débil…, un espíritu  quebrantado y un alma necesitada de tu perdón, amor y misericordia y unos ojos que no pueden ver tu gracia por encima de mis debilidades. Leer el resto de esta entrada »

Este domingo se celebra la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo -también conocida como Corpus Christi.

Nuestra fe, por supuesto, es interna.El reino de Dios en vosotros está“, como Jesús mismo enseñó. La esencia de nuestra fe es una aceptación interior, sincera, de Jesucristo como nuestro Señor y Salvador, y de todas las verdades que Él y Su Iglesia han revelado. El alma es el territorio de la fe.

Sin embargo, nuestra fe es también externa, porque nuestra aceptación interna de Cristo tiene profundos efectos exteriores. Una adhesión interior a Cristo en la conversión del corazón, tiene importantes efectos en la familia, en el trabajo, en los amigos, en la sociedad, etc.

Por lo tanto, a medida que internamente profesamos nuestra fe en la Eucaristía, se nos anima a manifestarla también externamente. Por eso, se me ocurría que  podemos cuidar especialmente algunos aspectos externos relacionados con nuestra fe en la Eucaristía: Leer el resto de esta entrada »

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 606 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: