Acerca de la “conversión”

The Conversion of Saul, by CaravaggioEn el lenguaje teológico cristiano el término conversión (del latín convertere) expresa un proceso rico y múltiple que va desde la incredulidad a la fe; desde el estado de pecado al de reconciliación; desde el distanciamiento espiritual a un renovado fervor; etc. La historia del cristianismo está llena de ejemplos y relatos de conversión; el que describe san Agustín en sus Confesiones es un clásico.

La conversión significa, ante todo, “dar la espalda” al pecado para volverse de nuevo a Dios. El Evangelio desde el comienzo presenta la lucha contra el pecado como una exigencia indispensable para poder seguir al Maestro. Y, siguiendo la propia enseñanza del Señor, es inseparable de la fe en la misericordia paterna de Dios, y de la decisión de tomar voluntariamente la propia cruz. Supone, pues, un cambio de la mente y del corazón (metanoia), un abandono de las falsas seguridades personales y la aceptación del don divino que invita a seguir y a servir plenamente a Cristo con un amor fiel.

Por eso mismo, si es sincera, la conversión del cristiano como rechazo del pecado se traduce en manifestaciones externas: un cambio de actitudes y comportamientos.

¿Te animas?

Al encuentro con la Cruz (y 3)

cargando-la-cruzTercera y última entrada de esta serie sobre la mortificación en la Cuaresma:

Especial importancia tiene la mortificación interior. Es decir, el control sobre la imaginación y la memoria, con el fin de alejar esos pensamientos y recuerdos inútiles, que impiden la presencia de Dios, y que tantas veces son fuente de tentaciones.

Y es que cuando se cede a esta forma de evasión -quizá en momentos de más cansancio, o de aridez espiritual o como compensación ante los pequeños fracasos de la vida diaria–, se va produciendo un deterioro de la unidad de vida: por un lado, un mundo interior -en el que la vanidad triunfa-, y por otro, la vida real, a veces dura, parca y austera… pero donde únicamente puede realizarse el proyecto de santidad personal. (más…)

Al encuentro de la Cruz (2)

cargando-la-cruzSeguimos tratando de la mortificación en Cuaresma:

Tanto la mortificación que hacemos voluntariamente como la que nos viene sin buscarla son –más que privación de algo-, una ocasión de expresar nuestro amor a este Dios nuestro que ha querido redimirnos por medio de la Cruz.

La mortificación es mucho más que la simple moderación, o el deseo de mantener a raya los sentidos y el desequilibrio que producen el desorden y el exceso. Se trata más bien de negarnos algo a nosotros mismo para unirnos así más íntimamente con Cristo en la Cruz.

San Alfonso Mª de Ligorio decía que, así como la llama se aviva al contacto del aire, así el alma se perfecciona al contacto de las tribulaciones». Y es que la vida interior se fortalece con las contradicciones y los obstáculos que la hacen crecer en las virtudes y, sobre todo, en la confianza en Dios. Por eso, el espíritu de sacrificio ha de ser una actitud estable, habitual, en la vida del cristiano. Sin mortificación no hay progreso. Hemos de estar convencidos de su necesidad. El espíritu de mortificación ha de ser una costumbre arraigada, estable en al viada de todo cristiano. (más…)

Al encuentro con la Cruz

cargando-la-cruzLa Cuaresma nos lleva de la mano, y casi sin darnos cuenta, al encuentro con la Cruz dentro de unos 40 días. Así que para prepararnos mejor a ese encuentro, pondremos en el blog algunas entradas sobre la mortificación y la penitencia.

La mortificación es primordial para seguir a Cristo: «para Vivir hay que morir» (Camino 185).Y el mismo Señor nos advierte: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame (Lc 9,23). Difícilmente sin ella puede haber frutos verdaderos, virtudes o intimidad sincera con el Señor. Y es que en la vida interior, conforme se avanza «el Señor se nos manifiesta cada vez más exigente, nos pide reparación y penitencia» (san Josemaría).

Y sin embargo, ¡cuánto rechazo y falta de generosidad para todo lo que supone contrariedad o dolor!. Además está todo este ambiente hedonista que nos rodea. El ambiente presiona con su visión negativa del sacrificio voluntario, pero no olvides el carácter positivo de la mortificación y como estrecha la relación de amistad con Dios, como trae esa alegría verdadera al saber que participamos en el misterio de la Redención. (más…)

Cruzar el desierto

Mar Galceran me envía este excelente texto para la I semana de cuaresma:

En la quietud y la soledad de nuestros silencios,Tú nos conduces de la mano hasta el fondo de nuestros abismos.
Allí donde la verdad nos quema en las manos.
Allí donde las palabras enmudecen en lágrimas.
Allí donde las heridas nos golpean el alma, hasta llegar a aquel vacío silente, donde ya no nos queda nada más que abandono en este Tu expectante, origen de nuestro existir, calor de nuestros fríos, confianza de nuestros temores.

Crucemos pues nuestros desiertos, nuestros miedos,nuestras tentaciones …, con la certeza de que a través de las durezas del camino volveremos a la fuente de nuestro ser, a la mano de aquel Amor que es principio, camino y fin de nuestro existir.

La ceniza y la cabeza

770x433xEgipto.jpg.pagespeed.ic.qGjz2m4pDM

Me envía José Ramón Ayllón este impresionante texto de Enrique García-Máiquez sobre el miércoles de ceniza:

DESDE hace diez años publico los miércoles para todo el Grupo Joly; llevo, por tanto, un decenio asombrándome cada año de la casualidad de que me toque escribir los días de Ceniza justamente a mí, columnista confesional y ritualista donde los haya. Esta vez, sin embargo, voy a aparcar la broma, no tanto por repetitiva y cansina -yo no me canso nunca de una tradición-, como porque, tras la decapitación en Libia de 21 egipcios, cristianos coptos, no estamos para chistecillos. El hecho es tan grave que exige, como nos enseñó Tomás Moro, un humor salvaje, desafiante, teológico y místico. Ya saben: cuando Moro esperaba para ser decapitado notó cierta jaqueca, pero se felicitó de que su rey, tan atento, fuera a administrarle enseguida una medicina que cortaría el dolor de golpe.

Esta tarde, cuando incline la frente para que me impongan la ceniza, sentiré que, junto al símbolo penitencial antiguo, mi cabeza se troncha (indoloramente) sobre mi cuello en un homenaje a los nuevos mártires. (más…)

Miércoles de Ceniza

Hoy es miércoles de ceniza. Te copio este comentario de Fernando Rey:

La ceniza –salta a la1.- vista– no es confeti. Al recibirla sobre nuestras cabezas, no nos vestimos precisamente de fiesta. Cuando alguien me dice: «¡Qué ganas tengo de que comience la Cuaresma!», me quedo con cara de haba, y casi me da vergüenza responder. La verdad: ganas, lo que se dice ganas… Tengo ganas de comer, de descansar, de irme a la playa y de ver una buena película. Pero de hacer penitencia, comer potaje o (en su defecto) ayunar… No tengo ganas. Y no lo haría si no fuese estrictamente necesario.

   Pero, por desgracia, es estrictamente necesario. Para mí, y –sin perdón– también para ti. Porque hemos pecado, porque nos hemos apartado de Dios, porque hemos desobedecido, porque hemos tomado el camino de la muerte y abandonado el de la vida. Y lo peor que podría sucedernos es que no quisiéramos verlo.

   La Cuaresma es nuestra gran oportunidad. Dios no sólo nos permite volver sobre nuestros pasos para recuperar el camino, sino que Él mismo, encarnado, viene con nosotros y nos alimenta. Adentrarse en soledad en la Cuaresma es locura. Abrazados a Cristo por la oración y la gracia… Hasta el potaje y el ayuno sabrán a delicias celestiales.