No le has maltratado físicamente. Pero le has ignorado tantas veces; le has mirado con indiferencia, como a un extraño.—¿Te parece poco?

indiferenciaNo le has maltratado físicamente… Pero le has ignorado tantas veces; le has mirado con indiferencia, como a un extraño. —¿Te parece poco? Surco, 245.

Que el miedo no cierre tus puertas, no te pierdas su vida

“El club de los ojos verdes”. a Fundación vida ha titulado así este corto conmovedor, que ya corre por la red a velocidad de vértigo.

Al terminar de verlo me han venido a la memoria unas palabras de San Juan Pablo II:

Una reflexión especial quisiera tener para vosotras, mujeres que habéis recurrido al aborto.(…) El Padre de toda misericordia os espera para ofreceros su perdón y su paz en el sacramento de la reconciliación. Os daréis cuenta de que nada está perdido, y podréis pedir perdón también a vuestro hijo que ahora vive en el Señor.
(Enc. Evangelium vitae)

Una de las grandes deficiencias de la sociedad actual se expresa en la dificultad de perdonar

perdonar, pasar página

Una de las grandes deficiencias de la sociedad actual se expresa en la dificultad de perdonar. Personas singulares y naciones enteras vuelven una vez y otra sobre los agravios recibidos, chapotean en esos recuerdos como en un charco lleno de inmundicia, y no quieren esforzarse por olvidarlos y perdonar. Otra —y muy clara— es la enseñanza de Nuestro Señor, que compendia la historia de la clemencia divina con la humanidad en estas palabras: bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia. (Mons. Javier Echevarría, abril 2016)

“Un país se hace con gente que se la juega”, Antonio Banderas

No es que sea un padre de  la Iglesia, pero esta entrevista con Antonio Banderas tiene su garra. La encontré un poco por casualidad y aquí os dejo con ella:

 

Es preciso escuchar, pero escuchar con verdadera intención de comprender

Aprende-a-escuchar.jpgPara acertar con cualquier consejo —parece bastante obvio, pero quizá no esté de más decirlo—, hay primero que dedicar atención al problema y hacerse cargo bien de qué le pasa a la persona a quien se lo vamos a dar .

Muchos problemas personales se habrían resuelto —y pueden aún resolverse— con una adecuada actitud de escucha, escuchando con verdadera intención de comprender a la otra persona, y no sólo en el plano intelectual, sino también en el emocional, puesto que no basta con entender lo que piensa, también hay que entender lo que siente. Porque la vida no es sólo lógica, ni sólo emocional, sino las dos cosas .

Es preciso escuchar, pero escuchar con verdadera intención de comprender. De este modo lograremos ese mínimo de confianza que se necesita para que alguien empiece a abrir su intimidad.

Ocurre que cada persona está permanentemente dándose a conocer, irradiando mensajes, comunicando. A través de esos mensajes —la mayoría de ellos no directamente conscientes—, cada persona se gana la confianza o desconfianza de quienes le rodean. Seguir leyendo “Es preciso escuchar, pero escuchar con verdadera intención de comprender”

Un caballero es alguien que nunca inflige dolor a los demás

Paisajes-NaturalesLa cortesía es la amabilidad del corazón manifestada en nuestro trato con los demás; es, simplemente, la manera de ser un caballero o una dama. «Un caballero es alguien que nunca inflige dolor»9, dice el cardenal Newman.
Un caballero se fija en todos los presentes: es atento con el tímido, amable con el distante y misericordioso con el ausente. Evita sacar cualquier tema de conversación molesto o hiriente; a veces resulta aburrido. Quita importancia a los favores que hace. Nunca habla de sí mismo, excepto cuando se ve obligado a ello; nunca se defiende con acalorados argumentos, ni le gustan las difamaciones y los chismes. Procura no atribuir motivos torcidos a quienes disienten de él y, siempre que puede, lo interpreta todo en positivo; y si no puede, se calla.
Un caballero nunca es mezquino ni desagradable cuando discute, no se aprovecha de su superioridad, no tergiversa ni los dichos agudos ni las frases célebres para apoyar sus argumentos; jamás insinúa nada malo que no se atreva a decir abiertamente. Sigue la máxima de comportarse con el enemigo como si algún día fuera a ser amigo suyo.

En la vida de los seres humanos hasta un «gracias» tiene su importancia. Por pequeño e insignificante que sea un favor, merece un reconocimiento, y quien descuida habitualmente este aspecto merece que lo tengan por maleducado y descortés.

Propósito para este Año de la Misericordia: aprender a pensar primero en los demás.

Los pequeños detalles de cortesía son el perfume de la vida. La amabilidad es el arte de agradar, el mejor modo para contribuir en lo posible a la gratuidad y la felicidad de aquellos con quienes te relacionas.

Fuente: “El poder oculto de la amabilidad”

El arte de saber escuchar

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Momo es la pequeña protagonista de aquel famoso libro de Michael Ende que lleva su nombre. Una niña surgida un buen día en la vida de unas personas sencillas.

Nadie sabe quién es, ni de dónde viene, ni nada. Vive en unas ruinas de un antiguo teatro griego o romano. Pero todo el mundo quiere a la chiquilla. Las gentes se han dado cuenta de que han tenido mucha suerte por haber conocido a Momo. Se les hace la niña algo imprescindible. ¿Cómo han podido antes vivir sin ella? A su lado cualquiera está a gusto.
A la hora de hacer balance de su atractivo, no es fácil decir qué cualidad especial le adorna: no es que sea lista; tampoco pronuncia frases sabias; no es que sepa cantar, o bailar, ni hacer ninguna maravilla extraordinaria… ¿Qué es entonces lo que tiene? 

La pequeña Momo sabe escuchar; algo que no es tan frecuente como parece. Momo sabe escuchar con atención y simpatía. Ante ella, la gente tonta tiene ideas inteligentes. Ante ella, el indeciso sabe de inmediato lo que quiere. El tímido se siente de súbito libre y valeroso. El desgraciado y agobiado se vuelve confiado y alegre. El más infeliz descubre que es importante para alguien en este mundo. Y es que Momo sabe escuchar .

Escuchar no es sólo cuestión de paciencia. Requiere sobre todo deseo de aprender, deseo de enriquecerse con las aportaciones de los demás. Quien mientras escucha piensa sobre todo en preparar su respuesta, apenas escucha realmente. Sin embargo, quien escucha con atención, con verdadero deseo de comprender, sin dejarse arrastrar por un inmoderado afán de hablar él o de rebatir lo que oye, quien sabe escuchar de verdad, se hace cada vez más valioso y hace que la persona que le habla se sienta también más valorada y querida.

Propósito en el Año de la Misericordia: esforzarme por escuchar más, o ser un poco más simpático y agradable.

Fuente: Saber escuchar