Santo ni es el que no cae, sino el que siempre se levanta

Recuerdo ahora -predicaba San Josemaría- aquel sueño de un escritor del siglo de oro castellano. Delante de él se abren dos caminos. Uno se presenta ancho y carretero, fácil, pródigo en ventas y mesones y en otros lugares amenos y regalados. Por allí avanzan las gentes a caballo o en carrozas, entre músicas y risas -carcajadas locas-; se contempla una muchedumbre embriagada en un deleite aparente, efímero, porque ese derrotero acaba en un precipicio sin fondo. Es la senda de los mundanos, de los eternos aburguesados: ostentan una alegría que en realidad no tienen; buscan insaciablemente toda clase de comodidades y de placeres…; les horroriza el dolor, la renuncia, el sacrificio. No quieren saber nada de la Cruz de Cristo, piensan que es cosa de chiflados. Pero son ellos los dementes: esclavos de la envidia, de la gula, de la sensualidad, terminan pasándolo peor, y tarde se dan cuenta de que han malbaratado, por una bagatela insípida, su felicidad terrena y eterna. Nos lo advierte el Señor: quien quisiere salvar su vida, la perderá; mas quien perdiere su vida por amor a mí, la encontrará. Porque ¿de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma.
Por dirección distinta, discurre en ese sueño otro sendero: tan estrecho y empinado, que no es posible recorrerlo a lomo de caballería. Todos los que lo emprenden, adelantan por su propio pie, quizá en zigzag, con rostro sereno, pisando abrojos y sorteando peñascos. En determinados puntos, dejan a jirones sus vestidos, y aun su carne. Pero al final, les espera un vergel, la felicidad para siempre, el Cielo. Es el camino de las almas santas que se humillan, que por amor a Jesucristo se sacrifican gustosamente por los demás; la ruta de los que no temen ir cuesta arriba, cargando amorosamente con su cruz, por mucho que pese, porque conocen que, si el peso les hunde, podrán alzarse y continuar la ascensión: Cristo es la fuerza de estos caminantes.
¿Qué importa tropezar, si en el dolor de la caída hallamos la energía que nos endereza de nuevo y nos impulsa a proseguir con renovado aliento? No me olvidéis que santo no es el que no cae, sino el que siempre se levanta… (Amigos de Dios,130ss)

4 comentarios sobre “Santo ni es el que no cae, sino el que siempre se levanta

  1. El problema es cuando el desánimo pesa para levantarse. Dado que tropezamos (yo al menos), no una, ni dos, sino hasta más de “setenta veces siete”. Mal traje se puede hacer con este tejido, que se desgasta y se rompe fácilmente con el roce y la intemperie. ¡Qué paciencia del costurero que una y otra vez remienda mi alma!
    Un fuerte abrazo, ánimo y que no de-caiga!!! ;))
    Muy bonita la entrada.

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  2. Es complicado,a veces la vida por caminos demasiados rectos y unas cosas esquivan a las otras..Es como saber qué todo debería unirse en un punto pero no consigues unir ambas cosas…Mis divagaciones mentales,no sé si se ha entendido algo yo me entiendo pero no sé trasmitirlo.
    Saludos a todos.

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