Ninguna condena a los casi 4.000 supuestos casos de abusos por sacerdotes

Me envía un amigo este enlace de un artículo sobre los supuestos 4000 casos alemanes acerca de abusos a menores realizados por sacerdotes. Por su interés y por el vacio informativo del tema me parece relevante ponerlo en el blog. Aquí lo copio:

En 2018 el presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, cardenal Reinhard Marx, habló de horror, repulsión y vergüenza después de que se publicara el estudio MHG que documentaba los supuestos abusos de 1.670 clérigos. Año y medio después no hay siquiera procesos penales abiertos, ya sea por prescripción, falta de pruebas o simplemente porque no hay sospecha suficiente.

Ninguna condena o proceso penal abierto a ninguno de los 1.670 clérigos que presuntamente son responsables de los 3.677 casos de abuso a menores o personas vulnerables del Informe MHG de la Conferencia Episcopal de Alemania después de año y medio.

En septiembre de 2018, la Conferencia Episcopal alemana publicaba un informe encargado por ella que documentaba un total de 3.677 supuestos casos de abusos sexuales, cometidos por 1.670 sacerdotes católicos desde 1946 hasta 2014.

El informe fue elaborado por la las universidades de Mannheim, Heidelberg y Giessen, de donde toma el nombre de MHG. Según el informe aproximadamente la mitad de las víctimas de esos abusos eran menores de 13 años y en uno de cada seis casos se trató de «alguna forma de violación», según cita la publicación. La mayor parte de los abusados eran de sexo masculino.

El Cardenal Marx dijo que sería «un proceso doloroso», días después afirmó

«Me siento avergonzado cuando miro hacia afuera, viendo a muchos que no quisieron creer lo que sucedió, que trivializaron y no quisieron mirar, y no quisieron escuchar. Me incluyo»

La prensa, instigada en parte por la conducta de la propia Conferencia Episcopal, presentó los casos documentados como si fuesen casos probados, cuando no habían siquiera sido juzgados.

Entonces algunos expertos criticaron la pompa con la que fue presentado el estudio alertando «que un tercio de los cargos detallados ni siquiera correspondían a abusos sexuales, otro tercio remitía a la palabra de una persona contra otra, el 6% de los casos enumerados fueron acusaciones ya rechazadas por la fiscalía. Incluso se enumeraron declaraciones anónimas».

Otros, como el criminólogo alemán Christian Pfeiffer, que fue apartado de la primera fase de elaboración del estudio MHG, dice que todo no ha sido más que un “espectáculo” y pide la renuncia del cardenal Reinhard Marx de la presidencia de la Conferencia Episcopal.

Estudio histórico y prescripciones

Las falsas expectativas, e injusticias manifiestas, generadas por el Cardenal Marx y algunos de los obispos alemanes se deben a que por un lado no es más que un estudio histórico que no tiene por qué tener consecuencias penales, pues no tuvieron en cuenta los plazos de prescripción legal y la correcta tipificación penal.

Esta situación ha generado injusticia, no solo para los acusados, también especialmente para las víctimas pues según el estado actual, difícilmente habrá nuevos procesos penales contra los abusadores.

En Baviera, el segundo mayor estado federal y el de mayor porcentaje católico, la fiscalía no ha presentado un solo caso en año y medio. Casi todas las investigaciones sobre personas sospechosas se detuvieron en las fases iniciales, como lo mostró una encuesta entre los tres fiscales en Munich, Bamberg y Nuremberg . Todavía se están llevando a cabo cuatro investigaciones en Baviera, se han enviado algún caso a fiscales fuera de Baviera. Todos los demás han sido cerrados.

Las diócesis bávaras denunciaron a 321 clérigos del informe ante los fiscales del Estado bávaro. Se identificaron 312 por su nombre, 124 de ellos ya estaban muertos. De los 188 sospechosos sobrevivientes, los expedientes fueron devueltos directamente a las diócesis en 34 casos, porque, según un portavoz del Fiscal General de Munich, «después del primera vista, obviamente no hubo crimen»

No hay comentarios de la Conferencia Episcopal alemana (DBK)

La tan locuaz en otras ocasiones DBK, no ha querido en este caso comentar sobre los resultados de la investigación en Baviera. Tampoco hay casos documentados de denuncias o procesos en otros estados abiertos después de la publicación del Informe MGH. Sin embargo el portavoz de la DBK, Matthias Kopp, rechazó firmemente las acusaciones de Pfeiffer.

La gestión del caso por parte del Cardenal Marx y otros miembros de la Conferencia Episcopal no ha dejado tampoco satisfecho al progresiste «Somos Iglesia», que por boca de su portavoz, Christian Weisner, afirmó que el estudio fue diseñado para “traer solo resultados generalizados con el fin de proteger el anonimato tanto de los perpetradores como de los responsables en ese momento en el liderazgo de la iglesia (…)”.

De la misma manera, esta gestión ha contribuido a alimentar que el bombo que se le dio iba más encaminado a forzar la agenda del Cardenal para la abolición del celibato sacerdotal y la introducción de las diaconisas, basta recordar que el propio estudio nombraba ciertos factores de riesgo como el celibato, el celibato de los sacerdotes, y las estructuras de poder en la iglesia y silenciaba que la abrumadora mayoría de los abusos documentados eran homosexuales.

4 comentarios sobre “Ninguna condena a los casi 4.000 supuestos casos de abusos por sacerdotes

  1. El papa Benedicto XVI ha reconocido públicamente los casos de pedofilia cometidos por sacerdotes, ha pedido perdón a las víctimas y sostenido que los culpables deben responder ante los tribunales. Así mismo, el papa Francisco publicó una carta dirigida «al Pueblo de Dios» el 20 de agosto de 2018 en la que condena los abusos sexuales cometidos por los sacerdotes. El director de la Sala de Prensa del Vaticano indicaba que el papa Francisco dice que se necesita urgentemente que los culpables rindan cuentas, no solo los que cometieron esos crímenes, sino también aquellos que los cubrieron. Lo cual en muchos casos incluye a los obispos. Además de hacer un llamamiento a toda la Iglesia Católica para que se adopten las medidas de protección necesarias en todas las instituciones. y que el texto del papa «es para Irlanda, para Estados Unidos, es para Chile, pero también para el resto de fieles que conforman el pueblo de Dios.»

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  2. EN LA CUMBRE

    ANTROPOLOGÍA Y VALORES

    viernes, 24 de enero de 2020

    Un sacerdote en la selva del Amazonas

    El celibato es sentirse pobre y, a la vez, ser el más rico, porque nada necesitas. El pobre no tiene derecho a nada porque no es nadie. Tan solo puede dejarse amar por Nuestro Señor, que le desprenderá de todos los afectos.

    Los sacerdotes del Amazonas vivimos la castidad como especial consagración al amor de Dios, que nos eligió y pensó en nosotros antes de la creación del mundo (Ef 1, 4), y respondemos a esa llamada con total desprendimiento y en plena libertad.

    El celibato es una manera de amar y vivir en una comunión de corazones que crece de día en día. Es vivir solo para amar a Dios y servirle, para escucharle y obedecerle.

    Es un diálogo de amor permanente, amor que es imposible encontrar en este mundo ni comparar con otros amores. Amor pleno, que llena esa sed de Dios: «¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y he aquí que Tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no lo estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuvieran en ti, no serían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed, me tocaste, y abráseme en tu paz» (San Agustín).

    Es amarle y sentirse amado de manera muy singular, beber de las fuentes divinas de su Corazón, dejarlo todo y, a la vez, no dejar nada, comparado con lo que se recibe. Es fiarse totalmente, incluso cuando caminamos sin ver nada, aunque sea aparentemente un imposible seguirle, e incluso cuando algunos se pongan en nuestra contra.

    El celibato es decir fiat sin condiciones: «Si tú lo quieres Señor, hágase».

    Vivir el celibato en la selva del Amazonas, en un clima extremo, donde las familias no disponen de ingresos suficientes para cubrir sus necesidades básicas, es salir al encuentro del más necesitado, abriendo el corazón enamorado, mostrando al Señor y cantando su misericordia, agradecidos por su predilección.

    Vivir el celibato es vivir el Amor que lleva especialmente a amar a los que no son amados, a ver en los últimos a Cristo, solo y abandonado.

    El hermoso don del celibato llena y da sentido a la existencia. Es dejarse abrazar y estrechar por el pecho de Jesús, escuchar sus latidos que te dicen: «Te quiero», un te quiero incondicional, fiel y eterno.

    Ser célibe es estar siempre en camino, dispuesto a que Dios te llame a vivir en permanente aventura sueños irrealizables. Es estar desposado para siempre con Cristo en este mundo y para toda la eternidad.

    El celibato ensancha el corazón.

    El celibato es también consolar al Amor que no es amado ni correspondido y desagraviar con un amor reparador: «Donde haya odio que yo ponga amor, donde haya ofensa perdón… Que no me empeñe tanto en ser consolado como en consolar, en ser comprendido, como en comprender, en ser amado como en amar» (San Francisco de Asís).

    En la encíclica Spe Salvi, el Papa Emérito nos recuerda una preciosa cita de San Bernardo de Claraval: «Impassibilis est Deus, sed non incompassibilis» (Dios no puede padecer, pero puede compadecer). En efecto, «El Dios infinito y omnipotente» –en palabras de Benedicto XVI–, «se hizo hombre para poder com-padecer Él mismo con el hombre, de modo muy real, en carne y sangre, como nos manifiesta el relato de la Pasión de Jesús. Por eso, en cada pena humana ha entrado uno que comparte el sufrir y el padecer; de ahí se difunde en cada sufrimiento la con-solatio, el consuelo del amor participado de Dios» (Spe Salvi, n. 39).

    La dureza del día a día en la selva del Amazonas necesita un Amor que te lleva a dar a todo y no espera ser amado, un amor que nada quiere ni desea.

    El celibato es sentirse pobre y, a la vez, ser el más rico, porque nada necesitas. El pobre no tiene derecho a nada porque no es nadie. Tan solo puede dejarse amar por Nuestro Señor, que le desprenderá de todos los afectos.

    El celibato, también como el amor humano, exige renuncia y sacrificio. ¡Por amor está mi Dios crucificado! El grito agonizante del Calvario también ha llegado a la selva del Amazonas, grito del dolor del Corazón de Cristo por los dolores del mundo. Los últimos de la tierra son sus predilectos, y su dolor es su propio sufrimiento.

    El Espíritu Santo derrama este amor en nuestros corazones (Rom 5, 5), y por eso mismo queremos amar a los demás como Dios los ama: «Pues testigo me es Dios de cuanto os quiero a todos vosotros en el Corazón de Cristo Jesús» (Fil.1,8).

    El enamorado vive en búsqueda constante del Amado: «Busqué el amor del alma mía, lo busqué sin encontrarlo. Encontré el amor de mi vida, lo he abrazado y no lo dejaré jamás…» (Cant 3, 1-4).

    P. Ignacio María Doñoro, sacerdote misionero

    infocatolica.com

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