Don de Entendimiento

Leído aisladamente, el evangelio de hoy no ofrece ninguna complicación en cuanto a la exclamación de los apóstoles: Ahora si que hablas claro y no usas comparaciones.

Pero, si te introduces en la escena, infiltrándote en el capítulo 16 de san Juan, verás que, dos minutos antes, los apóstoles estaban desconcertados: «¿Qué significa eso de “dentro de poco ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver”, y eso de “me voy al Padre”?». Y se preguntaban: «¿Qué significa ese “poco”? No entendemos lo que dice» (Jn 16, 17-18). ¿Cómo pasaron, en dos minutos, de no entender a entender?

Como mucha gente. Yo he visto cómo personas incapaces de leer dos páginas seguidas de la Biblia, de repente, pasaban a devorar las Escrituras con hambre atrasada de años. Y todo comenzó con una frase, una palabra del evangelio que, colándose en el corazón como una llave, lo abrió a los secretos divinos.

Se llama don de entendimiento. Pídeselo al Espíritu en este decenario. Es una luz, una palabra interior que te explica las páginas de la Escritura y las vuelve dulces al paladar del alma. Cuando lo recibas, la Palabra divina será alimento necesario para ti [por Fernando Rey Ballesteros].

6 comentarios sobre “Don de Entendimiento

  1. El Entendimiento, como don del Espíritu Santo, nos ayuda a captar el significado de las verdades de nuestra santa religión. Por fe, las conocemos, pero por el don de Entendimiento, aprendemos a apreciarlas y saborearlas.

    Nos permite penetrar en el significado interior de las verdades reveladas y, a través de ellas, crecer a la novedad de la vida. Nuestra fe deja de ser estéril e inactiva, e inspira un modo de vida que testimonia elocuentemente la fe que hay en nosotros.

    Comenzamos a caminar dignos de Dios en todas las cosas agradables, y aumentando en el conocimiento de Dios.

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  2. Sonríe, por favor. Lo necesitas tú, lo necesitamos todos. Aunque sea con disimulo tras la mascarilla. Pero cuando hay alegría se nota en los ojos. Una mirada alegre siembra paz y confianza. El Papa Francisco no se cansa de llamarnos a la alegría evangélica, la que hace amigos, más aún, la que hace hermanos.

    “La verdadera virtud no es triste y antipática, sino amablemente alegre”.
    -Camino- San Josemaría Escrivá de Balaguer

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  3. Sonríe, por favor. Lo necesitas tú, lo necesitamos todos. Aunque sea con disimulo tras la mascarilla. Pero cuando hay alegría se nota en los ojos. Una mirada alegre siembra paz y confianza. El Papa Francisco no se cansa de llamarnos a la alegría evangélica, la que hace amigos, más aún, la que hace hermanos.

    “La verdadera virtud no es triste y antipática, sino amablemente alegre”.

    (Camino, Escrivá de Balaguer)

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