Papa: “Solo hay un tipo de familia y es entre hombre y mujer”

Conn esa claridad y sencillez que caracteriza a nuestro Papa Francisco, le vemos en esta audiencia de hace dos días dedicada a las familias afirmar que el modelo de imagen de Dios solo se expresa en la familia entre el hombre y la mujer, único modelo de familia.

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5 comentarios sobre “Papa: “Solo hay un tipo de familia y es entre hombre y mujer”

  1. Vaticano, Roma—. “Solo hay un tipo de familia y es entre hombre y mujer”, dijo el papa Francisco en una audiencia con representantes de la Asociación de Familias que celebraban su 25 aniversario en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, el pasado sábado 16 de junio.

    “La familia es una aventura, ¡una bonita aventura! Y hoy —lo digo con dolor— vemos como muchas veces se piensa en comenzar una familia o casarse como si fuera una lotería: ‘Vamos. Si funciona, bien. Si no, lo anulamos y empiezo de nuevo’. Se hace superficial el don más grande que ha dado Dios a la humanidad: la familia”, dijo el Sumo Pontífice.

    El papa Francisco también explicó a los presentes que es posible estar enamorado durante todo el matrimonio, porque el amor no se limita al romance, sino algo mucho más profundo. No tiene nada que ver con el vestido o con el banquete, sino con vivir el sacramento cristiano a diario, según Rome Reports.

    “Se habla de familias diversificadas: de muchos tipos de familia. Pero la familia humana como imagen de Dios, entre hombre y mujer, es una sola. Es una sola”, aseguró el papa Francisco y los presentes respondieron con una ovación de aprobación por sus palabras.

    El Papa Francisco también dio un par de consejos. Recomendó no irse nunca a dormir enfadados y usar siempre las palabras “con permiso, lo siento y gracias” durante todo el matrimonio.

    Cortesía Vaticano

    El pontífice también reflexionó sobre problemas de la sociedad contemporánea que ponen en peligro la estabilidad de la familia, como son la falta de trabajo o la necesidad de tener hasta dos trabajos para poder ganarse el sustento, temas al que el Papa de los pobres ya se ha referido con anterioridad. Hizo alusión especial a lamento generalizado de no poder “perder el tiempo” con la familia por razones económicas, con lo que se prioriza el trabajo y la familia pasa a un segundo plano.

    “Para ganar dinero hoy en día debes tener dos trabajos, porque la familia no está considerada. También habláis de gente joven que no puede casarse porque no tienen trabajo. La falta de trabajo pone en peligro a la familia”, dijo el Papa.

    El papa comparó el aborto por malformaciones genéticas con la limpieza étnica del nazismo. (Foto: Cortesía Vaticano)

    Otro de los temas sobre el que hizo contundentes declaraciones en este encuentro con las familias fue el del aborto, incluido el caso en el que el bebé tenga malformaciones o trastornos genéticos.

    “Matar a niños con deformidades es una “atrocidad” equiparable al nazismo, dijo el Papa. “En el último siglo el mundo entero se escandalizó por lo que los nazis hicieron para preservar la pureza de su raza. Hoy nosotros hacemos lo mismo (con el aborto), pero con guante blanco.

    Nota elaborada con información de Romereports.com

  2. En la familia cristiana si, en la sociedad no, por mucho que pese ese no delo a cambiado no sólo por que hay familias de honosexuales, si no de hombres que adoptan niños solos sin pareja o mujeres solas que adoptan niñas. Asique hay más diversidad.. Reconocida como familia

  3. La familia, una buena nueva para el Tercer Milenio


    Gentileza de Agea.org

    Temas de reflexión y diálogo sobre la familia. Documento elaborado por el Consejo Pontificio para la Familia como preparación del IV Encuentro Mundial de las Familias (Manila los días 25 y 26 de enero de 2003)

    En la visión cristiana del matrimonio, la relación entre un hombre y una mujer -relación recíproca y total, única e indisoluble- responde al proyecto primitivo de Dios, ofuscado en la historia por la “dureza de corazón”, pero que Cristo ha venido a restaurar en su esplendor originario, revelando lo que Dios ha querido “desde el principio” (cf. Mt 19,8). En el matrimonio, elevado a la dignidad de Sacramento, se expresa además el “gran misterio” del amor esponsal de Cristo a su Iglesia (cf. Ef 5,32).

    En este punto la Iglesia no puede ceder a las presiones de una cierta cultura, aunque sea muy extendida y a veces “militante”. Conviene más bien procurar que, mediante una educación evangélica cada vez más completa, las familias cristianas ofrezcan un ejemplo convincente de la posibilidad de un matrimonio vivido de manera plenamente conforme al proyecto de Dios y a las verdaderas exigencias de la persona humana: tanto la de los cónyuges como, sobre todo, la de los más frágiles que son los hijos. Las familias mismas deben ser cada vez más conscientes de la atención debida a los hijos y hacerse promotores de una eficaz presencia eclesial y social para tutelar sus derechos.

    Corresponde también a los cristianos el deber de anunciar con alegría y convicción la “buena nueva” sobre la familia, que tiene absoluta necesidad de escuchar siempre de nuevo y de entender cada vez mejor las palabras auténticas que le revelan su identidad, sus recursos interiores.

    He aquí la aportación que ofrecemos, a la misma manera de los precedentes Encuentros Mundiales, como instrumento de reflexión y de meditación, de diálogo y de oración, en preparación del IV Encuentro Mundial de las Familias, que tendrá lugar en Manila (Filipinas) los días 25 y 26 de enero de 2003.

    Este IV Encuentro Mundial es continuación del primero, efectuado en Roma durante el Año de la Familia (1994), del segundo, que tuvo lugar en Río de Janeiro en el 1997, y del tercero, celebrado en Roma en el mes de octubre de 2000 (Jubileo de las Familias).

    El lema inspirador: “La familia cristiana: una buena nueva para el tercer milenio”, ha sido escogido por el Santo Padre Juan Pablo II. Su Santidad, en la Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte, dice: “La relación entre un hombre y una mujer -relación recíproca y total, única e indisoluble- responde al proyecto primitivo de Dios”.Como consecuencia, continúa el Papa, “en este punto la Iglesia no puede ceder a las presiones de una cierta cultura, aunque sea muy extendida y a veces militante”(n. 47). Este misterio del “principio”, revelado a los cónyuges en el amor de Cristo a su Iglesia, es acogido en la Palabra y en el sacramento y los hace testigos de la Buena Nueva en la vida de familia.

    Las fichas que siguen, en número de 12, desarrollan las temáticas más significativas relacionadas con la familia cristiana como buena nueva. Las propuestas presentadas, en forma sintética y fácil, reproponen temas fundamentales de la enseñanza de la Iglesia y han sido extraídas, casi siempre textualmente, de los documentos más recientes, especialmente del Concilio Vaticano II y del Pontificado de Juan Pablo II.

    * * * * *

  4. LA FAMILIA ACOGE Y ANUNCIA LA BUENA NUEVA “Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento. Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Angel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El ángel les dijo: “No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.” Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace.”” (Lucas 2, 6-14).

    Reflexión.- La Iglesia Madre engendra, educa, edifica la familia cristiana. Con el anuncio de la Palabra de Dios, revela a la familia cristiana su verdadera identidad, lo que es y debe ser según el plan del Señor; con la celebración de los sacramentos, la Iglesia enriquece y corrobora a la familia cristiana con la gracia de Cristo; con la renovada proclamación del mandamiento nuevo de la caridad, la Iglesia anima y guía a la familia cristiana al servicio del amor, para que imite y reviva el mismo amor de donación y sacrificio que el Señor Jesús nutre hacia toda la humanidad.

    La familia acoge y anuncia la Palabra.- Por su parte la familia cristiana está insertada de tal forma en el misterio de la Iglesia que participa, a su manera, en la misión de salvación que es propia de la Iglesia: acoge y anuncia la Palabra de Dios. Se hace así, cada día más, una comunidad creyente y evangelizadora.

    También a los esposos y padres cristianos se exige la obediencia a la fe (cf. Rm 16, 26), ya que son llamados a acoger la Palabra del Señor que les revela la estupenda novedad -la Buena Nueva- de su vida conyugal y familiar, que Cristo ha hecho santa y santificadora. En efecto, solamente mediante la fe ellos pueden descubrir y admirar con gozosa gratitud a qué dignidad ha elevado Dios el matrimonio y la familia, constituyéndolos en signo y lugar de la alianza de amor entre Dios y los hombres, entre Jesucristo y la Iglesia esposa suya.

    La misma preparación al matrimonio cristiano se califica ya como un itinerario de fe. Es, en efecto, una ocasión privilegiada para que los novios vuelvan a descubrir y profundicen la fe recibida en el Bautismo y alimentada con la educación cristiana. De esta manera reconocen y acogen libremente la vocación a vivir el seguimiento de Cristo y el servicio al Reino de Dios en el estado matrimonial.

    En la vida diaria de cada jornada.- El momento fundamental de la fe de los esposos está en la celebración del sacramento del matrimonio, que en el fondo de su naturaleza es la proclamación, dentro de la Iglesia, de la Buena Nueva sobre el amor conyugal. Es la Palabra de Dios que “revela” y “culmina” el proyecto sabio y amoroso que Dios tiene sobre los esposos, llamados a la misteriosa y real participación en el amor mismo de Dios hacia la humanidad. Si la celebración sacramental del matrimonio es una proclamación de la Palabra de Dios, hecha dentro y con la Iglesia, comunidad de creyentes, ha de ser también continuada en la vida de los esposos y de la familia. En efecto, Dios que ha llamado a los esposos “al” matrimonio, continúa a llamarlos “en el” matrimonio. Dentro y a través de los hechos, los problemas, las dificultades, los acontecimientos de la existencia de cada día, Dios viene a ellos, revelando y proponiendo las “exigencias” concretas de su participación en el amor de Cristo por su Iglesia, de acuerdo con la particular situación -familiar, social y eclesial- en la que se encuentran.

    En la medida en que la familia cristiana acoge el Evangelio y madura en la fe, se hace comunidad evangelizadora. La familia, al igual que la Iglesia, debe ser un espacio donde el Evangelio es transmitido y desde donde éste se irradia. Dentro pues de una familia consciente de esta misión, todos los miembros de la misma evangelizan y son evangelizados. Los padres no sólo comunican a los hijos el Evangelio, sino que pueden a su vez recibir de ellos este mismo Evangelio profundamente vivido. Una familia así se hace evangelizadora de otras muchas familias y del ambiente en que ella vive.

    En el seno del apostolado evangelizador de los seglares, es imposible dejar de subrayar la acción evangelizadora de la familia. En efecto, la futura evangelización depende en gran parte de la Iglesia doméstica. Esta actividad apostólica de la familia está enraizada en el Bautismo y recibe con la gracia sacramental del matrimonio una nueva fuerza para transmitir la fe, para santificar y transformar la sociedad actual según el plan de Dios. El porvenir de la humanidad está en manos de las familias que saben dar a las generaciones venideras razones para vivir y razones para esperar.

  5. ‘¿Es la familia una institución natural?’



    Escrito por Juan Manuel Burgos Publicado: 24 Enero 2017
    El presente artículo constituye una reflexión sobre la esencia de la familia a partir de una expresión que se usa en ocasiones para definirla, el de institución natural . Comenzaremos analizando el estatuto teórico de esta definición y después pasaremos a indagar en los presupuestos y repercusiones culturales que encierra. Tal indagación nos parece de gran importancia pues, en nuestra opinión, permite atisbar algunas de las razones por las que el concepto clásico de familia, a pesar de su enorme superioridad sociológica, sufre gravísimas dificultades para imponerse culturalmente.

    I. El problema teórico

    1. ¿Qué significa natural? Conceptos de naturaleza

    El concepto de naturaleza, aunque superficialmente puede parecer simple y evidente, no lo es en absoluto y, por eso, lo primero que resulta necesario establecer es qué se entiende por naturaleza[2]. Esta pregunta, sin embargo, resulta excesivamente amplia porque la historia ha producido una infinidad de significados del término naturaleza hasta el punto de que Ferrrater-Mora concluye su recorrido a través de la filosofía moderna afirmando que “se han dado centenares de definiciones del término ‘naturaleza’, y ello, además, en diversos terrenos: en las ciencias positivas, en la jurisprudencia, en la ética, en la teología, en la estética, etc. Parece ser, pues, lo más razonable concluir que no hay en la modernidad ningún concepto común de naturaleza”[3]. Sin embargo, esta dificultad, que se puede antojar insuperable a primera vista, se puede reconducir en gran manera porque, como la concepción de la familia como institución natural se desarrolla en el marco de la filosofía aristotélico-tomista y del pensamiento cristiano. Ahí es, por tanto, dónde debemos intentar determinar el significado exacto del concepto de naturaleza. Y en este preciso contexto se pueden señalar tres significados básicos[4].

    1. Significado cosmológico

    El sentido más común y básico de la palabra naturaleza, el que se usa habitualmente en el lenguaje ordinario, es el de conjunto de las cosas naturales, es decir, no humanas: el cosmos, las plantas, los animales, etc. Natural o naturaleza desde este punto de vista se entiende como lo originario o primigenio, lo no hollado por la mano del hombre y sujeto, por tanto, a unos dinamismos propios, fijos y autónomos (las leyes de la naturaleza) que no están a disposición del ser humano y que éste debe respetar (ecología). Lo natural se opone así (desde los griegos) a lo artificial, al mundo generado por la razón humana y poblado por invenciones con una vida más débil, más compleja y dependiente del hombre para su funcionamiento.

    2. Primer significado filosófico: la naturaleza corpórea aristotélica

    Hay un primer significado filosófico del término naturaleza (physis), elaborado por Aristóteles, que responde en buena medida a esta concepción de lo natural. Este concepto recoge por un lado que las cosas naturales tienen un modo de ser material, estable y con una estructura dada y fijada: la esencia. Y recoge también que este modo de ser no es estático, sino dinámico: los seres naturales poseen un principio activo que les orienta y les empuja hacia su perfección que consiste en desarrollarse según los patrones correspondientes a su modo de ser. Ese principio es también naturaleza. La unión de ambos lleva a la conocida definición de naturaleza como la sustancia o la esencia corpórea en cuanto principio de operaciones o pasiones[5].

    La naturaleza corpórea así definida, remarcan y sintetizan Artigas y Sanguineti, “se distingue de lo que es espiritual y de lo que es artificial. Distingamos los dos puntos:

    a) Respecto al ser espiritual: la noción física de naturaleza incluye la materia, y, por lo tanto, todo lo que de cualquier modo es suprafísico o supramaterial no es natural. Natural es lo que es espontáneo y no procede de la razón.

    Los hechos naturales se repiten siempre del mismo modo −excepto los sucesos casuales−, en cuanto siguen la necessitas materiae, el condicionamiento unívoco impuesto por la materia; los fenómenos de la vida del espíritu, por el contrario, son diversísimos y libres (por ejemplo, el hecho que una persona pronuncie una conferencia no se considera un fenómeno de la naturaleza).

    b) Respecto a lo artificial: los objetos artificiales son los producidos por el trabajo del hombre (que lo antiguos denominaban ars, arte). El arte es un principio racional por el que se producen cosas externas que la naturaleza no produce. Estos objetos se mueven completamente ab extrínseco, como una silla, un martillo, o una calculadora, aunque, evidentemente, estos entes poseen fuerzas naturales de las que el hombre se sirve para que produzcan los efectos no previstos por la naturaleza”[6].

    En resumen, el concepto originario aristotélico-tomista de naturaleza se toma del mundo físico e importa las siguientes notas: carácter no espiritual, no racional, determinado unívocamente y opuesto al arte o a lo artificial que se define por proceder de la razón o de la intervención humana. La determinatio ad unum se enmarca también en el contexto de una causalidad rígida establecida por los fines que fija la naturaleza. Por su carácter dinámico la naturaleza apunta y tiene sentido en relación a ese telos o fin que determina el comportamiento del ser en cuestión; sus acciones se orientan a la consecución de ese telos, pero de manera necesaria, porque la materia no deja lugar a la libertad.

    3. Segundo significado filosófico: la noción ampliada de naturaleza

    Resulta patente que la noción de naturaleza corpórea no se puede aplicar directamente al hombre pues ahogaría de plano la libertad y la creatividad. Es más, el concepto resulta directamente hostil pues se ha construido justamente para definir el reino de lo natural frente al reino de lo artificial propio de la razón. Sin embargo, la filosofía aristotélica considera que es posible superar esta dificultad porque “el concepto de naturaleza puede perder la propia connotación material y extenderse a cualquier ente. La naturaleza aquí es la esencia en cuanto principio de operaciones”[7]. En efecto, al prescindir del carácter material, la naturaleza se convierte en un concepto formal que −ahora sí− se puede aplicar al hombre sin empacho puesto que no hace referencia más que a un genérico modo de ser. Y, puesto que el modo de ser del hombre es libre, su principio de operaciones, es decir, su naturaleza, incluye en este caso la libertad.

    Desde esta perspectiva, el hombre tiene una naturaleza como el resto de los seres creados pues, en la medida en que se es algo, se tiene inevitablemente una esencia y un principio de operaciones, es decir una naturaleza; pero, a diferencia de los demás entes −y esto es lo fundamental−, puede adherirse o no libremente a ella; puede obrar según lo que ella le dicta u oponerse a esas indicaciones. Aquí está la diferencia esencial gracias a la cual es posible salvar la noción de naturaleza para el hombre y aplicarle una noción que, inicialmente, no sólo no había sido forjada para él sino, más bien, para distinguir a algunas realidades (las naturales) de ese mismo hombre.

    2. Primeras respuestas: una reflexión sobre la obra de Jean Leclercq

    Una vez realizadas las definiciones pertinentes toca comenzar a recabar respuestas a un interrogante que ahora podemos formular de una manera más precisa refiriéndonos a uno u otro de los sentidos que hemos establecido. El sentido común, quizá, llevaría a descartar de modo absoluto el primer significado y, entre las dos posibilidades de carácter filosófico, optar decididamente por la segunda. Sin embargo, aunque pueda resultar sorprendente, no siempre ocurre esto. En la tradición que tiende a designar a la familia como “institución natural” más bien sucede lo siguiente. Se descarta de modo general la definición 1 aunque tomando algunas de sus características y no se realiza ninguna opción clara entre las definiciones 2 y 3. En realidad, parece más bien que se da una cierta confusión entre ambas que se emplean de forma alternativa y sin distinguirlas suficientemente. En ocasiones se opta abiertamente por expresiones y formulaciones muy cercanas a la posición 2, lo que significa que la familia se concibe de manera muy naturalista y, en otras, se opta por la posición 3 mediante un recurso general y muy indefinido a la naturaleza humana.

    Un texto muy útil para observar este planteamiento es el estudio de Jean Leclercq, La familia según el derecho natural[8]. El interés de esta obra radica en que se trata de un texto profundo, relativamente moderno (se escribe en 1959), y que incorpora ya una cierta evolución conceptual en relación a formulaciones mucho más arcaicas de esta tradición[9] debido a la toma de conciencia por parte del autor de la necesidad de asumir algunos cambios en el modo de entender y estudiar a la familia. Pues bien, en este texto encontramos las siguientes definiciones e ideas acerca de la familia.

    “Respecto a la familia, afirma Leclercq, se da un acuerdo universal del género humano que se explica por el mismo carácter de la institución familiar. No hay institución más cercana a la naturaleza. Sociedad simple, apoyada de manera muy inmediata en ciertos instintos primordiales, la familia nace espontáneamente del mero desarrollo de la vida humana”[10]. Más adelante insiste en la misma idea. “La familia, aun entre los pueblos más civilizados, se conserva en un estado muy cercano a la naturaleza. Compuesta de un padre, una madre y sus hijos, la familia se apoya en sentimientos naturales sensiblemente idénticos tanto entre los civilizados como entre los primitivos, y no evoluciona, como la sociedad civil, hacia un organismo complicado, cada día más artificial”[11]. Y, en este punto, se apoya en un texto más antiguo escrito por Bonnecasse, que suscribe un naturalismo extremo, y en el que se afirma: “La familia es, en verdad, aun en la época moderna, no tanto un conjunto de personas y voluntades individuales agrupadas arbitrariamente, cuanto un dato de la naturaleza misma de las cosas que se nos impone y que se manifiesta por un organismo especial de contornos precisos, animado de una vida colectiva propia, de la cual participan de modo absolutamente necesario lo mismo nuestra condición física y patrimonial que nuestra existencia moral”[12].

    Probablemente, los textos sorprendan al lector por su intenso reclamo a una visión naturalista de la familia (sentidos 1 y 2)[13]. En efecto, no se trata sólo de que se considere una institución adecuada a la naturaleza humana sino que se la concibe como un hecho casi natural en el sentido biológico y cosmológico de la palabra. Las expresiones no dejan lugar a dudas. La familia “se conserva en un estado muy cercano a la naturaleza”, es una realidad “simple”, surge “espontáneamente”, de “instintos primordiales”, “no evoluciona” hacia realidades artificiales, etc.; expresiones que, en el texto de Boneccasse, se convierten en “un dato de la naturaleza misma de las cosas que se nos impone y que se manifiesta por un organismo especial de contornos precisos, animado de una vida colectiva propia”. Ahora bien, ¿qué es esto más que una visión cosmológica −o cuasi-cosmológica si no se quieren cargar las tintas− de la realidad familiar?, ¿una visión en la que los elementos propiamente humanos −libertad, razonabilidad− prácticamente desaparecen hasta transformar a la familia en una institución quasi-biológica cercanísima a las estructuras de reproducción de los animales? Es este, pues, un primer significado de la familia como institución natural: una estructura análoga (no idéntica, evidentemente) a las unidades de reproducción animales, cercana a la naturaleza, estable (no evoluciona o muy poco) y en la que las referencias a los rasgos específicamente humanos son escasas[14].

    Jean Leclercq, sin embargo, no usa exclusivamente las definiciones 1 y 2. También usa la tercera. Cuando pasa de la definición conceptual de familia a una descripción más fenomenológica, el discurso cambia de registro. Se habla del hombre y de la mujer, de su igualdad, diferenciación y complementariedad, del compromiso y entrega que supone la creación de una nueva unidad familiar, etc. Este no es, ciertamente, el contexto de las definiciones 1 y 2, sino el de la definición 3; es decir, ahora se describe a la familia como una realidad adecuada al modo de ser del hombre, pero sin un recurso intenso al término naturaleza. Recalco esta última idea porque me parece importante ya que, en efecto, tiende a ocurrir lo siguiente: si se recurre con mucha frecuencia al término naturaleza parecen primar las ideas que reflejan los conceptos 1 y 2. Cuando esa referencia no es reiterativa el discurso se dulcifica de connotaciones naturalistas.

    Pero Leclercq todavía emplea el término naturaleza en una tercera modalidad consistente en usar los diversos significados de manera simultánea, confusa y con tintes contradictorios. El texto más claro es el siguiente. “La familia, dice Leclercq, es una institución natural; nace espontáneamente dondequiera que haya hombres. No espera, para aparecer, a que el Estado le asigne un estatuto jurídico. En la mayoría de sociedades la familia existe sin intervención del Estado y se rige por costumbres tradicionales. Sin embargo, la unión de los sexos y la procreación pueden darse en condiciones contrarias a las exigencias de la naturaleza humana”[15].

    El texto muestra, en efecto, una primera referencia a la naturaleza de tinte biologicista (definiciones 1 y 2) pues se afirma que surge de manera espontánea (¿significa eso que se produce sin que intervenga la razón?), se rige por costumbres tradicionales (¿significa eso que deberían ser iguales en todas partes?) y conduce, también en versión biologicista, a la unión de los sexos (no de las personas) y a la procreación (perpetuación de la especie). Ahora bien, y aquí es donde surge la sorpresa, todo esto puede acabar realizándose de “manera contraria a las exigencias de la naturaleza humana”. Esta naturaleza, ahora, tiene que ser evidentemente la del sentido 3, pues, de otro modo, el texto resultaría incoherente. En efecto, ¿cómo puede surgir la familia de manera espontánea, sin intervenciones externas, de modo natural y, al mismo tiempo, ser contraria a la naturaleza humana? Parece, ciertamente, algo de muy difícil explicación a menos que admitamos que estamos usando el término naturaleza en dos sentidos generosamente distintos.

    3. ¿Es la familia una institución natural? (Sentidos 1 y 2)

    Una vez hechas las distinciones pertinentes e introducidos en la cuestión a través de la obra de Leclercq es el momento de afrontar directamente la pregunta que nos interesa: “¿Es la familia una institución natural?” Pero, para evitar las confusiones a las que hemos hecho alusión, desdoblaremos esta pregunta en dos. La primera es la siguiente: ¿Es la familia una institución natural en los sentidos 1 y 2?

    A este interrogante, la respuesta sólo puede ser una: no. La familia del hombre, la familia humana no es una institución natural en el sentido de simple, espontánea, cercana a la naturaleza, no influenciada por el artificio, etc. No existen familias humanas de estas características. No existen, ante todo, por una cuestión de principio. La familia es una instancia humana y, por tanto, voluntaria, libre, racional y cultural. Las familias no surgen como las setas o los árboles, son el producto de decisiones que se toman en contextos sociológicos determinados y, por tanto, están mediadas siempre por la inteligencia y la voluntad individuales y por la cultura[16].

    La respuesta teórica negativa está corroborada −o fundamentada según se mire− por la antropología cultural. Si la familia fuese un hecho espontáneo y natural tendría que ser básicamente idéntica en todas las sociedades, pero esto, de hecho, no es así. Por un lado, existen formaciones familiares muy difundidas y diversas entre sí, como la monogamia y la poligamia, lo cual plantea ya cuestiones muy sustanciosas. ¿Cuál de ellas sería la familia natural? Ambas quizá podrían considerarse naturales pues están ampliamente difundidas pero, precisamente por esto, también es cierto lo contrario: ninguna de ellas puede considerarse natural porque no lo pueden ser simultáneamente. O bien, si ambas lo son, entonces cabe pensar que cualquier tipo de estructura familiar lo puede ser puesto que significaría que el criterio para adscribirla a esta categoría consiste simplemente en que “surja espontáneamente” de la vida de los hombres, lo cual plantea, a su vez, una nueva dificultad: ¿con qué criterio determinamos la espontaneidad? ¿con el de “salvajismo”, es decir, de mera antigüedad histórica y, por lo tanto, de presunta menor influencia de la cultura o de la civilización? Si así fuera, entonces algunas costumbres aberrantes serían particularmente espontáneas (primitivas) y, por lo tanto, naturales[17].

    Además, para acabar de complicar la cuestión, lo estudios etnológicos y antropológicos nos muestran una amplia variedad de estructuras familiares (¿espontáneas?) tan distintas entre sí que, por ejemplo, en el trabajo realizado por Zelditch en el que se intenta buscar lo común a todas ellas, se concluye que el único factor presente en todas sería, asombrémonos, la capacidad de dar legitimidad a un tipo de relaciones (sexuales, de procreación, etc.) que, sin embargo, no se podrían definir estrictamente como familiares porque también se dan en estructuras o relaciones sociales que no tienen ese carácter[18].

    Es cierto que del análisis del estudio de Zelditch se obtiene la impresión de que ha querido insistir más en la diversidad que en la comunidad del hecho familiar[19] y que, hubiera resultado más correcto remarcar el núcleo de elementos familiares comunes; pero este matiz, aunque tiene su importancia, en el fondo no es significativo. Y no lo es porque la diversidad existente, la que ya conocemos, es tan grande que da al traste con cualquier intento de pretender explicar o fundamentar la familia en un concepto de tipo biologicista que debería dar lugar −como sucede en los animales− a unos comportamientos esencialmente idénticos en el tiempo y en el espacio. Esto, en los hombres, simplemente no sucede porque se pueden encontrar excepciones para todos los comportamientos y no sólo en grupos minoritarios sino en grupos relativamente extensos de población. La diferencia entre familia monógama y familia polígama –que no es cuestión de poca monta- no es más que uno de estos casos.

    Leclercq, en su momento, intentó responder a esta objeción minimizando la diversidad. En realidad, afirma, las diferencias en las costumbres familiares no serían tan importantes como parecen demostrar la cultura o las leyes. La vida iría por otro lado y, a pesar de que las leyes de las civilizaciones han sido diversas, la gente se comportaría a lo largo de la historia de un modo básicamente similar. Hay un punto de verdad en esta cuestión. Ciertamente, al fin y al cabo todos somos hombres. Pero sólo un punto. Justamente porque somos hombres nos comportamos de modo similar, pero también justamente porque somos hombres nos comportamos de modo diverso. Y el problema básico es que resulta muy difícil, por no decir imposible, determinar el grupo específico de comportamientos que se darían en “todos” los hombres porque la inteligencia humana es tan natural como la biología y, por eso, no existen estructuras matrimoniales o familiares que no se hayan formalizado socialmente sin la intervención de la concepción mental que el hombre tiene del matrimonio y de la familia. Una manera de intentar atajar esa variabilidad es prescindir de la razón y de la voluntad y acercar la familia a la naturaleza. Pero esa vía es doblemente errónea porque despoja al hecho familiar de su dimensión humana y, posteriormente, se estrella con la contradicción de los hechos que ponen de relieve la diversidad.

    4. ¿Es la familia una institución conforme a la naturaleza humana (sentido 3)?

    Respondida la pregunta objeto de nuestras reflexiones para los sentidos 1-2, debemos responder a la misma pregunta para el tercer sentido. En este caso, sin embargo, y como puede observarse en el título del epígrafe, hemos cambiado el modo de formularla para evitar ambigüedades. La pregunta sobre si la familia es una institución natural remite de manera casi inevitable a una concepción biologicista y acabamos de mostrar que tal concepción es profundamente errónea. Por eso, preferimos plantear la pregunta de manera que se evite desde el principio esa posible interpretación desviada. La pregunta, reformulada de acuerdo con estas premisas, queda del siguiente modo: ¿es la familia una institución conforme con la naturaleza humana?

    Quizás podría dar la impresión de que, ahora sí, se podría dar rápidamente y sin dudarlo, una respuesta positiva a este interrogante pero tampoco en esta ocasión las cosas son tan sencillas. Ante todo, cabría preguntarse si un entramado de relaciones −como es la familia− puede tener naturaleza o esencia. La familia, señala Pérez Adán, no tiene esencia sino relaciones[20]. El comentario tiene mucho calado porque apunta al carácter social-institucional de la familia. La familia se diferencia de la persona en que esta nace naturalmente hombre o mujer, es decir, como un individuo subsistente con una naturaleza radicalmente no modificable. La familia, no. La familia no nace, sino que se hace. Es el conjunto de relaciones que establecen el hombre y la mujer en torno al mundo de la procreación; por eso, es inevitablemente una estructura relacional. Esto no quiere decir que la familia pueda ser cualquier cosa, sino que no tiene una esencia de igual modo que la puede tener el hombre. Esta discusión nos lleva, de todos modos, hacia el terreno de la familia como institución, que habíamos decidido dejar de lado y, por eso, vamos a volver de nuevo a nuestro problema.

    Puesto que la definición 3 supera los límites de la visión biologicista, parece que ya no hay ningún problema en asumir esta posición y se puede responder que la familia es conforme a la naturaleza humana. Esto es perfectamente cierto, pero cuando se da esta respuesta hay que ser muy consciente de que para que tenga valor, para que no sea meramente formal, y, por lo tanto, carente de contenido, hay que explicitar de qué familia y de qué naturaleza humana estamos hablando. “La familia” no es un concepto unívoco y la “naturaleza humana” tampoco lo es. Hay muchas visiones de la familia y de la naturaleza y, para unificar ambas significativamente, es necesario antes dotarlas de contenido.

    El texto de Profam al que nos hemos referido al inicio de estas páginas, consciente de esta necesidad, da ese paso de manera explícita e indica: “La familia está fundada sobre el matrimonio, unión íntima de vida, complemento entre un hombre y una mujer, constituido por un vínculo formal y estable, libremente contraído, públicamente afirmado y al que se le ha confiado la transmisión de la vida. El matrimonio, continúa el texto, responde a la estructura personal del ser humano, que se expresa en la diferencia y la complementariedad sexual entre el varón y la mujer, de tal manera que, mediante la unión de los esposos se puede generar una nueva vida”. Ahora sí, disponemos ya de una definición lo suficientemente concreta como para intentar dictaminar su adecuación a la naturaleza humana. ¿Lo es? Sí; este tipo de familia es el más adecuado al modo de ser del hombre y de la mujer y por eso se puede afirmar que es concorde con la naturaleza humana.
    (Almudi)

    En resumen. A la pregunta de si la familia es una institución natural se debe contestar que no porque supone de manera casi inevitable una visión biologicista y naturalista del hombre y de la mujer. A la pregunta sobre si la familia se corresponde con la naturaleza humana hay que responder que es una pregunta formal puesto que requiere una definición de familia y de naturaleza humana, pero que, si se da una definición correcta de ambas, como la que propone, por ejemplo, el texto de Profam, se puede responder que sí.

    II. Implicaciones sociales y culturales

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