¿Podrá Nicaragua romper el hechizo sandinista?

nicaraguaAmérica Latina es una tierra de viejas supersticiones, una tierra de celebración de rituales donde el sentido mágico de la vida florece en todo su esplendor adquiriendo mucha influencia sobre prácticamente todos los elementos de la sociedad, incluyendo la política. Esto ha sido algo intensamente aprovechado por todo tipo de Caudillos para legitimar y consolidar su poder. Un buen ejemplo lo encontramos en la Nicaragua, “cristiana, socialista y solidaria” de Daniel Ortega.

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7 comentarios sobre “¿Podrá Nicaragua romper el hechizo sandinista?

  1. Ayer se celebró el trigésimo noveno aniversario del triunfo de la Revolución Sandinista frente a la dictadura de Anastasio Somoza. La cita tomó en Nicaragua una dimensión mayor que en otras ocasiones, ya que el país centroamericano se encuentra en medio de un intento de golpe contra el gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) impulsado por Estados Unidos (EEUU).

    >>El motivo de EEUU para radicalizar su intervención en Nicaragua<>Nicaragua: La manipulación mediática se cierne sobre Masaya<>¿Qué pasó en la Marcha de las Flores?<<

    Sin embargo, el sandinismo lleva movilizándose en las calles masivamente desde el comienzo de la intentona golpista. Ayer, en el trigésimo noveno aniversario de la victoria frente al dictador Anastasio Somoza, el sandinismo necesitaba mostrar al mundo que la mayoría de los nicaragüenses mantiene su apoyo al gobierno, y a su propuesta de diálogo y cese de la violencia como pasos fundamentales para alcanzar la paz.

    Una aspiración que consiguió con creces no solo en Managua, sino en todos los municipios del país, siendo estratégicamente importantes las masivas movilizaciones sandinistas en Jinotepe y Masaya, las dos ciudades que más han sufrido la opresión fascista de los grupos violentos sufradados por EEUU y apoyados por la Iglesia Católica.

    En el plano internacional, Nicaragua recibió el apoyo expreso de Venezuela, Bolivia, El Salvador y Cuba. El presidente Nicolás Maduro mandó una carta en la que expresó su apoyo al FSLN y al presidente Daniel Ortega. Además envió a su canciller Jorge Arreaza, quién pronunció un mitin junto al mandatario nicaragüense en una abarrotada Plaza de la Victoria en Managua, la capital del país.

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  2. Publicado el 30 ago. 2018

    América Latina es una tierra de viejas supersticiones, una tierra de celebración de rituales donde el sentido mágico de la vida florece en todo su esplendor adquiriendo mucha influencia sobre prácticamente todos los elementos de la sociedad, incluyendo la política.

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  3. ULTIMA HORA

    Una manifestación convocada por los Autoconvocados del municipio de Jalapa, en Nicaragua, fue atacada a balazos y piedras por seguidores del presidente Daniel Ortega, según informó el Movimiento “Azul y Blanco” de esa ciudad.

    De acuerdo con la información, la marcha había avanzado 600 metros cuando civiles encapuchados, a bordo de camionetas y con banderas del oficialista Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), comenzaron a tirar piedras y luego balas en dirección de los manifestantes, que huyeron despavoridos, según imágenes publicadas en las redes sociales.

    Los organizadores no reportaron ningún herido, mientras que las autoridades aún no se han referido a ese incidente.

    Esa manifestación formaba parte de la denominada “Marcha de los Globos”, que se desarrolló en diferentes municipios de Nicaragua.

    Protestas contra Ortega

    Nicaragua vive desde el 18 de abril una crisis social y política que ha generado varias protestas contra el Gobierno de Daniel Ortega y más de 400 muertos, según organismos de derechos humanos locales y extranjeros, mientras que el Ejecutivo cifra en 198 los fallecidos.

    La oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh) ha responsabilizado al Gobierno de “más de 300 muertos”, así como por ejecuciones extrajudiciales, torturas, obstrucción a la atención médica, detenciones arbitrarias, secuestros, violencia sexual, entre otras violaciones a los derechos humanos.

    Las manifestaciones contra Ortega comenzaron por unas fallidas reformas de la seguridad social y se convirtieron en una exigencia de renuncia del mandatario, después de once años en el poder, con acusaciones de abuso y corrupción.

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  4. La aprobación de la ley es solo una muestra de que esta semana ha marcado un punto de inflexiónen la crisis de Nicaragua. En cuestión de siete días, el régimen de Ortega ha incrementado su represión: asaltó la UNAN y tomó el control, con un millar de paramilitares armados, de la ciudad de Masaya, el bastión rebelde. Además, varios líderes sociales, entre ellos Medardo Mairena, cabeza visible del movimiento campesino, fue detenido y encarcelado. La represión ha permitido al régimen recuperar un aparente orden. El Gobierno ha eliminado por la fuerza los tranques que había en el país y facilitado la circulación de vehículos y camiones con mercancías. Desde el miércoles, se sentía que había más provisiones en los establecimientos. La normalidad, no obstante, no es tal. Muchos negocios permanecen cerrados y el miedo a salir por la noche sigue latente. Con la caída de la noche se ha impuesto un toque de queda virtual. La sensación en Managua con la caída del sol es la de una ciudad fantasmagórica.

    El objetivo de Ortega era despejar cualquier atisbo de protesta callejera de cara al 19 de julio, cuando se cumplían 39 años del triunfo de la revolución sandinista. Lo logró. El presidente se dio un baño de masas con sus más fieles. Por mucho que hubiese menos apoyo que en años anteriores y que movilizara a los trabajadores del Estado, en la plaza de la Fe, o de la Revolución, se concentraron miles de leales a Ortega. Muchos de ellos celebraban en tono festivo, pero los había también crispados, con una sed de venganza que alimentó el mensaje incendiario del presidente. El mandatario cargó contra la Iglesia y llamó a movilizar a las autodefensas, un claro apoyo a los paramilitares.

    Ortega dejó claro con su mensaje que se siente en una posición de fuerza. Cuesta creer que vaya a volver a facilitar las protestas cívicas masivas que le noquearon en un primer momento por imprevisibles. La época de los tranques y las barricadas ya es historia, al menos de forma tan exponencial, aunque tampoco los críticos con Ortega van a ceder. La lucha entre las dos partes es también la recuperación de los símbolos. Los críticos con Ortega han hecho suyo el “¡que se rinda tu madre!” con el que el poeta Leonel Rugama se encaró con un general somocista. Los orteguistas, por su parte, enarbolan el “aquí no se rinde nadie”.

    Qué viene ahora es aún una incógnita. “Ortega está ganando la batalla militar, pero ha perdido la guerra”, sostiene el escritor Sergio Ramírez. “Recuperar la situación actual de antes del 18 de abril, es imposible. No cuenta con el apoyo de la iglesia ni con los empresarios, a quienes considera los grandes traidores, pero tampoco con la sociedad civil. Perdieron la calle. El vuelco fundamental es que la gente ha perdido el miedo”, opina quien fuera vicepresidente de Ortega tras el triunfo de la revolución. “Muchos de los muertos son hijos y nietos de excombatientes sandinistas. La gente a la cabeza del frente cívico no tiene aún un liderazgo, pero se va a articular un movimiento de resistencia de verdad”, añade.

    Un grupo de amigos y familiares rezan a la entrada de El Chipote, el centro donde son trasladados los detenidos durante las protestas.

    Parte de él se está gestando en la clandestinidad, mayoritariamente por estudiantes, pero no solo. “Todos los campesinos que estaban en los tranques se han ido al monte o han huido, no pueden regresar a sus casas”, asegura Freddy Navas, líder del movimiento campesino. “La estrategia es dejarles el 19 de julio para que canten victoria, replegarnos y volver con más fuerza. Tenemos que salvar la vida para reorganizarnos, muchos ya no podemos retroceder en esta lucha, es la cárcel o la muerte. No hay vuelta atrás”, se lamenta Navas en un hotel de Managua, donde junto con tres líderes más explica la situación. Llevan tres meses lejos de sus casas, moviéndose itinerantes entre casas de seguridad y hoteles. El último en el que se alojaron, junto a una parroquia, fue baleado. El fantasma de una nueva guerra civil, aunque no cercano, permea ya en las conversaciones. “Siento que a eso quiere llegar el Gobierno”, asegura Nayive Acevedo, también del movimiento campesino. Sus compañeros no están de acuerdo, creen que ese escenario es aún lejano. “Pero la gente se está cansando y si le dan un arma, se van a tirar adelante. Yo misma, que soy madre, si veo matar a un niño, me echaría adelante”.

    Los campesinos han sido los más críticos con Ortega desde que, hace cinco años, iniciaran sus movilizaciones contra el Canal de Nicaragua, un proyecto que el Gobierno concedió a una empresa china. Celebran tener presencia en 115 de los 153 municipios del país, pero en las grandes ciudades su peso mengua. Ahí confían en tejer apoyos con los estudiantes, los grandes protagonistas de esta rebelión contra Ortega, en la medida en que han sido los que más víctimas mortales han dejado. Una de sus caras más visibles es Lesther Alemán, el joven estudiante de Comunicación de 20 años que, en la primera jornada del diálogo, arrebató el turno de palabra al propio a Ortega para exigirle que frenara la represión y dejase el poder. Alemán salió de su casa tres días antes de aquella reunión con dos pantalones y dos camisas en una bolsa. Sabía que tardaría en volver.

    Ahora, vive con varios de sus compañeros en un espacio de seguridad, después de haber recibido varias amenazas de muerte. Solo se desplaza para reuniones en la ciudad, con el miedo de que no pone en riesgo solo su vida. El día anterior de la entrevista, tuvo que cambiar su rumbo al sentir que le seguía un grupo de paramilitares. “Todos esperábamos ver a un estadista, pero negó el conflicto”, dice con un articulado discurso, alejado de la mayoría de los chicos de su edad, sobre Ortega, a quien se refiere como expresidente. “Al hacer del país una jaula y quedarse con las llaves, no lo considero más mi presidente”, afirma Alemán. En la mesa, con un bolígrafo y un taco de post-it tiene Banderas y harapos, el libro de relatos de la revolución de Gabriela Selser. Sobre los pasos a seguir, asegura que están valorando las intenciones de Ortega para ver lo que quiere hacer en el futuro. “Él va a accionar silenciosamente, en ningún momento va a reconocer públicamente, por su ego, que se ha equivocado. Nosotros lo que queremos es que ceda”.

    Todas las miradas de los actores internos están puestas estos días en la comunidad internacional. “Los pasos a seguir van a depender muchos de los que den ellos”, es el comentario generalizado. En la última semana, la Organización de Estados Americanos (OEA) aprobó una resolución para que se adelantaran las elecciones presidenciales. La condena fue unánime después de que al menos 13 países latinoamericanos exigieran el fin de la violencia y de los ataques paramilitares. Los informes de que acusan al régimen de violentar los derechos humanos se multiplican con los pasos de los días.

    La crisis internacional se ha sumado a una crisis interna inusual en esta última década. Estos tres últimos meses han evidenciado que el milagro perfecto que aparentaba ser Nicaragua, con una economía estabilizada, que crecía cada año y unos índices de inseguridad contenidos respecto al resto de la región, era, en realidad, un espejismo perfecto. La economía cayó en la medida en que su principal aliado, Venezuela, se sumía en una crisis galopante institucional, económica y humanitaria. Sin dinero de por medio, los empresarios, que miraban para otro lado los desmanes de Ortega con tal de mantener su statuo quo, se han vuelto ahora críticos con el presidente.

    Uno de los factores que determinarán la nueva fase en la que se adentra Nicaragua es el futuro del diálogo. Hasta ahora la Iglesia ha jugado un papel de mediador que, según el discurso del jueves, Ortega le quiere arrebatar. “La situación es muy seria, no está en juego el cambio de gobierno, sino el porvenir del país”, opina Monseñor Vivas, obispo de la diócesis de León, capital turística del país que ve cómo la crisis puede ahogar su principal sustento. Vivas es una de las voces más discordantes, en tanto no se ha mostrado abiertamente crítico contra el Gobierno de Ortega, como otros miembros de la Iglesia. “Se ha cantado victoria por ambas partes antes de tiempo. No se trata de eso cuando hay tensión. El diálogo es más urgente que nunca. Incluso con un gobierno nuevo, ¿quién garantiza la paz? “El arreglo entre la contra y los sandinistas nos dejó una pacificación de los corazones durante 20 años de, digamos, democracia, pero no resolvió los problemas de convivencia. No estaban todas las semillas del odio arrancadas”.

    La revolución de los ochenta es omnipresente en Nicaragua. Ahora, todos la lloran. Ortega se ampara en ella pese a haberla desfigurado hasta límites insospechados. Los más jóvenes han tenido que convivir con su recuerdo y ahora abogan por una nueva: “A nosotros nos decían que vivíamos muy bien con el Facebook y el Twitter, que si no habíamos vivido en los ochenta, que si bla, bla, bla. ¿Ahora quién está poniendo los muertos”, se revuelve Dolly Mora, nieta de sandinistas que combatieron en los ochenta. Para la mayoría de los protagonistas de entonces, como Sergio Ramírez, se ha vuelto un sueño pervertido por la ambición de poder de Ortega. “Esto es un engendro de la revolución. La revolución, para mí, eran más los ideales que la ideología. ¿Qué ideales hay aquí?”.

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  5. Una marcha para demandar la liberación de los detenidos en el marco de las protestas contra el Gobierno del presidente Daniel Ortega comenzó este domingo en la capital de Nicaragua en medio de una fuerte presencia policial y la inesperada concentración de un grupo de sandinistas.

    Los manifestantes, convocados por los padres de familias de los detenidos, citaron a esa marcha para reclamar la libertad de los “reos políticos” que han caído presos en protestas contra el presidente Daniel Ortega, en medio de la crisis sociopolítica que ha dejado centenares de muertos desde abril pasado.

    La manifestación, denominada “Marcha de los Globos”, tuvo como punto de partida la rotonda Cristo Rey y tiene previsto culminar en la rotonda La Virgen, noroeste de Managua, en un recorrido de unos cinco kilómetros, según información de la agencia de noticias EFE.

    La “Marcha de los Globos” comenzó bajo un fuerte dispositivo de seguridad y la presencia, en vehículos, de seguidores del Gobierno sandinista, según constató Efe.

    “El objetivo de esta marcha es exigir la libertad inmediata de todas las personas que se encuentran en prisión tras haber participado en plantones, marchas, caravanas, tranques (bloqueo de vías) y otras manifestaciones contra el presidente Daniel Ortega”, explicó Mercedes Dávila, madre del estudiante detenido Edwin Carcache, miembro de la Alianza Cívica por la Justicia y por la Democracia.

    Durante la marcha, los manifestantes, que en su mayoría cargan globos y banderas de Nicaragua, gritan consignas a favor de los detenidos y en contra del presidente Ortega y de su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo.

    “Los detenidos, entre ellas mi hija, están presos por luchar por Nicaragua y estamos demandando su libertad”, dijo Carlos Valle, un veterano opositor y padre de la estudiante Elsa Valle, acusada por la Fiscalía por los delitos de uso ilegal de armas de fuego, entre otros.

    Organismos humanitarios calculan al menos 135 detenidos en el marco de las protestas, pero que pueden ser entre 400 y 500 si se incluye a personas desaparecidas.

    Entre los “reos políticos” más conocidos están el campesino Medardo Mairena, los afrodescendientes Brandon Lovo y Glen Slate, el líder rural Pedro Mena, la comerciante Irlanda Jerez, y los dirigentes universitarios Edwin Carcache, Byron Corea, Christopher Nairobi Olivas y Elsa Vale.

    La mayoría de los detenidos enfrentan diversos procesos judiciales acusados principalmente de terrorismo.

    En una entrevista con Efe en Managua, el presidente Ortega negó que en el país haya presos políticos y afirmó que los encarcelados son personas que cometieron diversos delitos.

    La oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh) ha responsabilizado al Gobierno de “más de 300 muertos”, así como por ejecuciones extrajudiciales, torturas, obstrucción a la atención médica, detenciones arbitrarias, secuestros, violencia sexual, entre otras violaciones a los derechos humanos.

    Las manifestaciones contra Ortega y Murillo comenzaron el 18 de abril pasado por unas fallidas reformas de la seguridad social y se convirtieron en una exigencia de renuncia del mandatario, después de once años en el poder, con acusaciones de abuso y corrupción

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