¿Recuerdas lo del pato?

Miércoles, 9 abril, 2014

Colorful Dawn by Boris FrkovicHabía un niño visitando a sus abuelos en su granja. Tenía un arco (catapulta, flecha) con el que jugaba todo el día. Practicaba con él en el bosque pero nunca daba en el blanco. Estando un poco desilusionado, regresó a casa para la cena.
Al acercarse a casa, divisó al pato mascota de la abuela. Sin poder contenerse el usó su arco y le pegó al pato en la cabeza con tan mala suerte que lo mató. Estaba tan triste y asustado, que lleno de pánico enterró el cadáver del pato en el bosque. Pero se dió cuenta que su hermana lo estaba observando. Ella lo había visto todo pero no dijo nada.

Después de comer la abuela dijo, “Sally, acompáñame a lavar los platos.” Pero Sally dijo, “Abuela, Johnny me dijo que hoy quería ayudarte en la cocina, ¿no cierto Johnny? Y ella le susurró al oído a él, “¿Recuerdas lo del pato?” Entonces, sin decir nada, Johnny lavó los platos.
En otra ocasión el abuelo preguntó a los niños si querían ir de pesca, y la abuela dijo, “Lo siento pero Sally debe ayudarme a preparar la comida.” Pero Sally con una sonrisa dijo, “Yo sí puedo ir, porque Johnny me dijo que a él le gustaría ayudar.”Nuevamente le susurró al oído “¿Recuerdas lo del pato?”. Entonces Sally fue a pescar y Johnny se quedó.
Transcurridos muchos días en que estaba haciendo sus propias tareas y las de Sally, finalmente él no pudo más. Fue donde la abuela y confesó que él había matado al pato. Ella se arrodilló, le dio un gran abrazo y le dijo, “Amor mío, yo ya lo sabía. Estuve parada en la ventana y lo vi todo. Ya te perdoné. Lo que si me preguntaba era hasta cuando tú permitirías que Sally te tuviera como esclavo.”

Que importante es la sinceridad. La verdad nos hace siempre libres, aunque nos ocasiones sufrimiento. Por el contrario, la mentira nos promete un camino más fácil, pero a la larga nos causa formas sutiles de esclavitud y ocasiona con frecuencia sufrimientos injustos. Leer el resto de esta entrada »

Por ser vos quien sois, Bondad infinita

Jueves, 22 noviembre, 2012

Por un momento aplícate personalmente estas palabras: ¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz! Pero no: está escondido a tus ojos. Al divisar a lo lejos Jerusalén, Cristo lloró mientras pronunciaba estas palabras. Pero de algún modo, las podemos aplicar a cada de nosotros cada vez que le abandonamos por la sensualidad, la pereza o comodidad, y en fin, por la dificultad de resistir la presión del ambiente. Vamos, tú y yo, a alegrarle hoy el día a Jesús con nuestra lucha por serle fieles.

Puede ser de gran ayuda para convertirnos, contemplar el rostro de Jesús entristecido por nuestra mala conducta. De hecho los que no lo hacen son aquellos que se abandonan a los placeres de este mundo y huyen de pensar en estas cosas para no turbar sus pequeños goces y gustos egoístas. Pero recuerda que la escoria de los egoísmos es la tristeza. Nosotros vamos a ser felices ya desde ahora, sabiendo que la felicidad del Cielo es continuación de la de la tierra. Leer el resto de esta entrada »

Más o menos así era el relato que  escuché hace años, y que pienso sigue siendo actual:

Un hombre cae en un agujero hondo y oscuro, rompiéndose al caer brazos y piernas. Pronto se escuchan sus gritos de dolor pidiendo ayuda. Por casualidad pasa por allí Confucio, el gran filósofo chino, que mirando al fondo del pozo, dice a aquel hombre: “Amigo, permíteme darte este sabio consejo: si algún día logras salir de ahí, ten cuidado de por donde andas para que no vuelva a sucederte lo mismo”. Dicho esto se marcho.

Poco después se acercó Buda por allí, el cual al ver al hombre le dijo: “Amigo, necesitas ayuda. Si puedes hacer tu parte, podré ayudarte. Intenta, controlar con tu mente el dolor y subir un poco a ver si te alcanzo con mis brazos”. Pero aquel hombre con sus piernas y brazos rotos fue incapaz de moverse. Entristecido, Buda se marchó de allí. Leer el resto de esta entrada »

Si como dice el lema de la JMJ Madrid 2011, estamos: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cfr. Col 2, 7), pienso que aún puede haber esperanza. En estos días estamos viendo llegar a Madrid un aluvión de gente joven distinta, nueva, alegre, limpia. ¿Qué distingue a estos jóvenes de los otros? Quizás sea que vienen, precisamente, buscando la palabra del padre, del Papa… , de Dios.

Al mirar sus ojos vemos futuro, un futuro lleno de luz, que nos dice que hay esperanza, que no todo está perdido. La media de edad de estos jóvenes es de 22 años, muchos de ellos es la primera vez que vienen a este tipo de encuentros (75%). Son jóvenes que quieren escuchar al Papa, es decir al padre que representa la mayor autoridad sobre la tierra en una Familia Universal.

¡Gracias jóvenes de la JMJ!  Porque al veros, nos damos cuenta de que la Iglesia sigue latiendo, está viva, y seguirá latiendo porque tiene mucho futuro. Vosotros sois la solución a la verdadera crisis de Occidente.

«Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cfr. Col 2, 7) Así lo han vivido los santos de todos los tiempos. Leís hace poco que Teresa de Calculta relataba con emoción como una tarde había tenido entre sus manos el cuerpo de Cristo. Al arraigarse y edificarse en Cristo, nos vamos empapando de otros saberes que este mundo no puede, no sabe ofrecer, pues en Cristo “están todos los tesoros de la sabiduría y la ciencia”(Col 2, 6).

Un endecasílabo perfecto

Viernes, 20 mayo, 2011

“E-go-sum-via-et-ve-ri-tas-et-vi-ta”

Ego sum via“… La Ley de Moisés no usaba el imperativo, sino el futuro (“Amarás”…”No matarás“), que es una forma verbal más bien propia de las promesas. Quien pronuncia un imperativo sobre mí acota mi libertad. Sin embargo, quien me muestra un camino desconocido me hace más libre, porque me permite alcanzar una meta. Jesús nunca dijo: “Haz esto, porque Yo lo quiero”; sino “El que quiera venirse conmigo“… A donde yo voy, ya sabéis el camino. Después subió a la Cruz, para hacerse como una escalera, y así, por ese camino, pudiera llegar hasta el Cielo: se hizo Camino por mi.

“Et veritas”… Sin Jesús, la vida es, como dice mi sobrino, “una mentirota”, una monumental mentira, algo que termina pudriéndose como todo lo demás. Pero, con Él… Descubres que es la Verdad quien te posee al igual que te rodea la luz en una mañana de primavera. Descubres embelesado, a través de los ojos de Cristo, como lo perecedero cobra consistencia y se sostiene para siempre. Efectivamente, no existe otra Verdad sino Cristo. Mi vida es Verdad en la medida en que me dejo tener por Él, en la medida en que me abandono entre sus brazos, en la medida en que miro por sus ojos.

“Et vita”… La vida es sueño, ya lo dijo Calderón de la Barca, y así vamos, soñando que vivimos, porque llamar “vida” a un puñado de años es en el fondo una especie de consuelo. En el hondón del corazón arde un ansia de Vivir que es distinto; se enciende un anhelo de Amor para siempre, que no es de aquí… Han pasado ya muchos años en los que un día decidí depositar mi puñadito de años en las manos de Cristo, y desde entonces mi vida cambió. Empecé a sentirme vivo, quiero decir vivo para siempre. La Gracia de sus manos nos toma y nos alza hacía arriba, como a un niño, por encima de la muerte. Además ¿sabes? cuando te das cuenta de que tienes todo una eternidad por delante, se te quitan los agobios… Sólo vives, si vives en gracia de Dios.

María, haz que sean tus manos quienes me alcen y me levanten después de cada caída.

La Cuaresma y el “combate espiritual”

Sábado, 27 febrero, 2010

No es una novedad presentar la vida espiritual como un combate. Y el tiempo de cuaresma nos recuerda con su ascesis esa gran batalla que se desarrolla más allá de las apariencias del mundo visible y que pretende por medio de la seducción de este mundo el olvido y rechazo de Dios. De la literatura rusa se pueden sacar tres ejemplos que representan muy bien los diversos tipos de seducción y olvido de Dios. Os recomiendo estos enlaces:

Vladimir Sergeyevich Solovyov

Soloviev escribió La leyenda sobre el Anticristo hacia el final de su vida, y esta obra contiene muchos elementos proféticos. Según el autor, la preparación inmediata a la venida del Anticristo sería el siglo XX, con sus terribles guerras nacionalistas. Tras el panhelenismo, pangermanismo y paneslavismo, aparece el panmongolismo. La raza amarilla ocupará Europa, primero con los obreros y después militarmente. Las guerras serán todas mundiales y producirán el caos universal.

Pero estos desastres tienen un efecto bueno: la caída de las ideologías, por las que la gente se mataba. Los hombres ya no creerán en nada. Pensarán que el único valor es vivir y dejar vivir a los demás; si no, será la muerte para todos. Pero no saben cómo poner en práctica esta actitud humanitaria.

Justo en ese momento nace un hombre genial, de aspecto bello, elocuente, filántropo. Al principio no está contra Cristo. Pero luego lo considera un iluso idealista, que quería unir a los hombres, y creo nuevas divisiones entre buenos y malos, entre creyentes y ateos; que predicaba la paz y trajo al mundo la espada.

En ese momento, al personaje genial le viene una idea que acepta inmediatamente: el verdadero Hijo de Dios seré yo, haré lo que no ha conseguido hacer Cristo. Al mismo tiempo, se siente ayudado por una gran fuerza. Una figura oscura y fosforescente le dice: «Yo soy tu dios y padre, tú eres mi hijo amado».

Entonces, el hombre se pone a la obra. Publica el escrito El camino abierto hacia la paz y el bienestar universal. Tiene un éxito enorme. Hasta los cristianos lo consideran un cristiano anónimo. Vienen luego los éxitos políticos. Es elegido presidente del parlamento europeo, después emperador de Roma y, al final, rey del mundo. «Mi paz os doy» dice.

Pero todavía hay algunos problemas que resolver. Los cristianos decían que eran inconciliables la fe y la razón, junto al emperador aparece un prelado de corte, obispo católico ex partibus infidelium, que ha estudiado las prácticas mágicas y sabe que los llamados milagros y las visiones místicas se pueden explicar y reproducir científicamente.

En seguida son resueltos todos los problemas sociales. La tierra tiene riquezas para todos. Basta dividirlas sensatamente.

El último problema son los cristianos. Han quedado pocos, sólo 45 millones, pero son fervorosos e intransigentes, desesperadamente divididos en católicos, ortodoxos y protestantes. El papa de los católicos vive en San Petersburgo, con la condición de que no haga ninguna propaganda; los protestantes están diezmados por el racionalismo, pero hay todavía un grupo que se inspira en el ejemplo de la Iglesia de los primeros apóstoles. Los ortodoxos han perdido millones de fieles, pero atraen todavía a la gente con los iconos, los cantos y las tradiciones.

El emperador del mundo traslada su sede a Jerusalén. Allí es donde se entera de que los cristianos constituyen su única oposición, aunque se callan y obedecen a las leyes del imperio. Al emperador le viene la idea de convocar un concilio ecuménico en Jerusalén, en la planicie del antiguo templo, ahora destinado a todos los cultos. Es invitado el papa, que muere durante el viaje, y el cónclave elige papa en Damasco al cardenal napolitano Simón Barionini, que acepta con el nombre de Pedro II. Por los ortodoxos llega la legendaria figura del starec Juan y, por los protestantes, se presenta el docto profesor Ernesto Pauli. Les acompañan sus delegaciones respectivas.

El concilio se abre el 14, de septiembre (fiesta de santa Sofía). Tras la liturgia en lugares separados, llega el emperador, mientras suena la marcha de la unidad. El discurso del emperador es en estos términos: «Cristianos de todas las religiones, mis queridos súbditos y hermanos… ». Y sigue el ofrecimiento: «Decid lo que queréis, que yo os lo daré». Pero los cristianos no logran expresar un deseo. Entonces sigue un nuevo ofrecimiento: a los católicos el primado universal del papa romano; a los ortodoxos un gran museo de la antigüedadcristiana en Constantinopla; a los protestantes los estudios bíblicos en la Universidad de Tubinga.

El entusiasmo de una gran parte de los cristianos es enorme. Pero hay también resistencias, y los tres representantes principales no aceptan el ofrecimiento. El emperador está disgustado. Se levanta el starec Juan: «Gran emperador, nos das grandes cosas, pero a nosotros lo que nos importa es la persona de Cristo. De ti no podemos tomar nada si no vemos en ti la mano de Cristo».

El emperador cambia de cara, el mago Apolonio hace surgir el fuego y el starec Juan exclama: «Hijos míos, ¡es el Anticristo!», cayendo fulminado. Pedro II recita el exorcismo, y cae muerto también él. El profesor Pauli escribe entonces las actas del último concilio: «Para gloria del único Salvador Jesucristo. Nuestro hermano Juan ha reconocido al Anticristo y nuestro padre Pedro, siguiendo las reglas canónicas, lo ha expulsado de la Iglesia. Los dos han muerto mártires de esta confesión. Nosotros, que hemos permanecido fieles, iremos al desierto a esperar la venida de Jesucristo». El profesor Pauli, con un grupito de fieles, lleva los muertos a un lugar vecino a la tumba del Señor, donde también ellos tienen que ser vigilados por los soldados.

Después el Anticristo convoca el cónclave: es elegido papa el mago Apolonio. Se proclama la unión de todos y se celebran grandes fiestas.

Llega la noche, los soldados que cuidan la tumba duermen. El starec Juan y Pedro II resurgen y se abrazan diciendo: «Hijos míos, por fin somos uno». El profesor Pauli da la mano al papa, diciendo: Tu es Petrus. En el cielo aparece un gran signo, la Señora vestida de sol. Pedro dice: «¡Ésta es nuestra guía!». Pero el último gran movimiento viene de los hebreos. También ellos comprenden que todos los bienes que han recibido en la historia no son más que el símbolo de la venida de Cristo. Por eso, ellos también van a encontrarlo en el desierto.

El significado del relato es claro. En la historia, la humanidad recibe muchos valores Profanos y religiosos. La tentación es preferir los dones y olvidarse del Dador, o sea, de Cristo y su venida.

Cfr. El Camino del Espíritu, de Tomas Spidlik

Fiódor Dostoyevski. Retrato por Vasili Perov, 1872

La novela El idiota de Dostoievski a primera vista parece muy enigmática. Algunos han pensado que se estaba describiendo a un cristiano auténtico. Se dice que hasta Nietzsche, después de haberla leído, mejoró su disposición respecto al ideal cristiano. Pero si nos situamos en la problemática de la época en que está escrita la novela, resulta más difícil admitir esa benévola interpretación.

Hacia finales del siglo pasado, muchos intelectuales rusos y extranjeros se sentían encantados por el profeta de la no resistencia al mal, L. N. Tolstói. Sus relatos y sus teorías parecían que propagaban el cristianismo en su forma más pura. Tolstói era para sus seguidores un nuevo san Francisco de Asís, pero moderno, liberado de los elementos mitológicos. Hay que tomar al pie de la letra la doctrina moral del evangelio y observarla con todas sus consecuencias, decía el escritor, pero los milagros de Jesús y su misteriosa persona pertenecen a la mitología y, por tanto, carecen de interés. La actitud de Dostoievski es diametralmente opuesta. Responde a Tolstói con su novela El idiota, cuyo argumento es el siguiente.

El príncipe Myspkin es dado de alta de una casa de reposo de enfermos mentales en Suiza y vuelve a San Petersburgo, su ciudad natal, con poco dinero. Allí se entera de que es dueño de una rica herencia y se manifiesta no apegado al dinero. En los salones de la ciudad imperial se muestra como un verdadero cristiano: perdona las ofensas, piensa bien de todos, no cede al mal. Al principio le miran con escepticismo y sonrisas enigmáticas, pero termina haciéndose simpático a todos. Llega un momento en que la historia toma un giro de infortunio. El príncipe es objeto de disputa entre mujeres y se ve arrastrado a asistir a un crimen. Es incapaz de impedirlo. Lo llevan a la cabecera de un enfermo de tuberculosis moribundo. La única reacción que le sale es decir: «Muérete y envídianos a nosotros la suerte que tenemos de vivir».

Debía ser Cristo, pero demuestra que es un impostor. Dostoievski se pregunta: ¿Qué sería la enseñanza moral del evangelio sin la persona de Cristo y sin su fuerza divina? Sería una ideología de locos. De hecho, el protagonista de su novela termina en el mismo manicomio del que había salido.

Podemos trasladar esa idea al contexto bíblico. Los profetas combaten la idolatría pagana; san Juan Bautista y Jesús tendrán que oponerse a la idolatría de la ley del fariseísmo. La ley es divina, pero separada de Dios sirvió para condenar a muerte al Hombre-Dios. Desde siempre la idolatría de ideales y normas es un espíritu que produce herejías y fanatismos. Por medio de esos ídolos el Anticristo domina el mundo, disfrazándose de ángel de la luz.

Cfr. El Camino del Espíritu, de Tomas Spidlik

Busto de Nikolai Gogol, en St. Petersburgo.

El escritor N.V. Gogol en su relato El Retrato describe muy bien lo que podríamos denominar la seducción o anticristo carnal. Su contenido es muy sencillo.

Un pintor ha hecho presente al diablo en el mundo por medio de su arte. Para remediar su culpa, elige la vida ascética para revivir a Cristo en la propia persona y encarnarlo en este mundo.

La narración es transparente, pero están latentes algunos temas fundamentales de la espiritualidad oriental. El primero es el olvido de Dios a causa del aturdimiento de los sentidos. El arte de los iconos difiere del arte profano en una propiedad que se llama «ayuno de los sentidos». El pintor debe ofrecer a la vista del espectador sólo lo que sirva para expresar la idea y el sentido espiritual. Por ejemplo. Al pintar en un Icono a los pastores que cuidaban el rebaño en Belén: la idea se expresa plenamente con dos ovejas. Para pintar a María Magdalena haciendo penitencia en el bosque: se expresa claramente la idea con dos árboles. Por el contrario los pintores románticos, en cambio, ofrecen la belleza teatral del bosque con la mujer llena de atracción carnal. El cuadro, que debía ser sagrado, se hace diabólico, atrae hacia sí y hace olvidar aquello a lo que debería llevar.

El pecado principal contra el que combaten los profetas del Antiguo Testamento es la idolatría, imagen de la divinidad que hace olvidar al verdadero Dios. Todo lo creado debería hablarnos de Dios, y el Anticristo nos lo hace olvidar.

¿Cómo luchar contra él? Los artistas del icono, con el ayuno de las formas, pueden conseguir el punto justo. Pero la novela de Gogol profundiza todavía más. La primera imagen de Dios somos nosotros mismos, y Dios tiene que ser visible en nosotros. Sólo después resplandecerá también en el mundo. La carne humana está destinada a transfigurarse, a volverse diáfana, transparente. El asceta predica de modo visible que «no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4,4).

Cfr. EL CAMINO DEL ESPÍRITU, de Tomas Spidlik

El Papa presentó en su Intervención con motivo de la audiencia general de ayer miércoles 25 de junio, la figura de san Máximo, heroico “confesor”monje del siglo VI. El Papa exhortó a practicar los grandes valores de la ”tolerancia que distinga entre el bien y el mal para no convertirse en caótica y autodestructiva; la libertad que siempre respete a los demás; y el diálogo que sepa sobre qué dialogar para no convertirse en charla vacía. Personalmente, esta audiencia, me parece que no tiene desperdicio; aquí te pongo un fragmento pero vale la pena el esfuerzo de leerlo entero:

San Máximo nos dice, y sabemos que es verdad: Adán (y Adán somos nosotros) pensaba que el “no” era la cumbre de la libertad. Sólo quien puede decir “no” sería realmente libre; para realizar realmente su libertad el hombre debería decir “no” a Dios; sólo así cree que es él mismo, que ha llegado al culmen de la libertad. La naturaleza humana de Cristo también llevaba en sí esta tendencia, pero la superó pues Jesús comprendió que el “no” no es lo máximo de la libertad humana. Lo máximo de la libertad es el “sí”, la conformidad con la voluntad de Dios. Sólo en el “sí” el hombre llega a ser realmente él mismo; sólo en la gran apertura del “sí”, en la unificación de su voluntad con la divina, el hombre llega a estar inmensamente abierto, llega a ser “divino”. Ser como Dios era el deseo de Adán, es decir, ser completamente libre. Pero no es divino, no es completamente libre el hombre que se encierra en sí mismo; lo es si sale de sí, en el “sí” llega a ser libre; este es el drama de Getsemaní: que no se haga mi voluntad, sino la tuya. Transfiriendo la voluntad humana en la voluntad divina nace el verdadero hombre, así somos redimidos. En pocas palabras, este era el punto principal que quería comunicar san Máximo y vemos que está en juego todo el ser humano; está en juego toda nuestra vida.

Cfr. Texto completo aquí: Leer el resto de esta entrada »

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