El gozo y la paz del Espíritu Santo

Es urgente acabar con esa mentalidad, tan arraigada en muchos espíritus, según la cual el hombre se santifica sufriendo. (…) Eso es un insulto a la paternidad de Dios. ¿El sufrimiento va incluido en la vida? Sí. Pero la gracia convierte ese sufrimiento en ofrenda de amor, pero nunca en la esencia de la santidad. Al contrario, el hombre se santifica gozando y obedeciendo.

Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad.

El «Espíritu de la verdad», trae al alma la noticia de Cristo y la enamora. En esa contemplación gozosa, el hombre alcanza el fin para el que fue creado: Sea el Señor tu delicia (Sal 37, 4).

Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo.

Encendida en amor, el alma, llena de alegría, se entrega a la obediencia, y ya sólo busca cumplir la misión para la que ha sido enviada. En esa misión hay dolor, porque lo hay en la vida, pero el Amor todo lo vuelve dulce, y la vida del santo, incluso cuando llora, es una fiesta.

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