Su madre fue violada y se negó a abortar: aquel bebé es hoy sacerdote y pudo confesar a su padre

Luis Alfredo León Armijos es sacerdote en Loja (Ecuador) y ofrece su testimonio a las jóvenes que se plantean abortar

Luis Alfredo León Armijos es sacerdote en Loja (Ecuador) y ofrece su testimonio a las jóvenes que se plantean abortar

Luis Alfredo León Armijos es un sacerdote que ejerce su ministerio en Loja, en Ecuador. Lo puede hacer gracias a la valentía de su madre, que quedó embarazada tras una violación cuando tenía 13 años y que luchó contra viento y marea para que su hijo naciera, pese a los intentos para que abortara.

Con los años, este sacerdote ha tenido la gracia de poder perdonar a su padre, incluso pudo confesarle. El testimonio del padre Luis Alfredo ya fue recogido por ReL pero ahora lo cuenta en primera persona, tal y como lo publica Salvar el 1:

Llegué a confesar y a perdonar a mi padre

Yo podría estar en un cubo de basura, pero a mí se me dio la vida. Mi madre, María Eufemia Armijos Romero, siendo todavía muy joven –recién había cumplido los 13 años- limpiaba y cuidaba una casa en Loja para ayudar a sus padres y a sus siete hermanos. El dueño de la casa, aprovechando que estaba solo, abusó de ella y la dejó embarazada.

A pesar del rechazo de su familia que no quería que naciera el bebé –le golpearon en la barriga y le dieron bebidas para que abortara– mi madre siempre defendió la vida de su hijo y, al verse sola y sin apoyo, oró y sintió en su corazón que el Señor le decía: ‘defiende la vida de ese niño’.

Mi madre, entonces, huyó de Loja hacia la ciudad de Cuenca donde sobrevivió por sus propios medios. El domingo 10 de octubre de 1971 a las 10:00, en un parto lleno de complicaciones por su corta edad y su pequeña contextura, nací yo, con algunos problemas respiratorios que el amor y cuidado de Dios padre y de mi madre me ayudaron a sanar.

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Después de un tiempo y con la ayuda paterna, mi madre regresó a Loja para empezar una vida como madre soltera. Le tocó quedarse a cargo de mi padre, quien aceptó reconocerme y hacerse cargo de mí, pero eso no quiere decir que las cosas habían sanado entre ambos.

Mi padre visitaba siempre la casa en la que vivíamos y cumplía con nosotros. Tuvieron tres hijos más y mi relación con él era distante pero buena. Le tenía mucho respeto, infundía autoridad, conmigo siempre fue muy exigente, me llevaba a trabajar con él.

Su encuentro con Cristo

Cuando cumplí los 16 años me invitaron a la Renovación Carismática donde tuve mi primer encuentro con Cristo, aprendí de su amor maravilloso y comencé a predicar y a dar catequesis en todo lugar que Dios me ponía, como los autobuses y el correccional de menores.

A mis 18 años sentí la llamada a la vocación sacerdotal e ingresé en el Seminario de Loja a pesar de la oposición de mi padre. Con un permiso especial de mi Obispo, debido a mi corta edad, fui ordenado a los 23 años: fue toda una bendición para mi vida.

Cuatro años después ingresé en el Camino Neocatecumenal y mi madre me contó, tras terminar la relación con mi padre, cómo vine yo al mundo. Eso marcó el punto de inicio para un camino de reconciliación de ambos. Ayudé a mi mamá a entender que no podía odiar a mi padre y que Dios la invitaba a amar su propia historia.

Instrumento de misericordia

Con esta experiencia comprendí que siempre había predicado a los demás el amor de Cristo en sus vidas y ahora entendía el sentido de mi vida, Dios me permitía ser sacerdote no para juzgar sino para perdonar, para ser instrumento de su misericordia, y yo había juzgado mucho a mi padre por todo, un día llegó la reconciliación y perdonando a mi padre le anunciaba, la vida eterna para él.

Años más tarde recibí una llamada de mi padre. Se iba a operar y le daba miedo. Me dijo: “Quiero que me confieses”. Después de unos 30 años que no comulgaba, mi padre regresó a la comunión, a la Eucaristía.

Yo le decía: “Papá, usted merece el cielo, el perdón de los pecados, la vida eterna, que disfrute del amor de Dios, así como la Iglesia a mí también me está haciendo ver el cielo”. En ese momento, los ojos de mi padre se llenaron de lágrimas. Luego lo más importante creo es el perdón que mi madre le ha dado a mi padre, eso gracias al amor misericordioso de nuestro Señor Jesucristo, que se ha manifestado en el caminar de la fe que están viviendo.

Ayuda a los que vivieron algo parecido

Cuando predico a madres gestantes que pasan por dificultades en la decisión de tener su hijo, les presento mi experiencia. Esto está en la Escritura, es el caso de Samuel, Jeremías, Sansón, Juan Bautista, etc. Dios es el autor de la vida, y a veces donde no puede darse la vida es donde el manifiesta su poder y su gracia; forma en el vientre la vida de un hijo, y le da una misión. Por esto, puede ser que trae sufrimiento, que trae dolor; pero les digo que un hijo trae la salvación, trae misericordia, bendiciones. Como Jesucristo que fue insultado, perseguido, ya desde niño fue causa de contradicción, en sus hijos reciban la bendición de Jesús.

Aconsejo a los hijos que conozcan bien sus propias historias. Siempre hay detalles de amor de Dios. Que aprendan a ver las cosas desde el amor de Dios. Uno puede enterarse de su historia y odiar la propia vida y juzgar a Dios como me había pasado a mí, pero descubrí que el amor de Dios estuvo ahí, cuidándome la vida.

Joven, si el padre de la tierra se ha equivocado y te ha fallado, el padre Dios nunca nos ha fallado. Si eres hijo de madre soltera debes ver en tu vida cómo el padre Dios te ha cuidado.

Pudieron haberme condenado a un montón de basura, pero se me dio la vida, y creo que la vida es una gratuidad; todo lo que tengo lo es: la vida en sí misma es un don exquisito que Dios nos da

12 comentarios sobre “Su madre fue violada y se negó a abortar: aquel bebé es hoy sacerdote y pudo confesar a su padre

    1. Todos tenemos una historia, y lo más importante es descubrir esa cruz que no me deja ver la Luz de CristoJesús. Pero El en su infinita misericordia me pordona y me sana las heridas de esa cruz que me oprime. Bendiciones para el sacerdote, bello testimonio🙏🙏🙏💕

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  1. Hola Isabel
    Pues si, es ejemplo de la infinita misericordia de Dios. Nos quiere tanto tanto que nos da infinitas oportunidades de atraernos hacia Él, a veces de manera insolita o inexplicable pero quiero para mi esa misericordia. No creo ser mejor que el padre violador, te lo digo de corazón pero me da alegria ver lo cerca que está de Dios por haberse arrepentido y pedido perdón.Me da envidia la alegria del sacerdote,me pido el ejemplo para otras personas que están en su situación y ven un rayo de esperanza…
    Isabel un abrazo muy fuerte.

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    1. Marisol, no se si te llegó mi agradecimiento por tu felicitación. Tuve problemas con el ordenador y no podía comunicarme con vosotros. Hoy, como si fuera el día 23 de agosto, te lo agradecí muchísimo. Un fuerte abrazo.

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  2. Pues yo Marisol no entiendo a la madre aunque no la juzgó no entiendo que viva con el hombre que la ha violado. Y que tenga dos hijos más, No entiendo que el padre espere a ordenarse su hijo para pedirle perdón. Eso si entiendo que se confiese y le perdone no le queda otra siendo sacerdote y no entiendo que el cura rompa el secreto de confesión de sù padre i!!,. Y me quedo aquí por que esto para mi no es ejemplo de nada.. Misericordia de Dios si yo también cuento con ellos más que la que dan los hombres aunque vistan den sotana..

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  3. ¿Habeis pensado por un momento que tanto la madre, como el padre y como el hijo han podido sufrir tanto…..
    Perdonarse a uno mismo a veces resulta mucho más difícil que perdonar a alguien más, y es realmente algo muy necesario.

    Perdonarse a uno mismo a veces resulta mucho más difícil que perdonar a alguien más. Cuando llevamos algún sentimiento de culpa por algo que ha sucedido en el pasado, sentimos profundamente, por lo general, una horrible sensación de infelicidad.

    Es importante para todos, que nos podamos perdonar para poder avanzar y liberarnos de esas angustias que desestabilizan todos nuestros sentidos. Perdonarse a sí mismo, también ayuda a mejorar la salud

    Primero que nada, te invito a leer uno de los Salmos, que a muchos nos trae la alegría. Se trata de un Salmo que es una acción de gracias a Dios por el perdón que ha otorgado

    “¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado y liberado de su falta! ¡Feliz el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta las culpas, y en cuyo espíritu no hay doblez! Mientras me quedé callado, mis huesos se consumían entre continuos lamentos, porque de día y de noche tu mano pesaba sobre mí; mi savia se secaba por los ardores del verano. Pero yo reconocí mi pecado, no te escondí mi culpa, pensando: “Confesaré mis faltas al Señor”. ¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado!” (Salmo 32(31),1-5)

    Mi amado Jesús, he venido hasta Ti en este momento porque sé que sólo Tú me puedes ayudar, quiero contarte ahora lo que hay en mi corazón.

    Sé que Tú me puedes llenar de bendición, por eso, te entrego todo lo que soy, toma mi vida, toma el desierto de mi vida y hazlo florecer. Tú me has dicho que no me vas a abandonar y yo confío en esa palabra, creo en ella, creo que es una promesa de amor.

    Quiero pedirte perdón por mis pecados. Derrama tu sangre bendita sobre mí, perdóname, Señor mío, por todo aquello que no he hecho bien, por todo el mal que he hecho queriendo hacer el bien. No he actuado como corresponde.

    Reconozco mis faltas, muchas veces, a diario, me olvido de Ti, me he olvidado de tu amor, de tu misericordia, por las veces que he transformado mi vida en algo sin norte, sin rumbo.

    A veces pienso que no soy digna de tu perdón, por ello, te ruego, te imploro, te suplico, que siembres en mi alma, la humildad, el amor, la confianza para poder perdonarme esas heridas que me dejaron los vacíos de no tenerte y de apartarte de mí.

    Te pido perdón, Jesús mío, por todas las faltas cometidas contra mis hermanos, he caído en las habladurías y he hablado mal de ellos, he actuado mal y no he sabido vivir el servicio de la generosidad, solidaridad y amabilidad con ellos, he actuado cegado por la rabia, por la ira, perdón Señor, perdón.

    Perdóname por los momentos en que he querido lanzar la toalla, que no he valorado que soy hechura tuya. Perdóname cuando he gritado al mundo entero que no puedo más, que ya no puedo seguir.

    Perdóname por los momentos en que no me he valorado, en que he pensado que de nada sirvo en este mundo. Quiero sentir que limpias mi corazón, que me liberas.

    Quiero saber que Tú estás conmigo y que toda frustración y todo deseo de miseria que habita en mí, quede destruido por el poder de tu Cruz.
    Sólo Tú, Señor, me das vida en abundancia, por eso me retiro confiado de saberme perdonado, sano y liberado por tu amor.

    Lléname de tu fuerza de ahora en adelante, necesito siempre de tu amor, de tu perdón, de tu alegría para vivir. Quiero sentir tu presencia, tu paz, tu gozo en cada circunstancia de mi vida.

    Lléname de tu poder, lléname de fortaleza y por sobre todo, envíame tu Espíritu Santo, el gran Consolador, para que guíe mis pasos y pueda caminar hacia Ti, sintiéndome perdonado y amado por Ti.

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