“(Fe)Male Gaze” por Manuel Arias Maldonado

(Fe)Male Gaze

Manuel Arias Maldonado

Anagrama, 2019

La precisión es uno de los adornos del sabio. Arias Maldonado lo demuestra en esta obrita de menos de 100 páginas en la que da cuenta del auge del feminismo y analiza críticamente sus propuestas, miedos y logros.

La cuestión que plantea el feminismo sobre la necesidad de corregir la mirada masculina no es más que una llamada descontextualizada sobre el replanteamiento de lo que es el varón. La relación es mutuamente dependiente y si bien es cierto que hay que corregir esa mirada no es menos cierto también que si no se corrige la otra, la femenina, no hay nada que hacer.

Las relaciones intersexuales son cultura pero también biología, contexto y política (Arias trata de huir de cualquier discurso moralizante). La cuestión de qué es un varón no puede plantearse sin plantear la otra, qué es una mujer, al mismo tiempo. Hemos de elaborar un nuevo contrato pero para ello debemos abrir el debate.

No plantea Arias las relaciones intersexuales sincrónicas no eróticas, ni las diacrónicas, lo que dejaría fuera del necesario debate y replanteamiento los sujetos humanos colectivos e identitarios, principalmente la familia. Tampoco entra (realmente es que no hay espacio en tan pocas páginas) en la desigualdad intrasexual: por qué las mujeres son más desiguales entre sí que los varones entre ellos y qué mengua de solidaridad puede explicarlo. En cualquier caso entendemos que a las 100 páginas no les sobra nada: enseñan, ilustran y enriquecen un tema que a menudo desborda zafiedad e ignorancia.

Un muy buen libro que José Pérez Adán recomendaría a todo el mundo.

3 comentarios sobre ““(Fe)Male Gaze” por Manuel Arias Maldonado

  1. ¿Va a haber un antes y un después en las relaciones hombre-mujer después de la sacudida del #MeToo? ¿Hacia dónde van las relaciones entre los sexos en el siglo XXI? ¿Hay que corregir la mirada masculina? ¿Prevenir el acoso aniquila la seducción? ¿Son la biología y sus teorías sobre la masculinidad el último refugio del patriarcado? ¿Vivimos en una «cultura de la violación»?… Partiendo de escándalos notorios como los de Strauss-Khan, Weinstein o el acoso de emigrantes árabes a mujeres en Colonia una noche de Año Nuevo, y de las denuncias del movimiento #MeToo y el contramanifiesto que capitanearon Catherine Millet y Catherine Deneuve sobre el acoso y la seducción, el autor indaga en la transformación de las leyes que rigen las relaciones entre los sexos en el siglo XXI y propone una emancipación mutua que excluya toda coerción, pero también todo moralismo.

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  2. En (Fe)Male Gaze. El contrato sexual en el siglo XXI, Manuel Arias Maldonado se pregunta dónde está el límite entre el acoso y la seducción, qué conductas son “inapropiadas” y quién lo decide y si es posible regular las relaciones sexuales.

    Por
    Tani Vicién

    28 Febrero 2019

    De un tiempo a esta parte, una sensación se repite al leer algunos de los frecuentes escritos de Manuel Arias Maldonado: la de haber andado a tientas, buscando algo que intuía a medias, y que de repente llegara él y encendiera la luz. Esa capacidad, la de arrojar luz sobre algunas de las cuestiones más apasionantes de nuestro tiempo sin rehuir su complejidad, hace de este profesor de ciencia política un autor siempre interesante para entender el cambiante mundo en el que nos desenvolvemos. En esta ocasión es el turno de uno de los debates contemporáneos que más titulares genera y más pasiones levanta, las relaciones entre los sexos, sobre el que Arias Maldonado acaba de publicar (Fe)Male Gaze. El contrato sexual en el siglo XXI (Nuevos Cuadernos Anagrama, 2019).

    En octubre de 2017 eclosionó el movimiento #MeToo a partir de casos como el de Harvey Weinstein, provocando un debate sin precedentes sobre el acoso y el abuso sexual que enseguida saltó del cine a otros ámbitos y sectores. La denuncia de la agresividad sexual masculina ha generado una discusión sobre lo que es (o no) aceptable en las relaciones sexuales entre hombres y mujeres que representaría “la primera guerra cultural global”. En la expansión de esta controversia han tenido un papel nuclear las redes sociales, y también el lugar preponderante de la identidad en la agenda política posmoderna. La reacción ha provocado su contrarreacción, llevándose por delante carreras profesionales y reputaciones personales. La quiebra de una espiral del silencio, paradójicamente, ha generado una nueva, y exageraciones y contradicciones se han puesto de manifiesto, pues “que el movimiento #MeToo tenga sus razones no significa que siempre tenga razón”.

    “Nadie defiende la permisibilidad de la violación ni del acoso sexual, sino que discutimos sobre la definición de algunos de esos términos y sobre los límites de lo aceptable en un terreno cenagoso donde los haya”. Es en ese terreno donde Arias Maldonado va a centrar su interés, planteando una serie de preguntas de difícil respuesta: dónde está el límite entre el acoso y la seducción, qué conductas son “inapropiadas” y quién lo decide, si son regulables las relaciones sexuales para evitar malentendidos o en qué lugar quedaría el deseo. Se mezclan en este debate ingredientes tribales e ideológicos, con otros personalísimos y biográficos; la organización social con los afectos, el instinto reproductivo con la libertad individual, los proyectos vitales a largo plazo con la punzante inmediatez del deseo. Pero ¿qué deseo?, ¿son iguales el deseo masculino y el femenino? Y, en caso de que no lo sean, ¿a qué obedecen estas diferencias?

    En un momento que se caracteriza sobre todo por la confusión en torno a las interacciones sexuales, ¿habría que explicitar esas reglas no escritas que rigen el juego erótico? Así parece demandarlo parte del feminismo, que reclama además la introducción de nuevas normas, pues las actuales reflejarían esa mirada masculina que sigue sometiendo a la mujer. El autor introduce aquí la cuestión del poder y su desigual distribución en el terreno erótico: ¿lo ostenta el varón, como denuncia cierta crítica, o en realidad quien “cede” decide, como parece defender Catherine Millet, una de las autoras del contramanifiesto francés del #MeToo? Asunto distinto es el poder que poseen algunos individuos como factor que incrementa su capital erótico, pero también el capital erótico como factor que incrementa el ascendente social de quien lo posee, sea hombre o mujer, y la consiguiente existencia de “desposeídos” sexuales –ahí tenemos el siniestro ejemplo de los incels–. No está claro si los “hombres monstruosos”, en expresión acuñada por la periodista Claire Dederer, lo son por su condición de poderosos o si lo son, simplemente, por ser hombres: y es que parece que es la forma que adopta el impulso sexual masculino en sí mismo lo que genera rechazo en una parte de la crítica feminista.

    El fundamento cultural o innato de estas –aparentes– diferencias entre la conducta y el deseo de hombres y mujeres va a vertebrar buena parte del ensayo; aunque hoy apenas hay defensores de un planteamiento puramente biológico, sí los hay de uno construccionista: todo sería maleable por la cultura. Para este punto de vista, la apelación a la biología sería “el último refugio del patriarcado”, y quienes lo utilizan como argumento justificarían de algún modo la mayor agresividad masculina. Se confunden en este enfoque, y en otros momentos de este debate, el plano descriptivo (cómo es la realidad) con el prescriptivo (cómo debería ser). Una tercera perspectiva, más razonable, tendría un carácter dialéctico, pues las diferencias biológicas interactuarían con la socialización y la cultura: “El papel de la animalidad no puede ser ignorado, pero su relativa maleabilidad también es evidente”.

    Arias Maldonado se pregunta, finalmente, por el futuro de las relaciones entre los hombres y mujeres; ¿podemos aspirar a que sea un futuro común y liberador para ambos sexos? En una coyuntura marcada por una creciente polarización, que desprecia matices y posiciones intermedias, es necesario que se alcen voces que ofrezcan alternativas a la guerra de sexos. Frente a una posible “hipersensibilización de las relaciones entre hombres y mujeres que desemboque en una enemistad recelosa impulsada por la sospecha recíproca”, el autor apuesta por un nuevo régimen sexual basado en una combinación de autoconciencia e ironía en hombres y mujeres, en que se “excluya toda coerción, pero también todo moralismo”.

    Con este ensayo, el autor se interna en unas aguas más que procelosas: el discurso imperante favorece unas posturas y penaliza cualquier cuestionamiento de esos postulados, por muy razonable y fundamentado que este sea. Arias Maldonado aborda este reto de forma sólida y hábil: entre las muchísimas referencias que maneja a lo largo del texto, las sociólogas, filósofas, periodistas, antropólogas, etc., son mucho más numerosas que los autores masculinos. Se blinda así, quizá inconscientemente, ante una posible –aunque injustificada– acusación de mansplaining por parte de cierto sector previsible. En este estimulante recorrido el cine y otros ámbitos de la cultura popular brindan asimismo numerosos ejemplos y referentes: de las heroínas de la screwball comedy a letras de Sonic Youth.

    (Fe)Male Gaze presenta un esbozo completo, valiente e ilustrado de un panorama complejo en un espacio reducido; quizá es esta virtud, al mismo tiempo, la única pega que se le puede poner: el tema da de sí y pide extenderse más. Se hace corto, sensación a la que sin duda contribuye la brillante prosa del malagueño, que construye un texto claro y vibrante que ilumina un debate dominado, demasiado a menudo, por el oscurantismo.

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  3. Jaime Septién | Ago 25, 2019
    A pesar de sus efectos negativos, las políticas antinatalistas siguen en boga. Y los países más poderosos del mundo siguen sin admitir que tienen un problema
    Hoy culmina una reunión más del Grupo de los Siete, el G-7 (Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido y Estados Unidos), en Biarritz, en la costa vasco-francesa. La agenda oficial presentaba la discusión de temas referidos a mejorar el acceso a la atención médica, a la educación y la promoción de la igualdad de género, entre otros.
    Pero un asunto importante, que debería ser crucial si se piensa en el futuro ya no tan lejano de estas naciones y del mundo, no fue tratado ni se tratará –seguramente– en las próximas reuniones del Grupo: el invierno demográfico por el que atraviesan las siete naciones y la humanidad.

    En efecto, un análisis realizado por el Pew Research Center (PRC) muestra que aunque la brecha está estrechándose, el G-7 aún posee las tasas más bajas de natalidad y, por consiguiente, las naciones líderes enfrentarán más rápido el envejecimiento de sus ciudadanos. Cóctel que podría conformar una “bomba de tiempo”.

    Mejor nivel económico, menos nacimientos
    Según muestra el análisis del PRC, las tasas de fertilidad de los países del G-7 han sido históricamente más bajas que las tasas mundiales de natalidad. En 1970-1975, cuando se estableció el grupo de naciones industriales líderes, la tasa de fertilidad global era de 4.47 nacimientos proyectados de por vida por cada mujer, frente a los 2.03 proyectados entre las naciones del G-7.

    La brecha entre las tasas de fertilidad global y las tasas de las naciones del G-7 se ha cerrado dramáticamente desde entonces, y la ONU proyecta que la brecha entre la fertilidad global y la del G-7 continuará estrechándose, pero si igualarse (al menos hasta el fin del siglo XXI).

    Los ejemplos de Japón, quien en 2018 tuvo el mismo nacimiento de bebés que en 1899; Italia, que registró el menor número de nacimientos en 2018, y Estados Unidos, que alcanzó el menor número de nacimientos en los últimos 32 años también en 2018, son significativos para señalar lo que está pasando en el G-7.

    Nos estamos volviendo viejos

    Además de una disminución general en las tasas de fertilidad a lo largo del siglo XXI, la ONU proyecta un envejecimiento de la población mundial. Y en ello, de nueva cuenta, el G-7 irá por arriba del resto de los países, puesto que, la edad promedio global será de 41.9 años en 2100, y la edad promedio del G-7 será de 48.5 años.

    Japón e Italia irán más lejos en el envejecimiento de su población. Para 2025 se prevé que la edad promedio en Japón sea un poco más de 50 años, mientras que Italia alcanzará esa marca cinco años más tarde, en 2030.

    Por otro lado, Estados Unidos y Canadá tendrán las edades promedio más jóvenes de todas las naciones del G-7 para 2100: 45.5 y 46.8, respectivamente, en gran parte debido a la migración a estas naciones desde el resto del mundo.

    Envejecer sin morir
    “Algunos expertos dicen que el envejecimiento de la población presenta desafíos para las economías y los gobiernos nacionales, mientras que otros sostienen que el envejecimiento de la población no es tan problemático como cabría esperar”, dice el análisis del PRC.

    Lo cierto es que un grupo demográfico más viejo puede crear escasez de mano de obra, como es el caso de Japón, o cargar el sistema de pensiones de una nación, un dilema que enfrenta Italia.

    Sin embargo, las políticas antinatalistas, incluidas aquellas que hablan de disminuir el número de hijos “por cuestiones ambientales” y de escasez de alimentos, continúan como punta de lanza de las naciones más industrializadas del mundo y, por obvias razones, trasmitiéndose al resto de las naciones.

    La factura ya la estamos empezando a pagar.

    Con información del Pew Research Center

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