Mirad las aves del cielo

mirad las aves del cielo 2Mirad las aves del cielo; no siembran ni siegan, ni encierran en graneros… descuidadas del día de mañana. Mirad la hierba sobre el campo… que hoy es.

Aquí voy a poner este fragmento de Soren Kierkegaard, de su obra Los lirios del campo y las aves del cielo. Como es un poco largo lo dividiré en varias partes. Que lo disfrutéis:

“Haz esto y aprenderás: Contemplemos, pues, al lirio y al pájaro, que son los maestros alegres. Sí, «los maestros alegres», puesto que no dejarás de saber que la alegría es comunicativa; y por esta razón no hay nadie que aleccione mejor en la alegría que quien es alegre. El maestro en la alegría no tiene en realidad otra cosa que hacer que estar alegre, o mejor, ser alegría. Su enseñanza es deficiente, por mucho que se esfuerce por comunicar la alegría, si él mismo no está alegre. Y así tampoco hay nada más fácil que dar lecciones de alegría, ¡ay!, sólo se necesita estar siempre alegre de verdad. Pero ese «¡ay!» quiere indicar que en definitiva no es cosa fácil, que en realidad no es tan fácil estar siempre alegre. En cambio, si se está, nada hay más cierto que la facilidad de enseñar en la alegría.

Pero allá, fuera, junto al lirio y al pájaro, o allá fuera donde el lirio y el pájaro dan lecciones de alegría, allí siempre hay alegría. Y estos maestros nunca se encuentran en la perplejidad frecuente de un maestro humano, que lo que ha de enseñar lo tiene escrito en un papel o muerto de risa en los estantes de su biblioteca, en una palabra, en cualquier lugar y no siempre a mano; no, allí donde el lirio y el pájaro dan lecciones de alegría, allí siempre hay alegría: el lirio y el pájaro la tienen en sí mismos. ¡Qué alegría cuando despunta el día y el pájaro se despierta temprano a la alegría mañanera! ¡Qué alegría, aunque de tono diferente, cuando se aproxima la noche y el pájaro gozoso se apresura a recogerse en su nido! Y ¡qué alegría todo el largo día del verano! Y cuando el pájaro —que no canta meramente al trabajar, como pueda hacerlo un alegre trabajador, sino que su esencial tarea es el canto— se pone gozosamente a cantar, ¡qué alegría! Y cuando también empieza a cantar el vecino de al lado, y luego el de enfrente, y luego todos los pájaros a coro, ¡qué alegría!, ¡qué nueva alegría! Y cuando al final todo parece como un mar sonoro que bate el bosque y el valle, el cielo y la tierra con sus ecos, un mar sonoro en medio del cual se sobresalta ahora de alegría el pájaro que dio el tono, ¡qué alegría!, ¡qué alegría! Y así es la vida entera del pájaro; siempre y en todo encuentra algo, o mejor dicho: bastante, de que alegrarse; no desperdicia ni un solo momento, y daría por perdidos todos los momentos en que no estuviera alegre. Seguir leyendo “Mirad las aves del cielo”

Sobre las “personas honorables” y los “introspectivos” o escrupulosos

31Existen dos tipos de personas a los que la esperanza produce poca o casi ninguna esperanza. Estos son los que podríamos llamar las “personas honorables” y los “introspectivos”. Paso a describirlos brevemente

Las “personas honorables” o satisfechas de sí mismas son en palabras de Ch. Péguy “las que carecen de defectos. No están heridas. Su piel moral, siempre intacta, les dota de un cuero y de una coraza sin defecto. No presentan en ningún lugar esa abertura que hace una herida atroz…, una cicatriz siempre mal cerrada. No presentan en ningún lugar esa entrada a la gracia que es esencialmente el pecado. Como no carecen de nada, nada puede dárseles. La misma caridad de Dios no venda al que no tiene heridas. Porque un hombre estaba caído en tierra le levantó el samaritano… Las personas honorables no son permeables a la gracia” [Péguy]. Seguir leyendo “Sobre las “personas honorables” y los “introspectivos” o escrupulosos”

Resumen sobre la alegría pascual

curriculoHe ido poniendo estos días algunas entradas sobre la alegría pascual y las voy a agrupar en una entrada a modo de resumen. Muchas ideas están sacadas del libro ¿Por qué la alegría? del Pius-Aimone Reggio, O.P. 

“Tu conversión es cosa mía; no temas” [B. Pascal]

rezar“Tu conversión es cosa mía; no temas” [B. Pascal] Sí, nuestra conversión es ante todo obra de Dios. El mismo lo ha dicho: “sin mí no podéis hacer nada” [Jn 15,5]. Dios hace en y a través nuestro muchas cosas buenas: “Dios hace cuanto quiere” [Sal 135,6] y “arroyo de agua es el corazón del rey en mano del Señor” [Prov 21,1]. Aquí radica la seguridad de nuestra esperanza: “fiel es el que os llama Dios… y que también lo cumplirá” [1 Tes 5,24].

Sabemos que Dios hace concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman”, incluso sus pecados llega a afirmar categóricamente san Agustín.  Y ¿Quiénes son los que aman a Dios? Lo explica muy bien san Pablo : 28 Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito. 29 Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que El sea el primogénito entre muchos hermanos; 30 y a los que predestinó, a ésos también llamó; y a los que llamó, a ésos también justificó; y a los que justificó, a ésos también glorificó. Seguir leyendo ““Tu conversión es cosa mía; no temas” [B. Pascal]”

La alegría de la esperanza

esperanza

Hemos hablado de la alegría que brinda el amor y la fe. Pero ¿qué pasa con la esperanza? ¿También la esperanza es fuente de alegría? Fácilmente intuimos que sí.

Si hay un gozo en la posesión de aquello que amo, también lo habrá en la participación futura -esperada-  de ese amor que me está reservado. Este es el gozo de los enamorados, de los novios. Este gozo procede de la esperanza, que nos permite vivir en la espera de disfrutar un día plenamente de ese amor que nos está reservado.

La esperanza en una cuestión de saber esperar. ¿Te has fijado lo distinto que sería decir en el Credo: “espero… en la vida del mundo futuro” a decir “tengo esperanza en…”? Es muy distinto esperar algo a tener solo esperanza. Por ejemplo, si estamos en una estación de tren y vemos a un conocido sentado en un banco, al preguntarle qué hace nos responderá que espera el tren, pero no dirá que tiene esperanza de tomar el tren. Hay una seguridad en la espera que no hay en la esperanza. Porque el que espera está seguro, el que tiene esperanza no lo está totalmente. Seguir leyendo “La alegría de la esperanza”

La alegría que brinda la fe

alegria7Llevamos unos días escribiendo de la alegría. Ya sabemos qué es la alegría y qué relación tiene con el amor. Vimos que si queremos conocer la alegría tenía que aumentar nuestro amor, cultivarlo como hacen los enamorados. Pensar cada día qué detalle de cariño vamos a tener con nuestro Amor.

Pero, ¿y la fe?, ¿qué relación tiene la alegría y la fe del cristiano? ¿Podemos hablar de una alegría del creyente? Sí, también la fe es fuente de alegría para el cristiano. Cada verdad de fe que se nos dice en el Evangelio, nos anuncia de algún modo cómo permanece con nosotros el Dios que amamos, y por qué caminos llegamos hasta Él: “esto os lo digo para que yo me alegre en vosotros y vuestra alegría se plena” [Jn 15,11]. Sería suficiente para un cristiana amar estas verdades y vivir en ellas por la fe para, como dice san Pablo, tener un motivo suficiente de estar siempre alegres en el Señor. Seguir leyendo “La alegría que brinda la fe”

La alegría cristiana

alegria cristiana“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”. Cuando Dios nos hace esta promesa de de amor, está queriendo brindarnos alegría. ¿Por qué? Pues porque el amor de Dios no es solo presencia sino posesión, su amor –a diferencia de otros amores- incluye la posesión: “si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él” [Jn 14,23]. Dios está en aquel que le ama, por el único hecho de ser amado. De algún modo este primer y mayor Mandamiento es una promesa de alegría, alegría que hace posible el cumplimiento de los demás mandamientos. Seguir leyendo “La alegría cristiana”