El desafío

Miércoles, 2 julio, 2008

En el evangelio de hoy vemos como el Señor llega a la región de los gerasenos donde su presencia va a generar una auténtica crisis ¿La causa de la crisis? Entrar en un cementerio donde estaban dos endemoniados y enviar a los demonios a una piara que retozaba cerca provocando que los cerdos cayeran por un acantilado y muriesen ahogados en el mar. ¿En qué consistió la crisis? En el desastre económico que provocó en aquellas familias de porqueros y en la nueva situación de incomodo que generaba la presencia de aquellos dos endemoniados curados: todos sabrían lo sucedido: que satanás existe, que existen los cementerios y la muerte, que necesitan un Salvador que los libere… Estaban obligados a afrontar la realidad y ¡claro! Eso era demasiado. La presencia del Señor era incómoda y estaba provocando toda una crisis, y aquellos hombres preferían no afrontarla… Mejor expulsar al Señor: “el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país”.

Vemos como este deseo de quitar a Dios de en medio se viene agudizando en los últimos años. Recientemente, por ejemplo, se están publicando libros que arremeten contra la creencia en Dios. Sin embargo los hechos son tozudos y la religión sigue siendo la realidad más viva sobre la que se han firmado más actas de defunción… falsas (cfr. Las actas de defunción de Dios). Efectivamente, la sed de Dios permanece, y aunque se dice que vivimos en un mundo materialista, vemos también como el supermercado de productos espirituales está más saturado que nunca. Todo hay que decirlo, no se trata tanto de religión, como de “espiritualidad” (cfr. El esoterismo en los quioscos; aquí tampoco incluyo el Proyecto Gran Simio que una comisión del Parlamento español ha aprobado a favor de extender nuestra “comunidad de iguales” a chimpancés, orangutanes y gorilas).

Carlos, un médico amigo de cuidados paliativos, me comentaba como los familiares suelen evitar hablar con estos enfermos terminales sobre la realidad de su muerte inminente. Sin embargo –seguía diciéndome Carlos- todos lo saben; no es un problema de información, sino de comunicación. El médico muchas veces debe hacer de canal para que “eso” que está omnipresente en el ambiente pueda hablarse con tranquilidad, y se afronte la realidad con calma. La virgen, Auxilio de los enfermos, nos de fuerzas para afrontar esta realidad “ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.

Bueno a lo que vamos, hoy muchos cristianos tienen miedo a hablar de Dios, porque piensan que si lo hacen pueden provocar algún tipo de crisis, que puede ser una actitud provocadora, desafiante: “si le digo a esta persona que eso es pecado, la voy a deprimir…”; “si hablo del infierno, van a tener miedo…” ¿Para qué complicarme la vida y complicarles la vida, si son felices así?… La cortesía y el arte del buen hacer no están reñidas con la verdad, y como he visto ya como terminan muchas de esas no-crisis, le pido a Santa María Virgen que, a imitación del Señor con los gerasenos, nos haga perder el miedo a la verdad que se esconde en las conciencias.

¡Ah! Una última cosa curiosa, ¿te has fijado que la petición de los demonios es dirigirse a los cerdos que están hozando, moviendo y levantar la arena con el hocico? Las vacaciones son un momento para hacer aquello que no hemos podido hacer. Rezar más, leer buenos libros, algo de deporte, visitar a los amigos o a aquel enfermo que siempre nos pilla a deshora, cultivar nuestras aficiones o empezar unas nuevas. Ya sabes no es bueno dejarse llevar por el “no hacer nada.”

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