“Amor y autoestima” de Michel Esparza

Los que seguís el blog, sabéis que de vez en cuando dedicamos varias entradas a algún libro de interés. “Amor y autoestima” es un magnífico libro de Michel Esparza y espero que os guste porque vamos a dedicarle algunas entradas ya que como el mismo autor dice en la introducción: “¿A quién no le interesa conocer algo capaz de proporcionar una paz interior estable, una autoestima sin engaños y una mejora notable de su capacidad de amar?“. El autor, tras describir a quien se dirige, esa generación formada en “el deber” y que ahora ronda los 50-60 años, dice claramente lo que pretende con este libro: “Quisiera hacer ver a esas personas que, en la vida cristiana al menos, las imperfecciones y los fracasos, lejos de ser una causa de agobio o de desaliento, pueden convertirse, paradójicamente, en motivo de agradecimiento. Quisiera, en definitiva, darles las herramientas para entender que sabernos realmente hijos de Dios es lo que más nos ayuda a vivir en paz con nosotros mismos y con los demás.“. Interesante ¿verdad? Pues empezamos.

En este primer fragmento el autor insiste en la necesidad de la humildad para poder amarnos a nosotros mismos y aceptar el amor que recibimos:

La humildad es una de las virtudes más difíciles y decisivas. Desarrollar y consolidar una buena relación con uno mismo no es tarea fácil. Pero vale la pena intentarlo porque de ello depende no sólo nuestra paz interior, sino también la felicidad en todos nuestros amores. En efecto, la experiencia muestra que la calidad de la relación con uno mismo determina la calidad de las relaciones con los demás. Es algo que ya observaron algunos pensadores antiguos. Aristóteles, por ejemplo, decía que para ser buen amigo de los demás, es preciso ser primero buen amigo de uno mismo.

Hay personas a quienes les resulta extraño que se mencione la importancia del amor a uno mismo, como si se tratase de algún tipo de egoísmo, algo en todo caso incompatible con la idea que tienen de la virtud de la humildad. Sin embargo, podemos constatar que este recto amor a uno mismo y el amor propio egoísta son inversamente proporcionales. Como veremos, una persona egoísta, en el fondo, más que amarse demasiado a sí misma, se ama poco o se ama mal. La persona humilde, en cambio, tiene paciencia y comprensión con sus propias limitaciones, y eso le lleva a tener la misma actitud comprensiva hacia las limitaciones ajenas.

Existe una estrecha relación entre ser amado, amarse a uno mismo y amar a los demás. En primera instancia, necesitamos ser amados para poder amarnos a nosotros mismos. Ver que alguien nos ama, nos hace conscientes de nuestra dignidad. Existe, además, una relación entre la actitud hacia nosotros mismos y la calidad de nuestro amor a los demás. […] Sabemos por experiencia que los mayores criticones suelen ser aquellos que han desarrollado una actitud hostil hacia sí mismos. Es lógico que una actitud conflictiva hacia uno mismo dificulte el buen entendimiento con los demás. En primer lugar, porque es difícil que quien esté absorbido por sus propias preocupaciones preste atención a las inquietudes ajenas. En segundo lugar, porque quien está a disgusto consigo mismo se suele volver susceptible con los demás. No es fácil soportar a los demás en momentos en los que uno ni siquiera se soporta a sí mismo.

Nada nos ayuda tanto a valorarnos como experimentar un amor incondicional. Si no, ¿cómo podríamos amarnos a nosotros mismos sabiendo que tenemos tantos defectos? Los complejos, tanto de inferioridad como de superioridad, deterioran nuestra paz interior y las relaciones con los demás, y sólo desaparecen en la medida en que amamos a alguien que nos ama tal como somos. Pero ¿podría cada uno recibir de una criatura un amor estable e incondicional? ¿No es acaso Dios el único capaz de amarnos de ese modo? Sin duda, el amor humano es más tangible, pero de una calidad muy inferior a la del Amor divino. Sirva para ilustrar lo que estoy diciendo el ejemplo de amor de una buena madre, del que brotan destellos que nos llevan a comprender mejor el Amor divino. Pero ninguna madre puede estar toda la vida a nuestro lado, ni es capaz de mostrarse siempre benévola hacia cada uno de nuestros defectos. El amor de los padres o de los buenos amigos nos ayuda a asegurar nuestros primeros pasos en la vida, pero la experiencia muestra que ese amor, a la larga, resulta insuficiente.

En definitiva, puesto que no somos capaces de amar de modo plenamente estable e incondicional, concluiremos que el desarrollo de nuestra capacidad afectiva depende, en última instancia y de modo decisivo, del descubrimiento del Amor de Dios. Para poder amarnos a nosotros mismos tal como somos, sin ningún tipo de engaño fraudulento, necesitamos descubrir las ventajas de nuestra propia flaqueza ante un Amante misericordioso… No basta con un conocimiento meramente teórico del Amor de Dios. Tiene que ser algo palpado, vivido. Se necesita, para ello, una gracia especial. Ciertamente, ningún progreso espiritual es posible sin la ayuda de la gracia divina.

20 comentarios sobre ““Amor y autoestima” de Michel Esparza

  1. Mostremos la alegría de ser hijos de Dios, exhorta el Papa Francisco

    “Mostremos la alegría de ser hijos de Dios”, fue la exhortación que lanzó el Papa Francisco a los miles de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro durante la catequesis de los miércoles, al recordarles que con su Resurrección Cristo regaló a los hombres y mujeres la dignidad de ser hijos del Padre y de nacer a una nueva vida.

    “A quien nos pide dar cuenta de la esperanza que hay en nosotros, mostremósle a Cristo Resucitado y hagámoslo con el anuncio de la Palabra, pero sobre todo con nuestra vida de resucitados. Mostremos la alegría de ser hijos de Dios, que nos da la libertad de vivir en Cristo, que es la verdadera libertad, la de la esclavitud del mal, del pecado y de la muerte!”.

    El Papa, que llegó a la Plaza de San Pedro en vehículo descubierto, explicó que “con la resurrección de Jesús sucede algo absolutamente nuevo: somos liberados de la esclavitud del pecado y nos convertimos en hijos de Dios, somos engendrados a una nueva vida. ¿Cuándo ocurre esto? En el Sacramento del Bautismo”.

    “El Espíritu que hemos recibido en el bautismo nos enseña, nos empuja a llamar a Dios ‘Padre’ o mejor. ‘Abbà’ que significa ‘papá’. Así es nuestro Dios: es un papá para nosotros. Este es el don más grande que recibimos del Misterio Pascual de Jesús. Dios nos trata como hijos, nos comprende, nos perdona, nos abraza, nos ama aun cuando nos equivocamos”, afirmó.

    El Santo Padre señaló que esta relación filial con Dios es un tesoro que no debe permanecer escondido “en un rincón de nuestras vidas”, sino que debe crecer y ser alimentado con la escucha de la Palabra de Dios, “la oración, la participación en los sacramentos, sobre todo la Penitencia y la Eucaristía y la caridad”.

    “¡Podemos vivir como hijos! Esta es nuestra dignidad, tenemos dignidad de hijos. Comportémonos como verdaderos hijos. Esto significa que cada día tenemos que dejar que Cristo nos transforme …significa tratar de vivir como cristianos, tratar de seguirle, incluso si vemos nuestras limitaciones y nuestras debilidades”, afirmó.

    En ese sentido, llamó a no caer en la tentación de dejar de lado a Dios “para ponernos a nosotros mismos en el centro”. “Al contrario, sólo comportándonos como hijos de Dios, sin desanimarnos por las caídas, sintiendo que nos ama nuestra vida será nueva, inspirada por la serenidad y la alegría. ¡Dios es nuestra fuerza! ¡Dios es nuestra esperanza!”.

    El Papa Francisco señaló a los fieles que “nosotros somos los primeros que tienen que mantenerse firmes en esta esperanza y ser un signo visible, claro y brillante para todos. El Señor resucitado es la esperanza que no falla, que no defrauda . ¿Cuántas veces en nuestra vida las esperanzas se desvanecen? ¿Cuántas veces las expectativas de nuestros corazones no se hacen realidad?”.

    “La esperanza de los cristianos es fuerte, segura, arraigada en esta tierra, donde Dios nos ha llamado a caminar, y está abierta a la eternidad, porque está fundada en Dios, que es siempre fiel… Ser cristiano no se reduce a seguir unas órdenes: quiere decir estar en Cristo, pensar, actuar y amar como Él, es dejar que él tome posesión de nuestra vida y la cambie, la transforme, para liberarla de la oscuridad del mal y del pecado”, afirmó.

    Finalmente invitó a mirar “a la patria celestial y así tendremos una nueva luz y más fuerza en nuestras tareas y esfuerzos diarios. Es un valioso servicio que tenemos que prestar a este mundo nuestro que a menudo ya no es capaz de levantar la mirada hacia arriba, hacia Dios”.

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  2. MEJORAR LA RELACION CONSIGO MISMO

    Mejorar la relación conmigo mismo PARA MI es todo un reto. La relación que establecemos con nosotros mismos es la más difícil, complicada y bonita que podemos forjar con nadie. A menudo nos maltratamos y juzgamos duramente. Lamentamos nuestros errores, nos exigimos la perfección y nos olvidamos de nosotros mismos. Si pensamos en los demás, sin embargo, los cuidamos, escuchamos, y les intentamos proporcionar el mayor bienestar posible. ¿Por qué no hacemos lo mismo con nosotros? ¿Qué nos impide ocuparnos de nuestro bienestar? ¿Qué hace que nos dediquemos tan poco tiempo de calidad? ¿Momentos para descansar, para disfrutar o para relajarnos?

    Nuestra educación, la sociedad y algunos valores erróneos que nos han inculcado, hacen que a veces podamos declararnos la guerra interna a nosotros mismos sin pretenderlo. Pensar que primero van los demás y asumir que si nos ocupamos de nosotros primero, estamos haciendo algo malo, hace que nos vayamos poniendo el terreno de “nuestra vida” cada vez más difícil. Ser nuestro peor enemigo, significa estar en piloto automático 24h al día sin darnos cuenta de cuáles son nuestras necesidades internas.

    La relación que creamos con nosotros mismos es la base que nos lleva hacia un camino de bienestar o desdicha. Tenemos que mejorar la relación con NOSOTROS mismos: Ser NUESTRO mejor amig@
    Mejor tratarnos con cariño y aceptación en vez de ser nuestro peor enemigo.

    Hagamos algo que nos guste, pinta, escribe, medita, corre, sal a dar un paseo, cuídate con algo sano y agradable para tu cuerpo. Date el permiso de disfrutar

    Juega, salta, ríe como un niño. Conecta con tu niño interior. Deja que salga a pasear. No importa que edad tengas ahora. Tu niño interior siempre va a estar contigo. Dale espacio para que conectes con su alegría genuina.

    Pienso que para mejorar la relación conmigo misma hay que ser un poco egoísta “cuídate primero tú” para poder cuidar a los demás después

    Me gusta el concepto de egoísmo sano porque habla de cuidarnos para ser cuidados. ¿Verdad que cuando subimos a un avión, nos dicen que primero nos coloquemos la máscara de oxígeno? Si estás con energía y fuerza porque te has dedicado tiempo, es más fácil que tengas tiempo y ganas con los demás después.

    Aprendamos de nuestros errores
    Cada vez que te equivocas es una oportunidad para preguntarte:- ¿Qué puedo aprender de este “fracaso”? Perdonate y renace como una mariposa.

    También debemos ser pacientes y comprensivos con nosotras.
    Nosotras somos nuestro mayor juez. Cuanto mayor peso y exigencia te pones a ti misma, peor te vas a sentir. Prueba de alcanzar pequeños retos en vez de grandes objetivos utópicos.

    Responsabilízate de darte cariño. Si tú no te amas, ¿quién lo hará? Quizá esperas que lo hagan otros por ti. No te engañes, si constantemente buscas la aprobación en los demás, vas a sentirte muy decepcionada. Los demás no son responsables de tu vida porque tú ya no eres un niño herido sino un adulto que es capaz de cuidarse y tomar sus propias decisiones.

    ¿Con cuál de éstas pequeñas ideas vamos a empezar a cuidarnos?

    EMPECEMOS…….

    ROSA

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      1. Isabel, cuando me encuentro un poquito mejor, entro en el bloc, que me encanta, para saber qué pone de tema D. Rafael y ver vuestros comentarios. El día 5 tuve la gratísima ocasión de comprobar que te interesabas por mi. Gracias. Muchas gracias. No te puedes ni imaginar cuanto os echo de menos.
        Hoy recordaba en la oración la importancia de pedir a Dios muchas cosas y pedir con interés y sin dudar, suplicar sin cansarnos, pero no alegando nuestro amor, sino el Suyo y me sentí muy tranquila.
        En mi corazón estabais todos los que haceis realidad el bloc. Ánimo y adelante. Os quiero mucho. Saludos para D. Rafael y un abrazo muy fuerte para todos.

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