Dios da sus afectos cuando quiere

Miércoles, 18 julio, 2012

No se si has tenido la experiencia de pasar toda la oración sin sentir ni escuchar nada. Sales con la sensación de que ha sido tiempo perdido… Pero ocurre, que luego, si guardas el silencio interior y te mantienes en presencia de Dios, en las pequeñas cosas de cada día, en las cosas más sencillas, encuentras muchos consuelos, ideas, afectos o propósitos con los que puedes alimentar tu vida interior… Y es que Dios da sus afectos cuando quiere, y mueve los corazones en los modos y momentos más insospechados. 

Esas cosas sencillas, que componen las actividades normales de cada día, pueden ser los cauces por los que Dios te mueve a insospechados horizontes de servicio y entrega a los demás, a tu novia, a tu esposo, a tus amigos, a tu familia, etc… 

“Nunca compartiré la opinión -aunque la respeto- de los que separan la oración de la vida activa, como si fueran incompatibles.
Los hijos de Dios hemos de ser contemplativos: personas que, en medio del fragor de la muchedumbre, sabemos encontrar el silencio del alma en coloquio permanente con el Señor: y mirarle como se mira a un Padre, como se mira a un Amigo, al que se quiere con locura” (Forja 738)

De rodillas

Lunes, 11 junio, 2012

Aquí os dejo con este fragmento de Romano Guardini sobre el gesto de rodillas en adoración. Impresionante, como siempre:

Cual es la actitud del engreído? Se atiesa, yergue la cabeza, los hombros y el cuerpo entero. Su continente está diciendo: “Soy mayor que tú; soy más que tú” Pero cuando uno siente bajamente de si mismo y se tiene en poco, inclina la cabeza y agacha el cuerpo: “se achica”. Y tanto más, a la verdad, cuanto mayor sea la persona que tiene a la vista, cuanto menos valga él mismo en su propia estimación.
¿Y cuándo más clara que en la presencia de Dios la sensación de pequeñez? ¡El Dios excelso, que era ayer lo que es hoy y será dentro de cien mil años! ¡El Dios que llena este aposento, y la ciudad, y el universo, y la inmensidad del cielo estelar! ¡El Dios ante quien todo es como un grano de arena! ¡El Dios santo, puro, justo y altísimo!… ¡El, tan grande! … ¡Y yo, tan pequeño!… Tan pequeño, que ni remotamente puedo competir con Él; que ante Él yo soy nada.
Sin más, cae en la cuenta de que ante Él no es posible presentarse altivo. “Se empequeñece”; desearía reducir su talla, por no presentarla allí altanera; y ¡mira!, ya ha entregado la mitad, postrándose de rodillas Y si el corazón no está aún satisfecho, cabe doblar la frente. Y aquel cuerpo inclinado parece decir: “Tú eres el Dios excelso; yo, la nada.”
Al arrodillarte, no seas presuroso ni inconsiderado. Es preciso dar a ese acto un alma, que consista en inclinar a la vez por dentro el corazón ante Dios can suma reverencia. Ya entres en la iglesia o salgas de ella, ya pases ante el Altar, dobla hasta el suelo la rodilla, pausadamente; y dobla a la vez el corazón. diciendo: “¡Soberano Señor y Dios mío!…” Si así lo hicieres, tu actitud será humilde y sincera; y redundará en bien y provecho de tu alma.

Fuente: R. Guardini, en su libro, “Signos sagrados”, del original: VON HEILIGEN ZEICHEN, publicado por la Editorial MATTHIAS-GRÜNEWALD, MAGUNCIA, (c) E.L.E., S. A., 1957, Talleres Gráficos Agustin Núñez – Paris, 208 – BARCELONA

La Mano

Lunes, 4 junio, 2012

He encontrado este hermoso texto  de R. Guardini acerca de la mano:

El cuerpo entero es instrumento y espejo del alma. No reside ésta simplemente en aquél a la manera de una persona en su aposento, sino que vive y obra en cada uno de los miembros y en cada fibra; y habla por cada línea, forma y movimiento corporal. Rostro y mano son, empero, de especial modo instrumentos y espejos del alma. Leer el resto de esta entrada »

Imagínate a un grupo de personas intentado cada una mover su automóvil a base de empujones. Haciendo un esfuerzo terrible con el que apenas consiguen desplazar el vehículo unos metros, y, además en cuanto dejan de empujar, el automóvil se para. Bastará un día entero empujando para que abandonen tan propósito, pues tanto sus fuerzas como su paciencia llegarán al límite: “Lo he intentado pero no he podido”… “Es muy difícil, yo diría que imposible”… “¡Nada, que no ha habido manera!”.

Así me imagino que van las personas que intentan llevar su Cruz, la de cada día, “a base de empujar con fuerza, a pulso”, sin rezar, sin sacramentos, sin vida interior… Quieren ser generosos sin rezar, quieren vencer rencores y perdonar sin implorar la ayuda divina, quieren vivir conforme a su conciencia sin leer el evangelio ni formarse… Y claro, así no hay manera:  “Lo he intentado pero no he podido”… “Es muy difícil, yo diría que imposible”… “¡Nada, que no ha habido manera!”. Leer el resto de esta entrada »

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 523 seguidores

%d personas les gusta esto: