«Nadie ama a su patria porque es grande, sino porque es suya» (Séneca)

a-winter-view-of-the-american-falls-and-goat-island-at-sunset-niagara-falls-new-york.jpg«Nadie ama a su patria porque es grande, sino porque es suya». Séneca Epístolas, 66, 26

Existen en la naturaleza del hombre unos lazos que le unen con la tierra y el lugar. El carácter social de la persona imprime un vínculo con la patria donde se ha nacido y en la que se han adquirido una lengua, una historia y muchas tradiciones, una cultura, unas costumbres. Estos bienes y valores proporcionan una visión del mundo que, con las diferencias propias de cada uno, unen entre sí a los hombres y las mujeres de un mismo país.

«Patria quiere decir tierra de los padres. Nación expresa idea de nacimiento y, por tanto, de filiación, de descendencia». De esta manera, el término patria se relaciona más con la herencia que los padres dejan a los hijos mientras que nación pone más de relieve la participación de los herederos en esa herencia recibida.

También Jesús tuvo estos sentimientos hacia el pueblo de Israel, al que perteneció, y hacia Nazaret, su pueblo, donde había crecido y trabajado.

La tierra, para los israelitas, ocupó un lugar importante en su fe y en su esperanza. El exilio no hizo sino avivar el aprecio de los judíos a su patria, que tanto añoraban: a orillas de los ríos de Babilonia estábamos sentados y llorábamos, acordándonos de Sión. Era la tierra prometida por Dios. Seguir leyendo “«Nadie ama a su patria porque es grande, sino porque es suya» (Séneca)”

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Recuperar amistades

Captura de pantalla 2017-04-27 a las 3.41.04 p.m.Es posible recuperar amigos perdidos, amistades que se rompieron por alguna causa que, quizá, no era para tanto.

Las personas pueden cambiar, y, además, ¿qué sabemos nosotros de lo que ocurre en su corazón?

San Bernardo, para recomponer lazos rotos o que están a punto de romperse, aconseja: «cuando veas algo malo en tu amigo, no quieras juzgarlo al instante; por el contrario procura excusarle en tu corazón; excusa la intención, piensa que lo ha hecho por ignorancia, por sorpresa o por desgracia. Si el error es tan claro que no puedes disimularlo, piensa que la tentación habrá sido muy fuerte».

Conservar amigos es gran virtud, y mayor aún la de restablecer amistades que se han debilitado o roto.

El Señor nos quiere como somos, también con nuestros defectos, y para cambiarnos cuenta con la gracia y con el tiempo. Ante los defectos de nuestros amigos no debe faltar nunca la caridad, que mueve a la comprensión y a la ayuda.

La sencillez permite dejar a un lado los posibles agravios que no eran intencionados.

El sendero de la tristeza esconde muchas trampas

La tristeza se opone a la alegría y a la felicidad. Aunque en ocasiones reclama sus derechos, ella es uno de los enemigos del hombre.

El sendero de la tristeza esconde muchas trampas. Conviene reconocer que no es buen camino. Al fin, este sentimiento aísla, empequeñece, nubla la visión de la realidad. Impide las buenas relaciones con los demás y las hace superficiales, porque al triste no le interesan de verdad los otros, bastante tiene con lo suyo, dice.

La Sagrada Escritura insiste en la necesidad de rechazar la tristeza: anímate y alegra tu corazón y echa lejos de ti la congoja, porque a muchos mató la tristeza; y no hay utilidad en ella.

«Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres, pero, si los hombres las sienten demasiado (tristes), se vuelven bestias; vuestra merced se reporte, y vuelva en sí, y coja las riendas de Rocinante, y avive y despierte, y muéstrese como los caballeros andantes. ¿Qué diablos es esto? ¿Qué decaimiento es este? ¿Estamos aquí o en Francia?». Estas son las razones de Sancho; desde su sabiduría increpa a don Quijote, que cabalga ensimismado porque los encantadores han convertido a Dulcinea en una aldeana.

La tristeza desmedida es una enfermedad del alma. Santo Tomás proporciona tres consejos para desechar la tristeza: bañarse, rezar y hablar con los amigos. La experiencia nos dice que el filósofo tiene razón. Y el conocimiento nos manifiesta también que la dedicación plena a una tarea en la que se activan nuestras mejores facultades es beneficiosa, levanta el ánimo y nos hace florecer. Los artistas pueden certificar que esto es así.

Hace años, en algunos trenes aparecía este aviso: «Es peligroso asomarse al exterior». No es conveniente sacar la cabeza por la ventanilla de un tren. Algo así ocurre con la tristeza: es peligroso asomarse, no es bueno acunarse en la tristeza, dejar que se apodere de nuestro interior, alimentarla. Debemos reaccionar contra la tristeza utilizando todos los medios posibles, sin dejar uno.

«Siempre que el hombre equivoca su ruta, busca el amor y se detiene en el placer, busca el placer y se encuentra el vacío. (…) Mientras la tristeza resulte al corazón inhóspita, hay un cable tendido hasta Dios. Existe, sin embargo, otra tristeza, que es la peor, la que más víctimas causa, esa tristeza tibia que promete una secreta dulzura a quien se decida a cultivarla». (F. F. Carvajal en “Pasó haciendo el bien”)

La alegría del hogar es el recurso imprescindible para afrontar el dolor y la contrariedad

featimg-after-birthLa alegría familiar se construye, no surge por sí sola. Y los materiales de esta construcción smúltiples, como ocurre con todo edificio.

«Al pensar en los hogares cristianos, me gusta imaginarlos luminosos y alegres, como fue el de la Sagrada Familia… Esa es la gran luz que ilumina nuestras vidas y que, entre las dificultades y miserias personales, nos impulsa a proseguir adelante animosos. Cada hogar cristiano debería ser un remanso de serenidad, en el que, por encima de las pequeñas contradicciones diarias, se percibiera un cariño hondo y sincero, una tranquilidad profunda, fruto de una fe real y vivida» (san Josemaría).

Cuando los padres son buenos, el clima que se respira en la casa permite el crecimiento saludable de los hijos: aprenden sin darse cuenta un estilo de vida positivo y optimista. Seguir leyendo “La alegría del hogar es el recurso imprescindible para afrontar el dolor y la contrariedad”

Todos necesitamos caras sonrientes ¿Te animas?

alegriaEn la vida familiar la sonrisa tiene un papel primordial, construye el clima en que las personas se sienten acogidas, permite la comunicación confiada y serena.

A veces se piensa que la casa es lugar para actuar espontáneamente y desfogar ahí todas las pesadumbres y desilusiones que afloran y, en ocasiones, nos invaden. Pensamos que en familia todo está permitido, damos rienda al mal genio, al mal humor. Pero esto no es justo. Hay personas que son encantadoras en otros ambientes y en casa, de difícil trato. Amargan –precisamente– la vida de las personas a las que más quieren, la de aquellos que les tienen mayor cariño. Seguir leyendo “Todos necesitamos caras sonrientes ¿Te animas?”

“No se han inventado todavía las palabras para expresar lo que se siente… al saberse hijo de Dios”

hijo de dios.jpgEste año nos hemos propuesto trasmitir alegría del Evangelio por medio del blog. Por eso comienza esta serie de entradas entorno a las virtudes humanas. Nos servirá de inspiración el libro de F. Fernandez de Carvajal, Paso haciendo el bien. Espero que os ayuden.

«No se han inventado todavía las palabras para expresar lo que se siente –en el corazón y en la voluntad– al saberse hijo de Dios»San Josemaría Escriba Surco, n. 61

Durante la noche ha llovido con generosidad en Madrid. Por la mañana han aparecido charcos. Más lejos está la fuente, siempre abundante, y dentro de no mucho tiempo los charcos desaparecerán. Su duración está ligada a la porosidad de la tierra, a la intensidad del sol y del viento… Y se cumplirá como siempre el dicho gitano: sale el sol, sopla el viento, los charcos se secan, pero la fuente permanece. También en la vida de cada hombre y de cada mujer se presentan fuentes y charcos en su camino.

Conocemos dos clases de alegría. Seguir leyendo ““No se han inventado todavía las palabras para expresar lo que se siente… al saberse hijo de Dios””

Todos necesitamos ternura

papa Francisco ternuraEl joven sacerdote de treinta años encuentra en la santa humanidad de Jesús el amor que es fuente de pureza. Basándose en las novedosas enseñanzas de Cristo referidas al cumplimiento perfecto de la ley (Mt 5, 27-30), san Josemaría llega a la conclusión de que únicamente la ternura divina colmará sus deseos. Y pide a Dios la virtud de la castidad como un don.

La liturgia de la Iglesia pone esta petición en boca del que va a proclamar el Evangelio durante la Misa: «Purifica mi corazón». Nadie puede decir que ha guardado puro su corazón (cf. Pr 20, 9). Como muestra el Nuevo Testamento en los primeros tiempos de la Iglesia, todos los hombres están necesitados de esta purificación: los judíos (cf. Hb 10, 22), los paganos (cf. Hch 15, 9) y los judeo-cristianos (cf. St 4, 8).

Todos, menos la Virgen María. Las gracias divinas nos llegan por sus manos y, por tanto, también la castidad. Pídele a ella, sin miedo, que te otorgue un amor que sea fuente de pureza!! (G. Derville, en “Amor y desamor”)