No me gusta leer el Evangelio desde el patio de butacas

escenario luz.jpgNo me gusta leer el Evangelio desde el patio de butacas, porque se pierden muchos detalles y, sobre todo, se echa en falta un personaje sin el cual resulta difícil entender los relatos: ese personaje soy yo. Cristo ha venido al Mundo, entre otras cosas, para rescatarme a mí, y eso me convierte en un personaje inexcusable de cada relato evangélico… 

Así la cosas, lo siento pero tenemos -cada uno- que subir al escenario. Una vez allí, no te confundas. Hay que llegar al fondo de cada escena. 

La escena del evangelio de la misa de hoy es dura: Ya sabes, los parientes -su madre también- le llaman para que salga a recibirles a fuera… Su respuesta impresiona: “el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre”…

Un poco antes se nos cuenta algo acerca de ese viaje de los parientes de Jesús y de su Madre: los primos del Señor, arguyendo que Jesús estaba fuera de sus cabales, iban en su busca para sacarlo de la circulación de la vida pública en la que se había metido… ¡Ahora entiendo! Avisaron a María, cuyo consentimiento era necesario para llevar a cabo el siniestro plan, y la Madre de Jesús, sabiendo que lo harían de todos modos, decidió acompañarlos para estar cerca de su Hijo en aquellos momentos de dolor que se avecinaban… ¡Cómo tuvo que sufrir la Inmaculada durante aquel infortunado viaje! ¡Cuántas infamias, cuántos desprecios tuvo que soportar de aquellos sus parientes mientras se acercaban! Y, una vez llegados allí, ¡Cómo palpitaría su Corazón Inmaculado!

La respuesta de Jesús hizo brotar en el pecho de María un suspiro de alivio; el Señor conocía el motivo de la visita y no iba a salir al encuentro de sus parientes. Por otro lado, en aquellas palabras se escondía un mensaje en clave para su Madre: “ellos no son mi familia, porque no cumplen la Voluntad de Dios. Tú, Madre mía, sí lo eres“… Esta escena tiene un buen final para María. Y ¿para ti? Y ¿para mi?…

“La mujer más poderosa del mundo”: la Virgen María.

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Así es la portada de National Geographic de dicembre: María, “la mujer más poderosa del mundo”. Así que hoy sábado, día dedicado a la Virgen María, nos parece lo más adecuado para el blog. El periodista Maureen Orth dedica el artículo central de la edición de Diciembre de 2015 de la revista a algunas de las apariciones más conocidas en todo el mundo de la Virgen María. También se detiene en los milagros y curaciones que se le atribuyen. También el Domingo 13 de diciembre se presentará en el canal de cable NatGeo el Domingo el programa, “El Culto de María”.

¡Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía!

30_de_mayoSanto Rosario. -Los gozos, los dolores y las glorias de la vida de la Virgen tejen una corona de alabanzas, que repiten ininterrumpidamente los Angeles y los Santos del Cielo…, y quienes aman a nuestra Madre aquí en la tierra.
-Practica a diario esta devoción santa, y difúndela. [Forja 621]

Permíteme un consejo, para que lo pongas en práctica a diario. Cuando el corazón te haga notar sus bajas tendencias, reza despacio a la Virgen Inmaculada: ¡mírame con compasión, no me dejes, Madre mía! –Y aconséjalo a otros. [Forja 849]

Confía, que Ella te escucha.

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Ponte en coloquio con Santa María, y confíale: ¡oh, Señora!, para vivir el ideal que Dios ha metido en mi corazón, necesito volar… muy alto, ¡muy alto!
No basta despegarte, con la ayuda divina, de las cosas de este mundo, sabiendo que son tierra. Más incluso: aunque el universo entero lo coloques en un montón bajo tus pies, para estar más cerca del Cielo…, ¡no basta!
Necesitas volar, sin apoyarte en nada de aquí, pendiente de la voz y del soplo del Espíritu. -Pero, me dices, ¡mis alas están manchadas!: barro de años, sucio, pegadizo…
Y te he insistido: acude a la Virgen. Señora -repíteselo-: ¡que apenas logro remontar el vuelo!, ¡que la tierra me atrae como un imán maldito! -Señora, Tú puedes hacer que mi alma se lance al vuelo definitivo y glorioso, que tiene su fin en el Corazón de Dios.
-Confía, que Ella te escucha. [Forja 994]

Estrella del mar, ¡condúcenos Tú!

26_de_mayoNo se puede llevar una vida limpia sin la ayuda divina. Dios quiere nuestra humildad, quiere que le pidamos su ayuda, a través de nuestra Madre y Madre suya.
Tienes que decir a la Virgen, ahora mismo, en la soledad acompañada de tu corazón, hablando sin ruido de palabras: Madre mía, este pobre corazón mío se rebela algunas veces… Pero si tú me ayudas… -Y te ayudará, para que lo guardes limpio y sigas por el camino a que Dios te ha llamado: la Virgen te facilitará siempre el cumplimiento de la Voluntad de Dios. [Forja 315]

«Sancta Maria, Stella maris» -Santa María, Estrella del mar, ¡condúcenos Tú!
-Clama así con reciedumbre, porque no hay tempestad que pueda hacer naufragar el Corazón Dulcísimo de la Virgen. Cuando veas venir la tempestad, si te metes en ese Refugio firme, que es María, no hay peligro de zozobra o de hundimiento. [Forja 1055]

Ella te protegerá

27_de_mayoHas de sentir la necesidad urgente de verte pequeño, desprovisto de todo, débil. Entonces te arrojarás en el regazo de nuestra Madre del Cielo, con jaculatorias, con miradas de afecto, con prácticas de piedad mariana…, que están en la entraña de tu espíritu filial.
-Ella te protegerá [Forja 354]

Trata a las tres Personas, a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Espíritu Santo. Y para llegar a la Trinidad Beatísima, pasa por María. [Forja 543 ]

Decenario al Espíritu Santo [10º día]

Oración

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc cœpi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh, Espíritu de verdad y sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras….

Consideración. La vida del cristiano consiste en empezar una y otra vez

veintitres_de_mayoEn medio de las limitaciones inseparables de nuestra situación presente, porque el pecado habita todavía de algún modo en nosotros, el cristiano percibe con claridad nueva toda la riqueza de su filiación divina, cuando se reconoce plenamente libre porque trabaja en las cosas de su Padre, cuando su alegría se hace constante porque nada es capaz de destruir su esperanza.

Es en esa hora, además y al mismo tiempo, cuando es capaz de admirar todas las bellezas y maravillas de la tierra, de apreciar toda la riqueza y toda la bondad, de amar con toda la entereza y toda la pureza para las que está hecho el corazón humano. Cuando el dolor ante el pecado no degenera nunca en un gesto amargo, desesperado o altanero, porque la compunción y el conocimiento de la humana flaqueza le encaminan a identificarse de nuevo con las ansias redentoras de Cristo, y a sentir más hondamente la solidaridad con todos los hombres. Cuando, en fin, el cristiano experimenta en sí con seguridad la fuerza del Espíritu Santo, de manera que las propias caídas no le abaten: porque son una invitación a recomenzar, y a continuar siendo testigo fiel de Cristo en todas las encrucijadas de la tierra, a pesar de las miserias personales, que en estos casos suelen ser faltas leves, que enturbian apenas el alma; y, aunque fuesen graves, acudiendo al Sacramento de la Penitencia con compunción, se vuelve a la paz de Dios y a ser de nuevo un buen testigo de sus misericordias.

Tal es, en un resumen breve, que apenas consigue traducir en pobres palabras humanas, la riqueza de la fe, la vida del cristiano, si se deja guiar por el Espíritu Santo. No puedo, por eso, terminar de otra manera que haciendo mía la petición, que se contiene en uno de los cantos litúrgicos de la fiesta de Pentecostés, que es como un eco de la oración incesante de la Iglesia entera: Ven, Espíritu Creador, visita las inteligencias de los tuyos, llena de gracia celeste los corazones que tú has creado. En tu escuela haz que sepamos del Padre, haznos conocer también al Hijo, haz en fin que creamos eternamente en Ti, Espíritu que procedes de uno del otro. [San Josemaría homilía El Gran Desconocido]

Oración

¡Espíritu Divino!
Por los méritos de Jesucristo
y la intercesión de tu esposa, Santa María,
te suplicamos vengas a nuestros corazones
y nos comuniques la plenitud de tus dones,
para que, iluminados y confortados por ellos,
vivamos según tu voluntad y,
muriendo entregados a tu amor,