Hay placeres que llevan al hastío y a la tristeza

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Hay placeres que llevan al vacío… Satisfacen por el momento, son a veces incluso de larga duración; pero conducen al hastío y a la tristeza. Es así porque los humanos estamos hechos para fines más grandes, para afrontar retos, superar dificultades: cuando nos enfangamos en placeres insanos, se cierran esos horizontes y abren paso a la tristeza y el cansancio de vivir.

Existen placeres saludables en los que hallamos valiosos beneficios que ayudan a vivir. (F. F. Carvajal en “Pasó haciendo el bien”)

La alegría del hogar es el recurso imprescindible para afrontar el dolor y la contrariedad

featimg-after-birthLa alegría familiar se construye, no surge por sí sola. Y los materiales de esta construcción smúltiples, como ocurre con todo edificio.

«Al pensar en los hogares cristianos, me gusta imaginarlos luminosos y alegres, como fue el de la Sagrada Familia… Esa es la gran luz que ilumina nuestras vidas y que, entre las dificultades y miserias personales, nos impulsa a proseguir adelante animosos. Cada hogar cristiano debería ser un remanso de serenidad, en el que, por encima de las pequeñas contradicciones diarias, se percibiera un cariño hondo y sincero, una tranquilidad profunda, fruto de una fe real y vivida» (san Josemaría).

Cuando los padres son buenos, el clima que se respira en la casa permite el crecimiento saludable de los hijos: aprenden sin darse cuenta un estilo de vida positivo y optimista. Seguir leyendo “La alegría del hogar es el recurso imprescindible para afrontar el dolor y la contrariedad”

Hay tristezas que son, sencillamente, absurdas

Captura de pantalla 2017-04-03 a las 12.18.40 p.m..pngHay tristezas que son, sencillamente, absurdas…. Las que proceden de la vanidad, del orgullo, no tienen fundamento real. Por estos senderos crecen malas hierbas, enredos virtuales que nada tienen que ver con la verdad.

Porque la vanidad, el amor propio y el orgullo crean fantasías acerca de uno mismo y de los demás. Quien se cree mejor que nadie se equivoca, y esto a pesar de que es bueno pensar bien de nosotros mismos, reconocer que hacemos bien muchas cosas, que somos muy valiosos para esto o para aquello, porque esto no es vanidad. El error empieza con las comparaciones y con los juicios peyorativos sobre los demás. Seguir leyendo “Hay tristezas que son, sencillamente, absurdas”

La persecución (humor)

El dolor no es tristeza

Captura de pantalla 2017-04-03 a las 11.59.28 a.m..pngEl sufrimiento es connatural a la vida. Todas las personas sufren. El dolor es compatible con la alegría si esta se apoya en la fe y en la certeza de la bondad de Dios que conoce todo lo que nos ocurre y lo comparte.

Si llega la tristeza por motivos graves, conviene acoger y aceptar la realidad. Es la tristeza natural de quienes tienen corazón y, por lo tanto, sufren. Pero con la ayuda del Señor la paz de fondo no se pierde. Sin hundirse en la tristeza podemos convivir con ella hasta que el tiempo suavice el dolor. La madre de Jesús estaba triste por el sufrimiento y la muerte de su Hijo; sin embargo, mantenía la esperanza de su resurrección, y por eso tenía paz. (F. F. Carvajal en “Pasó haciendo el bien”)

Para que la conciencia acierte

paisajes-del-mundoOrden en los amores (parte 4)

La valoración sobre lo que hay que hacer, es decir, el juicio de la conciencia, depende mucho de los conocimientos morales que se tengan; es decir, 1) del conocimiento acerca de cuáles son los bienes y deberes; 2) de la medida y el orden en que hay que querer los distintos bienes; y 3) sobre cuál debe ser el orden de los amores.

Hay un conocimiento espontáneo de lo que es ordenado o desordenado, bueno o malo. En principio, la acción buena se nos presenta como bella y la mala como repugnante. Todos los hombres normales sienten aprobación por la persona que se sacrifica y cumple con su deber, y repugnancia ante actos como el asesinato, el robo o la mentira. Quizá no sabrían explicarlo, pero todos se dan cuenta espontáneamente de que es malo incumplir una promesa (faltar a un deber); robar (hacer daño a un bien del prójimo); emborracharse (faltar a la medida en que se quiere un bien) o ser egoísta… Pero esta aprobación o repugnancia depende mucho de que se capte intuitivamente el orden o el desorden de la acción. Es decir, depende de que efectivamente parezca feo el mal y bello el bien. Si las acciones están disfrazadas, el sentido moral natural puede equivocarse. Seguir leyendo “Para que la conciencia acierte”