El timelapse de la semana

Aquí os dejo con esta obra de arte

El oso

Son casi 4 minutos de tensión en medio de la naturaleza; muy bien logrados por Jean-Jacques Annaud. Buen trabajo!

The Coolest Nature Video Ever [Edited By Roen Horn]

David Attenborough – Wonderful World – BBC

Para que lo disfrutes:

El timelapse de la semana

Hacía mucho que no poníamos un timelapse. Y hoy me he encontrado con este buen trabajo. Así que, para no perder las buenas costumbres, aquí os lo dejo. Espero os guste:

“Ser cónyuge”

Pienso que todos podemos estar de acuerdo en que el ser humano existe como persona femenina y como persona masculina, es decir, como mujer o varón. En él la sexualidad es algo que empapa “al todo” de la persona. Todo en el ser humano se ordena al amor. Y más su aspecto “esponsal” (entendido como el amor a un varón o a una mujer), pues en este caso se ordena a un amor comprometido, es decir, más capaz establecer un orden de preferencia entre los demás amores.

Aunque parezca obvio, conviene recordar que casarse es “hacerse esposa/a”, comenzar a ser cónyuge. Es decir, cada uno comienza a querer al otro no solo como se quiere a sí mismo, sino con el mismo amor con que se quiere a sí mismo (cfr. Santo Tomás de Aquino).

Ser cónyuge, ser esposo, es un rasgo de identidad que se instala en el mismo ser: “soy” cónyuge. Por ejemplo, uno puede echar café y echar leche en un mismo recipiente: pero si lo hace, ya no hay café y leche separadamente, sino “café-con-leche”. Uno puede detener el río con una presa: pero si la abre no puede ya hacer ir para atrás la corriente.

Uno es cónyuge de la misma manera que uno es madre, padre, hija o hermano. Incluso de un modo más fuerte porque ha intervenido muy expresamente la libertad de la persona.

Aquí os dejo con estas breves reflexiones. Espero que os aprovechen. Espero estar de vuelta y con conexión de internet dentro de poco. Saludos desde Brañillín.

Es bueno mirar al cielo de vez en cuando

En cierta ocasión, muy temprano, al alborear el día, se encontraba Napoleón Bonaparte paseando por una amplia avenida, tranquilamente, con su amigo el senador  y conde de Volney. Al parecer el tema de conversación era la religión. Bonaparte decía:

“Sí, dígase lo que se diga, el pueblo necesita una religión y sobre todo una creencia. Y cuando digo el pueblo no digo bastante, porque quiero decir que también yo mismo la necesito”. En ese momento, Bonaparte, ante el maravilloso juego de luces del amanecer que se presentaba ante él, lleno de entusiasmo exclamo: “Sí, yo mismo, a la vista de este espectáculo, me sorprendo y me siento emocionado, arrastrado, convencido…”

“El Cielo proclama la gloria de Dios y el firmamento pregona la obra de sus manos” (salmo 18). En nuestras, cada vez más pobladas ciudades, resulta cada vez más difícil levantar la mirada hasta el cielo y ver la noche estrellada, o el alborear del día o el ponerse del sol al atardecer… Las luces de la ciudad nos impiden ver más lejos. Me parece que serían muchos más los creyentes si mirasen, si advirtieran al menos, el espectáculo que se nos regala cada día desde el cielo.

Fuente: orar con una sonrisa de Agustín Filgueiras, ed. Desclée de Brouwer