Sin miedo

Seguimos con el libro de M. Esparza “Amor y autoestima

Sabernos hijos de tan buen Padre nos ayuda a corregir la noción del temor de Dios y a purificar el orgullo que suele empañar el deseo de progresar en nuestra vida cristiana. Ya vimos que la soberbia lleva a distorsionar las intenciones de Dios para con sus criaturas, «poniendo en duda la verdad de Dios, que es Amor, y dejando la sola conciencia de amo y esclavo». Con esta falsa imagen de Dios, hay quienes se rebelan contra Él. Pero no todos. Otros no le abandonan, pero se someten con mentalidad de esclavos. Se limitan a cumplir sus deberes religiosos por temor a ser castigados. Creen que caerán en desgracia ante un Dios al que ven ante todo como dominador. Este temor servil proviene, en última instancia, de haber empequeñecido el Amor de Dios.

Hace cuatro mil años, los hombres estaban muy alejados de la verdad. Dios, al revelarse, como buen pedagogo, procedió por pasos. El Antiguo Testamento es comparable a la enseñanza primaria; el Nuevo Testamento, a la secundaria. En el Antiguo Testamento, sin muchos matices, se muestran las verdades más básicas, como la grandeza de Dios Creador y el consiguiente temor reverencial o la actitud de profundo respeto y alabanza que se merece. En el Nuevo Testamento, Jesucristo, al descubrirnos las profundidades del Amor de Dios, nos enseña un nuevo tipo de temor: el temor filial, que es propio de quien se sabe hijo de Dios y sólo teme herir el corazón de su Padre. Lo nuevo no quita lo antiguo, sino que lo trasciende. Así también, el temor filial no excluye el temor reverencial; por eso, en la catequesis cristiana, antes de hablar de la filiación divina, habría que fomentar un profundo respeto hacia Dios, que nos ha creado y nos juzgará. No se trata de inculcar un temor servil, sino una actitud de respeto hacia lo sagrado y de estupor ante lo blasfemo. Saber que Dios me juzgará podría infundirme un temor excesivo, pero, si soy realista, a quien tendría que temer no es a Dios, sino a mí mismo, ya que puedo hacer mal uso de mi libertad privándome así del regalo eterno que Dios me quiere otorgar.

Interiorizar con hondura la realidad de la filiación divina es el mejor antídoto contra el temor servil. San Josemaría acostumbraba a decir que no entendía otro temor de Dios que no sea el del hijo que sufre porque ha disgustado a su padre. Si somos conscientes de la cercanía constante y solícita de tan buen Padre, «ya no hay espacio para la actitud fría y encogida, entre farisaica y puritana, que reduce la religiosidad a un mero intentar estar en regla con un Dios de la severidad. Ni tampoco para la superficialidad o rutina en el trato con Dios». Detrás de actitudes religiosas de corte escrupuloso y perfeccionista, encontramos siempre una mezcla explosiva de buena voluntad, amor propio y temor servil. Este temor excluye el amor: «quien teme no es perfecto en la caridad», sentencia San Juan. «Para nosotros, el temor de Dios radica en el amor».

La falta de sintonía con las intenciones amorosas de Dios Padre comporta a veces profundos desasosiegos. Lo ponen de manifiesto las personas con temperamento inseguro que, inconscientemente, empequeñecen el Amor de Dios. Y es que los ata lo que podría liberarlos. Su relación con Dios se ha convertido en un peso innecesario, mientras que, si conectaran con su Amor, serían inmensamente felices. Reducen su vida cristiana «a un entramado agobiante de obligaciones, que deja el alma sometida a una tensión exasperada». En el fondo, es la falta de humilde autoestima la que deteriora su relación con Dios y da lugar a todo tipo de quebraderos de cabeza.

Algunos se asfixian tanto en su lucha por mejorar, que prefieren cruzarse de brazos. Otros luchan, pero lo hacen de modo perfeccionista; su empeño por mejorar está ante todo motivado por un afán obsesivo de estar en regla con Dios. «Cuando pienso en el reino de Dios —relata Nouwen—, en seguida me viene a la mente la idea de Dios como guardián de un enorme marcador celestial, y siempre temo no llegar a la puntuación necesaria. Pero cuando pienso en la bienvenida de Dios al mundo, descubro que Dios ama con un amor divino, un amor que da a cada hombre y a cada mujer su unicidad sin establecer nunca comparaciones».

Un comentario sobre “Sin miedo

  1. Una esperanza que da fuerzas para vivir la vida en el mundo presente.

    Ahora me detengo a mirar al cielo. Pienso en esa vida que anhelo, porque mi corazón está hecho para la eternidad. Y mis sueños son infinitos. Y mi nostalgia es de paraíso. Eso lo sé. Por eso pienso en el cielo.

    Pienso en María. Sé que Ella me espera al final de mi camino. Me animan por eso las palabras del santo Cura de Ars: “No se entra en una casa sin hablar antes con el portero. La Virgen será la portera del cielo”.

    María me cuida en cada paso y además me estará esperando.
    Dice la Biblia: “Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor. Mis pies estuvieron firmes en tus caminos y no vacilaron mis pasos. Yo te invoco porque Tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras. Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme”.

    Al final de mi camino descansaré. Mientras, en la tierra me dejaré la vida hecha jirones en el corazón de los hombres. No temeré el cansancio, ni la pérdida, ni el fracaso. Porque mi vida está hecha para Dios. Y allí María me espera para consolarme y saciarme. Esa confianza es la que me da alas para vivir el presente.

    No quiero que llegue el cielo ahora. Pero sé que cuando llegue descansaré en su regazo. No tengo miedo de su mirada. Sabe lo que hay en mi corazón. Conoce mi verdad, mi fragilidad. Sabe de mis miserias, se las he entregado ya tantas veces…

    Y me promete una felicidad sin límites. Aquí en la tierra experimento las deficiencias de mi carne humana. En el cielo todo será pleno. Este domingo Jesús quiere que mire mi vida con esperanza.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s