“Tratado sobre la amistad” por Madame de Lambert

Tratado sobre la amistad

Madame de Lambert

Elba, 2019

Escrito probablemente en 1728, estas reflexiones de Anne-Therese de Marguenat de Courcelles son una delicia que muestran la profundidad de la sencillez. Son apenas 85 páginas, casi un folleto, en las que la autora desborda sentido común e ilustración al tiempo y que a este lector -José Pérez Adán- le han hecho pensar gozando en lo aprendido.

Por un lado, como ocurre con casi toda obra antigua que no haya perdido la lozanía del momento, la lectura obliga a poner entre paréntesis la innata tendencia a abrazar la idea de progreso. La asertividad del presente como desarrollo o mejoramiento de lo pasado es una estupidez presuntuosa y acrítica por parte de quien solo vive ese presente.

Por otro lado, la carencia de valor que hoy se da a la amistad y los duros inconvenientes epocales que tiene para afirmarse (entre los que prevalece el pansexualismo imperante), hacen que pensar el asunto alumbre conclusiones interesantes. La amistad no es un sentimiento y quizá por eso Lewis, que sabía la preponderancia del conocimiento en las relaciones, la puso por delante del amor esponsal. ¡Uf, qué tema!

3 comentarios sobre ““Tratado sobre la amistad” por Madame de Lambert

  1. “¡Ah, principito!, cómo he ido comprendiendo lentamente tu vida melancólica! Durante mucho tiempo tu única distracción fue la suavidad de las puestas de sol. Este nuevo detalle lo supe al cuarto día, cuando me dijiste:

    -Me gustan mucho las puestas de sol; vamos a ver una puesta de sol…

    -Tendremos que esperar…

    -¿Esperar qué?

    -Que el sol se ponga.

    Pareciste muy sorprendido primero, y después te reíste de ti mismo. Y me dijiste:

    -Siempre me creo que estoy en mi casa..

    En efecto, como todo el mundo sabe, cuando es mediodía en Estados Unidos, en Francia se está poniendo el sol. Sería suficiente poder trasladarse a Francia en un minuto para asistir a la puesta del sol, pero desgraciadamente Francia está demasiado lejos. En cambio, sobre tu pequeño planeta te bastaba arrastrar la silla algunos pasos para presenciar el crepúsculo cada vez que lo deseabas…

    -¡Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces!

    Y un poco más tarde añadiste:

    -¿Sabes?… Cuando uno está verdaderamente triste son agradables las puestas de sol.

    -¿Estabas, pues, verdaderamente triste el dia de las cuarenta y tres veces?

    El principito no respondió.”
    ¿Y TU? TE SIENTES TRISTE?. No olvides lo que dijo el principito, creo que tenía razón.

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