Prueba de vida, prueba de amor

Te copio esta última entrada del blog espiritualidad digital sobre este Domingo de la divina misericordia. Qué pases un buen día

llagas

Cuando Jesús resucitado se muestra a los apóstoles, quiere darles una «prueba de vida». Es uno de los gestos más sorprendentes del Señor glorioso:

Diciendo esto, les enseñó las manos y el costado.

¿Por qué Jesús se llevó las llagas al cielo? ¿Por qué las mostró con esa alegría, si, al fin y al cabo, eran la impronta de nuestros pecados en su cuerpo?

Porque no eran sólo eso. Eran, también, el receptáculo de todos nuestros dolores.

Y le preguntarán: ¿Qué heridas son éstas que tienes en tus manos? Y él responderá: Con ellas fui herido en Casa de mis amigos (Za 13, 6).

El cargó con nuestros sufrimientos, y soportó nuestros dolores (Is 53, 4).

Llevarse al cielo las llagas ha sido el gesto más conmovedor de Jesús glorioso. Cada una de las cinco lleva nuestro nombre escrito. Y, si sabemos leerlas, nos dirán: «Mira mis llagas. Al cielo me he llevado tus dolores. Junto a mi Padre, no olvido tus angustias. Pues, cada vez que me miro las manos y los pies, cada vez que palpo mi costado abierto, me acuerdo de ti. Y le presento a mi Padre, en estas cinco llagas, tu vida y tus lágrimas».

7 comentarios sobre “Prueba de vida, prueba de amor

  1. Juan Pablo II creó la fiesta de la Divina Misericordia, primer domingo tras la Pascua de Resurrección. Y con ella la indulgencia plenaria para todos los que ese día cumplan las normas habituales de toda indulgencia. Consta de cinco elementos:
    1.Confesar
    2.Comulgar.
    3.Rezar el Credo para reafirmase en las verdades de fe.
    4.Rezar un padrenuestro, para reafirmarse en el amor de Dios.
    5.Rezar por el Papa para reafirmar nuestra fe en la Iglesia.

    Y eso además de una indulgencia, es una conversión, un volver a empezar.

    San Juan Pablo II decretó para el domingo 28 indulgencia plenaria.

    Pero lo más importante es la confesión, porque sin arrepentimiento, no puede haber cambio, sin cambio no puede haber mejora. Y esto vale para el individuo y para la sociedad, indistintamente.

    Por cierto, toda la filosofía de Kowalska, que se une a la línea de casi todos los místicos que en el mundo han sido, se resume en cuatro palabras que compendian el abandono de la criatura en los brazos del Creador:
    ¿Y cuál es la filosofía de la era de la Divina Misericordia? Pues se resume en cuatro palabras, esas que figuran a los pies del retrato encargado por Faustina Kowalska. Jesús en Ti confío.

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  2. El evangelio de hoy nos sitúa de nuevo en aquel «primer día de la semana» en que Jesús resucitó de entre los muertos. Los discípulos del Señor reunidos en el Cenáculo en torno a María están, nos dice san Juan, encerrados allí por miedo a los judíos (Jn 20, 19). No es de extrañar que se encuentren así. Sin Jesús es normal tener miedo.
    Por eso, cuando Él aparece en medio de ellos lo primero que sucede es que se disipa ese temor por el don de la paz, de la verdadera paz interior, que les hace el Señor resucitado. Y, en consecuencia, «se llenaron de alegría al ver al Señor» (Jn 20, 20). Cristo resucitado es la fuente de la paz y de la alegría, en él la encontrarás siempre; no dejes de buscarla en Jesús, especialmente cuando más la necesitas.

    San Juan Pablo II proclamó el 30 de abril del año 2000 el segundo domingo de Pascua como Domingo de la Divina Misericordia. Una devoción que le era muy querida y que marcó toda su vida, hasta el mismo momento de su paso al cielo, que tuvo lugar en la víspera de la celebración de esta fiesta el 2 de abril de 2005.

    Pero más allá de difundir una devoción buena y piadosa, el santo papa polaco apuntaba hacia lo que constituye el núcleo central del evangelio, que nos revela plenamente el rostro misericordioso de Dios en Jesucristo, algo que el Antiguo Testamento solo alcanzó a esbozar.

    En palabras del Papa Francisco: «La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia. La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo. La Iglesia vive un deseo inagotable de brindar misericordia».

    Tu vida de hijo de Dios se apoya en la misericordia divina, en la que descansa toda la vida de la Iglesia. Y toda la actividad, corporativa y personal, de los discípulos de Jesús en su afán de cumplir el mandato de Cristo de llevar el evangelio a todas las gentes, encuentra su apoyo y su impulso en la misericordia de Dios. Por eso es para ti más que una devoción, es la fuente que te da la vida, el apoyo que sostiene tu camino, tu esperanza al mirar hacia el futuro. Es, de hecho, la única esperanza del mundo. Por eso une tu oración a la de san Juan Pablo II cuando consagraba el mundo entero a la Divina Misericordia y dile de corazón:

    Dios, Padre misericordioso,
    que has revelado tu amor en tu Hijo Jesucristo
    y lo has derramado sobre nosotros
    en el Espíritu Santo, Consolador,
    te encomendamos hoy el destino del mundo
    y de todo hombre.
    Inclínate hacia nosotros, pecadores;
    sana nuestra debilidad; derrota todo mal;
    haz que todos los habitantes de la tierra
    experimenten tu misericordia,
    para que en ti, Dios uno y trino,
    encuentren siempre la fuente de la esperanza.
    Padre eterno,
    por la dolorosa pasión y resurrección de tu Hijo,
    ten misericordia de nosotros
    y del mundo entero. Amén.

    Pidamos al Dios de infinita misericordia, acudiendo a la intercesión de Santa María y del Ángel Custodio de España, que ilumine a los españoles en este día de elecciones generales.

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  3. La imagen de la Divina Misericordia le fue revelada a Santa Faustina en 1931 y Jesús mismo le pidió que se pintara, explicándole luego su significado y lo que los fieles alcanzarán con ella. Pero la imagen más conocida de esta devoción es la tercera que se realizó. Esta es la historia de la famosa imagen.

    Tras la revelación en 1931 de Jesús a Santa Faustina y la petición de que realizara un cuadro mostrando la Divina Misericordia, la religiosa pidió a Eugenio Kazimirowski que lo llevara a cabo. Éste lo hizo siguiendo las indicaciones de Santa Faustina y lo terminó en 1934, no obstante, Santa Faustina lloró al ver que la imagen acabada “no reflejaba” toda la belleza de Jesús, pero Él la animó

    El segundo cuadro fue hecho por encargo de la Congregación de la Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia en 1942 y por el artista Estanislao Batowski. Sin embargo, durante la insurrección de Varsovia, la capilla y la imagen fueron consumidas por el fuego. Por eso se le encomendó al artista pintar otra para la Capilla de la Divina Misericordia en Cracovia.

    Por entonces el pintor Adolfo Hyla llegó a la casa cracoviana de la Congregación con la propuesta de pintar un cuadro como voto por haberse salvado en la guerra. Le dieron una estampa de la Divina Misericordia y las descripciones de Santa Faustina.

    El pintor terminó el cuadro en 1943 y fue bendecida en la capilla por el P. Andrasz, confesor de Faustina.

    Más adelante llegó la imagen de Batowski, pero solo el cuadro de Hyla se quedó en la capilla por recomendación del Cardenal Adan Sapieha, quien lo eligió porque había sido pintado como voto.

    Como el cuadro de Hyla no entraba en el altar a la Misericordia, en la capilla, el pintor hizo una imagen más pequeña, que fue bendecida el Segundo Domingo de Pascua de 1944 también por el P. Andrasz.

    En 1954 Hyla repintó el lienzo, eliminando la pradera y el matorral que había puesto, y colocó el fondo oscuro con el suelo bajo los pies de Jesús.

    Esta imagen de Hyla se hizo famosa por las gracias que recibían los fieles y es la más difundida en el mundo.

    De esta manera se cumplió el pedido de Jesús a Santa Faustina: “Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y en el mundo entero”.

    La revelación

    Cuenta Santa Faustina en su diario: “Al anochecer, estando en mi celda, vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido”.

    “Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma: ‘Jesús, en ti confío’. Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y [luego] en el mundo entero”.

    Jesús le señaló: “Prometo que el alma que venera esta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y, sobre todo, a la hora de la muerte. Yo mismo la defenderé como mi gloria”.

    Otro día, estando Santa Faustina en oración, Cristo le dijo: “Los dos rayos significan la Sangre y el Agua. El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas”.

    “Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de mi misericordia cuando mi Corazón agonizante fue abierto en la cruz por la lanza. Estos rayos protegen a las almas de la indignación de mi Padre. Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le alcanzará la justa mano de Dios”.

    Santa Faustina contaba todo esto a su confesor, el actual Beato P. Miguel Sopocko, quien designó al pintor Eugenio Kazimirowski para que realizara la imagen según las indicaciones de la santa.

    “Una vez, cuando estaba en [el taller] de aquel pintor que pintaba esa imagen, vi que no era tan bella como es Jesús. Me afligí mucho por eso, sin embargo lo oculté profundamente en mi corazón”, escribió Santa Faustina en su diario.
    “Fui a la capilla y lloré muchísimo. ¿Quién te pintará tan bello como Tú eres? Como respuesta oí estas palabras: ‘No en la belleza del color, ni en la del pincel, está la grandeza de esta imagen, sino en Mi gracia’”.

    aciprensa.com
    Esta es la verdadera historia de la imagen de la Divina Misericordia

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  4. CON TODO MI CARIÑO, LEE LO QUE ACABO DE ESCRIBIR, QUIZAS TE ACLARE ALGO TUS DUDAS, ISABEL

    Señor, en Ti confío para salir adelante y hacer las cosas bien. Gracias por mostrarme que Tú eres la resurrección y la vida, la verdad, el amor y la felicidad.

    Gracias porque, con tu mano sanadora, me consuelas y me das las fuerzas para enfrentar las adversidades y los distintos males que me aquejan.

    Creo en Ti, en el poder de tu perdón, en tu presencia viva que es fuego que purifica y restaura toda herida de dolor, renovándome y revitalizando mi fe.

    Ven Señor con el poder de tu Cruz, sana mi corazón y mi vida toda. Abre mis ojos a las maravillas que me ofreces y líbrame de la dureza de pensamiento.

    MI DIOS, TU CRUZ ES SIGNO DE AMOR, TUS MANOS LLAGADAS: SIGNO DE MISERICORDIA; POR ESO, CREO, ESPERO Y TE AMO, PUES HAS REVIVIDO A MI MORIBUNDO CORAZON..

    Dame de esa paz que conforta el alma, líbrame de rencores y apatías. Tú eres fuente de sanación, dame del agua viva de tu corazón que nunca se agota.

    Entrego ahora en tus manos mi vida y la de los que me importan. Que todos mis sueños se vean realizados en Ti sintiendo siempre tu compañía.

    Que tu misericordia penetre en lo profundo de mi corazón. Te amo. Gracias por tu perdón y por tu poder que cobija. Gracias por seguirme amando. Amén

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    1. Conversando con Él

      Señor mío, quiero abrirte mi corazón en este día y permitir que dejes caer en él todo el combustible de tu amor y de tu compasión. Te doy gracias porque a tu lado he aprendido a construir relaciones sólidas basadas en la confianza y en la alegría. Gracias por escuchar mis súplicas cuando ruego a Ti con honestidad. Hazme dócil y sensible a tus inspiraciones, que pueda vivir para Ti, amarte y abrirme a nuevas experiencias de bendición que la vida me regala. Ven y camina conmigo, protégeme de todo aquello que puede hacerme daño. Condúceme hoy por sendas de amor y guíame con tu sabiduría en todas las decisiones que voy a tomar para que me ayuden a avanzar realmente hacia el camino que, junto a Ti y al Padre, deseo alcanzar, por el bien personal de mi alma y la de los míos. Amén

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