¿La religión de la misericordia del hombre para con Dios?

Para M. Esparza en su libro Amor y autoestima, la falta de rectitud de intención no está vinculada únicamente al orgullo; también se muestra en la falta de sintonía con la persona amada. Es otra de las enseñanzas que contiene la parábola del hijo pródigo.

Al hermano mayor le falta humildad, pero, además, no ha comprendido la razón de amor que mueve al padre a pensar continuamente en el bienestar de sus dos hijos, mientras ellos van a lo suyo sin preocuparse del dolor o del gozo que pueden causar. La parábola nos revela no sólo el camino que el hijo pródigo debe recorrer para volver a casa, sino también el inmenso dolor del padre por su extravío, por esa «autolesión que él mismo se inflige». Durante su ausencia, «su padre vive preocupado: aguarda, espera su regreso, escruta el horizonte. Respeta la libertad de su hijo, pero sufre». Es la cara positiva del lado amargo de nuestras ofensas a Dios: es la prueba de que nos ama. «Es un Dios que se alegra con nuestro cariño y al que le duele nuestro desamor».

Ninguno de los dos hermanos sabe ponerse en la piel de su padre. [1] El pródigo se sorprende de la magnanimidad con que es recibido. En sus maquinaciones para volver tenía previsto trabajar como un jornalero más para expiar su culpa. Si hubiera sabido que su padre se pasaba el día escrutando el horizonte, habría regresado mucho antes. [2] La actitud del hermano mayor también deja mucho que desear. No es consciente de que su intachable y fría conducta hace sufrir igualmente a su progenitor. Si los dos pensaran menos en sus problemas personales y más en el dolor que provoca su alejamiento -desde la distancia física o replegando su orgullo-, volverían con urgencia al padre. Péguy pone estas palabras en boca de Dios: «Me hacéis esperar mucho. Me hacéis esperar demasiado la penitencia tras la falta y la contrición tras el pecado».

Los cristianos podemos incurrir con frecuencia en esa falta de sintonía con el Señor. «De ordinario —observa Javier Echevarría, miramos a Dios como fuente y contenido de nuestra paz: consideración verdadera, pero no exhaustiva. No solemos pensar, por ejemplo, que también nosotros “podemos” consolar y ofrecer descanso a Dios. Así han procedido los santos». Gustave Thibon va más lejos. Entrevistado al final de su vida, afirmó: «Durante demasiado tiempo, los hombres han rogado a un Dios-César; ya es hora de que escuchen el ruego de un Dios-esclavo. […] Después de la religión sobre la misericordia de Dios para con los hombres, ¿veremos una religión que hundirá sus raíces en la misericordia del hombre para con Dios?».

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s