¿Ladran?; señal de que cabalgamos…

14No pierdas tus energías y tu tiempo, que son de Dios, apedreando los perros que te ladren en el camino. 

Desprécialos.

«Apedrear los perros que ladran en el camino». Es una expresión que viene de los clásicos, que la emplearon en el mismo sentido. San Juan de Ávila: «El cuarto documento sea que asiente en su corazón muy fijo que, si al cielo quiere ir, que ha de pasar muchos trabajos y que ha de ser escarnecido y perseguido de muchos […] : que no se le haga nueva una cosa tan cierta a todos los que sirven a Dios, sino mire a Cristo nuestro Redentor y a todos los santos que fueron por aquí, y baje la cabeza sin alboroto ninguno, dejando los perros que ladren cuanto quieran»

Despreciar significa aquí «no prestar atención», «seguir adelante». Es una exhortación a «cabalgar» decididamente, a seguir el camino que Jesús nos traza, sin dejarnos detener por las incomprensiones, que son inevitables. Esa «cabalgada» aparecerá de nuevo en la predicación en la Legación de Honduras en Madrid:

«Aún puede haber otro obstáculo para mi labor, para la labor de la Obra: la falta de comprensión y cordialidad por parte de personas buenas e influyentes. Es un inconveniente con el que es preciso contar. Hasta ahora no vino con fuerza, pero puede llegar impetuosa esta prueba: que quienes debieran comprender y ayudar como hermanos a los que trabajamos por Cristo, se opongan abierta o encubiertamente a nuestra labor. ¿Y entonces?

Entonces, cuando el Señor consienta esta otra cruz,la contradicción de los buenos, haré oídos de mercader; porque, si estoy seguro de la Voluntad de Dios, ¿qué me pueden importar las críticas humanas, aunque procedan de personas muy calificadas? ¿Ladran?; señal de que cabalgamos».

Lo cual es perfectamente compatible con el bíblico «dar razón, a quien os la pida, de la esperanza que hay en vosotros» (1P 3, 15).

Fuente: Edición crítica de Camino

Cuando la imaginación bulle…

13Aleja de ti esos pensamientos inútiles que, por lo menos, te hacen perder el tiempo.

Me parece que el mejor comentario de este punto es este otro de la mano del mismo autor en Surco 135: 

Si la imaginación bulle alrededor de ti mismo, crea situaciones ilusorias, composiciones de lugar que, de ordinario, no encajan con tu camino, te distraen tontamente, te enfrían, y te apartan de la presencia de Dios. –Vanidad.
Si la imaginación revuelve sobre los demás, fácilmente caes en el defecto de juzgar –cuando no tienes esa misión–, e interpretas de modo rastrero y poco objetivo su comportamiento. –Juicios temerarios.
Si la imaginación revolotea sobre tus propios talentos y modos de decir, o sobre el clima de admiración que despiertas en los demás, te expones a perder la rectitud de intención, y a dar pábulo a la soberbia.
Generalmente, soltar la imaginación supone una pérdida de tiempo, pero, además, cuando no se la domina, abre paso a un filón de tentaciones
voluntarias.
–¡No abandones ningún día la mortificación interior!

Crécete ante los obstáculos

12Crécete ante los obstáculos.
—La gracia del Señor no te ha de faltar: «inter medium montium pertransibunt aquae!» —¡pasarás a través de los montes!
¿Qué importa que de momento hayas de recortar tu actividad si luego, como muelle que fue comprimido, llegarás sin comparación más lejos que nunca soñaste?

En la historia espiritual de San Josemaría hay, efectivamente, un primer documento sobre la expresión latina del punto en este pasaje de Apuntes íntimos, escrito el domingo 13-XII-1931:

«Ayer almorcé en casa de los Guevara. Estando allí, sin hacer oración, me encontré –como otras veces– diciendo: «Inter medium montium pertransibunt aquae» (Ps. 103, 11).

Creo que, en estos días, he tenido otras veces en mi boca esas palabras, porque sí, pero no les di importancia. Ayer las dije con tanto relieve, que sentí la coacción de anotarlas: las entendí: son la promesa de que la Obra de Dios vencerá los obstáculos, pasando las aguas de su Apostolado a través de todos los inconvenientes que han de presentarse».

Álvaro del Portillo califica el fenómeno como «locución intelectual», que comporta un «oír dentro de su alma»; y en otro lugar menciona lo que le dijo, a este propósito, el Fundador: «sin ruido de palabras, pero que permanecían grabadas a fuego en mi alma». Evidentemente así lo sentía San Josemaría –«las entendí»–, como se deduce también de este pasaje de su predicación –seis años después– en la Legación de Honduras de Madrid:

«Dios mío, ¿me habré yo desgajado de ti? Pero esto no es posible, Señor; yo no quiero abandonarte y yo sé que Tú no me abandonas. Aún recuerdo la voz que, en días de borrachera de gracia, decía: Inter medium montium pertransibunt aquae!, que es como señalar: las aguas de mi Obra sobrepasarán los montes».

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Modera tu genio.

camino 10No reprendas cuando sientes la indignación por la falta cometida.
—Espera al día siguiente, o más tiempo aún.
—Y después, tranquilo y purificada la intención, no dejes de reprender.
—Vas a conseguir más con una palabra afectuosa que con tres horas de pelea.
—Modera tu genio.

Serenidad

camino 8Serenidad.
—¿Por qué has de enfadarte si enfadándote ofendes a Dios, molestas al prójimo, pasas tú mismo un mal rato… y te has de desenfadar al fin?

Este punto está en el Cuaderno VI, nº 881, 28-XI-1932. He aquí el texto del Cuaderno:

«Serenidad. ¿Por qué has de enfadarte, si, enfadándote, ofendes a Dios, molestas al prójimo, pasas tú mismo un mal rato, y no arreglas las cosas…, y te has de desenfadar, al fin?».

Nótese la omisión de la frase «y no arreglas las cosas» y la evolución de la puntuación hasta llegar al texto definitivo.

Este punto, como tantos otros de este capítulo primero, pone al lector «contra las cuerdas». Un joven comentaba a este propósito, en un coloquio con San Josemaría , que él tenía todos los defectos de los que se habla en el primer capítulo de Camino. Le contestó:

«Eso quiere decir que esos defectos los he tenido yo primero, y probablemente los seguiré teniendo escondidos en mi soberbia».

Con esa su natural humildad, San Josemaría nos confirma el carácter autobiográfico de Camino.

Agranda tu corazón

camino 7No tengas espíritu pueblerino.
—Agranda tu corazón, hasta que sea universal, «católico».
No vueles como un ave de corral, cuando puedes subir como las águilas.

El tema del águila, con su vuelo de largo alcance como horizonte de la vida espiritual, es una imagen tradicional en la literatura cristiana, que tiene su matriz en la Sagrada Escritura [1].

El contrapunto del «ave de corral» es menos frecuente, pero, con su lenguaje llano, lo utilizó Santa Teresa para censurar a los que frenan a la gente que corre hacia Dios y pretenden, «a los que vuelan como águilas con las mercedes que les hace Dios, quererlos hacer andar como pollo trabado» [2].

Fuente: Edición Crítica de Camino
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Cuando susurra el infame…

camino 6Vuelve las espaldas al infame cuando susurra en tus oídos: ¿para qué complicarte la vida?

La anotación está en el Cuaderno V, nº 669, y fue escrita por San Josemaría el 23-III-1932: era Miércoles Santo, según allí se hace constar.

En este vídeo, Catherine Bardinet, traductora de Camino al francés, cuenta la impresión que le produjo por primera vez la lectura de este libro y de este punto en particular.