Castidad: el hombre interior

Seguimos con el libro “Amor y desamor. La pureza liberadora” de Guillaume Derville. El autor continua su reflexión sobre el sentido profundo e interior de la castidad.

otoñoEl hombre es un ser de deseos que aspira a la felicidad. Los mandamientos marcan el camino que nos conduce a ese fin. La exacta comprensión de estos mandamientos permite ver en ellos, más que unas reglas arbitrarias, una exigencia de amor inscrita en el corazón del ser humano. Lo que Cristo proclama es una moral viva, ya que, como explica san Juan Pablo II, «el ethos [sentido moral] nos hace entrar en la profundidad de la norma en sí misma y simultáneamente descender al interior del hombre-sujeto de la moral. Para llegar hasta allí no basta quedarse “en la superficie” de las acciones humanas, es necesario penetrar en el interior» [9]. Así, continúa, «además del mandamiento “no cometerás adulterio”, el Decálogo tiene también otro mandamiento: “no desearás la mujer del… prójimo”. En el Sermón de la Montaña, Cristo vincula, en cierto sentido, el uno con el otro: “todo el que mira a una mujer para desearla ya ha cometido adulterio en su corazón”. No se trata tanto de distinguir el alcance de aquellos dos mandamientos del Decálogo, cuanto de poner de relieve la dimensión de la acción interior, a la que se refieren también las palabras: “no cometerás adulterio”» [10]. San Juan Pablo II revela que la casuística del Antiguo Testamento trataba de mantener la prohibición del adulterio, aunque abría la puerta a la posibilidad de escapatorias legales. Seguir leyendo “Castidad: el hombre interior”

Las alas de la pureza

Estaré fuera unos días atendiendo una convivencia; a la vuelta nos vemos en el blog. Mientras tanto os dejo con este bonito tema del libro “Amor y desamor. La pureza liberadora” de Guillaume Derville. Hoy el autor hace una metáfora entre la castidad y las alas para volar:

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En efecto, la pureza no se limita a una especie de situación «material», ni tampoco a la simple continencia. Significa más bien una opción, una elección personal, una decisión de la voluntad, una firme aspiración… Es una afirmación, una afirmación prolongada y repetida al mismo tiempo, deseada, querida, amorosa. No es algo que suponga sufrimiento ni que venga impuesto desde el exterior, sino más bien un impulso de amor. Por esa razón, san Josemaría, como otros santos anteriores a él, compara la virtud de la pureza con «alas que nos permiten transmitir los mandatos, la doctrina de Dios, por todos los ambientes de la tierra, sin temor a quedar enlodados. Las alas –también las de esas aves majestuosas que se remontan donde no alcanzan las nubes– pesan, y mucho. Pero si faltasen, no habría vuelo. Grabadlo en vuestras cabezas, decididos a no ceder si notáis el zarpazo de la tentación, que se insinúa presentando la pureza como una carga insoportable: ¡ánimo!, ¡arriba!, hasta el sol, a la caza del Amor» [18]. Seguir leyendo “Las alas de la pureza”

Castidad: El enfoque amplio y positivo de san Josemaría

Seguimos tratando sobre la castidad tomando fragmentos del libro “Amor y desamor. La pureza liberadora”de Guillaume Derville. Hoy el autor hace un breve resumen de como trata este interesante tema san Josemaría:

el otoño está ya aquí

Seguimos con el libro de En la perspectiva de meditación teológica elegida para abordar el tema de la castidad, me refiero también a un maestro de vida cristiana, san Josemaría Escrivá de Balaguer, que no concede a esta virtud el primer lugar: «Considero una deformación del cristianismo la insistencia de algunos en escribir o predicar casi exclusivamente de esta materia, olvidando otras virtudes que son capitales para el cristiano, y también en general para la convivencia entre los hombres» [10]. Mi generación no ha conocido ese tipo de exageración, que parece remontarse al menos a la primera mitad del siglo XX. En su predicación, san Josemaría emplea frecuentemente la palabra «pureza» para referirse a la castidad, y alude también a la actitud del corazón y a su necesaria purificación por la gracia. La pureza está incluida en el marco de la vocación cristiana. Se respira el aire de la misericordia divina, que llama a la persona humana a la felicidad de amar y de sentirse amado. Me limitaré a señalar cuatro aspectos de sus enseñanzas en relación con la virtud de la santa pureza. Seguir leyendo “Castidad: El enfoque amplio y positivo de san Josemaría”

La Castidad o el “ars amandi” en la enseñanza de san Juan Pablo II

Seguimos tratando sobre la castidad tomando fragmentos del libro “Amor y desamor. La pureza liberadora”de Guillaume Derville. Hoy vemos la optica que imprimió a esta hermosa virtud san Juan Pablo II en sus escritos y predicación:

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Solo Dios es puro; la pureza total pertenece a su misterio. En el ser humano, se refleja en una virtud que, pese a no haber sido considerada siempre como primordial en la vida cotidiana, tiene una importancia capital. En efecto, está estrechamente ligada a la edificación de la identidad individual y social, al desarrollo de la persona y a la virtud de la caridad. Es un jardín de auténtica belleza. Es cristiana, en primer lugar, porque al tomar nuestra carne, el Verbo de Dios confirmó la bondad del cuerpo humano, y la hermosura tanto del celibato que Él mismo observó como del matrimonio, manifestada en su participación en las bodas de Caná. Toda la existencia humana está llamada a ser santificada por la gracia divina: en una palabra, por el Amor. Pues bien, la castidad mantiene ese Amor siempre joven y nuevo. Seguir leyendo “La Castidad o el “ars amandi” en la enseñanza de san Juan Pablo II”

¿Qué es la castidad?

Seguimos tratando este bonito tema tomando fragmentos del libro “Amor y desamor. La pureza liberadora”de Guillaume Derville. Hoy vemos algunos términos relacionados con la castidad y terminamos con una buena descripción:

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  • La castidad es una virtud. Nace en nuestro corazón, en lo más íntimo de la persona. La Iglesia católica enseña que la castidad forma parte «de la virtud cardinal de la templanza, que tiende a impregnar de racionalidad las pasiones y los apetitos de la sensibilidad humana» [3].
  • Nuestra sensibilidad se inclina naturalmente hacia lo bueno y, al contrario, rechaza lo malo; sin embargo, a raíz del pecado original, el estado de concupiscencia altera esta orientación. En todos los casos, nuestro cuerpo resulta afectado.
  • La continencia, como parte de la virtud de la templanza, es la disposición de la voluntad por la que el hombre resiste a la concupiscencia del tacto: tiene que ver con el alimento y con las relaciones sexuales;
  • la virginidad se refiere a la persona que nunca ha mantenido esas relaciones, que habitualmente son fundamentales en el matrimonio.
  • El celibato se refiere al hecho de no estar casado.
  • También se llama «continencia perfecta» a la abstención de toda relación sexual.

La castidad es más que eso, y se adapta a cualquier situación: es una vocación para todos.

«La castidad significa la integración lograda de la sexualidad en la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual. La sexualidad, en la que se expresa la pertenencia del hombre al mundo corporal y biológico, se hace personal y verdaderamente humana cuando está integrada en la relación de persona a persona, en el don mutuo total y temporalmente ilimitado del hombre y de la mujer» [4].

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¿El retorno de la castidad?

paisajes-del-mundoNo es mi intención hablar de impureza. Para esbozar la situación actual, … bastaría traducir del latín los antiguos manuales de moral … hoy ese inventario de vicios se expone y se propone a plena luz del día, dinamizado por la extraordinaria difusión producida por la tecnología. Parte de lo que se muestra en anuncios, kioscos, comportamientos personales, programas de televisión, Internet, educación sexual, literatura, desencadena una ola que lo sumerge todo, hasta los textos escolares, la producción artística, los acontecimientos festivos organizados por las empresas y las instituciones públicas. ¿Cómo no va a conducir todo esto a una multiplicación de pecados, cometidos a veces en grupo, en una emulación perversa y de mal gusto?
(Sin embargo), a finales del siglo pasado, algunos intentos originales de rehabilitación de la castidad suscitaron el asombro del pensamiento dominante: … Aquellos jóvenes -que no habían sufrido los traumas de la rigurosa educación de sus mayores- … aspiraban a la continencia hasta el punto de llegar a publicar sus propósitos de buena conducta… Allí aparecían los puritanos de Estados Unidos y el éxito escandaloso de los «anillos de la virginidad», alhajas de bisutería lucidas por jóvenes inocentes que se atrevían a pensar en el matrimonio, incluso en llegar a él sin tacha. El brote de tales iniciativas de promoción de la virginidad se produjo en primer lugar en los medios desacomplejados de las comunidades evangélicas; luego, se difundió en otros ambientes. Paralelamente, una nueva forma de lucha contra el SIDA alcanzó una eficacia relativa: las campañas a favor de la abstinencia, más que de la castidad, pretendían disminuir el porcentaje de la población contaminada por el virus. En nombre de la salud, de la eficacia y de la experiencia, algunos tomaron iniciativas que, a pesar de sus buenas intenciones y de ciertos resultados, mostraban en ocasiones lagunas antropológicas. Olvidaban que, sin Dios, nada es posible, sobre todo cuando se trata de castidad, o de otras virtudes y actitudes cristianas como la humildad o el perdón de las ofensas.

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Amor sin remordimiento (completo y doblado en español)

Uno de los mejores vídeos que he visto para explicar a los jóvenes en qué consiste el arte de amar en el noviazgo. Algo esencial para llevar a cabo un proyecto verdadero de entrega mutua amorosa y capaz de realizar una familia estable y feliz. Lo subo al canal para tenerlo localizado y aprovechar su contenido como argumento de diversas charlas que daré sobre el tema este curso.