Las tres clases de amigos según Aristóteles

En la Ética a Nicómaco, Aristóteles clasifica las amistades en tres clases: según su utilidad, placer y bondad, en orden ascendente de dignidad. Aquí te dejo este interesante y divertido artículo de Aleteia

La amistad “utilitaria”

Para este tipo de amistad, Aristóteles describe una relación en la que ambas personas obtienen algún beneficio o utilidad entre sí. Se “disuelven fácilmente” y son poco profundas.

Cuando me mudé a L.A., me aferré a mis amistades, no con alegría y libertad, sino con desesperación. El miedo a no tener compañía era peor que estar con la persona equivocada. Y aunque quiero creer que valoro a cada una de mis amigas por su dignidad inherente, reconozco que definitivamente tengo un sistema de clasificación, y la utilidad está en algún lugar de la mezcla.

Hay amigas a las que puedo rescatar si aparece una “mejor opción”. A las que llamaré porque tengo que ver la nueva película de Wes Anderson y no quiero ir sola. Los amigas con los que comparto fotos de Facebook para evitar el silencio, para tener alguna prueba de una vida social al día siguiente.

Aristóteles no condena todas las amistades de utilidad como malvadas, egoístas o equivocadas, pero simplemente afirma que, de todos los tipos de amigos que puedas tener, estos son el nivel más bajo. Tienen un propósito, pero no proporcionan el mayor placer o significado.

La amistad del “placer”

Los segundos tipos de amistades tienen que ver con el placer. Estas son las personas que nos atraen. Hay una energía, un parentesco, un sentimiento de hogar. Tú valoras las mismas cosas. Tienes los mismos gustos. Estas amistades son importantes. ¿Cómo serían tus días universitarios sin encontrar finalmente a esos amigos que escuchan la misma música rara que te gusta, que comparten tus ideas políticas o tus aficiones? Estos amigos nos ayudan a definirnos.

Yo tuve muchas de estas amigas. Recuerdo las paredes de la sala de estar en la que dormimos la semana que rompí con mi novio; Recuerdo conducir a través de una tormenta de nieve para consolar a una compañera de habitación en duelo por un funeral. Y, por supuesto, las innumerables noches de maratones de rock y de cambio de ropa.

Una vez más, Aristóteles no menosprecia estas amistades, pero cree que pueden ser de corta duración, ya que es probable que nuestras necesidades y placeres cambien con el tiempo. Él las llama amistades de juventud. Porque estas personas pueden hacerte reír, sentirte afirmado y tener una identidad, pero es posible que no te hagan crecer. Para crecer, necesitas “la bondad”.

La amistad de la “bondad”

Las amistades de la “bondad” provienen de una admiración mutua por el carácter y las virtudes de cada uno. Ambos aspiran al mismo ideal. Estas amistades exigen amar y ser amadas. En estas relaciones, el logro mutuo de la “bondad” es más importante que la amistad misma.

Lo que pasa con las amistades de “bondad” es que no las verás si no las quieres. Puede ser una amistad que no tenga nada que ver con las demás. Ella podría odiar las fiestas. O las películas que te gustan. Podrían estar en desacuerdo sobre casi todo lo que en realidad no es tan importante. Es lo que me pasa con mi mejor amiga. Las primeras doce veces que coincidimos desde que la conocí no la tuve en cuenta porque no compartíamos casi nada. Pero ¡qué minúsculas y entrañables me parecen ahora estas diferencias!

Hubo noches en las que ella levantó mi espíritu en mis momentos más tristes y me señaló los caminos de la esperanza. En los meses anteriores a mi matrimonio, ella me preparó emocionalmente con su fuerza y ​​sabiduría de una manera desinteresada que nunca antes había experimentado. Cuando yo era la peor versión de mí misma, ella me exigía más fuerza. Y aunque originalmente yo prefería las amistades de concierto y de diversión, ella me enseñó que la amistad verdadera era mucho más que eso.

Todos recordamos el libro Frog and Toad de nuestra infancia, la amistad poco probable entre dos anfibios sorprendentemente diferentes. Encuentra tu sapo. Los amigos de la bondad pueden ser más difíciles de encontrar. Pueden llevar a los clubes de libros nauseabundos, o incluso peor, a salidas de bolos, pero valen la pena.

Busca a un amigo que acepte tus errores, que quiera que seas la mejor versión de ti mismo y que te ofrezca apoyo silencioso cuando necesites compañía. Cuando encuentras una amistad así, te das cuenta de que es la más valiosa. Un amigo de este tipo, en palabras de Aristóteles, “no puede ser igualado”.

3 comentarios sobre “Las tres clases de amigos según Aristóteles

  1. Son, por tanto, tres las especies de amistad….y en cada una de ellas se da la reciprocidad no desconocida. Así, los que se quieren por interés no se quieren por sí mismos, sino en la medida en que se benefician algo los unos de los otros. Igualmente los que se quieren por placer: las personas frívolas no tienen afecto a otros porque sean de una índole determinada, sino porque les resultan agradables. Por tanto, en los que se quieren por interés, el cariño obedece al propio bien de ellos, y en los que se quieren por el placer, a su propio gusto, y no por el modo de ser del amigo, sino porque le es agradable. Estas amistades lo son, por tanto, por accidente, puesto que no se quiere al amigo por ser quien es, sino porque procura en un caso utilidad y en otro placer. Tales amistades son, por eso, fáciles de disolver ya que cuando ya no son útiles o agradables el uno para el otro, dejan de quererse. Tampoco lo útil permanece idéntico, sino que unas veces es una cosa y otras, otra. Esta clase de amistad parece darse sobre todo en los mayores ( porque a esa edad ya no se busca lo que es agradable, sino lo útil ), y en los hombres maduros y jóvenes que buscan su conveniencia. En cambio la verdadera amistad de los jóvenes parece tener por causa el placer; éstos viven, en efecto, de acuerdo con el sentimiento, y persiguen sobre todo lo que les es agradable y lo presente; pero al avanzar en edad, las cosas que les resultan agradables son también otras. Por eso los jóvenes se hacen amigos y dejan de serlo con facilidad pero la amistad perfecta es la de las personas buenas de cualquier edad que quieren el bien del otro en cuanto son, por ello éstos son los mejores amigos, puesto que por su propia índole tienen sentimientos mutuos de amistad, y no por accidente; de modo que, pase lo que pase, la amistad permanece.

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  2. La amistad es el apego a otras personas que vamos conociendo a lo largo de la vida y con las cuales nos sentimos a gusto, contentos y comprendidos. La amistad es uno de los valores más importantes a desarrollar en la educación de las personas ya que se trata del afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece mediante las interrelaciones entre los seres humanos.

    Una persona amistosa y sociable es capaz de establecer relaciones con los demás caracterizadas por la libertad, la creatividad, la comprensión y la comunicación profunda de lo que nos parece más importante.

    El valor de la amistad nos dispone a ser amables y afectuosos con los otros y a tener interés por ellos renunciando a la hostilidad y el egoísmo. La amistad es sentirse a gusto con una persona, conversar y compartir sentimientos, convicciones, gustos, aficiones, opiniones, creencias y proyectos es algo en común, entre dos personas, donde debe haber absoluta estabilidad.

    Cada amigo que se tiene es especial e insustituible para la persona que lo tenga por eso la amistad se debe cultivar y valorar para que pueda durar toda una vida.

    La unión y complicidad entre dos personas no sólo se trata de un lazo emocional, sino también de la fe inquebrantable en la mejor versión de la persona y en el potencial que tiene dentro de sí.

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  3. La amistad, el plato fuerte de la vida
    Columna de opinión de Jesús Fonseca en La Razón, a raíz de una reciente carta de Mons. Fernando Ocáriz sobre la amistad.
    Revista de prensa
    20/01/2020
    facebook
    La Razón El plato fuerte de la vida
    ¿Quién no quiere tener a alguien con quien compartir un pensar y desear común? Una amistad inquebrantable, de esas que se edifican sobre el mutuo querer por querer. Un amigo que siempre esté ahí, a nuestro lado, es la mejor lotería que nos puede tocar. Lograr esa relación de amor del alma, que lleva a buscar el bien del amigo por encima de todo, constituye un tesoro reservado a unos pocos.
    Un amigo que siempre esté ahí, a nuestro lado, es la mejor lotería que nos puede tocar
    Sí, la amistad es «el plato fuerte de la vida», en acertada expresión de mi querido doctor Enrique Rojas, que yo le robo de vez en cuando. Hoy, en concreto, para encabezar esta gacetilla. Es incalculable la holgura que aporta un amigo fiel. Una forma de amor que a mí me seduce y que trato de colocar en el centro de mi vida. Me refiero a una amistad firme, leal, sincera.
    Precisamente a este compartir de pensamiento y sentimiento, de una manera firme y sincera, muy sincera, dedica un reciente texto Fernando Ocáriz, el prelado rojo del Opus Dei. Aclaro: digo lo de rojizo porque nació en el exilio, hijo de padres republicanos; y, claro, con esos antecedentes, se entiende que sienta predilección por estos temas que llevan el rastro de su corazón y defienda con vehemencia, en esta larga reflexión, «el inestimable valor social de la amistad, como contribución a la armonía y a la creación de ambientes sociales más dignos de la persona humana». Algo, por otra parte, muy cristiano.
    Me ha gustado este llamamiento de Monseñor Ocáriz a compartir con los demás alegría y sinsabores, afanes e ilusión
    Me ha gustado este llamamiento de Monseñor Ocáriz a compartir con los demás alegría y sinsabores, afanes e ilusión. Vivir es esto. ¡Qué, si no! «Jesús, ¡quiere mucho!», me repetía con aquella mirada limpia que pertenecía más al cielo que a la tierra, mi irreemplazable amigo Javier Echevarría. Pues sostiene el prelado rojo que «valorar a quien es distinto o piensa de modo diverso es una actitud que denota libertad interior y apertura de miras: dos aspectos de una amistad auténtica». ¡Qué gran verdad!
    «Necesitamos descubrir lo bueno en cada persona y renunciar al deseo de hacerlas a nuestra imagen». Cierto, muy cierto, Don Fernando: las cosas del querer no tienen cómo ni porqué. Al contrario: «el amigo no puede tener, para su amigo, dos caras. El hombre falso, de ánimo doble, es inconstante en todo». Estarás de acuerdo conmigo, amable lector, en que la verdadera amistad exige renuncia, rectitud; osadía y generosidad. Si no es un intercambio de calderilla. Algo que nada tiene que ver con el plato fuerte de la vida.

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