Y ¿qué pasa con el fondo de perfeccionismo o de baja autoestima?

En una conferencia sobre enfermedades neuróticas —como la depresión reactiva, la angustia o el insomnio—, un prestigioso psiquiatra subrayó la conveniencia de distinguir entre tres tipos de factores: las variables químicas (los síntomas derivados del desarreglo químico), las variables precipitantes que desencadenan la enfermedad (como el estrés provocado por algún conflicto o la adversidad que genera frustración) y las variables predisponentes (las que tienen su origen en la personalidad del enfermo, como el perfeccionismo o la baja autoestima). El psiquiatra expuso a continuación las posibles terapias. En primer lugar, para paliar el desarreglo químico, contamos con diversos medicamentos (antidepresivos, ansiolíticos y somníferos). En segundo lugar, para solucionar las circunstancias que propician el trastorno mental, el médico apremia al paciente a descansar, desconectando del motivo de agobio y ocupándose de otras tareas más gratificantes. Pero no vio un remedio claro para neutralizar las causas profundas de esas enfermedades.

Uno de los asistentes a la conferencia intervino a continuación para pedir al psiquiatra que ahondara algo más en cómo se puede ayudar a un paciente a superar su falta de autoestima, teniendo en cuenta que puede estar ahí el origen de su enfermedad y que, por tanto, mientras no se solucione ese problema de fondo, las recaídas en momentos de crisis serán inevitables. El especialista respondió que no conocía ninguna solución estable y definitiva. Sobre los remedios paliativos, explicó que primero pedía al paciente que rellenase unos cuestionarios para analizar los rasgos negativos en su personalidad. Después, al comentar con él esos defectos, se limitaba a darle algunos consejos prácticos (como cultivar una actitud más positiva esforzándose por tomarse las cosas con más sentido del humor o siendo más tolerante consigo mismo). Por último, intentaba infundirle ánimos, alegando que todos tenemos deficiencias personales y que siempre es posible potenciar los rasgos positivos de la personalidad para compensar los negativos.

Mucho de lo dicho por el psiquiatra conecta de algún modo con lo expuesto hasta ahora a propósito de esa visión positiva de nuestras carencias que tanto facilita el Amor misericordioso. Ya vimos que somos como un coche que necesita gasolina para poder funcionar, de modo que, para preservar nuestra salud psíquica, debemos optimizar la gestión del combustible. Las personas con desarreglos psíquicos suelen disponer de un depósito pequeño que, además, pierde gasolina. Por tanto, para ayudarles, los remedios médicos no son suficientes. Limitarse a recetar medicamentos y descanso sería como echar gasolina a un depósito agujereado.

Si para animar a un deprimido, le decimos únicamente que todos tenemos defectos, podría acabar aceptándolo, pero alegaría después que le gustaría cambiar sus limitaciones por las de otras personas, lo que no solucionaría el problema. Si no se acepta tal como es, será difícil que goce de paz interior. Sándor Márai recrea esta situación a través de una novela en la que dos ancianos rememoran su vida. En un momento dice uno a otro: «En el fondo de tu alma habitaba una emoción convulsa, un deseo constante, el deseo de ser diferente de lo que eras. Es la mayor desgracia con la que el destino puede castigar a una persona. […] Tenemos que conformarnos con lo que somos, […] saber y aceptar que somos vanidosos, egoístas, calvos y tripudos».

En mayor o menor medida, todos tenemos que resolver el mismo problema de fondo. Nuestra autoestima no estará suficientemente cimentada mientras no encontremos las verdaderas razones para estar contentos de ser tal como somos. Si sabemos que el Señor nos quiere a pesar de nuestros defectos, no habríamos calado en la profundidad de su Amor misericordioso. El amor a uno mismo es mucho más que la aceptación de uno mismo. Pongamos que a una persona con problemas de autoestima sus familiares le recuerdan con frecuencia lo mucho que la quieren; con esto, saldrá reconfortada pero no curada. Mientras piense que no vale nada pero que sus familiares son muy indulgentes, no resolverá su problema de fondo, que es una baja autoestima. Sólo se curará el día en que descubra que el amor que recibe no se debe sólo a la benevolencia ajena, sino también a cierta amabilidad suya que la hace atractiva y facilita que otros la quieran.

2 comentarios sobre “Y ¿qué pasa con el fondo de perfeccionismo o de baja autoestima?

  1. Dios quiere que sepamos que su amor por nosotros es más grande que nuestros defectos y errores. Él puso su mirada en nuestra vida con el propósito de hacernos un vaso de honra. Él, el Dios que todo lo sabe y todo lo puede vió el enorme potencial que tenemos para poder usarnos como canal de bendición para bendecir a muchas otras personas.

    Jesucristo murió por ti y por mi para que vivamos por Él. ¿Acaso crees que Dios pagó un alto precio, para después abandonarte? Tu y yo sabemos que no. Dios nos valora y ama tal y como somos; quiere usarnos, para Su honra y gloria. Solo tenemos que estar dispuestos….

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  2. Reírnos de nuestros fracasos y problemas y priorizar el sentido del humor es básico. No podemos tomarnos tan en serio lo que nos pasa. Para superarse es necesario asumir el error y la imperfección, y reírse de uno mismo. Sabemos que la persona que ríe activa el músculo orbicular del párpado, que tiene una relación con el sistema límbico. Eso genera endorfinas y sustancias positivas para el organismo. Está comprobado que cuando uno se ríe a carcajadas hay una explosión luminosa en el cerebro, como se ha visto en alguna resonancia magnética. El sentido del humor es una vitamina para el cerebro muy buena para la salud.

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