Una Visión Global de la Moralidad

Miércoles, 2 julio, 2014

80El Pew Research Center ha publicado un interesante análisis sobre actitudes morales en el mundo, Global Views on Morality 2013. Tras realizar una encuesta en 40 países, con un total de 40.117 entrevistados. Se trata de un estudio abordado durante el 2013, y comprende preguntas acerca de temas como la homosexualidad, el aborto, el divorcio, los juegos de azar o las relaciones sexuales fuera del matrimonio. Evidentemente la moralidad no es una cuestión de estadísticas, pero no deja de ser interesante este estudio por países y culturas.

Estos fueron los resultados del conjunto de los 40 países, pero cada país tiene sus características propias:

20140627grafico1

(Nota) En el gráficosno se tienen en cuenta el “depende de la situación” o “no sabe / no contesta”, por lo que no suma 100 en total.

Para más información mirar en Aceprensa y en Pew Research global acttitudes project. Leer el resto de esta entrada »

imageQué bonito este comentario de Joaquín Navarro a la entrada: ¿Qué hay en la raíz de tanto fracaso matrimonial?. Tanto que lo pongo como entrada y lo hace a título de colaborador que es ya del blog:

Me surgía la siguiente comparación:

El matrimonio es como esas pruebas que acabamos de ver en las Olimpiadas de Invierno para discapacitados. Un invidente, por ejemplo, se lanza a hacer eslalon con la ayuda de otra persona que le sirve de guía. ¿Cómo se puede llegar al final sin el compromiso pleno y la fe de uno en el otro? ¿Cómo se puede cruzar la línea de meta sin depositar la confianza plena de la colaboración mutua entre ambos? No es posible llegar sin el acuerdo tácito previo de la fidelidad absoluta durante la prueba. Leer el resto de esta entrada »

Aquí os dejo con una respuesta muy interesante, que intenta dar respuesta a esta cuestión de la ética cotidiana. Esta en formato vídeo (59 minutos), es un poco largo pero veréis como si empezáis os cuesta dejarlo. Lo podéis ver en varias sesiones:

Después de la plata, el oro.

Miércoles, 23 noviembre, 2011

Henry Ford y su esposa, con ocasión de sus bodas de oro, dieron una fiesta en su mansión familiar. Un periodista preguntó a Ford:

- ¿A qué atribuye usted su éxito en el matrimonio?

El gran magnate del automóvil respondió:

- Para mí consiste este éxito en la misma fórmula que utilizo para hacer triunfar un coche: perseverar en un modelo.

La perseverancia mejora el cariño. El pueblo, para simbolizar el amor de los esposos, busca cada vez un metal más noble: bodas de plata, de oro, de platino. Es todo un símbolo.

Decía un maestro de escuela a sus alumnos: “Están ustedes en la edad del pavo. A los 15 años a uno le gustan todas las mujeres. A los 25 solo le gusta una. Y a los 40, todas menos esa una”. Los problemas de un matrimonio no se arreglan cambiando de esposo o esposa. La mayor parte de esos problemas se arreglarían cambiando la clase de esposo o esposa que uno es. El mal guitarrista cree que la solución a su mala música está en cambiar de guitarra. Lo que tiene que hacer es aprender a tocarla.


Divorcio demasiado rápido.

Miércoles, 23 noviembre, 2011

Una niña pequeña asistió por primera vez a una boda en compañía de su madre. Al acabar la ceremonia, le preguntó muy intrigada:

- Mamá, ¿por qué la novia cambió de hombre tan rápido?

- ¿Cómo dices? ¿Por qué preguntas eso?

- Si. Entró en la iglesia cogida a un señor mayor y salió del brazo de uno mucho más joven.

La cría imaginaba un divorcio demasiado rápido. En realidad hoy hay matrimonios que duran poco más. Y muchos de esos fracasos se deben a la falta de espíritu de sacrificio: cada uno ha hecho toda su vida lo que quiso, y es incapaz de sacrificar su egoísmo.

Y el egoísmo es el gran enemigo de la felicidad matrimonial. Y lo es, igualmente, de la felicidad humana en cualquier estado o situación en la que uno esté. Desde que el niño nace ya empiezan a forjar sus padres la clase de esposo o esposa que será después.

¿Divorcio por aburrimiento?

Viernes, 9 septiembre, 2011

Por lo visto, el encanto del enamoramiento se esfuma –de media– a los dos años, seis meses y 25 días después de contraer matrimonio. Eso es precisión. Traigo aquí este artículo de Aceprensa: ¿Divorcio por aburrimiento?. Ante un bien tan extraordinario como es el matrimonio hemos de intentar protegerlo, quien lo diría, también, del “aburrimiento”, un mal que al parecer hace mella en el alma: “no más de lo mismo,” y que amenaza con esterilizar el amor verdadero. Me ha parecido muy lúcido y de actualidad, así que aquí va:

En un artículo publicado en The Daily Telegraph, la periodista Angela Neustatter reflexiona sobre la tendencia actual al emotivismo sobre los proyectos duraderos, lo que lleva a algunos a romper sus compromisos conyugales cuando desaparece el encanto de los comienzos.

Neustatter se apoya en las conclusiones de un informe realizado por Grant Thornton-Reino Unido, una organización especializada en el sector de la auditoría. Después de entrevistar a 101 abogados de familia, esta empresa concluye que el aburrimiento se ha convertido en la gran amenaza de las parejas para permanecer juntas.

La infidelidad, que antes encabezaba la lista de razones principales para las rupturas conyugales, ha sido ahora sobrepasada por otra causa: la de quienes afirman que “ya no estamos enamorados” o “nos hemos ido distanciando”.

Estas conclusiones están en sintonía con las estadísticas de divorcio en Reino Unido que maneja Neustatter: de media, dice, los matrimonios se rompen a los 11 años. Y también coincide con la tendencia al emotivismo en las relaciones amorosas.

Tendencia que pusieron de manifiesto Malcolm Brynin, coeditor de Changing Relantionships, un polémico estudio publicado por el Economic and Social Research Council en 2009, en el que afirma que la gente se junta y permanece unida sólo cuando obtiene una ventaja personal.

Curioso “romanticismo”

Ya se sabe que el romanticismo en una relación amorosa va y viene. El mérito de One Poll, una empresa especializada en encuestas, está en haber logrado “medir” su duración. Por lo visto, el encanto se esfuma –de media– a los dos años, seis meses y 25 días después de contraer matrimonio. Eso es precisión. Leer el resto de esta entrada »

La primer comunión para los padres

Sábado, 7 agosto, 2010

Miguel Aranguren

El sábado pasado (hoy hace una semana) pude dar la primera comunión a mi prima Lucia (aunque ella me llama tío). Como siempre fue un momento imborrable para ella y para mi. Pero cada vez empieza a ser también un momento importante para los padres; que en caso de Lucía son un matrimonio ejemplar, con tres hijos maravillosos.

Me ha parecido muy interesante y copio algunos fragmentos de un comentario de Miguel Aranguren sobre este tema.

Para los padres, la primera Comunión de nuestros hijos supone una barrera que franquea la madurez, porque incluso en la paternidad hay grados, desde la inocencia de los primeros pañales al cansancio de cuando no sabemos hacia dónde tirar de las veleidades de los hijos capciosos (…) Como anunciaba, la última ha sido la primera Comunión del segundo de mis vástagos, con el que he vuelto a cruzar la frontera de la fe infantil, casi vaporosa, para enfrentarme junto a él al misterio insondable de un Dios que se queda, desarmado, en un trozo de pan.

La primera Comunión ofrece lecciones preciosas a los padres que colaboran en la catequesis familiar. Vemos acercarse a los hijos hasta la sabiduría de las oraciones populares y cómo tratan de desbrozar los misterios de la lógica sacramental, cómo se plantean la economía salvadora de Dios y comienzan a verle y a tratarle como a un Padre todavía más auténtico que el que les ha tocado por sangre.

Me confiaba un amigo, hoy joven sacerdote, que en su vocación tuvo mucho que ver la primera de sus comuniones. Su abuela, a la sazón mujer sufridora por la ruptura matrimonial de los padres de aquel niño, a todas luces irreparable, le hizo un ruego a aquella criatura que aún se atrevía a tratar de tú a tú a Jesús: “El niño Dios concede un deseo a los niños que hacen su primera Comunión. Cuando comulgues y le tengas en el corazón, pídele, por favor, que tus papás vuelvan a quererse”. Así hizo la criatura, con sencillez y empeño. Dos años después el matrimonio vivía de nuevo bajo el mismo techo y consentía, con el tiempo, al propósito sacerdotal del chico.

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