¡Ánimo!


confesion5Hace pocos días leíamos cómo, ante un paralítico, Jesús exclamaba: ¡Ánimo, hijo! Tus pecados están perdonados (Mt 9, 2). La misma exclamación brotaba pocos días después de los labios del Señor ante la enferma sanada al contacto con su manto: ¡Ánimo, hija! Tu fe te ha curado.

   Ya entendéis que son cosas de la traducción, y que Jesús no pretendía, con ese grito, insuflar moral en Alberto Contador para que ganase el Tour de Francia. Ese ¡Ánimo! significa «¡Alégrate!».

   Y, en verdad, hay que decirlo. Porque, muchas veces, los hombres recibimos grandes regalos de Cielo y nos marchamos como si tal cosa. Hay personas que se confiesan, obtienen el perdón de todas sus culpas y la liberación de las penas eternas, y salen del confesonario como saldrían de la caja del supermercado. Ni una emoción, ni una sonrisa, ni una sensación de gratitud. ¡Están tan acostumbrados!

   Valorad mucho el sacramento de la Penitencia. Considerad que, cada vez que recibís la absolución, quedan vencidos el pecado, el Infierno y la muerte. Recibid el perdón con fervor, y salid del confesonario gozosos e ilusionados. Cumplid la penitencia con alegría, y llenad el corazón con deseos de santidad. La vida comienza tras cada absolución. ¡Ánimo!

Autor: José-Fernado Rey Ballesteros

Que nada ni nadie nos quite nuestra manera de disfrutar la vida

Otro video de Campofrio. Esta vez muy español y optimista. Aquí va:

No estás deprimido, solo estás distraido

Me han enviado este vídeo y me ha ayudado la bella prosa poética de este texto de Facundo Cabral que pretende aclarar algo interesante y que a veces no nos damos cuenta. Espero que te guste (video duración 7′ 28″).

La losa de la desesperanza

Como estamos viendo en los relatos de “Cuando el mundo gira enamorado” de Rafael de los Ríos, Victor Frankl, y todos los que tuvieron aquella experiencia en los campos de concentración durante la segunda guerra mundial, recuerdan perfectamente a aquellos hombres que iban de barracón en barracón dando consuelo a los demás, brindándoles su ayuda y, muchas veces, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Aquellos hombres, no muchos ciertamente, ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa que es como la última de sus posesiones: la elección de la actitud personal para decidir el propio camino.

El mensaje del Dr. Frankl es claro y esperanzador: por muchas que sean las desgracias que se abatan sobre una persona, por muy cerrado que se presente el horizonte en un momento dado, siempre queda al hombre la libertad inviolable de actuar conforme a sus principios, siempre queda la esperanza.

Y como algunos papas me habéis pedido que haga referencia a la familia, aquí va una pregunta y posibles respuestas: ¿Cómo infundir esperanza en uno mismo y en la familia? Hay muchos detalles que pueden contribuir mucho a lograrlo. Por ejemplo: Seguir leyendo “La losa de la desesperanza”