“Post -It Love”

Martes, 8 abril, 2014

Dos jóvenes se conocen en la oficina y encuentran una original forma de expresar su afecto en este entrañable cortometraje.

Por un simple tornillo

Jueves, 3 mayo, 2012

Erase una vez un fabricante de automóviles que usaba, para sujetar una determinada pieza de sus coches, unos tornillos de ocho milímetros. Como surgiesen averías por la rotura de esos tornillos, decidieron reemplazarlos por otros de diez milímetros. Para poder realizar esta idea, se imponía primero revisar toda la fábrica: desde el almacén de hierros y la oficina de pedido de las barras, pasando por los numerosos procesos de fabricación de las tuercas y arandelas, hasta las maquinas que sierran automáticamente las tuercas y tornillos.

Quizá debería modificarse también la forma y el grosor de ciertas piezas para que pudiesen recibir un tornillo más grueso y ser tan fuertes como él. Con ello el peso del coche iba igualmente a cambiar.

Total, que por un simple tornillo, había que modificar desde el coche hasta la fábrica.

***

Una simple idea puede hacer cambiar toda una vida. Sólo Dios sabe la trascendencia que puede tener un consejo, una sugerencia cariñosa, deslizada en una conversación, al oído de un amigo.

Basta una cebolla

Miércoles, 19 mayo, 2010

Acabo de encontrar esta anécdota que relatan los viejos cronicones ortodoxos.

Un día se murió una mujer que no había hecho en toda su vida otra cosa que odiar a cuantos la rodeaban. Y que su pobre ángel de la guarda estaba consternado porque los demonios, sin esperar siquiera al juicio final, la habían arrojado a un lago de fuego en el que esperaban todas aquellas almas que estaban como predestinadas al infierno. ¿Cómo salvar a su protegida? ¿Qué argumentos presentar en el juicio que inclinasen la balanza hacia la salvación? El ángel buscaba y rebuscaba en la vida de su protegida y no encontraba nada que llevar a su argumentación. Hasta que, por fin, rebuscando y rebuscando se acordó de que un día había dado una cebolla a un pobre. Y así se lo dijo a Dios, cuando empezaba el juicio. Y Dios le dijo: “Muy bien, busca esa cebolla, dile que se agarre a ella y, si así sale del lago, será salvada.”
Voló precipitadamente el ángel, tendió a la mujer la vieja cebolla y ella se agarró a la planta con todas sus fuerzas. Y comenzó a salir a flote. Tiraba el ángel con toda delicadeza, no fuera su rabo a romperse. Y la mujer salía, salía. Pero fue entonces cuando otras almas, que también yacían en el lago, lo vieron. Y se agarraron a la mujer, a sus faldas, a sus piernas y brazos, y todas las almas salían, salían. Pero a esta mujer, que nunca había sabido amar, comenzó a entrarle miedo, pensó que la cebolla no resistiría tanto peso y comenzó a patalear para liberarse de aquella carga inoportuna. Y, en sus esfuerzos, la cebolla se rompió. Y la mujer fue condenada.

Sí, basta una cebolla para salvar al mundo entero. Siempre que no la rompamos pataleando para salvarnos nosotros solitos.

Fuente: José Luis Martín Descalzo, “Razones para vivir”.

Hay mucha gente que se aburre mucho

Martes, 17 noviembre, 2009

Copio este post de www. interrogantes.net. Supongo que en en algún momento todos nos hemos podido sentir así. Este análisis del aburrimiento puede ayudarnos a interiorizarlo y puede servir de herramienta para combatirlo.

Hay mucha gente que se aburre mucho. A veces tanto que, por ejemplo, incluso en su refugio televisivo tienen que esforzarse para no ser engullidos por el zapping: van pasando continuamente de un canal a otro y en vez de poder elegir entre cinco programas distintos, al final resulta que todos les aburren y ellos mismos acaban arrastrados por esa posibilidad de pasar de un programa a otro y no se enteran de lo que sucede en ninguno.

Están tan perezosos y aburridos que no tienen fuerza ni para divertirse. Dejan simplemente pasar las horas sin encontrar nada que les ilusione. Las tardes se les hacen interminables, dicen que todos los días son iguales, que todo les cansa. Les cansa lo malo, y se cansan también de lo bueno. Y se aburren los que tienen poco, y se aburren, incluso más, los que tienen mucho.

El problema no son los aburrimientos transitorios, sino el que toma posesión del estado habitual de ánimo, el de esa gente que con veinte años dice que ya lo ha visto todo y que todo le aburre.

El aburrimiento es una enfermedad difícil de curar. Hace poco leí que hay tres remedios contra esta enfermedad del aburrimiento: el trabajo, el amor y el interés por los detalles pequeños. Y que esos tres remedios, además, sólo se venden en forma de semilla: que hay que tener un poco de paciencia, porque al principio son algo pequeño, pero luego crecen y acaban floreciendo e iluminando la vida.

El aburrimiento general no se combate divirtiéndose. Las diversiones pueden arrancar las hojas de la tristeza pero no arrancan su raíz. Las diversiones resuelven sólo pequeños instantes de aburrimiento.

La forma de resolver el problema global del aburrimiento es enamorándose de la tarea que nos ocupa la mayor parte del tiempo que en esta vida pasamos levantados de la cama: trabajar. Quien se entrega con generosidad al trabajo es difícil que conozca el aburrimiento. El trabajo es uno de los mejores educadores del carácter. El trabajo enseña a dominarse a uno mismo, a perseverar, a templar el espíritu, a olvidar tonterías y a muchas cosas más.

Interesa descubrir el valor grande de cosas que pueden parecer insignificantes. Nada es inútil. Todo es valioso. El encanto de una labor se esconde detrás de ese disfrutar terminando bien las cosas, cuidando esos detalles que hacen que nuestro trabajo sea un verdadero servicio a los demás.

Que no nos suceda como en aquella oficina vacía en la que un visitante hizo al ordenanza la siguiente pregunta: —¿Es que no trabajan por la tarde? Y la respuesta fue: —Cuando no trabajan es por la mañana. Por la tarde no vienen.

Cfr. http://www.interrogantes.net

Porque fuiste fiel en las cosas pequeñas

Miércoles, 12 noviembre, 2008

agua y color

agua y color

Hace unos días alguien me comentó que por qué no hacía la meditación de los miércoles pensando en el domingo siguiente y así le serviría mejor. No me parece mala idea, y después de pensarlo un poco voy a intentar hacer la reflexión en base al evangelio de cada domingo. A ver si soy capaz.

Se acerca ya el final del calendario litúrgico y la Iglesia nos quiere recordar que algún día daremos cuenta de nuestra vida al Señor. Por eso en el Evangelio del Domingo próximo se proclama la parábola de los talentos. No sé si te pasa a ti también, pero hay gente que al escuchar esta parábola parece tentarse los bolsillos: “¿cuántos talentos tendré?” Otros empiezan a pensar en sus cualidades personales: “Soy rubia, tengo ojos azules, toco bien la guitarra”, o “soy alto y fuerte, me mantengo bien para mi edad, me voy a convertir en un genio de las finanzas y, además, soy un as del bricolaje”… Pero no, no se trata de eso (eso está bien para “Operación Triunfo”, pero no estamos en la tele sino en el Evangelio).

Si te fijas bien en las palabras del Señor se nos da la pista: Porque fuiste fiel el las cosas pequeñas… entra en el gozo de tu Señor… Por eso vamos tú y yo a “hacerlo todo por Amor. Así no hay obras pequeñas: todo es grande. La perseverancia en las cosas pequeñas, por Amor, es heroísmo. El secreto para dar relieve a lo más humilde, y aun a lo más humillante es amar” (San Josemaría en Camino 813). Sí, al final de la vida de la vida se nos examinará en el Amor… Detrás de todo esto está la tradición de San Agustín; de Teresa de Jesús: No hagamos torres sin fundamento, que el Señor no mira tanto la grandeza de las obras como el amor con que se hacen”; de Juan de la Cruz: Es más precioso delante de Dios y del alma un poquito de este puro amor y más provecho hace a la Iglesia, aunque parece que no hace nada, que todas esas otras obras juntas“; de Teresa de Lisieux:No tengo otra forma de demostrarte mi amor que arrojando flores, es decir, no dejando escapar ningún pequeño sacrificio, ni una sola mirada, ni una sola palabra, aprovechando hasta las más pequeñas cosas y haciéndolas por amor”. Vamos tu y yo a no descuidar lo pequeño.

Pero es que además está lo grande. Efectivamente, la Resurrección de Cristo ha dejado en nuestras almas el maravilloso tesoro de la gracia. Todos lo recibimos el día de nuestro Bautismo, cuando, sepultados en la Pasión del Señor, resucitamos con Él y fuimos bendecidos con el Don del Espíritu Santo. He ahí nuestro gran talento; he ahí nuestra gran responsabilidad. Por eso, a mi el personaje que más me preocupa es el empleado “negligente y holgazán”. Me pone nervioso, porque me recuerda mi actitud, sí, ha conservado la gracia, ha ido a misa y ha rezado, ha acudido al confesonario… Pero guardó la gracia en el alma como quien guarda un anillo en el cajón sin usarlo jamás. Devolvió exactamente lo mismo que recibió: su alma… No es lo mismo, no, vivir en gracia que vivir de la gracia.

A los otros dos empleados los talentos les ardían, esas monedas eran fuego e incendiaron la tierra con ese fuego: lo prendieron en sus hijos, en sus amigos, en las personas con quienes trabajaban. Quizás, en otros muchos lo quisieron encender, y recibieron desprecios, pero a cambio, por su entrega enamorada, el fuego de sus almas prendió también, por la comunión de los santos, en muchos otros a quienes ni siquiera conocían. Y, cuando Dios los llamó, pudieron decir: “Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco, o, como bien dice la carta a los Hebreos: “Henos aquí, a mí y a los hijos que Dios me dio” (Heb 2, 13)… ¿No son ésas las palabras con que la Virgen aparece, mostrándonos bajo su manto, ante la Faz de Dios?

La cortesía

Lunes, 23 junio, 2008

¿Qué es la cortesía? La gente vive reunida en poco sitio, en la casa, la oficina, los lugares oficiales, la fábrica, en la calle y su tráfico… Las vidas y las intenciones se tocan y entrecruzan constantemente unas con otras, de modo que surgen con frecuencia fricciones, irritaciones y conflictos que la gente razonable intenta solucionar ¿Cómo? Buscando formas que manifiesten el deseo de mantener una convivencia adecuada con todos a ser posible. Esto es la cortesía: una cosa cotidiana pero ¡qué importante en su conjunto!

Esto que ocurre instintivamente, por ejemplo, en la vida social de las hormigas, no ocurre así en la vida social humana ¿Por qué? Porque en el hombre actúa también el “espíritu”; y “espíritu” significa poder conocer la verdad, pero también poder errar, poder actuar equivocadamente. Por eso, tenemos que tener cuidado en la convivencia con los demás y estar vigilantes para que no se convierta en una lucha de todos contra todos. Pues bien, el conjunto de las cosas pequeñas que hacen posible el cuidado de las formas en el trato diario de unos con otros: es la cortesía.

¿En qué consiste el comportamiento cortés? Ante todo está la voluntad de establecer una distancia, de crear un espacio de libertad en torno a los demás: un espacio que nos defiende de la cercanía agobiante y que nos deja respirar nuestro propio aire. Se trata de honrar al otro: el joven al viejo, el adulto al niño, el fuerte al débil, etc… De honrar a todas las cosas profundas y tiernas que representan “vida”. El comportamiento que modera la soberbia y la violencia, que se adelanta y así evita las situaciones de tensión, de choque, de molestia u ofensa mutua… Ese comportamiento es cortés.

La cortesía es “forma”, actitud, ademán, acción que expresa el sentido y el respeto de la dignidad humana. La cortesía es bella y embellece la vida. Pero tiene el riesgo que acosa a todas las formas de sentido: volverse artificiales, falsas.

Además, nuestro tiempo añade otro riesgo a la cortesía, el de quedar aniquilada por lo científico-técnico, en cuanto que éste tiende a prescindir de lo superfluo de la forma y se lanza sin más hacía aquello de que se trata. En un mundo de plazos calculados con exactitud, de mecanismos precisos de regulación de personal, etc., la cortesía tiende a desaparecer. A veces se alcanza así una cierta corrección, y aparece una sinceridad y una amistad que no necesita de muchas palabras para convencer a los demás. Pero normalmente la “vida” sufre así. Muchas veces, tras la ausencia de cortesía por “motivos prácticos”, se oculta: pereza, indiferencia y agresividad.

La “vida” tiende a dar rodeos, necesita del tiempo, le gusta esperar. Por eso, la cortesía también requiere tiempo. Su ejercicio exige esperar, dar rodeos, hacer antesala… La cortesía trata de tener consideración, y por eso sabe dejar atrás lo propio. La cortesía trata de honrar la dignidad de todo hombre, y por eso, al percibir su debilidad y vulnerabilidad, sabe responsabilizarse de los demás.

También hay una cortesía en referencia a Dios. Por ejemplo, hay una actitud decorosa exigida para todo gesto, palabra y pensamiento que de algún modo se refieran a Dios… ¿Has pensado alguna vez en cómo conserva Dios a sus criaturas en el honor?¿Cómo Dios mismo respeta el hecho de haberle creado libre? El que todo lo puede, no obliga, no violenta, no asusta, no seduce… Sí, Dios es sumamente cortes: “Mira, estoy a la puerta y llamo” (Ap 3,20).

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 523 seguidores

%d personas les gusta esto: