Sabia sencillez

mansedumbre“Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla”.

Se aprende más de rodillas, en media hora, con la mirada fija en el Crucifijo y el corazón contrito y sobrecogido, que en cinco años estudiando Teología. Hay que estudiar, hay que formarse… ¡Desde luego! Pero todo cuanto estudies se te desvelará en esa media hora. Sin ella, te creerás que sabes algo. Después de ella, sabrás que todo lo que has aprendido es una centella incrustada en el sol.

Se avanza más en el camino abriéndose de brazos ante el Señor, en un¡Si no soy nada!“, que en todos los propósitos que muchas veces culminan nuestros ratos de oración. Hay que hacer propósitos… ¡Desde luego! Pero no te creas con fuerzas para cumplirlos. Arrodíllate y transforma tus promesas en plegarias.

Se ama más al prójimo cuando uno se sabe pecador, el más pecador de los hombres, que cuando se acerca uno a los demás con mil consejos en la boca. Hay que aconsejar… ¡Bueno, no siempre! Pero, ante las faltas de los demás, recuerda tu pecado y sé comprensivo… ¡por la cuenta que te trae!

Así que no lo olvides, ya lo sabes: sólo de rodillas recibirás el Amor. Para recibir lo más grande hay que hacerse muy pequeño. Cree, y cree como los niños, como la Virgen, quien, hablando por experiencia propia, pudo alabar a ese Dios que “enaltece a los humildes.

La fe

lluviaUna vez todos los aldeanos decidieron orar por lluvia. Se reunieron en la plaza, pero solo un niño llevaba paraguas. Eso es la fe.

En vez de fijarte en lo malo, acostúmbrate a pensar en lo bueno y foméntalo

piensa bienYa dijimos ayer que la crítica evidencia, con frecuencia, el propio fracaso, porque si no hubiéramos fracasado, muy probablemente no hubiera surgido la crítica sobre aquello o la murmuración contra los superiores. Hoy consideramos la conveniencia de recordar nuestros propios defectos antes de tirar la piedra contra los demás; y del esfuerzo de pensar bien para “acertar sobrenaturalmente”: Seguir leyendo “En vez de fijarte en lo malo, acostúmbrate a pensar en lo bueno y foméntalo”

La transparencia de un Corazón limpio

transparencia2.jpgJesús alabó a los limpios de corazón (Mt 5, 8), y les prometió que verían a Dios. Así entendemos que la suciedad del corazón no es sino ceguera para lo sobrenatural. Ensucian el corazón el egoísmo y la lujuria, la envidia, el rencor y la soberbia. En resumen, el corazón se ensucia cuando el «yo», en lugar de permanecer detrás, como quien mira a través de un cristal, se sitúa delante y se convierte en objeto de la mirada. Quien tiene el corazón sucio ríe y llora para sí mismo.

Tu padre y yo, angustiados, te buscábamos. Un corazón inmaculado es transparencia abierta a Dios. La angustia de la Virgen es preludio de la angustia de Cristo en Getsemaní; sufre porque el Amado oculta su rostro. Sus lágrimas son las de Dios. 

Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y no había sitio para más. Sólo para lo que Dios le mostraba en la oración y en los acontecimientos de la vida. Ese corazón es un odre lleno de agua pura. Por eso María ve a Dios en Belén, lo ve en la Cruz, y lo contempla para siempre en el cielo. Es la dicha de los corazones limpios.(José-Fernando Rey B)

Piensa si no estarás llevando una vida demasiado fácil y demasiado cómoda

enamoradaA lo mejor has oído aquel chiste del mudo de nacimiento. Iban pasando los años y el muchacho no hablaba. Sus padres lo llevaban de médico en médico, sin resultado, hasta que finalmente dieron el caso por imposible. No encontraban ninguna causa fisiológica de aquel absoluto mutismo.

Cuando la criatura tenía ya treinta y cuatro años, un buen día su madre le puso el café para desayunar, y el chico, con toda naturalidad, se dirigió a ella diciendo:

-Mamá, te olvidaste el azúcar.

-Pero, hijo mío, ¿cómo es que puedes hablar y llevas treinta y cuatro años sin hacerlo?

-Es que hasta ahora todo había estado perfecto -respondió.

Piensa si no estarás llevando una vida demasiado fácil y demasiado cómoda. Platón aseguraba que el exceso de bienes materiales produce delicuescencia en el alma, y Schopenhauer decía que es como el agua salada, que cuanto más se bebe, más sed produce. Seguir leyendo “Piensa si no estarás llevando una vida demasiado fácil y demasiado cómoda”

Muchas veces, los agobios por falta de tiempo son más bien agobios por falta de orden

fortalezaLee Iacocca, aquel legendario empresario norteamericano que fue primer ejecutivo de la Ford y que años después lograría un espectacular reflotamiento en la Chrysler, explicaba así su experiencia de varias décadas al frente de grandes multinacionales:

«No puedo menos que asombrarme ante el gran número de personas que, al parecer, no son dueños de su agenda. A lo largo de estos años se me han acercado muchas veces altos ejecutivos de la empresa para confesarme con un mal disimulado orgullo: “Fíjese, el año pasado tuve tal acumulación de trabajo que no pude ni tomarme unas vacaciones”.

»Al escucharles, siempre pienso lo mismo. No me parece que eso deba ser en absoluto motivo de presunción. Tengo que contenerme para no contestarles: “¿Serás iluso? Pretendes hacerme creer que puedes asumir la responsabilidad de un proyecto de ochenta millones de dólares si eres incapaz de encontrar dos semanas al año para pasarlas con tu familia y descansar un poco?”.»

Imprimir un ritmo ordenado a la vida, ser dueños del propio tiempo y de la agenda, tener un claro orden de prioridades en lo que hemos de hacer…, son premisas básicas para la eficacia en cualquier trabajo.

-¿También para educar? Seguir leyendo “Muchas veces, los agobios por falta de tiempo son más bien agobios por falta de orden”

Una de las grandes deficiencias de la sociedad actual se expresa en la dificultad de perdonar

perdonar, pasar página

Una de las grandes deficiencias de la sociedad actual se expresa en la dificultad de perdonar. Personas singulares y naciones enteras vuelven una vez y otra sobre los agravios recibidos, chapotean en esos recuerdos como en un charco lleno de inmundicia, y no quieren esforzarse por olvidarlos y perdonar. Otra —y muy clara— es la enseñanza de Nuestro Señor, que compendia la historia de la clemencia divina con la humanidad en estas palabras: bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia. (Mons. Javier Echevarría, abril 2016)