¿Y cuál es el sentido del dolor?

Quizás te suene este relato de Gabriel García Márquez acerca del drama de un desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iban viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en le instante de reventarse contra el pavimento había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta falsa valía la pena ser vivida…

Aquí te pongo este artículo de Enrique Monasterio acerca del sentido del sufrimiento que puede iluminar la oscuridad que surge en nuestra alma cuando el sufrimiento llama a nuestra puerta: ¿Y cuál es el sentido del dolor?

Yolanda hizo la pregunta justo en el momento en el que sonaba el timbre que ponía punto final a la clase. La cuestión era demasiado grande para resolverla mientras recogíamos los bártulos y también para estos dos folios. Pero, en el fondo, ¿añadiríamos algo si, en lugar de dos, fueran cuatrocientos? Al que sufre no se le consuela con un artículo ni con un analgésico.

No vale la pena intentar siquiera una definición. El dolor encarcela al hombre dentro de su cuerpo; bloquea las compuertas del alma y le impide mirar hacia afuera; empequeñece el espíritu y repliega a la persona sobre sí misma.

El dolor, como el gas, tiende a ocupar todo el espacio disponible. Penetra en cada célula, en cada rincón: impide el trabajo y el descanso; agría el carácter, y amenaza con destruir cuanto de bueno hay en nosotros.

También los animales sienten el dolor; pero sólo el hombre, que es espíritu, sabe que lo siente aunque no lo entienda; reflexiona sobre su dolor, y se angustia. Es el espíritu, no la carne, quien de veras sufre y se rebela.

El dolor pone ante los ojos del alma la evidencia de su corporeidad: nos hace entender que somos corruptibles y, por tanto, mortales. Todo dolor es un anuncio de la muerte. Por eso el alma, que es inmortal, se desconcierta, se descubre cogida en una trampa, prisionera más que nunca de la carne.

El dolor angustia aun antes de padecerlo: cuando sólo se presiente. Peor que el sufrimiento actual es el miedo al dolor futuro, que llena el alma de sombras e impele a una huida imposible.

Por evitarlo, hay quien traiciona a los amigos, a las propias ideas, a Dios. Muchas veces es más temido que la propia muerte. Por eso algunos eligen el suicidio con tal de no pagar el necesario peaje del dolor.

Sabéis que no hago literatura. También a los quince o a los veinte años es posible haber tenido la experiencia del sufrimiento. Y, en todo caso, tarde o temprano llega.

Al parecer María temía que cargarse demasiado las tintas. Por eso me interrumpió para hacer notar que, gracias al dolor estamos vivos. Lo digo así, rotundamente, y tenía razón: cuando en nuestro organismo aparece una enfermedad, una herida o una infección, se dispara el dolor como un mecanismo de alarma, tan molesto y estridente como los que avisan en caso de incendio. Ahí radica su eficacia. El dolor nos grita que algo va mal y que hay que arreglarlo. En este sentido, podemos dar gracias a Dios por habérnoslo enviado: un buen ataque de apendicitis, con chillidos incluidos, puede salvarnos la vida.

Creo, pues, que coincidimos en que algunos dolores pueden servirnos, y mucho: hasta el punto de sernos imprescindibles. Siguen siendo males, pero vale la pena sufrirlos si no hay otra forma de alcanzar un bien mayor o de evitar un daño más grave.

Así, quien permite que le rajen con un bisturí para quitarse un apéndice averiado, no sólo quiere ese dolor, sino que encima lo paga.

La oronda señora que se somete a un planchado de arrugas, con estiramientos incluidos, y se deja chupar la grasa con sofisticados aparatos de tortura, ama ese sacrificio con la misma lógica que el mártir, aunque sus razones sean sensiblemente menos ambiciosas: el mártir trata de conquistar el Cielo, y, para lograrlo, resiste los mayores tormentos. Ella sólo desea recuperar el Paraíso perdido de la esbelta juventud, enfundándose el vaquero, que es la vestidura del Edén.

Y lo mismo cabe decir del paciente que, en pleno uso de sus facultades mentales, visita al terrible dentista; del que se deja el pellejo por ganar un maratón, o por quedar el último…, y así sucesivamente. En resumen, que el dolor es menos cuando es útil, cuando tiene un sentido.

Los ejemplos anteriores ilustran cómo puede ponerse el dolor al servicio incluso del propio egoísmo. Pero también es posible y, por cierto, bien frecuente, sufrir en beneficio de los demás: una madre me contaba que ella por nada del mundo renunciaría al dolor del parto. Intuía que ese dolor es una forma de entrega al hijo que nace. Entendedme; no estoy diciendo que el parto sin dolor sea menos generoso. Me limito a transmitir una experiencia ajena, que me parece respetable e incluso razonable.

En todo caso, todos podríamos poner ejemplos cotidianos de personas que se sacrifican generosamente, quizá es lo que da sentido a su vida: para ellos no es un mal, sino un tesoro. ¿Hay alguien que no lo entienda? Edurne era una vieja sirvienta vasca que conocí hace meses. La atendí en sus últimos días de vida, y estoy seguro de que está en el Cielo. Cuando la vi por primera vez estaba sentada en un sillón, con una manta sobre las rodillas y temblando como una hoja. La señora de la casa me puso al corriente de la situación: -El médico dice que se muere… Y no sabemos de qué. Hasta hace unos meses seguía cuidando a los niños día y noche. Se desvivía. «No sé cómo les aguantas, Edurne, le decía yo… Déjalos estar. No los mimes tanto». Pero ella se quitaba hasta dormir… Con decirle que, cuando mi hija tuvo lo del riñón…: nada, una tontería… Pero quería ofrecer los suyos por si hacían falta para un transplante… Figúrese: para transplantes estaba la pobre… Bueno, pues hace dos meses le tuvimos que pedir que no trabajase más: apenas veía…, teníamos miedo… Siguió viviendo con nosotros, pero se fue apagando. El médico dice que se muere… ¿Usted lo entiende? -¿Y si el dolor no sirve para nada…? Yolanda tiene la habilidad de hacer la pregunta oportuna en el momento justo.

-¿A quien le sirve, por ejemplo, que yo tenga una enfermedad grave, un cáncer…? -¿Y a quién servía -le contesté- todo ese desvivirse de Edurne, cuando ya estaba casi ciega y más que una ayuda era un estorbo, incluso un peligro? -Supongo que a ella misma… Era su manera de estar viva, ¿no? Sí. Y, sobre todo, era la única forma de amar que le quedaba.

Jesucristo nos descubrió este misterio. Él nos enseñó que amar es, ante todo, donación de uno mismo. No ama más el que más goza, sino el que vive hasta sus últimas consecuencias ese “Le doy mi vida”, que tan alegremente decimos como si fuera una pura imagen lírica.

Dar la vida es, desde luego, una locura. Sólo los seres espirituales podemos hacerlo. Y la entrega en cada gesto, en cada renuncia, cada minuto; pero siempre, necesariamente, con dolor; porque nuestro ser se resiste a ese enorme “desperdicio” de vida que es el amor. Por eso todos los enamorados del mundo sueñan con sufrir. Jesús hizo realidad su sueño y “nos amó hasta el extremo” con su Pasión y su Cruz.

Dios no quiere nuestro dolor… ¿Para qué serviría? Pero nosotros sí lo necesitamos, porque es nuestra forma de amar, de estar vivos, de entregar el alma. ¿Cómo podríamos darla si no existiera el sacrificio?

8 comentarios sobre “¿Y cuál es el sentido del dolor?

    1. Coherencia entre fe y vida

      Toda la vida del cristiano debe ser manifestación de su fe. No hay ningún aspecto que no pueda ser iluminado por la fe. «El justo vive de la fe» (Rm 1, 17). La fe obra por la caridad (cfr. Ga 5, 6). Sin las obras, la fe está muerta (cfr. St 2, 20-26).

      Cuando falta esta unidad de vida, y se transige con una conducta que no está de acuerdo con la fe, entonces la fe necesariamente se debilita, y corre el peligro de perderse.

      Perseverancia en la fe: La fe es un don gratuito de Dios. Pero este don inestimable podemos perderlo (cfr. 1 Tm 1,18-19). «Para vivir, crecer y perseverar hasta el fin en la fe debemos alimentarla» (Catecismo, 162). Debemos pedir a Dios que nos aumente la fe (cfr. Lc 17,5) y que nos haga «fortes in fide» (1 P 5, 9). Para esto, con la ayuda de Dios, hay que realizar muchos actos de fe.

      Todos los fieles católicos están obligados a evitar los peligros para la fe. Entre otros medios, deben abstenerse de leer aquellas publicaciones que sean contrarias a la fe o a la moral —tanto si las ha señalado expresamente el Magisterio, como si lo advierte la conciencia bien formada—, a menos que exista un motivo grave y se den las circunstancias que hagan esa lectura inocua.

      Difundir la fe. «No se enciende una luz para ponerla debajo de un celemín, sino sobre un candelero… Alumbre así vuestra luz ante los hombres» ( Mt 5, 15-16). Hemos recibido el don de la fe para propagarlo, no para ocultarlo (cfr. Catecismo, 166). No se puede prescindir de la fe en la actividad profesional . Es preciso informar toda la vida social con las enseñanzas y el espíritu de Cristo.

      Sé que no te da igual. Para ello hay que ver tus anteriores comentarios llenos de alegría.
      Yo también te envío un abrazo y otro a Marisol. D. Rafael su entrada me ha encantado.

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  1. No es fácil comprender el sufrimiento

    En el dolor físico existe de forma indudable sufrimiento, sin embargo, este no lo agota. Sufrir es un fenómeno mucho más complejo.

    Se podría definir el sufrimiento como una carencia de bienestar, mientras que un estado moderado de dolor físico no siempre se puede catalogar como sufrimiento propiamente dicho.

    Te pongo un ejemplo, el dolor del parto en la mujer. Una vez que nace el bebé, la experiencia negativa queda totalmente olvidada y se transforma en una fuente inagotable de alegría.

    Lo mismo pasa con la sensación de hambre. Cuando se sacia, queda una sensación de alivio que posee sentido y de esta forma el individuo experimenta un sentimiento de felicidad completado por el mismo acto de comer.

    ¿Cuándo puede considerarse el dolor físico como fuente de sufrimiento?

    El dolor físico se transforma en verdadero sufrimiento, cuando desborda parcial o totalmente la experiencia humana. Pasa de la coherencia al sin sentido.

    Por esta razón el temor a sufrir ya es en cierta forma un sufrimiento y la carencia de obtener una respuesta lógica a la pregunta de por qué sufro, constituye el punto culminante del sufrimiento humano.

    Todo individuo tiende a buscar constantemente una realización personal que el propio sufrimiento de la enfermedad le niega.

    Lo verdaderamente trágico es la ruptura interior que produce la enfermedad en el paciente que siente que queda impedido de realizar su propio destino, y padecer es el corolario obligado de lo expresado con anterioridad.

    En este sentido, solo una dimensión trascendente, espiritual, puede realmente dar sentido a una vida que aparentemente no encuentra una lógica meramente humana a su existencia.

    El sufrimiento como carencia de sentido:

    Si se define el bienestar como un hecho feliz o afortunado, como un estado de satisfacción personal del espíritu, como comodidad o una forma de vivir a gusto, se puede comprender cómo en las sociedades occidentales, el bienestar con frecuencia constituye el punto cumbre de la aspiración personal.

    Por esta razón su carencia se considera frecuentemente como sinónimo de dolor o de sufrimiento.

    En esencia, el sufrimiento deja de serlo en cierta forma cuando alcanza un sentido, se minimiza, se atempera.

    Lo contrario lleva a la desesperación que se podría enmarcar en el verdadero “sin sentido” y por ende también en la antítesis de lo natural.

    La única manera de superar el sufrimiento y de convertirlo aún en alegría es por tanto encontrarle un sentido.

    El paciente sufriente deberá, con la ayuda de su riqueza interior y con la de su facultativo, ser capaz de convertir en aliado el sentido de su dolor; este será sin lugar a dudas el mayor reto de la persona que padece una enfermedad.

    Pero ¿cómo convertir en aliado algo que es antinatural?

    Del sufrimiento al sentido pleno

    Sufrir sin consuelo equivaldría a decir sin sentido. Es la explicación lógica de por qué se padece con verdadero sufrimiento pleno. Sólo dándole sentido pleno, se podrá superar este sufrimiento, que forma parte de la vida.

    Pero el sufrimiento pleno alcanza su mayor expresión cuando se está ante el sufrimiento moral, por la sencilla razón de que en el padecimiento físico cuando desaparece y ha terminado el dolor, queda una sensación de alivio que se puede incluso transformar en alegría y paz.

    Sin embargo, el sufrimiento moral, aun cuando desaparece, deja siempre huellas indelebles que continúan siendo todavía objeto de pesar.

    El mérito de aceptar de forma libre el sufrimiento no tiene por qué interpretarse como la acción de asumirlo voluntariamente.

    Siempre quedará como algo que se deba evitar; de lo que se habla es del sin sentido del dolor y de sus características.

    Es en esencia saber cómo sobrellevar de forma natural un sufrimiento, para luego aceptarlo y nunca más observarlo como un acontecimiento destructivo y generador de desesperación y de tristeza.

    De nada sirve rebelarse ante la enfermedad y sus consecuencias, más aún podría ser incluso totalmente destructivo.

    Cuando la enfermedad atrapa y hunde en la desesperanza al individuo, ahí está el fracaso del alivio y la mordedura estéril de su propio sufrimiento.

    Por eso los médicos que tratan con seres sufrientes deberían cultivar la esperanza y la cultura del sentido del sufrimiento. Se trata de descubrir su metasentido, que es el lugar en el que el propio sentido se hace razonable.

    Más aún, el sufrimiento pleno no sólo se podrá transformar de esta forma en un sentimiento con sentido pleno, será también posible y aun necesario poder alcanzar en él la verdadera alegría.

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  2. Buenos dias:
    La verdad es que no he leido del todo la entrada y comentarios del dolor porque no puedo…Pero como Isabel lo mejor que puedo hacer es consolarme con vuestros saludos y compañia…
    muchas gracias y perdonar mi falta de comentarios en el blog.
    un saludo
    Marisol

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  3. Bendito seas Señor y alabado sea tu Nombre para siempre. Gracias por tu amor que me llenará de fuerzas este día para no caer ni desfallecer en los desafíos que se me presentarán. Tú amor es el que me hace recobrar la fortaleza y me hace estar más feliz y menos preocupada. Recurro a tu Espíritu Santo para que siempre abogue por mi salud y la de los míos. Te pido por mi familia para que los hagas mejores seres humanos y luchen también cada día para vencer sus defectos, así como también yo lo intento. Gracias por cuidarme y hacerme sentir tranquila. Amén

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  4. Que el señor ponga palabras en mi boca y el espíritu sople. Que un laico hable de Dios es difícil.“La esencia del evangelio es el amor, el amor de alguien que se llama Jesucristo” Os voy a hacer un kerigma, un primer anuncio, esta es la charla, el capítulo 4 de la Crhistus Vivit(exhortación del papa Francisco) dice así: Dios os ama (estoy flipándolo con solo de decirlo). Imaginaos yendo al colegio, Dios os quería cuando ibais al colegio, jugando con los amigos. Dios está en todo. No sois casualidad, sois criaturas creadas por amor y vuestra vida tiene un qué y un para qué. Dios ama con un amor infinito. Dios además nos manda a su hijo para salvarnos. No es un
    comentario de texto o un hecho histórico, vive hoy y está sobre nosotros. Estoy flipando, quien anuncia el Evangelio recibe el Evangelio, eso es ser catequistas. Dios vive hoy y me acompaña.

    Os voy a explicar la Trinidad, cuando acabe me tenéis que decir que no la habéis entendido, porque si lo habéis entendido…

    A Dios nadie lo ha visto jamás. Tenéis que imaginar lo siguiente: Dios está más allá de cualquier telescopio. Imaginad una galaxia, una supernova, Saturno…Dios está en cada una de las constelaciones las conocidas y las no conocidas. Dios está en todo. Pero también está más allá del microscopio. Imaginad el ADN, las mitocondrias… Dios es infinito, es inabarcable, es omnipresente, omnipotente….

    Pensamos que Dios es un OVNI-potente, pero Dios no es un fenómeno para -normal. Es fenomenal para gente normal. Dios viene al supermercado conmigo, tiende conmigo la ropa. En lo ordinario está lo extraordinario, es el Dios de Jesús de Nazaret, un Dios que habita y vive conmigo.

    Imaginaos inmensidad de pétalos de rosas y las comprimimos… Y el verbo de Dios se hizo carne. Imaginaos que lo metemos en un tarro la esencia de Dios. En un niño. Es Jesucristo, que contiene a Dios, huele a Dios y es Dios mismo.

    Nuestro tarro de esencias es la “Pasión de Cristo Dios”, que el viernes santo se parte, derrama sangre y agua y hace que el Espíritu y la Iglesia nazca y vivamos en el perfume del Espíritu Santo, que es fragancia de Dios.

    El padre de la fe es Abrahám, pero cada uno de vosotros es más que Abrahám y Moises porque habéis conocido a Jesucristo y por el Espíritu Santo. Ya no hay distancia entre Dios y los hombres, vivimos en el mejor momento de la Historia de Salvación. ¿Habéis entendido la Trinidad? ¿No? Vale.

    La señal de la cruz la explico a unos gitanillos de la Costa del Sol así: Cuando dices en el nombre del padre te tocas la cabeza, que sirve para pensar y para conocer. Cuando decimos hijo, nos tocamos la barriga, de donde vienen los hijos, un hijo que es camino, verdad y vida. Ahora viene lo difícil si tiramos para la izquierda o la derecha. Pues buscamos el corazón, para el Espíritu Santo.

    El prólogo del libro del Sagrado Corazón dice, que si quitamos del mar el fondo y la orilla, es un mar infinito, como el amor de Dios, por el que nos hace navegar Jesucristo.

    Es importante que no te equivoques, Dios es amor. La palabra vocación es llamada. Equivocarse también tiene esta declinación. No nos equivoquemos de amor. La Vida es la Vida, no pasarlo de lujo. La vida con dificultades, enfermedades. No te equivoques porque se llame igual. Si bajasa lo profundo allí estoy yo, si te ahogas allí estoy yo, dice el Señor, si miras a las estrellas, allí estoy yo. Pero no busque tan lejos, estoy dentro de ti.

    Cuando Jesús dice cómo es Dios, cuenta la parábola del hijo pródigo. Un padre con dos hijos, que les da un regalo, la libertad. No amamos al señor por instinto, sino por opción. Somos libres, y el que no es libre no puede amar.

    Mi hija me dice que venda la casa y le de su parte para “fumarmelo con mis amigos” y yo le diría que “por aquí”. Sin embargo Dios, le daría la parte de herencia. Y qué hace el padre, esperando a que vuelva la niña, y en cuanto ve que viene, que vuelve por el interés, como lo sabe el padre. Pero mi padre Dios me espera, me busca, sale corriendo y se le conmueven las entrañas, le llena de besos y le da el anillo y le da un banquete. Ese el Dios que a mí me ama.

    Qué es catequizar, decirle al otro Dios te ama. No el de la discoteca, sino el del amor profundo hasta dar la vida, que le monta una fiesta.

    Le dice “hijo mío, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo”.

    CRISTO TE SALVA

    Segunda parte, Cristo te salva, ese Dios se hace hombre. Pero ¿qué quiere decir ser hombre, ser humano? No es lo mismo ser cera que una vela, no es lo mismo ser un cacho carne que un ser humano. Tenemos alma, que da la intentad a lo que tú eres.

    Algunos te tratan como un “cacho carne”, modelo tu cuerpo o llena tus bolsillos, pero lo primero somos hijos de Dios, esa es nuestra dignidad. Un catequista tiene que decir que tenemos alma, que tu vida tiene un sentido, un para qué.

    El mundo está sediento de alma, quiere encender su vela con el fútbol, con la tecnología, con el fin de semana. Gente que vive para el mes de agosto, que vive solo un mes. Eso son desgraciados. Jesucristo es el único que da una luz que no se apaga nunca y esa luz la quiero. Es una luz que se enciende y no se consume.

    Dice la canción, tres cosas hay en la vida, salud dinero y amor, pues yo os digo que sin dinero, sin salud se puede vivir con luz en el Señor y sin amor nunca vamos a vivir porque tenemos a nuestro Dios.

    La vida se escribe con uve, Jesús es el Dios de la vida. Si dices si crees no vas a tener enfermedad, te va a tocar la lotería…no es verdad. Jesús es la luz que no se apaga nunca, nace y muere en la cruz, perdió amigos.

    En su vida pública lo que más repite Jesús es “no temáis” porque el mundo es gris. Su vida es parecida a la de Siria, difícil. Qué es lo que mas dice cuando resucita es “paz”.

    Dios te ama y Jesús te salva. Jesucristo es urgente para el mundo. Hay mucha gente que no tiene un para qué vivir. Jesucristo me salva la vida, me llena la vida de color. Puedes vivir en la tristeza y pasar a la alegría. Jesucristo es el que me da la luz. Disfrutemos al romper el velo de templo.

    Cuando Jesús nos enseña a decir Padre Nuestro se rompe el velo del templo y ya no hay distancia entre Dios y los hombres. Se lo dijo a la Samaritana.

    El otro día supe qué significaba “redimir”: volver a comprar. Antiguamente te llevaban al norte de África y te hacían esclavo y entonces venían las órdenes redentoristas y te volvían a comprar. Jesucristo nos vuelve a comprar y me libera con su sangre. Dios me ama y salva porque me da sentido.

    La palabra de Dios no es un comentario de texto, está viva. Te dice que Jesús te acompaña, te invita a servir. Jesucristo vive en su palabra, Dios me busca, me espera, me quiere. Hemos llegado a la plenitud, que está en la Eucaristía, presencia continua de Jesús. Está en el pobre, son sacramentales, presencia de Cristo. Está en la Iglesia, como cuerpo de Cristo. Él vive también dentro de mí.

    Os voy a contar la Biblia, una historia de amor entre Dios y los hombres, creados en un paraíso. Se separan y Dios manda a los profetas porque le quiere libre. Y manda a su hijo Jesucristo, ahí se juntaron. Jesucristo nos salvó, nos salva y nos salvará. En inglés se llama presente continuo, Jesús nos está “salvanding”.

    Si vivo en Jesucristo que me salva hoy, yo vivo en el Evangelio. Mi vida será una vida elevada. Hay que vivir en el presente continuo del amor. Adoremos a Jesús eucaristía y palabra, Jesús no es para los dibujos y la guitarra, es para la vida.

    ¿Para qué ser? Ser bienaventurados y vive las obras de misericordia. Estamos como iglesia remando juntos. Yo estoy llamado a ser un laico comprometido, unido a la iglesia y solo de Jesús, queriendo ser santo, con timón, la eucaristía y la palabra de Dios.

    “Como catequistas digamos lo esencial de manera sencilla: Dios te ama y Cristo vive y tiene un plan de vida para ti”

    No se puede ir nadie de un colegio religioso, de una catequesis, sin saber que él es príncipe para Dios.

    Estoy llamado a ser feliz, y ser feliz es ser bienaventurado. Y si yo catequizo siendo un martillo pilón o apretando tuercas… hay que ser como una regadera. Bienaventurados los que no tienen su vida llena de móviles. Felices si nuestra vida regadera está vacía. Bienaventurados los pobres, que se saben limitados, los que tienen hambre de Jesús. Bienaventurados los limpios de corazón, que hacen un hueco para que el Señor le habite, el que limpia, se confiesa y pide perdón. Bienaventurados los que siendo regaderas tienen ojos y se conmueven y tienen hambre y sed de justicia, y creen que todos pueden florecer. Yo solo soy instrumento, como una regadera. No un riego por goteo. Dios hace llover sobre justos e injustos. Riega al cardo y al nenúfar. Feliz si contemplo el jardín seco y me conmueve. Bienaventurados los misericordiosos. Si trabajo por la paz. Bienaventurados si os persiguen, si os dicen estáis como una regadera. Su secreto es que tiene una base, Jesucristo, porque si no el agua se cae.

    San Francisco iba paseando y vio una regadera y decía vivir en paz y bien. San Ignacio, amad y servid. San Benito, ora et labora. El Papa Francisco, discípulos misioneros. Os recomiendo que estéis
    como una regadera.

    Quien ha escrito esto es un chico joven a quien le importa mucho los demás

    ¿Qué es ser cristiano? La llamada es a ser santo. El truco para ser santo me lo enseñó la virgen María. Tú manejas tu vida y vas en tu carro y escuchas las cosas de Dios, en la parroquia, te pasas de vez en cuando. Pero un día necesitas más y das un paso a la santidad, paras en la parroquia y le dices a Jesús: súbete. Y se viene a mi colegio, y Dios me acompaña. Si queréis ser más santos, dale las riendas de tu vida a Jesús. La palabra de santidad es “HÁGASE”, vivo sin vivir en mí. La virgen María dijo SÍ.

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