Las cosas pequeñas

19Voluntad. –Es una característica muy importante. No desprecies las cosas pequeñas, porque en el continuo ejercicio de negar y negarte en esas cosas –que nunca son futilidades, ni naderías– fortalecerás, virilizarás, con la gracia de Dios, tu voluntad, para ser muy señor de ti mismo, en primer lugar. Y, después, guía, jefe, ¡caudillo!…, que obligues, que empujes, que arrastres, con tu ejemplo y con tu palabra y con tu ciencia y con tu imperio.

«No desprecies las cosas pequeñas». San Josemaría ve con toda claridad que eso que él propone a los fieles del Opus Dei puede y debe ser propuesto a todos los cristianos. «Es una característica muy importante»… de todos los que lo entiendan. La doctrina de este punto parece como el desarrollo en positivo del texto de Si 19, 1: «El que desprecia las cosas pequeñas, poco a poco caerá». Por tanto, quien cuida las cosas pequeñas… 

Eres tibio si…

17No caigas en esa enfermedad del carácter que tiene por síntomas la falta de fijeza para todo, la ligereza en el obrar y en el decir, el atolondramiento…: la frivolidad, en una palabra.

Y la frivolidad –no lo olvides– que te hace tener esos planes de cada día tan vacíos (“tan llenos de vacío”), si no reaccionas a tiempo –no mañana: ¡ahora!– , hará de tu vida un pelele muerto e inútil.

Se diría que la situación aquí descrita, que en lo humano es una “enfermedad del carácter”, es “en lo sobrenatural” el inicio de la tibieza. El mismo autor en el punto 331 describe así la situación del tibio: “Eres tibio si haces perezosamente y de mala gana las cosas que se refieren al Señor; si buscas con cálculo o “cuquería” el modo de disminuir tus deberes; si no piensas más que en ti y en tu comodidad; si tus conversaciones son ociosas y vanas; si no aborreces el pecado venial; si obras por motivos humanos.”

¡Hoy o nunca!

15No dejes tu trabajo para mañana

En la propuesta de «reforma personal» a la que San Josemaría dedica este capítulo, este lacónico punto es de la máxima importancia. El tema, que arranca también de los clásicos –«in rebus gerendis tarditas et procrastinatio odiosa» o “En la ejecución de los asuntos, la lentitud y la procrastinación son odiosas”–, constituye una dimensión muy destacada en el estilo de vida espiritual y en la predicación de San Josemaría. Un texto fundamental es éste, dirigido a todos los fieles del Opus Dei en 1935:

«Practicad vosotros e inculcad en los jóvenes este convencimiento: en nuestro diccionario sobran dos palabras: mañana y después. ¡Hoy y ahora! No dejéis la labor para luego, y haced que no la dejen. Pronto llegaréis a comprender cómo, en igualdad de condiciones, y aun en inferioridad de condiciones de talento, cultura, etc., el que vence la pereza de modo habitual –hoy, ahora– es el que domina siempre. El retardar –mañana, después– estropea todo el apostolado».

El Autor de Camino parece estar glosando, en el campo de la praxis humana, el célebre soliloquio de San Agustín, a propósito de posponer el encuentro con la verdad: «Cras veniam; ecce manifestum apparebit, et tenebo»: ya vendré mañana, y todo estará claro y mi adhesión, segura… Dilación que contrasta con su urgencia de conversión en la famosa escena del huerto, que gravitará de continuo en la doctrina de San Josemaría: «¿Hasta cuándo, hasta cuándo el ¡mañana, mañana!? ¿Por qué no ahora? ¿Por qué no poner fin, ahora mismo, a mis torpezas?».

Transcribo una ficha autógrafa del año 1935: «Hoy, ahora. No me dejéis las cosas para mañana». Otra, tomada de un guión de predicación sobre «Cristo resucitado»: «Et valde mane una sabbatorum. No, para luego, para mañana. ¡Ahora, hoy!»Incluso en medio de las penalidades de la guerra civil, la «inminencia» del tiempo que urge está viva: «Escribe con todo detalle a Paco [Botella], y que éste informe a Eugenio [Sellés] y a Perico [Casciaro], y ‘todos se muevan’, sin dejar las cosas para después, ni para mañana. No se puede abandonar reclamación de tanta trascendencia. Es preciso ‘continuamente’ estar encima, hasta el final […] No dejéis las cosas para mañana: ¡¡¡hoy!!!».

Este «hodie, nunc», que predicaba de continuo para referirse a las responsabilidades cotidianas, siendo tan inmediatamente operativo, está atravesado en San Josemaría de sentido escatológico, es decir, de urgencia en la respuesta al Dios que llama y que llega. La intuitiva traducción que un residente del hoy Colegio Mayor de La Moncloa (Madrid) –no precisamente un latinista– hizo de estas palabras, que formaban la leyenda de un repostero, divertía mucho al Autor. Era teológicamente certera: «hoy o nunca»..En Surco, 155 da la razón de fondo de su pensamiento:

«Siempre he pensado que muchos llaman ‘mañana’, ‘después’, a la resistencia a la gracia».

Acostúmbrate a decir que no

camino 5Acostúmbrate a decir que no.

El 4-XI-1972, durante un encuentro de catequesis en Lisboa explicó este breve punto:

«Te contesto. Estamos muy inclinados a decir que sí, a todo lo que es agradable a nuestros sentidos y a nuestras potencias: y, muchas veces, eso no es lo que más agrada al Señor. Por lo tanto, los buenos cristianos, en muchas circunstancias, tenemos que decir que no» [1].

La cuestión ya se había suscitado en un coloquio multitudinario que tuvo lugar unos días antes, el 28-X-1972, en Madrid. Alguien hizo la pregunta a Mons. Escrivá: «¿Por qué no nos explica el punto de Camino que dice: ‘acostúmbrate a decir que no’?». Respondió:

«Tú sabes que, cuando decimos que sí, todo son facilidades; pero cuando hemos de decir que no, viene la lucha, y a veces no viene la victoria en la lucha, sino la derrota. Por lo tanto, nos hemos de acostumbrar a decir que no para vencer en esa lucha.

Porque de esta victoria interna sale la paz para nuestro corazón, y la paz que llevamos a nuestros hogares –cada uno, al vuestro–, y la paz que llevamos a la sociedad y al mundo entero. Porque por ahí hablan de paz y no quieren pelear dentro de su alma esta pelea, que es de paz y de amor» [2].

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Martes Santo

462A donde yo voy no me puedes acompañar ahora… Pedro replicó: “Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti.”

Pedro, amigo, ¡como te comprendo! No, no ibas de “farol”, ni querías “quedar bien”, lo decías en serio, con todas las veras del ama, porque querías al Señor. Te comprendo Pedro, te comprendo muy bien porque yo soy igual. El maestro nos dirá por qué no podemos aún seguirle: “¿Conque darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.»

Jesús nos recuerda una vez más nuestra realidad que somos pecadores, pecadores que aman a Jesucristo sobre todas las cosas de este mundo… pero, eso, nada más que pecadores. Por eso, Pedro amigo, no te enfades. La culpa no es de Jesús. Al contrario, Jesús desea que lo sigas hasta el final, hasta la misma Cruz, para con Él amanecer, en Pascua, a la vida eterna. Quieres rezar, y aceptas ayunar y mortificarte. Si te preguntan si quieres ser santo, dices -¡por supuesto!- que sí… Pero, en el fondo, no quieres entregar la vida. Renunciar a todo, rendir el juicio y la voluntad, obedecer y dejar que Cristo sea el Señor de tu vida… La verdad: no quieres. Eres como el joven rico: un burgués que reza y cumple los mandamientos. Seguir leyendo “Martes Santo”

Lámpara es tu palabra para mis pasos

biblia2Puede parecernos extraño el detalle que cuenta san Marcos acerca del ciego que le presentaron a Jesús: Le untó saliva en los ojos. Sin embargo, a quien haya leído los salmos le parecerá un gesto «muy lúcido», pues la saliva es signo de la palabra. Allí está escrito: Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor, luz en mis senderos (Sal 118, 105).

¿No es la palabra del guía la luz de los ojos del ciego? «Ten cuidado con el escalón… Gira ahora a la izquierda…» Así la Palabra de Dios es guía de quienes caminamos a ciegas buscando el Cielo.

Toma la Palabra de Dios cada mañana, y úntala en los ojos del alma, para que se abran y tengas fe. Empezarás a mirar como Dios: Veo hombres; me parecen árboles. Así nos ve Dios: como árboles. En ocasiones, como higueras a quienes pide higos fuera de tiempo. En otras, como árboles malos que deben ser sanados para dar frutos buenos.

Después, como al ciego, Jesús pondrá sus manos en tus ojos. Serán sus manos llagadas en la Cruz. Y quedarás curado, y verás todo con claridad. Es decir, lo verás a Él, la claridad misma.

¿Tú verdad? No, la verdad; y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela (Antonio Machado)

390Es de todos conocida la frase de Antonio Machado que escribe en uno de sus poemas:

¿Tú verdad? no, la verdad;
y ven conmigo a buscarla.
La tuya guárdatela.

La tolerancia sin duda es algo que queda bien, está de moda. Aunque lo que subyace en muchos casos es un relativismo de fondo, me parece que muchas veces el también un asunto de terminología. Deberíamos distinguir entre verdad, certeza y opinión para no confundir los términos.

  • Opinión es el dictamen, juicio o parecer que se forma de una cosa cuestionable.
  • Certeza es el conocimiento seguro y claro de alguna cosa.
  • Verdad es la conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente.

Así pues, yo puedo tener una opinión sobre una verdad y la puedo tener con más o menos certeza. Las opiniones pueden ser muchas, la verdad siempre será una e inmutable. Lo importante es que nuestra opinión, lo que nosotros pensamos, coincida con la verdad. Seguir leyendo “¿Tú verdad? No, la verdad; y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela (Antonio Machado)”