La mentalidad que puede cambiar la vida de un niño. Carol Dweck, psicóloga e investigadora

descarga (1).jpgCarol Dweck es profesora de psicología en la Universidad de Stanford y una de las principales investigadoras y referentes internacionales en la educación por sus ideas pioneras sobre mentalidad, motivación y desarrollo. Dweck es la creadora de los conceptos de mentalidad fija, las personas que creen que la inteligencia es innata e inmutable, y la mentalidad de crecimiento, aquellos que creen que sus habilidades pueden mejorar gracias al entrenamiento y el esfuerzo.

En el siguiente video, Dweck explica que es de “vital importancia que nuestros hijos aprendan con una mentalidad de crecimiento en el mundo de hoy donde necesitamos niños que amen los desafíos y la incertidumbre, y que no se sientan superados”. Dweck afirma que esta tendencia a considerar las habilidades como fijas o modificables tiene un profundo impacto en muchas áreas de la vida de una persona, especialmente en la motivación de los niños y profesores

6 comentarios sobre “La mentalidad que puede cambiar la vida de un niño. Carol Dweck, psicóloga e investigadora

  1. El bien siempre tiende a comunicarse. Toda experiencia auténtica de verdad y de belleza busca por sí misma su expansión, y cualquier persona que viva una profunda liberación adquiere mayor sensibilidad ante las necesidades de los demás. Comunicándolo, el bien se arraiga y se desarrolla. Por eso, quien quiera vivir con dignidad y plenitud no tiene otro camino más que reconocer al otro y buscar su bien. No deberían asombrarnos entonces algunas expresiones de san Pablo: «El amor de Cristo nos apremia» (2 Co 5,14); «¡Ay de mí si no anunciara el Evangelio!» (1 Co 9,16).

    La propuesta es vivir en un nivel superior, pero no con menor intensidad: «La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás». Cuando la Iglesia convoca a la tarea evangelizadora, no hace más que indicar a los cristianos el verdadero dinamismo de la realización personal: «Aquí descubrimos otra ley profunda de la realidad: que la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión». Por consiguiente, un evangelizador no debería tener permanentemente cara de funeral. Recobremos y acrecentemos el fervor, «la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas […] Y ojalá el mundo actual —que busca a veces con angustia, a veces con esperanza— pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo».

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  2. El poder del todavía. He oído hablar de una escuela en Chicago, donde para graduarse hay quepasar un cierto número de cursos y si no lo consiguen, se les califica con “todavía no”. Lo que me pareció fantástico, porque frente a un fracaso uno piensa que no es nada, pero con un “todavía no” entiende que está en proceso de aprendizaje. Te abre un camino hacia el futuro. El “todavía no” me ayudó a entender un incidente de principios de mi carrera que fue un verdadero punto de inflexión. Quería ver cómo lidian los niños con los retos y las dificultades, así que mande a niños de 10 años a resolver problemas un tanto difíciles. Algunos reaccionaron sorprendentemente bien. Decían cosas como: “Me encantan los retos”, o “Me esperaba algo positivo”. Entendieron que así pueden desarrollar sus habilidades. Tenían lo que yo llamo una “mentalidad de desarrollo”. Mientras que otros lo vieron como una tragedia, un desastre. Desde la posición de una mentalidad fija pusieron a prueba su inteligencia y fracasaron; en lugar de prosperar con la ayuda del poder del todavía, se quedaron atrapados en la tiranía del ahora. Entonces, ¿qué es lo que harán? Les diré lo que harán. Algunas encuestas dicen que probablemente harán trampa en lugar de estudiar más si fracasan en alguna prueba. En otro estudio, tras el fracaso, buscaron a quienes consiguieron peores resultados para sentirse mejor con ellos mismos. Y un estudio tras otro demostraron huir de las dificultades. Los científicos midieron la actividad eléctrica del cerebro mientras los estudiantes se enfrentaban a errores. A la izquierda se ven los estudiantes con mentalidad fija. No hay casi actividad. Huyen del error. No se ocupan de él. A la derecha, tenemos estudiantes con una mentalidad de desarrollo, la idea de que las habilidades se pueden desarrollar. Estos alumnos se involucran a fondo. Sus cerebros no dejan de pensar en el “todavía”. Están muy comprometidos. Procesan el error. Aprenden de ellos y los corrigen. ¿Cómo criamos a nuestros hijos? ¿Los educamos en el espíritu del “ahora” o del “todavía”? ¿Estamos criando niños obsesionados con conseguir una nota máxima? ¿Estamos criando niños que no saben soñar a lo grande? ¿Es su mayor objetivo conseguir la nota máxima en la siguiente prueba? ¿Arrastran con ellos esta necesidad constante de aprobación para toda la vida? Tal vez, porque los empleadores se me acercan y me dicen: hemos formado toda una generación de jóvenes trabajadores que no pueden trabajar un día sin alguna recompensa. Entonces, ¿qué podemos hacer? ¿Cómo construimos el puente hacia el todavía? Estas son algunas ideas. Primero, hay que elogiar con sabiduría, no la inteligencia o el talento, porque esto no ha dado resultados. No lo hagamos más. Hay que elogiar el proceso en el cual el niño se involucra: su esfuerzo, sus estrategias, su enfoque, su perseverancia, su progreso. Alabando el proceso se crean niños fuertes y resistentes. Hay otras maneras de recompensar el todavía. Hemos colaborado recientemente con investigadores del juego de la Universidad de Washington, para crear un nuevo juego matemático en línea, que premia pensar el “todavía”. En este juego, fueron premiados por el esfuerzo, la estrategia y el progreso. El típico juego matemático recompensa las respuestas correctas obtenidas ahora, pero este juego recompensará el proceso. Y se nos respondió con más esfuerzo, más estrategias, mayor compromiso durante largos períodos, y mayor perseverancia frente a problemas realmente muy difíciles. Nos encontramos que solo las palabras “todavía” o “aún no”, daban a los niños una mayor confianza, les mostró el camino hacia el futuro y mejoró la insistencia. Y podemos realmente cambiar la mentalidad de los estudiantes. En un estudio les enseñamos que cada vez que daban un paso fuera de su terreno conocido para aprender algo nuevo y difícil, las neuronas de sus cerebros pueden crear nuevos vínculos más fuertes, y con el tiempo pueden llegar a ser más inteligentes. Vean lo que pasó: en este estudio, estudiantes a los que no se les enseñó esta mentalidad de crecimiento, recibieron notas cada vez más bajas durante esta difícil etapa escolar, pero a los que se les enseñó esta lección, mejoraron notablemente en las evaluaciones. Hemos demostrado esto ahora, este tipo de mejora, en miles y miles de niños, especialmente con dificultades. Vamos a hablar de la igualdad. En nuestro país, existen grupos de estudiantes que obtienen resultados consistentemente bajos, por ejemplo, los niños de los barrios pobres, o los de las reservas aborígenes. Y han fracasado tanto tiempo que la gente piensa que es inevitable. Pero cuando los educadores crean aulas donde la mentalidad de crecimiento genera la cultura del todavía, brota la igualdad. Aquí tengo algunos ejemplos. En solo un año, una clase infantil en Harlem, Nueva York, pasaron la prueba del examen nacional en un 95 %. Muchos de estos niños no sabían sostener un lápiz cuando llegaron a la escuela. En un año, estudiantes del 4º de primaria del sur del Bronx, en desventaja, se convirtieron en la clase de 4º de primaria número 1 del estado de Nueva York en el examen estatal de matemáticas. En un año, año y medio, estudiantes indígenas en una escuela de la reserva aborigen saltaron del último al primer lugar en su distrito, el mismo círculo que incluía a los barrios ricos de Seattle también. Así que los niños aborígenes superaron a los chicos Microsoft. Esto se debe a que los conceptos de esfuerzo y de dificultad se han redefinido. Antes, el esfuerzo y la dificultad les hacían sentirse estúpidos y les daban ganas de renunciar, pero ahora, el esfuerzo y la dificultad, hacen que sus neuronas formen nuevas conexiones, lazos más fuertes. Y se vuelven más inteligentes. Hace poco recibí una carta de un niño de 13 años. Me decía: “Estimada profesora Dweck, agradezco que su material se base en una investigación científica sólida, y es por eso que decidí ponerlo en práctica. Pongo más esfuerzo en mis estudios, en mi relación con mi familia, y las relaciones con los compañeros en la escuela, y me di cuenta de mi enorme progreso en todos estos campos. Ahora me doy cuenta de que desperdicié la mayor parte de mi vida”. No desperdiciemos más vidas, porque una vez que sabemos que las habilidades son capaces de tal crecimiento, eso se convierte en un derecho humano fundamental para todos los niños, de vivir en lugares que crean este crecimiento, de vivir en lugares llenos de todavías. Gracias

    Carol Dweck

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  3. Los cambios en los niños pueden producirle, al igual que a cualquier persona adulta, cierta ansiedad ante lo desconocido, pero, ya que no cuentan con la madurez necesaria y todavía no son capaces de valorar o sopesar las situaciones que van a vivir, debemos ayudarles a tomarlos con tranquilidad. Para un niño, sus padres son sus bases y sus raíces, somos los que le podemos ofrecer la confianza que necesita en este momento de cambios.

    Los padres representan la estabilidad que necesitan los niños

    Cómo afectan los cambios a los niños

    Todas las familias pasan por cambios como, por ejemplo, las mudanzas, cambios de colegio, enfermedades o muerte de algún familiar, o separación. Según sea el caso, el equilibrio familiar se verá más o menos afectado y, asimismo, nuestros hijos pequeños podrían experimentar ciertos síntomas por la influencia de estas nuevas circunstancias: cambios anímicos, aislamiento, dificultades de aprendizaje, etc.

    Según la sensibilidad del niño y, sobre todo, de la edad que tenga, los cambios pueden afectarle en mayor o menor medida. Así que debemos ayudarles en lo posible cuando tengan que vivir situaciones que puedan afectar a sus rutinas y a su estabilidad emocional. ¿Recuerdas cuando tu hijo era un bebé y podías llevártelo adonde quisieras, porque mientras estuvieras tú dándole protección y satisfaciendo sus necesidades, era feliz? Pues del mismo modo, un niño más mayor puede atenuar la tensión que siempre provocan los cambios, si se siente apoyado por sus padres y experimenta que ellos están tranquilos. Por el contrario, el nerviosismo que nosotros podemos sufrir ante una nueva situación o experiencia, se lo trasmitiremos también a nuestro hijo.

    Los niños, por lo general, tienen una gran capacidad de adaptación ante estados mutables, siempre y cuando sus raíces o sus bases, que somos sus padres, sigan inmutables. Sin duda, el lugar donde estéis o las personas que os acompañen puede ser importantes para vuestro hijo, pero superar el cambio y volver a la normalidad sin que aparezcan trastornos psicológicos, depende en buena medida de que tenga ciertas cosas que sean inamovibles como una relación amorosa con vosotros o no privarle de privilegios adquiridos previamente. También podemos proteger su situación personal y su estabilidad emocional, si vamos preparándole paulatinamente a superar los cambios que tengamos previstos para nuestra familia.

    Patro Gabaldón. GuiaInfantil.com

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  4. En Etapa Infantil os hemos hablado sobre qué es la mentalidad fija y la mentalidad de crecimiento, ambas mentalidades están presentes en nuestra vida pero siempre hay que fomentar en los niños la mentalidad de crecimiento (y también en nosotros mismos) porque es la única que nos hará prosperar. Una mentalidad de crecimiento nos ayudará a ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío, y lo más importante, nos ayudará a creer en nosotros mismos.

    Una mentalidad de crecimiento siempre impulsará el potenciar y la capacidad para aprender y para crecer. Sabemos que esto es así a ciencia cierta. Los padres, maestros y cualquier persona adulta que es importante en la vida de un niño o adolescente tiene mucho poder para orientarle y hacerle feliz a través de una mentalidad de crecimiento. Si no sabes cómo ayudarle a que entienda qué es una mentalidad de crecimiento, sigue leyendo, porque es muy importante que entiendan de qué trata.

    El cerebro se puede hacer más fuerte

    Es necesario que le digas a tus hijos una y otra vez que el cerebro es capaz de cambiar. Los cerebros pueden cambiar y hacerse más potentes. Decir esto una y otra vez a los niños en su vida hará que sepan que es cierto, que lo crean y que interioricen que son capaces de fortalecer esa potencia en su cabeza. Pero, ¿cómo se puede explicar a un niño que el cerebro se puede hacer más fuerte? Puedes probar con esto:

    “Imagina que en tu cerebro hay miles de millones de diminutas bombillas. Hay una bombilla que todo lo puede hacer, otra que baila, otra que hace matemáticas, otra bombilla a la que le gusta el fútbol, otra bombilla que es tu imaginación, otra que puede aprender ciencia, a otra le gusta cocinar… ¿Tienes la idea? Lo que pasa, que esas bombillas sólo se encienden cuando haces lo que cada una tiene previsto hacer, por lo que no todas las bombillas se iluminarán todo el tiempo. Incluso, es posible que algunas de esas bombillas no se iluminen en absoluto. Esto es lo que debe ser, nadie es grande en absolutamente todo.

    Lo bueno de estas bombillas es que cuanto más se enciendan (mediante la práctica de la actividad que corresponda), más brillante brillan y más fuerte se hace tu cerebro. La primera vez que intentes algo, la bombilla se iluminará un poco, pero cuanto más se practica podrás aprender las cosas y más brillante se volverá la bombilla. Recuerda, que no todas las bombillas están brillando todo el tiempo, sólo brillan las que están activadas.

    Si por ejemplo nunca vas a montar en bicicleta, la bombilla de montar en bicicleta no brillará en absoluto. En cambio, si sí vas a montar en ella, la primera vez que lo hagas la bombilla se iluminará un poco. Cuanto más uses la bicicleta, más brillante se volverá la bombilla y más fuerte iluminará. Puede ser que necesites mucha práctica antes de que la bombilla de montar en bicicleta sea tan brillante como la de lavarte los dientes, pero cuando es tan brillante, significará que serás igual de bueno en montar en bicicleta como lo eres lavándote los dientes.

    Pero, ¿sabes por qué tienes la bombilla de los dientes tan brillante? Porque te cepillas los dientes -mínimo- todas las mañanas y todas las noches. Sin embargo, cuando se trata de montar en bicicleta, es posible que te caigas algunas veces, pero eso no significa que no puedas ser bueno montando en ella. Solo significa que aún tienes que practicar más para mejorar… porque tu bombilla aún se está cargando para iluminar más.

    Cada vez que se aprende o se practica algo, estarás encendiendo una bombilla y fortaleciendo tu cerebro. Resulta igual que cuando haces ejercicio con el cuerpo y éste se vuelve más fuerte mediante el fortalecimiento de los músculos… con el aprendizaje y la práctica, tu cerebro podrá cambiar. Eres muy capaz de aprender cosas y de fortalecer tu cerebro, pero no lo consigue solo, necesita tu ayuda. Todos los cerebros se pueden hacer más fuertes, inteligentes y pueden ser capaces de ayudarte a hacer cosas increíbles, pero necesitan trabajar para que las bombillas brillen, y tú puedes conseguirlo si te lo propones, ¡haz que tus bombillas brillen!”

    Mª José Roldán
    En Educación

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  5. Cómo enseñar a los niños a pensar

    El filósofo Robert Swartz propone un cambio radical en la actual escuela «que mata las ganas por aprender y pensar»

    Gema Lendoiro
    Actualizado:08/11/2014 04:00h

    ¿Cómo sería una sociedad llena de adultos que saben racionalizar sus ideas? ¿una sociedad repleta de gente que sabe pensar? Nacemos con la capacidad innata de pensar pero después no siempre se pone en práctica el pensamiento verdadero, es decir, aquél que te hace analizar las situaciones y establecer las consecuencias de los actos que acometemos en el día a día.

    Por eso, enseñar a pensar es básico desde la más tierna infancia, como defiende el filósofo Robert Swartz, que recientemente visitó Madrid y ofreció una conferencia en el Colegio Brains de Madrid. El título: «Pensamiento crítico y creativo desde la escuela». Swartz es director de The National Center for Teaching Thinking, de Estados Unidos, graduado por la Universidad de Harvard y profesor emérito en la Universidad de Massachusetts en Boston. Autor de numerosas obras y artículos sobre el pensamiento crítico, es una referencia mundial a la hora de proponer un cambio radical en los planteamientos de la eduación desde los niveles de infantil.

    La propuesta de Swartz es sencilla: «Los alumnos de Infantil aprenden y piensan de manera diferente. Esto está relacionado con la estructura de la mente y de su cerebro». Sin embargo, con el paso de Infantil a Primaria las cosas cambian radicalmente y de la actitud de un niño de tres años, que siempre quiere ser preguntado por la profesora, se pasa a la de la actitud: ¿por qué me pregunta a mí? O, lo que es muchísimo peor, que al ser preguntado la única preocupación del alumno sea si eso va a entrar en el examen. Es decir, ha perdido el interés por aprender y sólo se fija en cumplir con la obligación de no suspender. Esto es, a todas luces, el primer paso para el fracaso escolar. Sin motivación para aprender es difícil obtener buenos resultados.

    ¿Qué sucede para que haya este cambio? El filósofo lo tiene claro: «El sistema educativo no es el adecuado, mata las ganas, acaba con la estructura del pensamiento tan preclara que los niños tienen con tres años». Robert Swartz comenzó a visitar colegios de Infantil para ver cómo actuaban los profesores y analizar así la situación llegando a diversas conclusiones.

    Para empezar, hay que desterrar la idea que muchos profesores (y padres) tienen de que «no se puede hacer nada con los niños de Infantil porque no piensan, porque hasta más adelante es imposible. Y eso es absolutamente falso y, lo que es peor, lo saben».

    Trabajar las destrezas del pensamiento

    Tres son las piedras angulares de las nuevas aulas del pensamiento que son defendidas por Robert Swartz: Pensamiento, Comunicación y Colaboración. El filósofo puso un ejemplo muy gráfico. «Varias cajas de «corn flakes» se la enseñas a un niño y le preguntas cuál escogería para desayunar. Probablemente el niño elija aquella que más le guste por el dibujo. Enseñar al niño a pensar supone hacerle ver que antes de tomar una decisión debe valorar unas cuantas cosas. En el caso de los cereales, por ejemplo, preguntarse qué es más saludable y mejor para el cuerpo. Puede que te guste más la caja que tiene un león en lugar de la caja que tiene dibujada una manzana. Pero, ¿qué es mejor para tu salud? ¿qué te va a hacer crecer más?, ¿un bonito dibujo en un papel o unos cereales que son realmente buenos para ti? Ofrecerle al niño esa capacidad de decisión y no porque persigamos que ellos decidan cosas como su menú, no, darles las herramientas para que aprendan a tomar decisiones basadas en preguntas que se hacen previamente. Enseñar a los niños a tomar decisiones con destreza».

    ¿Qué hace necesaria la decisión? Es decir, por qué necesito comprar cereales. ¿Cuáles son mis opciones? Es decir, ¿cuántas cajas de cereales puedo escoger de las que hay en el supermercado? Y ahora una gran pregunta: ¿Cuáles son las consecuencias probables de cada opción? ¿Qué importancia tienen las consecuencias para mi vida? ¿Qué opción es la mejor una vez analizadas todas las consecuencias?

    Esta es la fórmula para hacerlo. Así es como se construye que un adulto aprenda a pensar por sí mismo. Mucha gente puede pensar que esto no es sencillo, que un niño de dos o tres años no es capaz de entender pero esto no es así, sí entienden, sólo es necesario utilizar un lenguaje diferente, sencillo y adaptado a su edad.

    Robert Swartz es consciente de que no se puede cambiar la mentalidad de millones de seres humanos en el mundo que ya son adultos, pero sí se puede hacer un gran impacto en las generaciones venideras si cada vez más escuelas llevan a la práctica enseñar a los niños a pensar en lugar de obligarles a memorizar.

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