Al hilo del Evangelio de la semana

Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra? La obsesión con la muerte ha conducido con frecuencia cerca de la locura. Pero su ignorancia es, en cierto modo, incluso peor. El cristiano no está obsesionado con la muerte, porque su obsesión es Cristo, y Cristo es la Vida. Además sabe mirar serenamente a la muerte con los ojos de la fe. Y aunque el cuerpo tiemble, porque no ve nada y la nada da miedo; el alma cristiana, con la luz de la fe, descubre unos brazos amorosos más allá, que le llenan de confianza y abandono… ¿Encontrará esta fe en la tierra? Jesús, ayúdame a mantener esta fe hasta el final.

San Pablo anima a Timoteo: ¡Acuérdate de Jesucristo! ¡Qué gran cosa ésta Pablo! ¿Y si para no olvidarlo, ponemos tu y yo, por ejemplo, en la puerta del frigorífico, un post-it o un imán que nos recuerde a Jesús? Dicen que Elizabeth Taylor se hizo fabricar una nevera parlante, que, cada vez que la abría, le insultaba: «Cow! Cow!» [es decir: «¡Vaca!»]… Pero fíjate que también el mismo Señor nos propone un post-it: “Acordaos de la mujer de Lot…” !Vaya! Eso es para que no andemos mirando donde no debemos; o distrayéndonos mirando el móvil mientras hacemos la oración…

Mirad el reino de Dios está en medio de vosotros… Hace un tiempo alguien comentaba que había descubierto a Dios dentro de él… Y es que cuando estamos en gracia, si nos recogemos interiormente, descubrimos un cielo interior donde podemos quedarnos aunque fuera esté ganando la muerte y dolor, porque es necesario que el cristiano –como Cristo– padezca mucho y sea reprobado por esta generación… Y mientras esto sucede el hombre interior vive su gaudium cum pace, su gozo y su paz, en el reino de Dios que está en medio del él.

[Aquel leproso] Se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias… Imaginas la escena y lo entendemos bien, ¡qué gran favor! Pero a ti no, tu terminas tu oración quejoso porque el catarro sigue ahí desde hace varios días… Vamos a agradecer tu y yo un momento: por existir, por el cuerpo humano, por la inteligencia, por la libertad, por la conciencia…. ¿Todavía sigues con tu resfriado?… Es como si aquel leproso, después de haber sido curado, le hubiera dicho al Señor: “¡La lepra me la quitaste, pero aún sigo acatarrado!”. Anda, sé agradecido!

¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Te lo han dicho muchas veces, pero parece que aun no te has enterado: Dios no te debe nada… Mírate un momento: no parece que en vez de pedir, ¡estás exigiendo a Dios!

———

Para otra meditación aquí pongo 4 anécdotas sobre la Eucaristía:

  1. La mano seca y la eucaristía… distracciones?
  2. La niña mártir de la Eucaristía… valorarla con la vida! 
    1. Terremoto Haití y la custodia bajo las ruinas de la catedral
  3. Sin piernas y sobre la ardiente arena… vale la pena el sacrificio!

4 comentarios sobre “Al hilo del Evangelio de la semana

  1. El Hijo del hombre vendrá como el fulgor del relámpago, pero primero es necesario que padezca mucho: el sufrimiento, la cruz, la cruz cotidiana de la vida, la cruz del trabajo, de la familia. El reino de Dios es humilde, como la semilla: humilde; pero se hace grande por el poder del Espíritu Santo. Y a nosotros nos toca dejarlo crecer, sin gloriarnos. Dejar que el Espíritu venga, nos cambie el alma: pedir al Señor esta gracia de cuidar el reino de Dios que está dentro de nosotros y en medio de nosotros, cuidarlo con la oración, la adoración, el servicio de la caridad, silenciosamente.

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  2. Creo que vivir creyendo que hay un Dios que te va a castigar o enjuiciar la vida de alguien , con los consiguientes castigos ,infierno y demás historias
    ,puede causar todavía muchísimo más miedo, que la muerte sin creer en nada mueres se acabó…..A mí no me da miedo la muerte el sufrimiento si la decrepitud la dependencia de otro,el dolor, eso sí.

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  3. El fruto de nuestras acciones y la coherencia con la que vivamos es lo que realmente demostrará la validez de lo que decimos y creemos. El ser creyentes no nos hace perfectos, cometeremos muchos errores en el camino, pero el aceptar los fallos e intentar ser mejores personas nos hará transparentes.

    ¿Para qué seguir instando a que nos ataquemos entre creyentes y no creyentes cuando lo que necesitamos son espacios en los que, como ciudadanos, podamos expresarnos sin temor a ser señalados, atacados o amenazados? La tolerancia siempre será un término para aplicar en dos vías: la doy a otros para esperar recibirla de vuelta.

    No, no es momento de avergonzarse por lo que creemos. Al contrario, es hora de demostrar que en un mundo caótico se puede vivir de manera diferente y con una fe digna de ser admirada: ¡No podemos quedarnos callados!

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