Piensa si no estarás llevando una vida demasiado fácil y demasiado cómoda

enamoradaA lo mejor has oído aquel chiste del mudo de nacimiento. Iban pasando los años y el muchacho no hablaba. Sus padres lo llevaban de médico en médico, sin resultado, hasta que finalmente dieron el caso por imposible. No encontraban ninguna causa fisiológica de aquel absoluto mutismo.

Cuando la criatura tenía ya treinta y cuatro años, un buen día su madre le puso el café para desayunar, y el chico, con toda naturalidad, se dirigió a ella diciendo:

-Mamá, te olvidaste el azúcar.

-Pero, hijo mío, ¿cómo es que puedes hablar y llevas treinta y cuatro años sin hacerlo?

-Es que hasta ahora todo había estado perfecto -respondió.

Piensa si no estarás llevando una vida demasiado fácil y demasiado cómoda. Platón aseguraba que el exceso de bienes materiales produce delicuescencia en el alma, y Schopenhauer decía que es como el agua salada, que cuanto más se bebe, más sed produce. Seguir leyendo “Piensa si no estarás llevando una vida demasiado fácil y demasiado cómoda”

Muchas veces, los agobios por falta de tiempo son más bien agobios por falta de orden

fortalezaLee Iacocca, aquel legendario empresario norteamericano que fue primer ejecutivo de la Ford y que años después lograría un espectacular reflotamiento en la Chrysler, explicaba así su experiencia de varias décadas al frente de grandes multinacionales:

«No puedo menos que asombrarme ante el gran número de personas que, al parecer, no son dueños de su agenda. A lo largo de estos años se me han acercado muchas veces altos ejecutivos de la empresa para confesarme con un mal disimulado orgullo: “Fíjese, el año pasado tuve tal acumulación de trabajo que no pude ni tomarme unas vacaciones”.

»Al escucharles, siempre pienso lo mismo. No me parece que eso deba ser en absoluto motivo de presunción. Tengo que contenerme para no contestarles: “¿Serás iluso? Pretendes hacerme creer que puedes asumir la responsabilidad de un proyecto de ochenta millones de dólares si eres incapaz de encontrar dos semanas al año para pasarlas con tu familia y descansar un poco?”.»

Imprimir un ritmo ordenado a la vida, ser dueños del propio tiempo y de la agenda, tener un claro orden de prioridades en lo que hemos de hacer…, son premisas básicas para la eficacia en cualquier trabajo.

-¿También para educar? Seguir leyendo “Muchas veces, los agobios por falta de tiempo son más bien agobios por falta de orden”

Una de las grandes deficiencias de la sociedad actual se expresa en la dificultad de perdonar

perdonar, pasar página

Una de las grandes deficiencias de la sociedad actual se expresa en la dificultad de perdonar. Personas singulares y naciones enteras vuelven una vez y otra sobre los agravios recibidos, chapotean en esos recuerdos como en un charco lleno de inmundicia, y no quieren esforzarse por olvidarlos y perdonar. Otra —y muy clara— es la enseñanza de Nuestro Señor, que compendia la historia de la clemencia divina con la humanidad en estas palabras: bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia. (Mons. Javier Echevarría, abril 2016)

Ser amable y cortés es también imitar a Cristo.

autumn-is-hereEl Señor ha dicho: «Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra». Por eso ser amable y cortés es imitar a Cristo.

Ser amable y cortes el algo que cuesta poco y rinde mucho. Es como el aceite sin el cual el poderoso engranaje de la sociedad se minaría pronto. Además de proporcionar muchas horas gratas en la vida social, nos llena de un amor que otras virtudes, dones o cualidades no son capaces de obtenernos.

En el transcurso de los siglos solo ha existido una persona capaz de encarnar todas las características de un perfecto caballero: Jesucristo. En el transcurso de su vida, no se le conoció gestos antipáticos. La dulzura de su sonrisa, el brillo de su mirada, la comprensión que emanaba de su rostro cuando daba consuelo, confortaba o animaba a quien necesitaba aliento: todo en él traslucía una amabilidad y un afecto auténticos por los hombres. Incluso cuando corregía a los hipócritas lo hacía movido por el amor hacia los oprimidos por ellos. Seguir leyendo “Ser amable y cortés es también imitar a Cristo.”

De una en una

AF431.jpgUn hombre paseaba al atardecer por una playa. Mientras caminaba diviso a otro hombre a lo lejos. Al acercarse noto que aquel hombre se agachaba constantemente, recogía algo y lo arrojaba al agua. Una y otra vez lanzaba cosas al mar. Se acerco más y vio que aquel hombre recogía estrellas de mar que se habían quedado en la playa y, una por una las iba devolviendo al agua. Extrañado le dijo: Buenas noches. Me pregunto que esta haciendo. Aquel hombre le contestó: Devuelvo estas estrellas de mar al océano. Ve, en este momento, la marea esta baja y todas estas estrellas quedaron en la costa. Si no las echo nuevamente al mar, se morirán aquí por falta de

Esbozando una sonrisa, el otro le respondió: Pero ha de haber miles de estrellas de mar en esta playa. Es imposible agarrarlas a todas. Son demasiadas. Además, seguramente esto pasa en cientos de playas a lo largo de toda esta costa ¿No se da cuenta de que no cambia

Entonces aquel hombre, hizo un nuevo esfuerzo y se agachó, levantó otra estrella de mar para arrojarla al mar y le respondió: ¡Para esta si cambió algo!

Piensa… ¿No habrá alguien a quien yo…? Y adelante.

El poder oculto de la amabilidad

Senza nome-True Color-02La amabilidad es el atajo que devuelve a Dios las almas extraviadas: «La amabilidad ha convertido más pecadores que el celo, la elocuencia o la sabiduría; y, de estas tres cosas, ninguna ha convertido a nadie si no ha sido con amabilidad» (Faber. Conferencias espirituales, p. 23).

Cuantas veces nuestro propio arrepentimiento empezó gracias a un acto de amabilidad. Puede que casi todos los comienzos de conversión se deban a ese sentimiento conmovedor que brota ante una muestra de amabilidad de la que nos sentimos indignos.

Por eso cada vez que eres amable, lo sepas o no, alientas los esfuerzos de otros por ser buenos. Animar amablemente a los demás a seguir adelante en su empeño es crucial, porque el desaliento es lo que más se resiste a la gracia. Cuantos proyectos, cuantos propósitos que buscaban dar gloria de Dios han fracasado por falta de una mirada amable, de unas palabras que infundiera ilusión, de una sonrisa que aprobara ese empeño.

Quizá, Señor, no préstamos a los demás la ayuda que necesitan porque estamos demasiado ocupados en nuestras cosas; porque no estamos atentos a los demás; y no lo quiero pensar porque la envidia nos lleva a mirarlos con desapego y juicio crítico.

Propósitos: tener más detalles con los demás; prodigar más palabras amables; mejorar el tono de voz para manifestar mi comprensión hacia ese corazón que sufre; con frecuencia lo que más cura es un gesto de humanidad.

Señor, que las personas que hablen conmigo reciban aliento necesario para emprender con valentía aquello que estaba a punto de abandonar a causa del desánimo. Ese aliento puede ser el primer eslabón de una nueva cadena que obtenga la perseverancia final.

No vale la pena andar por la vida al son de lo que los demás piensen o digan de nosotros

Shrek y Gato_800Probablemente recuerdes esa graciosa historia de aquel labrador que, despatarrado y orondo en su burro, volvía del campo con el hijo, que caminaba detrás.
El primer vecino con quien se toparon afeó la conducta del labriego: —¿Qué? ¿Satisfecho? ¡Y al hijo que lo parta un rayo!
Apeose el padre y montó al hijo. Unos cien pasos darían cuando una mujer se encaró con ellos: —¡Cómo! ¿A pie el padre? ¡Vergüenza le debía dar al mozo!
Bajó éste abochornado, y amigablemente conversaban tras el jumento, cuando un guasón les tiró una indirecta: —¡Ojo, compadre, no tan deprisa que se les aspea el asno!
No sabiendo ya a qué carta quedarse, montaron ambos. Andaba cansino el burro el último trecho, y alguien les voceó de nuevo: —¡Se necesita ser bestias!; ¿no veis que el pobre animal va arrastrando el alma por el suelo?

En fin, ya solo les quedaba a los pobres cargar ambos con el burro. A parte de lo gracioso de la anécdota, podemos concluir que no vale la pena andar por la vida al son de lo que los demás piensen o digan de nosotros. Acabaríamos volviéndonos  locos o haciendo el ridículo. Y es que resulta imposible complacer a todos: no somos monedas de oro que a todos gustan.

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