Una vida oculta

Una Vida Oculta”, (imdb 7,6) la última obra maestra del director americano Terrence Malick, dedicado a un héroe desconocido para muchos, el beato Franz Jägerstätter (fue declarado beato el 26 de octubre de 2007 en la catedral de Linz por Benedicto XVI).


Franz encarna el antihéroe del imaginario colectivo, pero representa en su sencillez y coherencia la fuerza inconmovible de quien no se pliega ante los hombres, de quien no se vende a la corrupción del alma, sino que encuentra su más alta expresión en la fe en Dios, en el amor a la familia y al prójimo. 

Es suficiente un hombre para marcar la diferencia: un hombre bueno, verdadero, pacífico, este es el verdadero hombre sin tiempo de Malick. 

Naturaleza y sencillez, una vuelta a lo esencial

El film transcurre lento, recorriendo escenas de vida cotidiana e imágenes estupendas, muy bucólicas, que componen poco a poco un cuadro, llenando el alma del espectador de preguntas existenciales.

La belleza de los paisajes, el amor indestructible entre el protagonista y su mujer (fallecida en 2013), pero sobre todo la fe, transforma la película en una llamada a la conciencia de todos. 

Memoria para no recaer en los errores del pasado

La ambientación histórica parece ser casi una advertencia a no volver a caer en los horrores del pasado. La película es una invitación a tomar partido: a través del ejemplo de Franz, a luchar contra el mal, a dar testimonio de la propia fe.

Y que el tema de la memoria es importante para Malick, se entiende también del título del film, tomado de un verso de la escritora inglesa George Eliot: “Pues el bien creciente del mundo depende en parte de actos no históricos; y las cosas no son tan negativas para ti y para mi como habrían podido serlo, en parte a causa del número de personas que vivió fielmente una vida oculta, y descansa en tumbas no visitables”.

La proyección del film de Malick, el 4 de diciembre, quiso celebrar los sesenta años de vida de la Filmoteca Vaticana, instituida por el Papa Juan XXIII el 16 de noviembre de 1959, que hoy conserva más de 7.000 películas en su archivo histórico, y que se ha convertido en un lugar privilegiado de dialogo entre la Iglesia y el mundo de la gran pantalla.

Fuente: aleteia

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