imageQué bonito este comentario de Joaquín Navarro a la entrada: ¿Qué hay en la raíz de tanto fracaso matrimonial?. Tanto que lo pongo como entrada y lo hace a título de colaborador que es ya del blog:

Me surgía la siguiente comparación:

El matrimonio es como esas pruebas que acabamos de ver en las Olimpiadas de Invierno para discapacitados. Un invidente, por ejemplo, se lanza a hacer eslalon con la ayuda de otra persona que le sirve de guía. ¿Cómo se puede llegar al final sin el compromiso pleno y la fe de uno en el otro? ¿Cómo se puede cruzar la línea de meta sin depositar la confianza plena de la colaboración mutua entre ambos? No es posible llegar sin el acuerdo tácito previo de la fidelidad absoluta durante la prueba. Leer el resto de esta entrada »

Aquí os dejo con una respuesta muy interesante, que intenta dar respuesta a esta cuestión de la ética cotidiana. Esta en formato vídeo (59 minutos), es un poco largo pero veréis como si empezáis os cuesta dejarlo. Lo podéis ver en varias sesiones:

Después de la plata, el oro.

Miércoles, 23 noviembre, 2011

Henry Ford y su esposa, con ocasión de sus bodas de oro, dieron una fiesta en su mansión familiar. Un periodista preguntó a Ford:

- ¿A qué atribuye usted su éxito en el matrimonio?

El gran magnate del automóvil respondió:

- Para mí consiste este éxito en la misma fórmula que utilizo para hacer triunfar un coche: perseverar en un modelo.

La perseverancia mejora el cariño. El pueblo, para simbolizar el amor de los esposos, busca cada vez un metal más noble: bodas de plata, de oro, de platino. Es todo un símbolo.

Decía un maestro de escuela a sus alumnos: “Están ustedes en la edad del pavo. A los 15 años a uno le gustan todas las mujeres. A los 25 solo le gusta una. Y a los 40, todas menos esa una”. Los problemas de un matrimonio no se arreglan cambiando de esposo o esposa. La mayor parte de esos problemas se arreglarían cambiando la clase de esposo o esposa que uno es. El mal guitarrista cree que la solución a su mala música está en cambiar de guitarra. Lo que tiene que hacer es aprender a tocarla.


Divorcio demasiado rápido.

Miércoles, 23 noviembre, 2011

Una niña pequeña asistió por primera vez a una boda en compañía de su madre. Al acabar la ceremonia, le preguntó muy intrigada:

- Mamá, ¿por qué la novia cambió de hombre tan rápido?

- ¿Cómo dices? ¿Por qué preguntas eso?

- Si. Entró en la iglesia cogida a un señor mayor y salió del brazo de uno mucho más joven.

La cría imaginaba un divorcio demasiado rápido. En realidad hoy hay matrimonios que duran poco más. Y muchos de esos fracasos se deben a la falta de espíritu de sacrificio: cada uno ha hecho toda su vida lo que quiso, y es incapaz de sacrificar su egoísmo.

Y el egoísmo es el gran enemigo de la felicidad matrimonial. Y lo es, igualmente, de la felicidad humana en cualquier estado o situación en la que uno esté. Desde que el niño nace ya empiezan a forjar sus padres la clase de esposo o esposa que será después.

¿Divorcio por aburrimiento?

Viernes, 9 septiembre, 2011

Por lo visto, el encanto del enamoramiento se esfuma –de media– a los dos años, seis meses y 25 días después de contraer matrimonio. Eso es precisión. Traigo aquí este artículo de Aceprensa: ¿Divorcio por aburrimiento?. Ante un bien tan extraordinario como es el matrimonio hemos de intentar protegerlo, quien lo diría, también, del “aburrimiento”, un mal que al parecer hace mella en el alma: “no más de lo mismo,” y que amenaza con esterilizar el amor verdadero. Me ha parecido muy lúcido y de actualidad, así que aquí va:

En un artículo publicado en The Daily Telegraph, la periodista Angela Neustatter reflexiona sobre la tendencia actual al emotivismo sobre los proyectos duraderos, lo que lleva a algunos a romper sus compromisos conyugales cuando desaparece el encanto de los comienzos.

Neustatter se apoya en las conclusiones de un informe realizado por Grant Thornton-Reino Unido, una organización especializada en el sector de la auditoría. Después de entrevistar a 101 abogados de familia, esta empresa concluye que el aburrimiento se ha convertido en la gran amenaza de las parejas para permanecer juntas.

La infidelidad, que antes encabezaba la lista de razones principales para las rupturas conyugales, ha sido ahora sobrepasada por otra causa: la de quienes afirman que “ya no estamos enamorados” o “nos hemos ido distanciando”.

Estas conclusiones están en sintonía con las estadísticas de divorcio en Reino Unido que maneja Neustatter: de media, dice, los matrimonios se rompen a los 11 años. Y también coincide con la tendencia al emotivismo en las relaciones amorosas.

Tendencia que pusieron de manifiesto Malcolm Brynin, coeditor de Changing Relantionships, un polémico estudio publicado por el Economic and Social Research Council en 2009, en el que afirma que la gente se junta y permanece unida sólo cuando obtiene una ventaja personal.

Curioso “romanticismo”

Ya se sabe que el romanticismo en una relación amorosa va y viene. El mérito de One Poll, una empresa especializada en encuestas, está en haber logrado “medir” su duración. Por lo visto, el encanto se esfuma –de media– a los dos años, seis meses y 25 días después de contraer matrimonio. Eso es precisión. Leer el resto de esta entrada »

La primer comunión para los padres

Sábado, 7 agosto, 2010

Miguel Aranguren

El sábado pasado (hoy hace una semana) pude dar la primera comunión a mi prima Lucia (aunque ella me llama tío). Como siempre fue un momento imborrable para ella y para mi. Pero cada vez empieza a ser también un momento importante para los padres; que en caso de Lucía son un matrimonio ejemplar, con tres hijos maravillosos.

Me ha parecido muy interesante y copio algunos fragmentos de un comentario de Miguel Aranguren sobre este tema.

Para los padres, la primera Comunión de nuestros hijos supone una barrera que franquea la madurez, porque incluso en la paternidad hay grados, desde la inocencia de los primeros pañales al cansancio de cuando no sabemos hacia dónde tirar de las veleidades de los hijos capciosos (…) Como anunciaba, la última ha sido la primera Comunión del segundo de mis vástagos, con el que he vuelto a cruzar la frontera de la fe infantil, casi vaporosa, para enfrentarme junto a él al misterio insondable de un Dios que se queda, desarmado, en un trozo de pan.

La primera Comunión ofrece lecciones preciosas a los padres que colaboran en la catequesis familiar. Vemos acercarse a los hijos hasta la sabiduría de las oraciones populares y cómo tratan de desbrozar los misterios de la lógica sacramental, cómo se plantean la economía salvadora de Dios y comienzan a verle y a tratarle como a un Padre todavía más auténtico que el que les ha tocado por sangre.

Me confiaba un amigo, hoy joven sacerdote, que en su vocación tuvo mucho que ver la primera de sus comuniones. Su abuela, a la sazón mujer sufridora por la ruptura matrimonial de los padres de aquel niño, a todas luces irreparable, le hizo un ruego a aquella criatura que aún se atrevía a tratar de tú a tú a Jesús: “El niño Dios concede un deseo a los niños que hacen su primera Comunión. Cuando comulgues y le tengas en el corazón, pídele, por favor, que tus papás vuelvan a quererse”. Así hizo la criatura, con sencillez y empeño. Dos años después el matrimonio vivía de nuevo bajo el mismo techo y consentía, con el tiempo, al propósito sacerdotal del chico.

Me he encontrado casualmente con estos vídeos de Stephen R. Covey. El mismo con la precisión que le caracteriza hace un resumen del libro que venimos tratando últimamente en el blog. Por su interés y claridad aquí os dejo estos 4 vídeos:

Parte A: INTRODUCCIÓN

Parte B: CARÁCTER Y PERSONALIDAD Leer el resto de esta entrada »

Si dividiéramos nuestras actividades en 4 categorías atendiendo a los criterios del gráfico (ver el gráfico), tendríamos lo que S. Covey en su libro “los 7 hábitos de la gente altamente efectiva” denomina cuadrantes del tiempo. Y lo que nos propone es ir reduciendo poco a poco las actividades del los cuadrantes III y IV (saber decir que “no”) para ir centrándose en el cuadrante II.

cuadrante del tiempo

Una máxima de los arquitectos dice que «la forma sigue a la función». De modo análogo, la administración sigue al liderazgo. El modo en que uno pasa el tiempo es la consecuencia del modo en que uno ve su propio tiempo y sus propias prioridades. Si nuestras prioridades surgen de un centro de principios y de una misión personal, si están profundamente arraigadas en nuestro corazón y nuestra mente, el cuadrante II aparecerá como un lugar natural y estimulante para invertir el tiempo.

Es casi imposible decir «No» a la popularidad del cuadrante III, o al placer de huir al cuadrante IV cuando no se tiene un «Sí» más grande ardiendo adentro. Sólo cuando nuestra autoconciencia nos permite examinar nuestro programa —y tenemos imaginación y conciencia moral para crear un programa nuevo y singular centrado en principios al que se le puede decir «Sí»—, sólo entonces tendremos una fuerza de voluntad independiente que nos permita decirle «No», con una sonrisa auténtica, a lo que carece de importancia.

El cuadrante II es el corazón de la administración personal efectiva. Trata de las cosas que no son urgentes, pero sí importantes: por ejemplo:

  • construir relaciones,
  • redactar un enunciado de la misión personal,
  • la planificación de largo alcance,
  • la ejercitación,
  • el mantenimiento preventivo, (alimentar las oportunidades y dejar morir de inanición a los problemas, pensar anticipadamente)
  • la preparación, la recreación

En fin, todas esas cosas que sabemos que hay que hacer, pero que solemos eludir, porque no son urgentes.
Tienen auténticas crisis y emergencias del cuadrante I que requieren su atención inmediata, pero su número es comparativamente pequeño.

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Para S. Covey en su libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, los siete hábitos son también hábitos de efectividad. Y lo son porque se basan en una ley natural, con un principio que él ha denominado «equilibrio P/CP». Este principio puede comprenderse fácilmente recordando la fábula de Esopo acerca de la gallina de los huevos de oro.

Esopo cuenta que un pobre granjero descubrió un día que su gallina había puesto un reluciente huevo de oro. Primero pensó que debía tratarse de algún tipo de fraude. Pero cuando iba a deshacerse del huevo, lo pensó por segunda vez, y se lo llevó para comprobar su valor.

¡El huevo era de oro puro! El granjero no podía creer en su buena suerte. Más incrédulo aún se sintió al repetirse la experiencia. Día tras día, se despertaba y corría hacia su gallina para encontrar otro huevo de oro. Llegó a ser fabulosamente rico; todo parecía demasiado bonito como para que fuera cierto.

Pero, junto con su creciente riqueza llegaron la impaciencia y la codicia. Incapaz de esperar día tras día los huevos de oro, el granjero decidió matar a la gallina para obtenerlos todos de una vez. Pero al abrir el ave, la encontró vacía. Allí no había huevos de oro, y ya no habría modo de conseguir ninguno más. El granjero había matado a la gallina que los producía.

Sugiero que en esa fábula hay una ley natural, un principio: la definición básica de la efectividad. La mayoría de las personas ven la efectividad desde el paradigma de los huevos de oro: cuanto más se produce, cuanto más se hace, más efectivo se es. Pero, como muestra el relato, la verdadera efectividad está en función de dos cosas: lo que se produce (los huevos de oro) y los medios o bienes de producción y la capacidad para producir (la gallina).

Si uno adopta un modelo de vida centrado en los huevos de oro y se olvida de la gallina, pronto se encontrará sin los medios que producen los huevos. Por otra parte, si uno se limita a cuidar de la gallina sin recoger los huevos de oro, pronto se encontrará sin dinero para alimentarse a sí mismo o alimentar al ave.

La efectividad reside en el equilibrio, en lo que denomino el equilibrio P/CP. «P» es la producción de los resultados deseados, los huevos de oro. «CP» es la capacidad de producción, la aptitud o el medio que produce los huevos de oro.

Para ver algunos ejemplos prácticos: Leer el resto de esta entrada »

Ya se que me repito pero llevo varios días dándoles vueltas a estas ideas:

Cfr: En el continuum de la madurez:

  • la dependencia es el paradigma del tú:cuidas de mí; haces o no haces lo que debes hacer por mí; yo te culpo a ti por los resultados.
  • La independencia es el paradigma del yo: yo puedo hacerlo, yo soy responsable, yo me basto a mí mismo, yo puedo elegir.
  • La interdependencia es el paradigma del nosotros: nosotros podemos hacerlo, nosotros podemos cooperar, nosotros podemos combinar nuestros talentos y aptitudes para crear juntos algo más importante.

Las personas dependientes necesitan de los otros para conseguir lo que quieren. Las personas independientes consiguen lo que quieren gracias a su propio esfuerzo. Las personas interdependientes combinan sus esfuerzos con los esfuerzos de otros para lograr un éxito mayor.

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