Martes Santo

Martes, 15 abril, 2014

462A donde yo voy no me puedes acompañar ahora… Pedro replicó: “Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti.”

Pedro, amigo, ¡como te comprendo! No, no ibas de “farol”, ni querías “quedar bien”, lo decías en serio, con todas las veras del ama, porque querías al Señor. Te comprendo Pedro, te comprendo muy bien porque yo soy igual. El maestro nos dirá por qué no podemos aún seguirle: “¿Conque darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.»

Jesús nos recuerda una vez más nuestra realidad que somos pecadores, pecadores que aman a Jesucristo sobre todas las cosas de este mundo… pero, eso, nada más que pecadores. Por eso, Pedro amigo, no te enfades. La culpa no es de Jesús. Al contrario, Jesús desea que lo sigas hasta el final, hasta la misma Cruz, para con Él amanecer, en Pascua, a la vida eterna. Quieres rezar, y aceptas ayunar y mortificarte. Si te preguntan si quieres ser santo, dices -¡por supuesto!- que sí… Pero, en el fondo, no quieres entregar la vida. Renunciar a todo, rendir el juicio y la voluntad, obedecer y dejar que Cristo sea el Señor de tu vida… La verdad: no quieres. Eres como el joven rico: un burgués que reza y cumple los mandamientos. Leer el resto de esta entrada »

Lámpara es tu palabra para mis pasos

Martes, 25 febrero, 2014

biblia2Puede parecernos extraño el detalle que cuenta san Marcos acerca del ciego que le presentaron a Jesús: Le untó saliva en los ojos. Sin embargo, a quien haya leído los salmos le parecerá un gesto «muy lúcido», pues la saliva es signo de la palabra. Allí está escrito: Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor, luz en mis senderos (Sal 118, 105).

¿No es la palabra del guía la luz de los ojos del ciego? «Ten cuidado con el escalón… Gira ahora a la izquierda…» Así la Palabra de Dios es guía de quienes caminamos a ciegas buscando el Cielo.

Toma la Palabra de Dios cada mañana, y úntala en los ojos del alma, para que se abran y tengas fe. Empezarás a mirar como Dios: Veo hombres; me parecen árboles. Así nos ve Dios: como árboles. En ocasiones, como higueras a quienes pide higos fuera de tiempo. En otras, como árboles malos que deben ser sanados para dar frutos buenos.

Después, como al ciego, Jesús pondrá sus manos en tus ojos. Serán sus manos llagadas en la Cruz. Y quedarás curado, y verás todo con claridad. Es decir, lo verás a Él, la claridad misma.

Es de todos conocida la frase de Antonio Machado que escribe en uno de sus poemas:

¿Tú verdad? no, la verdad;
y ven conmigo a buscarla.
La tuya guárdatela.

La tolerancia sin duda es algo que queda bien, está de moda. Aunque lo que subyace en muchos casos es un relativismo de fondo, me parece que muchas veces el también un asunto de terminología. Deberíamos distinguir entre verdad, certeza y opinión para no confundir los términos.

  • Opinión es el dictamen, juicio o parecer que se forma de una cosa cuestionable.
  • Certeza es el conocimiento seguro y claro de alguna cosa.
  • Verdad es la conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente.

Así pues, yo puedo tener una opinión sobre una verdad y la puedo tener con más o menos certeza. Las opiniones pueden ser muchas, la verdad siempre será una e inmutable. Lo importante es que nuestra opinión, lo que nosotros pensamos, coincida con la verdad. Leer el resto de esta entrada »

El Camino

Viernes, 7 octubre, 2011

Martin Sheen es uno de los mejores actores estadounidenses conocidos, y ha presentado su nueva película, El Camino , que se estrena este fin de semana en Nueva York y luego en todo EE.UU. El Camino es una historia conmovedora y hermosa de un hombre que se compromete a recorrer a pie el Camino de Santiago, en España. En la entrevista de presentación conmovió especialmente lo que Martin describe como el trabajo con su hijo, Emilio Estévez , que no sólo aparece en la película, sino que la dirigió también.

“El Camino” es una historia poderosa e inspiradora sobre la familia, amigos, y los desafíos que enfrentamos durante la navegación de este mundo siempre cambiante y complicado. Martin Sheen interpreta a Tom, un médico estadounidense que llega a St. Jean Pied de Port, Francia para recoger los restos de su hijo adulto (interpretado por Emilio Estévez), que murió en los Pirineos, en una tormenta mientras caminaba por el Camino de Santiago, en España. Pero en vez de regresar a casa, Tom decide embarcarse en la histórica peregrinación para honrar el deseo de su hijo y terminar el viaje. Lo que Tom no piensa es el profundo impacto que el viaje tendrá sobre él y su “Vida de burbujas de California.” Fuente

Un endecasílabo perfecto

Viernes, 20 mayo, 2011

“E-go-sum-via-et-ve-ri-tas-et-vi-ta”

Ego sum via“… La Ley de Moisés no usaba el imperativo, sino el futuro (“Amarás”…”No matarás“), que es una forma verbal más bien propia de las promesas. Quien pronuncia un imperativo sobre mí acota mi libertad. Sin embargo, quien me muestra un camino desconocido me hace más libre, porque me permite alcanzar una meta. Jesús nunca dijo: “Haz esto, porque Yo lo quiero”; sino “El que quiera venirse conmigo“… A donde yo voy, ya sabéis el camino. Después subió a la Cruz, para hacerse como una escalera, y así, por ese camino, pudiera llegar hasta el Cielo: se hizo Camino por mi.

“Et veritas”… Sin Jesús, la vida es, como dice mi sobrino, “una mentirota”, una monumental mentira, algo que termina pudriéndose como todo lo demás. Pero, con Él… Descubres que es la Verdad quien te posee al igual que te rodea la luz en una mañana de primavera. Descubres embelesado, a través de los ojos de Cristo, como lo perecedero cobra consistencia y se sostiene para siempre. Efectivamente, no existe otra Verdad sino Cristo. Mi vida es Verdad en la medida en que me dejo tener por Él, en la medida en que me abandono entre sus brazos, en la medida en que miro por sus ojos.

“Et vita”… La vida es sueño, ya lo dijo Calderón de la Barca, y así vamos, soñando que vivimos, porque llamar “vida” a un puñado de años es en el fondo una especie de consuelo. En el hondón del corazón arde un ansia de Vivir que es distinto; se enciende un anhelo de Amor para siempre, que no es de aquí… Han pasado ya muchos años en los que un día decidí depositar mi puñadito de años en las manos de Cristo, y desde entonces mi vida cambió. Empecé a sentirme vivo, quiero decir vivo para siempre. La Gracia de sus manos nos toma y nos alza hacía arriba, como a un niño, por encima de la muerte. Además ¿sabes? cuando te das cuenta de que tienes todo una eternidad por delante, se te quitan los agobios… Sólo vives, si vives en gracia de Dios.

María, haz que sean tus manos quienes me alcen y me levanten después de cada caída.

Con Dios en bicicleta

Lunes, 9 agosto, 2010

Me ha enviado este relato figurado un amigo. Se trata de un breve recorrido por las diversas etapas de la vida espiritual. A ver que os parece:

Salida

Al principio veía a Dios como el que me observaba, como un juez que llevaba cuenta de lo que hacía mal, como para ver si merecía el cielo o el infierno cuando muriera.
Etapa 1

Pasaron los años, y me hablaron de que sin dejar de ser Dios, era también mi Padre, un Padre infinitamente misericordioso que me había amado ya desde antes de la creación del mundo y seguía amándome, que en Él vivía, me movía y existía y que siempre estaba a mi lado. Y empecé a amarle. Y de repente, empecé a sentir mi vida como si fuera un viaje en bicicleta, pero ¡era una bici de dos!, y noté que Dios viajaba conmigo y me ayudaba a “pedalear”.

Etapa 2

No sé como, ni sé cuando sucedió que Él me sugirió que cambiáramos los lugares, lo que sí sé, es que mi vida no ha sido la misma desde entonces. No confié mucho en Él al principio, me costó mucho darle el control de mi vida. Pensé que la echaría a perder, porqué yo sabía muy bien donde iba, ya tenía el camino y la meta fijados, aunque todo fuera un tanto aburrido y predecible, incluso las caídas. Sin embargo, cuando Él tomó el mando, me olvidé de mi “aburrida” vida y mi vida se convirtió en una aventura. ¡Mi vida con Dios empezó a ser y sigue siendo muy asombrosa y emocionante!. Me di cuenta que Él conocía cosas que yo no sabía acerca de andar en bici, Él conocía secretos… Sabía como doblar para dar vueltas cerradas, brincar para evitar obstáculos llenos de piedras, buscar senderos abiertos en los que su compañía se hacía “luz” cuando en mi vida se hacia de noche y habían desaparecido la luna y las estrellas, incluso sabía “volar” para no caer en precipicios. El conocía caminos diferentes con paisajes hermosísimos, a través de montañas y de valles, y bordeábamos ríos y atravesábamos pueblos y con velocidades increíbles. Lo único que yo podía hacer era sostenerme; aunque pareciera una locura.

Y cuando le decía “estoy asustado”, Él se inclinaba un poco para atrás y por unos segundos cogía mi mano y mi temor desaparecía.Y cuando le decía: “estoy cansado”; o me preocupaba y ansiosamente le preguntaba: “¿a dónde me llevas?…” Él giraba un poco la cabeza, y escuchaba su voz llena de ternura que me decía: “Pedalea y confía en Mi”. Así que comencé a confiar en Él..

Etapa 3

Él me llevó a conocer lugares desolados, donde reinaba el dolor, el sufrimiento, la enfermedad, la soledad, y también me llevó a conocer gente con un corazón lleno de dones, lleno de amor, de generosidad, de alegría y de paz. Ellos me dieron esos dones para llevarlos en mi viaje… bueno, “nuestro viaje”: de Dios y mío. Y Él me dijo: “Comparte los dones, dalos a la gente, son sobrepeso, así te irás pareciendo a mí, que todo cuanto tengo os lo he dado y el viaje se nos hará más ‘ ligero’ “. Y así lo hice con la gente que íbamos conociendo. Y allá íbamos una y otra vez, Él y yo…

Etapa 4

Ahora ya no le digo nada; estoy aprendiendo a “pedalear” con otro ritmo, por los más “extraños lugares”, estoy aprendiendo a callar y a disfrutar de la vista de este paisaje nuevo y de la suave brisa en mi cara. Y sobre todo estoy aprendiendo a gozar de la increíble y deliciosa compañía de mi Dios. Se que Él lleva la bici y confío del todo en Él. Sólo le digo de vez en cuando que estoy “cansado”, porque me gusta verle girar ligeramente la cabeza hacia mi y escuchar como me dice, con una ternura inefable: “ánimo, ¡pedalea y confía!”.

Y yo confío hasta que lleguemos a Meta

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