“Historia del silencio” de Alain Corbin

Historia del silencio

Alain Corbin

Acantilado, 201 9

Estamos ante un pequeño gran libro. A ratos delicioso, en momentos terapéutico, y siempre ilustrativo sobre nosotros y nuestro tiempo.

El autor clama por un aprendizaje del silencio, el elemento en el que se forjan las cosas importantes. Y es que estamos de continuo en entornos ruidosos, palabras que son chirriantes sonidos que no dicen nada al tiempo que ahogan el silencio en el que uno se oye.

Guardar silencio no es lo mismo que callar, es descubrir vehículos sutiles de comunicación no impositiva en los que se manifiesta la libertad de ser como uno es. El silencio es también necesario para descubrir y valorar lo que sin ruido aparece como otro alguien.

Sin silencio es imposible conocer lo más importante, principalmente a Dios. El silencio cura, ilustra, calma y une.

Corbin da un repaso literario centrado en autores franceses sobre el valor del silencio y pone en contraste lo que el ruido actual nos impide descubrir sobre qué significa ser humano. Lamenta mucho la adicción al ruido, también al ruido insonoro de las pantallas o al ruido personalizado del auricular.

Se hace corto el libro pero es que clama por la toma de decisiones. Hay que salvar y recuperar el silencio excluyendo con firmeza la invasión del ruido: un vehículo de dominación extraño que nos hace extraños de nosotros mismos. O el silencio que es libertad o el ruido que es barbarie. [por J. Pérez Adán]

8 comentarios sobre ““Historia del silencio” de Alain Corbin

  1. [Descargar pdf]

    Cuando alguna persona está seriamente enferma se le administran sedantes para que pueda descansar; en ese momento ella crea menos pensamientos y en el área donde permanece se colocan rótulos de ‘Silencio’ para que pueda haber tranquilidad.

    El mucho pensar nos hace sentirnos exhaustos, incluso nos produce problemas para dormir por la noche y cuando uno se despierta no se siente fresco.

    Se dice que ‘El hablar es plata y el silencio es oro.’ Cuando la mente permanece en silencio, los pensamientos se vuelven muy elevados y pacíficos. Nuestro pensar llega a ser muy positivo, se puede entonces crear pensamientos que den felicidad a los demás.

    Una enorme cantidad de noticias se reciben por vía de los medios de comunicación, en todas partes la gente está enfrentando diferentes tipos de crisis: crisis personales, familiares, comunidades y naciones enteras están en crisis debido a la competencia y a la falta de entendimiento. De esta manera es evidente que el conflicto está aumentando y también los medios a través de los cuales recibimos las noticias. En India hay más de 130 canales de televisión y siguen repitiendo noticias de violencia y problemas. Como resultado, quienes miran esto se deprimen, no hay forma en que la audiencia pueda obtener paz y dicha viendo estos programas. Una señal de sabiduría sería que alguien pensara cómo llevar paz y consuelo a la sociedad.

    Se dice que ‘El hablar es plata y el silencio es oro.’ Cuando la mente permanece en silencio, los pensamientos se vuelven muy elevados y pacíficos. Nuestro pensar llega a ser muy positivo, se puede entonces crear pensamientos que den felicidad a los demás. Algunas personas se ponen tristes en silencio y luego se deprimen, pero el verdadero silencio de la mente crea positivismo internamente.

    Cuando alguna persona está seriamente enferma se le administran sedantes para que pueda descansar; en ese momento ella crea menos pensamientos y en el área donde permanece se colocan rótulos de ‘Silencio’ para que pueda haber tranquilidad. El mucho pensar nos hace sentirnos exhaustos, incluso nos produce problemas para dormir por la noche y cuando uno se despierta no se siente fresco. Por medio de la meditación se pueden visualizar y limpiar los patrones de pensamiento, y permite acumular silencio interior. En silencio se puede percibir nuestro propio ser verdadero. En las escrituras de la India se dice que ‘Donde hay silencio está Dios’, ya que es por medio del silencio que podemos comunicarnos con el Ser Supremo. Muchas personas se sienten aliviadas y relajadas por medio de la oración, pero luego cuando se involucran en la rutina diaria, sus patrones de pensamiento cambian.

    Las drogas y el alcohol dan felicidad temporal, pero luego la persona se deprime. Si se medita durante periodos regulares a lo largo del día y antes de dormir por la noche, se experimenta un placer constante. La meditación nos conecta con la verdadera naturaleza espiritual del ser, da la experiencia de que uno ha venido aquí únicamente para desempeñar un papel, de la pertenencia al Ser Supremo. Uno dirige la mente con base en los pensamientos: sólo está Dios, mi Compañero Espiritual, y yo, y puedo pensar en Él como mi Madre, Padre, Amigo, o lo que sea, estoy con Él.

    Todas las religiones tienen plegarias para acercar a las personas a Dios, las vibraciones en los lugares donde la gente ora con piedad son muy elevadas. Las vibraciones se crean de acuerdo a la actividad que se desarrolla en cualquier lugar. Habiendo recibido este conocimiento deberíamos crear tales vibraciones en el mundo que ayuden a otros a experimentar paz. En meditación nos conectamos con la fuente de la paz – el Ser Supremo y así el poder de la paz que recibimos es enorme. Sin embargo, para recibir el poder de la paz, el poder de la pureza, el poder del amor y todos los demás poderes que el Supremo tiene, es necesario que uno cree una relación personal con el Supremo y esto es diferente de solo creer en Él. Igual que por medio de la ciencia nos podemos conectar con otras personas mientras se encuentran a la distancia, también podemos establecer una conexión con el Alma Suprema por medio del amor del corazón.

    No hay necesidad de temerle a Dios; si uno siente temor no puede acercarse. Nosotros somos Sus hijos eternos; simplemente esto se olvidó y perdimos de vista la relación con Él y los beneficios que podíamos recibir por medio de la misma.

    El poder que se requiere para sanar el corazón viene de la relación con el Ser Supremo. Uno puede permanecer estable aunque se esté experimentando el eco del karma y haya enfermedades, ya que al regresar a la sabiduría de ser almas eternas, el temor a la muerte desaparece.

    Todos tienen el poder de la intuición. Cuando uno hace algo la conciencia nos dice si estamos haciendo lo correcto o no, por lo tanto si la escuchamos no sufriremos, más bien, nos beneficiaremos. Todos quieren ser constantemente felices y pacíficos, pero la felicidad y la paz se basan en usar las cualidades en la vida. Si se odia o se es odiado uno no puede disfrutar de la paz y el amor. Si alguien lo rechaza a uno, es necesario usar el poder del silencio para transformar los pensamientos de esa persona.

    Al comenzar la práctica de la meditación nuestra búsqueda termina. La ausencia de paz surge por medio de los vicios. Solo en silencio podemos acabar con ellos porque uno se puede conectar con el Supremo – la Fuente de Poder. Por un lado, se renuncian las debilidades y por el otro, se recargan las baterías y disfrutar cada momento de esta vida en positividad. Haz esto y siempre tendrás un corazón feliz, nada podrá hacerte caer.

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      1. Gracias D Rafael yo me quedo cuidando de mi mami qué le han diagnósticado alzheimer hace unos días y está en esa fase donde sé olvida de todo.pero también tenemos momentos de risa..Cuídese y disfrute y llevese un ventilador qué Sevilla “arde”de calor …igual puede visitar a Rosa(un abrazo) y conocerse..y luego me cuenta
        Feliz verano .

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  2. Domingo, 30 de junio de 2019

    Este domingo 30 de junio de 2019, un siglo y un mes después de que en 1919 Alfonso XIII consagrase el Reino al Sagrado Corazón de Jesús, España ha vuelto a renovar esta consagración en el Cerro de los Ángeles, centro geográfico del país y lugar en el que hace 100 años se produjo este histórico acontecimiento para los católicos españoles.

    En una emotiva celebración en la que participaron 15.000 fieles, cientos de sacerdotes y religiosas, decenas de obispos y cardenales se pidió la protección del Corazón de Jesús y el “rejuvenecimiento de la fe en España”.

    Una renovación marcada por la Adoración

    La Eucaristía fue presidida por el arzobispo de Madrid, el cardenal Carlos Osoro, y fue al término de la misa y en un ambiente de Adoración Eucarística con miles de personas arrodilladas en la explanada del santuario cuando se llevó a cabo la oración de consagración. Al no ser realizada por el jefe del Estado como en 1919 hizo el Rey Alfonso XIII, en esta ocasión la oración ha sido iniciada por el arzobispo madrileño, el nuncio apostólico, Renzo Fratini, el arzobispo de Toledo y Primado de España, Braulio Rodríguez, el obispo de Getafe, Ginés García, y después por el resto de fieles.

    Antes el Nuncio leyó un mensaje enviado por el Papa Francisco en el que animó a ser “testigos de la presencia viva de Cristo en medio de nuestro mundo, de modo que pueda ser conocido y amado y reinar en el corazón de los hombres, los hogares, los diferentes ámbitos de la sociedad”.

    Siguiendo el mismo esquema que hace un siglo fue el arzobispo toledano, en su condición de primado, el que ha colocado el Santísimo en la custodia con el que se ha producido en la Adoración Eucarística durante la cual se renovó la consagración.

    “Expresar nuestra inmensa gratitud”

    “Señor Jesucristo, Salvador del mundo, al cumplirse el centenario de la consagración de España a tu Sagrado Corazón, los fieles católicos volvemos a postrarnos en este lugar donde se levanta este trono de tus bondades, para expresar nuestra inmensa gratitud por los bienes innumerables que has derramado sobre este pueblo de tu herencia y de tus predilecciones”, decía parte de esta oración.

    Los miles de congregados oraban afirmando que “al renovar la consagración de España, los fieles católicos expresamos nuestro ferviente deseo de corresponder con amor a la rica efusión de tu misericordia, impulsando, en comunión con toda la Iglesia, una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría del Evangelio”.

    “Concédenos permanecer siempre junto a María, Madre tuya y Madre nuestra, como en la víspera de Pentecostés, para que el Espíritu Santo produzca un profundo rejuvenecimiento de la fe en España”, proseguía la oración.

    Un ambiente cargado de emoción y de alegría

    Una vez concluida la oración de esta renovación de la consagración de España, los presentes rompían en un fuerte aplauso mientras proferían vítores al Corazón de Jesús y a Cristo Rey. De este modo, se llegaba al momento culminante de un Año Jubilar por una devoción históricamente de gran arraigo en el pueblo español.

    Previamente, el cardenal Osoro presidió la Eucaristía en la que además del nuncio Fratini han participado entre otros los cardenales Rouco y Amigo, así como 14 obispos españoles provenientes de distintas regiones. Estaban presentes entre otros, los obispos de Getafe, diócesis en la que se encuentra el santuario, el arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez, así como vascos como Munilla o catalanes como Vives.

    En su homilía, el arzobispo de Madrid recordó que “al renovar el centenario de la consagración de España al Corazón de Jesús asumimos la misión de hacer presente su rostro”.

    De este modo, afirmaba que “el Corazón de Cristo nos muestra la realidad de Dios y la del hombre y que desea vivir en Verdad y no negociar con la Verdad, sin acomodarse a las circunstancias”.

    “Qué grande es este Dios que sale a nuestro encuentro, que habla nuestro lenguaje y comparte nuestras preocupaciones”, aseguró y recordó que “somos el pueblo de Dios y este pueblo que camina en España quiere renovar y consagrar España una vez mas al Corazón de Jesús”, afirmaba.

    “Sagrado Corazón, en ti ponemos nuestra vida y la de España. Cuídanos, haznos hermanos que tengamos la necesidad de amarnos, de pedirnos perdón y de perdonar”, dijo para concluir el cardenal Osoro.

    Así es la oración de consagración que se ha leído este domingo

    A continuación ofrecemos íntegra la oración con la que se ha renovado la consagración de España al Corazón de Jesús:

    Señor Jesucristo, Redentor del género humano,
    Sacerdote eterno y Rey del Universo:
    nos dirigimos a tu Sacratísimo Corazón con humildad y confianza,
    con reverencia y esperanza, con profundo deseo de darte gloria, honor y alabanza.

    Señor Jesucristo, Salvador del mundo,
    al cumplirse el centenario de la consagración de España a tu Sagrado Corazón,
    los fieles católicos volvemos a postrarnos en este lugar
    donde se levanta este trono de tus bondades,
    para expresar nuestra inmensa gratitud por los bienes innumerables
    que has derramado sobre este pueblo de tu herencia y de tus predilecciones.

    Durante la noche anterior a la renovación a la consagración en el cerro hubo una vigilia en la que el Sagrado Corazón fue iluminado con los colores de la bandera española

    Señor Jesucristo, Hijo de Dios Vivo,
    te alabamos por el amor que has revelado a través de tu Sagrado Corazón,
    el cual, traspasado por nosotros, es fuente de nuestra alegría
    y manantial del que brota la vida eterna.

    Reunidos en tu Nombre, que está por encima de cualquier otro nombre,
    renovamos la consagración que fue hecha aquí hace cien años
    a tu Sacratísimo Corazón, en el cual habita la plenitud de la
    verdad y la caridad.

    Al renovar la consagración de España,
    los fieles católicos expresamos nuestro ferviente deseo
    de corresponder con amor a la rica efusión de tu misericordia,
    impulsando, en comunión con toda la Iglesia,
    una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría del Evangelio.

    Cuando la Iglesia nos llama por la voz del Sucesor de Pedro
    a impulsar una nueva evangelización, concédenos salir valerosos
    al encuentro de las heridas de nuestros contemporáneos
    para llevar a todos el bálsamo de la misericordia que brota de tu Corazón traspasado.

    Que a todos anunciemos con mansedumbre y humildad: ¡sus heridas nos han curado!
    Venga, pues, a nosotros Vuestro Santísimo Reino,
    que es Reino de justicia y de amor.

    Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares,
    en la inteligencia de los sabios, en las aulas de las ciencias y de las letras,
    y en nuestras leyes e instituciones.

    Concédenos permanecer siempre junto a María,
    Madre tuya y Madre nuestra, como en la víspera de Pentecostés,
    para que el Espíritu Santo produzca un profundo rejuvenecimiento de la fe en España.

    Que nuestro pueblo, tierra de María, sepa recibir y custodiar
    los frutos santos de su herencia católica para que pueda hacerlos crecer
    afrontando con valentía los retos evangelizadores del presente y del futuro.

    Líbranos del maligno
    y llévanos a participar en la victoria de tu Sagrado Corazón.

    Que al consagraros nuestra vida,
    merezcamos recibir como premio de ella
    el morir en la seguridad de vuestro amor
    y en el regalado seno de vuestro Corazón adorable.
    ¡Que todos proclamemos y demos gloria a Ti,
    al Padre y al Espíritu Santo,
    único Dios que vive y reina por los siglos de los siglos!
    Amén.

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