Algunas frases del Papa Francisco

Martes, 18 febrero, 2014

Esta semana empezamos con esta frase del Papa Francisco:

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“Dejémonos renovar por la misericordia de Dios…; y hagámonos instrumentos de esta misericordia, cauces a través de los cuales Dios pueda regar la tierra, custodiar toda la creación y hacer florecer la justicia y la paz”

Esta frase fue pronunciada el Domingo 31 de marzo del 2013, con ocasión del mensaje de Pascua Urbi et Orbi.

 

El párrafo completo, de donde hemos extraído la frase, decía: Leer el resto de esta entrada »

Algunas frases del Papa Francisco

Lunes, 10 febrero, 2014

Empezamos la semana con esta frase del Papa Francisco:

alegría

“No seáis nunca hombre y mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo. Nunca os dejéis vencer por el desanimo. Nuestra alegría no es algo que nace de tener tantas cosas, sino de haber encontrado a una persona, Jesús: que está entre nosotros”

Estas palabras fueron pronunciadas en la homilía del Domingo de Ramos, del 24 de marzo del 2013, y con ocasión de la XXVIII Jornada mundial de la Juventud.

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¿Qué es la “voluntad propia”?

Sábado, 17 abril, 2010

En Oriente se apreciaba mucho la vida eremítica, en soledad. Pero el derecho canónico no permitía a los monjes seguirla al principio sino tras diez años de vida en la comunidad del monasterio. Como motivación se daba que el monje primero tenía que liberarse de la voluntad propia. Y por eso se inventaban diversos ejercicios para los principiantes con el fin de «romper su voluntad», para liberarlos del propio querer o no querer, de los propios deseos.

Se comprende que hoy nos escandalice ese método educativo… Pero la experiencia nos enseña que muchos equívocos proceden de los diferentes significados que se dan a la misma palabra. Y de los equívocos nacen también los errores. Por eso, conviene fijar bien, antes de nada, el contenido de las palabras. ¿Qué quiere decir, en ascética, «voluntad propia»? Leer el resto de esta entrada »

No deja de sorprenderme cuando leo a los Padres antiguos, su atinada percepción de la realidad y de la psicología humana. Por eso, en estos tiempos bañados por la modernidad puede ser de gran ayuda la lectura atenta de sus escritos.

Por ejemplo, según los Padres cada uno de nosotros posee un paraíso, que sería el corazón creado por Dios, y cada uno de nosotros vive la experiencia de la serpiente, que se cuela para seducirnos. Esa serpiente tiene la forma de un mal pensamiento. «La fuente y el principio del pecado es el pensamiento» (en griego logismós), escribe Orígenes, junto con otros autores. Éstos comparan también el corazón humano a una «tierra prometida», en la que los filisteos lanzan las flechas, o sea, las sugestiones al mal. Estos pensamientos «carnales», «diabólicos», «impuros», no pueden tener su origen en nuestro corazón porque ha sido creado por Dios. Vienen «de fuera». Ni tan siquiera son verdaderos pensamientos sino más bien imágenes de la fantasía a las que en seguida se añade la sugestión de realizar alguna cosa mala.

San Máximo el Confesor ilustra esta situación con ejemplos sacados de la vida cotidiana. No es un mal la facultad de pensar ni el pensar mismo. No es un mal la mujer. No es un mal pensar en una mujer. Pero la imagen de una mujer en la mente de un hombre raramente permanece pura. Se mezcla cierto impulso carnal. Igualmente no es un mal el dinero ni el vino, y sin embargo pueden convertirse en piedra de ofensa. Como los pensamientos malvados vienen «de fuera» y no pertenecen a nuestro modo natural de pensar, van penetrando en el corazón sólo lentamente.

Los autores bizantinos indican, poco más o menos, cinco «grados».

El primer grado se llama «sugestión», «contacto». Es la primera imagen de la fantasía, la primera idea, el primer impulso. Un avaro ve el dinero y le viene una idea: «Voy a esconderlo». Del mismo modo vienen imágenes carnales, la idea de ser superior, el deseo de dejar de trabajar, etc. No decidimos nada; simplemente constatamos que se nos ofrece la posibilidad de hacer el mal, y el mal se presenta de una forma agradable. Los neófitos en la vida espiritual se asustan, se confiesan de haber tenido «malos pensamientos», incluso en la iglesia y durante la oración. San Antonio abad llevó al tejado a un discípulo suyo, que se lamentaba amargamente de sus malos pensamientos, y le ordenó agarrar el viento con la mano: «Si no puedes agarrar el viento, menos podrás coger los malos pensamientos». Quería así demostrar que en estas primeras sugestiones no hay ninguna culpa y que no podremos librarnos de ellas mientras vivamos. Se parecen a las moscas que molestan todavía más cuando, impacientes, las espantamos.

El segundo grado se llama «coloquio». Recordemos el relato del Génesis (capítulo 3) sobre Eva y su coloquio con la serpiente. Leer el resto de esta entrada »

Me he encontrado casualmente con estos vídeos de Stephen R. Covey. El mismo con la precisión que le caracteriza hace un resumen del libro que venimos tratando últimamente en el blog. Por su interés y claridad aquí os dejo estos 4 vídeos:

Parte A: INTRODUCCIÓN

Parte B: CARÁCTER Y PERSONALIDAD Leer el resto de esta entrada »

Si dividiéramos nuestras actividades en 4 categorías atendiendo a los criterios del gráfico (ver el gráfico), tendríamos lo que S. Covey en su libro “los 7 hábitos de la gente altamente efectiva” denomina cuadrantes del tiempo. Y lo que nos propone es ir reduciendo poco a poco las actividades del los cuadrantes III y IV (saber decir que “no”) para ir centrándose en el cuadrante II.

cuadrante del tiempo

Una máxima de los arquitectos dice que «la forma sigue a la función». De modo análogo, la administración sigue al liderazgo. El modo en que uno pasa el tiempo es la consecuencia del modo en que uno ve su propio tiempo y sus propias prioridades. Si nuestras prioridades surgen de un centro de principios y de una misión personal, si están profundamente arraigadas en nuestro corazón y nuestra mente, el cuadrante II aparecerá como un lugar natural y estimulante para invertir el tiempo.

Es casi imposible decir «No» a la popularidad del cuadrante III, o al placer de huir al cuadrante IV cuando no se tiene un «Sí» más grande ardiendo adentro. Sólo cuando nuestra autoconciencia nos permite examinar nuestro programa —y tenemos imaginación y conciencia moral para crear un programa nuevo y singular centrado en principios al que se le puede decir «Sí»—, sólo entonces tendremos una fuerza de voluntad independiente que nos permita decirle «No», con una sonrisa auténtica, a lo que carece de importancia.

El cuadrante II es el corazón de la administración personal efectiva. Trata de las cosas que no son urgentes, pero sí importantes: por ejemplo:

  • construir relaciones,
  • redactar un enunciado de la misión personal,
  • la planificación de largo alcance,
  • la ejercitación,
  • el mantenimiento preventivo, (alimentar las oportunidades y dejar morir de inanición a los problemas, pensar anticipadamente)
  • la preparación, la recreación

En fin, todas esas cosas que sabemos que hay que hacer, pero que solemos eludir, porque no son urgentes.
Tienen auténticas crisis y emergencias del cuadrante I que requieren su atención inmediata, pero su número es comparativamente pequeño.

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Para S. Covey en su libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, los siete hábitos son también hábitos de efectividad. Y lo son porque se basan en una ley natural, con un principio que él ha denominado «equilibrio P/CP». Este principio puede comprenderse fácilmente recordando la fábula de Esopo acerca de la gallina de los huevos de oro.

Esopo cuenta que un pobre granjero descubrió un día que su gallina había puesto un reluciente huevo de oro. Primero pensó que debía tratarse de algún tipo de fraude. Pero cuando iba a deshacerse del huevo, lo pensó por segunda vez, y se lo llevó para comprobar su valor.

¡El huevo era de oro puro! El granjero no podía creer en su buena suerte. Más incrédulo aún se sintió al repetirse la experiencia. Día tras día, se despertaba y corría hacia su gallina para encontrar otro huevo de oro. Llegó a ser fabulosamente rico; todo parecía demasiado bonito como para que fuera cierto.

Pero, junto con su creciente riqueza llegaron la impaciencia y la codicia. Incapaz de esperar día tras día los huevos de oro, el granjero decidió matar a la gallina para obtenerlos todos de una vez. Pero al abrir el ave, la encontró vacía. Allí no había huevos de oro, y ya no habría modo de conseguir ninguno más. El granjero había matado a la gallina que los producía.

Sugiero que en esa fábula hay una ley natural, un principio: la definición básica de la efectividad. La mayoría de las personas ven la efectividad desde el paradigma de los huevos de oro: cuanto más se produce, cuanto más se hace, más efectivo se es. Pero, como muestra el relato, la verdadera efectividad está en función de dos cosas: lo que se produce (los huevos de oro) y los medios o bienes de producción y la capacidad para producir (la gallina).

Si uno adopta un modelo de vida centrado en los huevos de oro y se olvida de la gallina, pronto se encontrará sin los medios que producen los huevos. Por otra parte, si uno se limita a cuidar de la gallina sin recoger los huevos de oro, pronto se encontrará sin dinero para alimentarse a sí mismo o alimentar al ave.

La efectividad reside en el equilibrio, en lo que denomino el equilibrio P/CP. «P» es la producción de los resultados deseados, los huevos de oro. «CP» es la capacidad de producción, la aptitud o el medio que produce los huevos de oro.

Para ver algunos ejemplos prácticos: Leer el resto de esta entrada »

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