El gusto por las cosas sencillas

Martes, 6 marzo, 2012

En una clase de párvulos de cinco años tocaba estudiar, como unidad didáctica, “el Otoño”. Trajeron frutos propios de la estación: uvas, nueces, castañas. Después de hacerles fijar su atención en ellos, la profesora les dijo:
• Ahora vamos a comerlos.
Y uno de los pequeños replicó:
• Profe, en clase no se puede comer.
• No, ­ -dijo la maestra. Pero como hoy hemos estudiado estos frutos, ahora vais a comerlos para conocer cómo saben.
Se puso el niño a comer, y al poco rato preguntó:
• Profe, ¿cuándo estudiamos la tortilla de patatas?

***
Hemos perdido el gusto de las cosas sencillas, corrientes, ordinarias. Necesitamos la sacudida de lo extraordinario y llamativo para darnos cuenta de que vivimos. Y como lo extraordinario se da muy pocas veces, no saboreamos ni valoramos la vida. Tenemos que redescubrir el valor de lo diario y pequeño: de la sonrisa, de la alegría del que está al lado, del trabajo hecho con cariño. Aprender a ver la belleza de la flor, a escuchar la música del silencio, a saborear la aventura de leer. Nos hace falta cultivar la asignatura de vivir.

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