La Misa: dos palabras: sacrificio y sacramento

r-disputa_1509-10_fresco_segnatura1330576653343Cuando leas este comentario estaré en Puerto la Cruz. Regresaré al blog el sábado. Seguimos en esta entrada con la Misa.

La Eucaristía, dice Santo Tomás, es Sacrificio en cuanto la ofrecemos, y Sacramento en cuanto la recibimos (…) En efecto, el «sacrificio es, desde el punto de vista dogmático, litúrgico y ascético, la esencia de la Eucaristía»; y, por otro lado, la Comunión es parte integrante de la Santa Misa, de tal suerte que el «Santo Sacrificio quedaría incompleto, mutilado, si en él no hubiere al menos un comulgante, el Sacerdote». (…) Seguir leyendo “La Misa: dos palabras: sacrificio y sacramento”

La Misa comienza con la señal de la Cruz

Seguimos con esta pequeña catequesis sobre la Misa en el blog. Esta vez se dedica a los momentos iniciales.PorqueiraMisa

Naturalmente, la Misa comienza con la señal de la Cruz, es decir, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, en el nombre de la Santísima Trinidad. Desde los comienzos de la Iglesia, probablemente desde los tiempos apostólicos en que se inició el uso de este signo, se indicaba con él la fe en el misterio de la Trinidad tanto como la adhesión a la doctrina de Jesucristo, que consumó nuestra redención en la Cruz. Los Padres –san Cipriano, por ejemplo, o Tertuliano– hablan de la señal de la Cruz como símbolo habitual de los cristianos, con el que comenzaban y terminaban sus principales acciones. No es, pues, extraño que la acción sagrada por excelencia comience con la señal de la cruz en el nombre de las tres Personas divinas, y termine con el mismo signo cuando el sacerdote da la bendición final, que reciben los fieles santiguándose como al principio de la Misa. En ambos casos, el pueblo contesta Amén, así sea, identificándose con lo que la fórmula expresa. … Después de la señal de la cruz el saludo al pueblo, el sacerdote dice: el Señor esté con ustedes; el pueblo responde: y con tu espíritu; un mismo deseo une al ministro celebrante y a los fieles, como en los tiempos apostólicos, cuando todos «eran un solo corazón y una sola alma». Seguir leyendo “La Misa comienza con la señal de la Cruz”

El descubrimiento

Cristo_crucificadoDespués de tantos años, aquel sacerdote hizo un descubrimiento maravilloso: comprendió que la Santa Misa es verdadero trabajo: “operatio Dei”, trabajo de Dios. Y ese día, al celebrarla, experimentó dolor, alegría y cansancio. Sintió en su carne el agotamiento de una labor divina. A Cristo también le costó esfuerzo la primera Misa: la Cruz (san Josemaría en Via Crucis, XI Estación).
El descubrimiento estriba en la nueva conciencia de la relación que existe entre lo que se celebra en la Misa y lo que se vive en las circunstancias de cada día, por la aceptación plena de las exigencias del trabajo humano hasta el mismo cansancio. Tal descubrimiento vino a subrayar de un modo vivo el sentido que tiene la Cruz en la existencia del cristiano: la identificación del creyente con Cristo. La Misa, como renovación sacramental del sacrificio de la Cruz, realiza ya esa identificación, pero requiere la disponibilidad de cada cual para su pleno desarrollo en la vida.
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“Allá voy yo”

Above the Abyss - Julian Alps, Slovenia by Dan Briski    Hay un interesante folleto de C. Ramirez Olarte, que se titula: “La Misa… ¡no me dice nada!”. En él Don Prudencio va explicando a Expedito la Misa y su significado. En un momen­to le dice:

    ‑Después de haber echado el sacerdote el vino en el cáliz, toma con una cucharita unas gotas de agua y la mezcla con el vino. ¿No te has fijado?

    ‑Sí, me he fijado. ¿Qué significa?

    ‑El vino representa a Cristo, puesto que se va a convertir en su sangre, y esas gotitas de agua, a nosotros y todas nuestras cosas. Del mismo modo que al incorporar el agua al vino, todo se convierte ya en vino, también nosotros debemos hacernos uno con El. Y así como aquello, por las palabras de la consagración, se va a convertir en algo divino, en el Cuerpo y la Sangre del Señor, le pedimos a Dios, en ese gesto, que haga divina nuestra vida y todos nuestros afanes.

    Me contaba un amigo, que había captado este simbolismo, que él, cada vez que el sacerdote mezclaba las gotas de agua con el vino, le decía interiormente al Señor: “Señor, allá voy yo”.

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    A la Misa vamos a entregarnos a Dios con nuestro Señor Jesucristo. Es la actualización de su entrega ‑su sacrificio‑ y de nuestra entrega con El. Es el mejor medio que tenemos para unir nuestra entrega a la entrega de Cristo. Así nuestra pobreza, unida al amor del Señor, adquiere un valor infinito ante Dios.

En la Solemnidad del Corpus Christi

349Estaba próximo a fallecer el marino español Antonio de Oquendo. Pidió que le trajesen un vaso de agua. Aquel día, 7 de junio de 1640, se celebraba la festividad del Corpus Cristi. Por la calle donde vivía ‑moría‑ Oquendo pasaba el Santísimo en procesión.

Oraba el marino con un crucifijo en las manos. Al llevarle el vaso de agua lo derramó lentamente. Con voz débil explicó su acción a quienes le miraban desconcertados:

‑ La sed me devora. Pero quiero ofrecer a Dios el sacrificio de mi último deseo, que era, precisamente, este vaso de agua.

Toda nuestra vida debería ser un brindis en honor de Dios. ¡Ojalá que nuestro último acto no sea otra cosa! Claro que, como no sabemos cuál va a ser el último paso, hay que procurar que cada uno sea eso: un brindis al Señor.

Fuente: Luis Aguirre Prado: Antología de anécdotas.]

También puede ayudar esta otra anécdota para un día como hoy: Seguir leyendo “En la Solemnidad del Corpus Christi”

La Gracia de la Presencia Real

Hoy domingo, puede venir bien este impresionante vídeo sobre la vivencia personal de la Eucaristía

Anuncio, testimonio y humildad

Si puedes, no desaproveches la ocasión de leer despacio la primera lectura de la Misa de hoy. Un piadoso prosélito, administrado de los tesoros de la reina de Etiopía, iba de vuelta a su país, después de realizar sus deberes religiosos en Jerusalén y rezar en el Templo de Yahvé. Iba leyendo el libro de Isaías.

El apóstol Felipe, por su parte, escuchó de Dios la indicación: “acércate a esa caravana que va por el camino de Jerusalén a Gaza”. Felipe se sitúo cerca y pudo escuchar lo que leía. Felipe toma la iniciativa y le pregunta si entiende lo que lee. A lo que el etíope le responde: “¿Cómo voy a entenderlo, si nadie me lo explica?”. Y Felipe empezó a hablarle de Jesús.

Y es que la fe nace de la escucha y se refuerza con el anuncio. ¿Y nosotros sabemos hablar de Jesús, de lo que representa para nosotros, en familia, con los que forman parte de nuestra vida cotidiana? (cfr. Papa Francisco) Seguir leyendo “Anuncio, testimonio y humildad”