El Origen de nuestro Calendario

He disfrutado tanto con esta explicación del calendario que me he animado a ponerla en el blog. A ver qué os parece. Saludos

¿Por qué lo llamamos calendario? El origen de la palabra viene de la Antigua Roma, concretamente del término “calendas” Las calendas eran el primer día del mes en el calendario romano. Las nonas eran los días cinco del mes y los idus el día trece (excepto marzo, mayo, julio y octubre en los que eran los días siete y quince respectivamente). El primer calendario romano según la tradición, fue creado por Rómulo, fundador de Roma. Estaba configurado en diez meses lunares, por lo que tenía una duración de unos 304 días. El problema, como es evidente, era el desajuste de las fechas respecto a las estaciones.

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5 comentarios sobre “El Origen de nuestro Calendario

  1. Origen del calendario o almanaque

    Los primeros calendarios que anotaron la división del tiempo se fundaron en datos relacionados con las estaciones, la religión y algunos vagos conceptos de astrología. Pero no fueron suficientemente exactos hasta que la gente empezó a familiarizarse con la Astronomía y las Matemáticas, cosa que sucedió en época relativamente tardía. Los primeros calendarios fueron lunares: las fases de la Luna y la situación de los planetas en el cielo servían de referencia para la medición del tiempo.

    El término calendario es sinónimo de almanaque, y ambas voces difieren sólo en la etimología. Calendario es una voz latina: de calendae, palabra ya usada en castellano en el siglo XIII y de uso más antiguo que almanaque, que proviene del árabe manah+ artículo al-= calendario.

    En cuanto al término “almanaque”, significa registro de todos los días del año, distribuidos por meses y con datos astronómicos e indicaciones relativas a las fiestas religiosas y civiles, fases de la Luna, santoral y todo tipo de información útil para el hombre del campo.

    Índice de contenidos
    1 El origen del calendario
    2 El calendario sumerio
    3 El calendario babilonio
    4 El calendario egipcio
    5 Historia del calendario griego
    6 El calendario juliano o romano
    7 El calendario gregoriano
    8 Historia del calendario maya
    9 Curiosidades sobre la historia del calendario

    El origen del calendario

    Buscando el origen del calendario nos encontraremos con que en las civilizaciones antiguas se utilizaba el denominado calendario lunar para medir el paso del tiempo. El paso de un mes a otro la señalaba la órbita de la Luna. Es decir, cuando el único satélite natural de la Tierra regresaba a su fase inicial, se daba por finalizado dicho periodo.

    Pasados 12 meses lunares, se contemplaba que se había completado un año. Pero pasado el tiempo, debido a las cosechas y la agricultura, se tenía la necesidad de contemplar también las estaciones, y por este motivo se crearon los calendarios lunisolares. Estos tipos de calendarios formaban grupos de periodos climáticos con sus respectivos meses lunares.

    Vamos a realizar a partir de aquí, un interesante recorrido por los principales calendarios que han existido a lo largo de la historia y cómo ha sido su evolución hasta llegar a nuestro calendario actual. ¿Nos quieres acompañar?

    El calendario sumerio

    Para encontrar el primer calendario de la historia, debemos remontarnos más de 5.000 años atrás. Los sumerios, habitantes de la región de Mesopotamia, fueron un pueblo temendamente avanzado y también el primer pueblo que dividió el día en varias partes. Concretamente en doce danna de treinta ges cada una. Es decir, dividían los días en doce horas, y cada hora a su vez, estaba dividida en 30 partes.

    El calendario babilonio

    En un momento posterior, los babilonios idearon el sistema que llevó a fragmentar el día en veinticuatro horas de sesenta minutos. El número sesenta representa la sexta parte de la circunferencia, cifra que obtuvieron multiplicando cinco —número de los planetas conocidos entonces: Mercurio, Venus, Marte, Saturno y Júpiter— por los doce meses del año. El calendario babilonio no tenían en cuenta la noche.

    Entre el segundo y el primer milenio anteriores a la era cristiana, los babilonios añadieron un mes a su calendario, que ya era de doce meses, para corregir y compensar los errores de algunos astrónomos.

    El calendario egipcio

    Fueron los egipcios emplearon el día de veinticuatro horas para uso en ceremonias y del templo. Eligieron ese cómputo porque los astrólogos comprobaron que la esfera celeste mostraba al anochecer doce estrellas brillantes. A partir del año 2780 a.C. Egipto creó un calendario solar de uso sacerdotal que fijaba la duración del año en 365 días.

    El calendario egipcio trataba de indicar con exactitud los días en que caían las crecidas periódicas del Nilo, elemento esencial en la vida de aquel país. A aquel fin observaron durante cincuenta años sus crecidas y anotaron todos los datos al respecto. Este calendario fue divido en doce meses de treinta días, y como sobraban cinco decretaron que tales días sobrantes fueran festivos.

    Historia del calendario griego

    El poeta griego Hesiodo, del siglo VIII a.C., escribe que en su tiempo los griegos utilizaban un calendario solar que habían heredado de sus ancestros de la Edad del Bronce, los egeos. Echando mano de conocimientos botánicos campesinos muy rudimentarios y de datos astronómicos reunidos a lo largo de muchas generaciones, por lo que también en la Grecia primitiva el modo de computar los días era solar y muy antiguo.

    Pero por entonces todavía no se contaba el tiempo en años, cosa que se generalizó a partir de 747 a.C., gracias a lo cual se puso orden en la cronología, tan útil para la Historia. No obstante, no era fácil a veces hacer frente a los desajustes y errores de cálculo debidos a las variaciones de los calendarios.

    El calendario juliano o romano

    En Roma, Numa Pompilio, segundo rey que tuvo aquella ciudad en el año 700 a.C., ya se empleaba un calendario basado en un año de trescientos cincuenta y cinco días dividido en doce meses. Este calendario permaneció así hasta el 45 a.C. en que Julio César estableció el llamado calendario juliano, así llamado en su honor.

    Se añadieron entonces diez días para completar los 365 días reales que tarda la tierra en girar alrededor del sol. Los primeros calendarios solares romanos sólo tenían 304 días repartidos en diez meses: cuatro de 31 días y seis de 30. En la línea de lo que decíamos arriba, en 500 a.C. fue preciso añadir al calendario tres meses cada ocho años para ajustarlo a los ciclos lunares y solares.

    ¿Por qué existe un año bisiesto?

    Los errores eran debidos a manipulaciones intencionadas de los políticos y sumos sacerdotes romanos que desajustaban el calendario para prolongar sus mandatos; por razones de este tipo decidió Julio César establecer un calendario definitivo como dijimos antes, asignando treinta y un días a los meses con importancia religiosa especial, y treinta a los de menos importancia.

    A ese fin se encargó al astrónomo Sosígenes de Alejandría, en el 46 a.C., el diseño de un calendario de trescientos sesenta y cinco días, y cuando lo hubo concluido se apercibió de que el calendario tenía un desfase de cinco horas, cuarenta y ocho minutos y cuarenta y seis segundos en relación con el ciclo solar real.

    Para compensarlo se inventó entonces el año bisiesto, que añadía un día cada cuatro años.

    los meses del calendario juliano

    ¿Por qué febrero tiene 28 días?

    Hubo algunos problemas. Por entonces los meses de enero, marzo, mayo, septiembre y noviembre tenían treinta y un días y los demás, incluido febrero, uno menos. Por alguna razón César consideró que su mes (julio), debería tener treinta y un días, como así se hizo.

    Tras el acceso de Augusto al poder, este emperador pensó que no estaba bien que su mes (agosto), tuviera un día menos que el de César (julio), por lo que se quitó un día a febrero que quedó en veintinueve.

    Como no era posible tener tres meses seguidos con treinta y un días, se corrigió de nuevo el calendario quedando septiembre y noviembre con treinta días, y a octubre y diciembre se les asignó treinta y uno. Como la cuenta no resultaba, se le quitó de nuevo un día al mes de febrero, que recuperaba sólo cada cuatro años, en los bisiestos.

    El calendario gregoriano

    Los primeros almanaques o registros astronómicos del tiempo los hizo Tolomeo de Alejandría en el siglo II. A pesar de los continuos reajustes el calendario romano seguía teniendo un ligero margen de desfase con el ciclo solar. Tras muchos debates y algún concilio eclesiástico el papa Gregorio XIII ordenó su revisión en 1582. Se descontaron diez días al citado año y se pasó del 4 al 15 octubre en un solo día, medida que ponía fin al calendario juliano o de Julio César, y daba comienzo al calendario gregoriano.

    Como había sido iniciativa unilateral de la Iglesia católica muchos países protestantes y ortodoxos se negaron a aceptar las reformas. Así, Inglaterra, siempre nota discordante, no aceptó el cambio hasta 1752, en que añadió once días, no sin grandes protestas callejeras y sin que el pueblo pusiera el grito en el cielo. En este mismo país el año legal comenzaba el 25 de marzo, hasta que en 1750 pasó al 1 de enero.

    Rusia fue aún más reacia y no cambió su calendario hasta 1917, iniciativa que tomó la revolución bolchevique. También implantaron en 1929 la semana de cinco días, pero fracasaron ante la indiferencia del pueblo. Otros países y pueblos, como los tailandeses, no adoptaron el calendario gregoriano hasta el año 1940.

    calendario soviéticos de 1930

    El calendario gregoriano es casi perfecto, decimos casi porque tampoco pudo lograr que los meses fueran regulares ni que los trimestres tuvieran el mismo número de días, lo que empezaba a ser un inconveniente en el mundo económico y laboral. Según el calendario gregoriano cada año se produce un error cronológico de veintiséis segundos, que sumarán un día completo en el año 3323.
    Hay, pues, tiempo para pensar en alguna solución. Resulta anecdótico y curioso que en el calendario gregoriano los siglos sólo puedan comenzar en lunes, martes, jueves o domingo: nunca en miércoles, viernes o sábado, y que los años ordinarios empiecen y acaben el mismo día de la semana.

    Historia del calendario maya

    No obstante lo dicho, parece que el calendario más perfecto de todos los tiempos fue el calendario maya. Cuando los españoles arribaron a América pudieron darse cuenta que los mayas habían elaborado un almanaque perfecto ya en el siglo VI a.C., es el que más se acerca a la realidad astronómica.

    Curiosidades sobre la historia del calendario

    Ha habido intentos sonados de cambiar el rumbo del calendario, de crear almanaques nuevos. El más estúpido fue el calendario republicano francés propuesto por Gilbert Romme y modificado por Philippe- François-Nazaire Fabre d’Eglantine, ridículo proyecto que comenzó a regir el 22 de septiembre de 1792 y estuvo en vigor hasta el 1 de enero de 1806: en este almanaque el año comenzaba el 22 de septiembre, fecha de la proclamación de la República, y se dio a los meses nombres tomados del cambio de estaciones y del desarrollo de la vegetación.
    1.Vendimiario: cosecha de la uva
    2.Brumario: que oscurece el cielo
    3.Frimario: que cubre las montañas de nieve
    4.Nivoso: que lleva la nieve a los valles
    5.Pluvioso: mes de las lluvias
    6.Ventoso: mes del viento
    7.Germinal: que hace brotar las plantas
    8.Pradial: mes de la siega de los prados
    9.Mesidor: mes de la cosecha de trigo
    10.Thermidor: mes que calienta los campos
    11.Fructidor: mes en que madura la fruta.

    Además, suprimió la semana de siete días y estableció las décadas. Era tan arbitrario y absurdo que nadie parece que se lo tomara en serio.

    Calendario francés post revolución

    También los alemanes pretendieron en 1934 alterar el nombre de los meses y reponer los antiguos nombres del calendario gótico. Un editor de Berlín lanzó el almanaque, pero dio a los meses los nombres de los líderes más importantes del partido en el poder, el nazionalsocialismo, por lo que el año empezaba con el uno de Hitler, uno de enero… ¡Menuda forma de empezar el año!

    Majaderías al margen hay que tener presente que en la medición del tiempo todo ha sido arbitrario menos el hecho de que la Tierra tarda 365 días en rotar alrededor del Sol; que los meses dependen de las fases de la Luna, y que el día es el tiempo que el la Tierra emplea en dar la vuelta sobre sí misma.

    La semana, por ejemplo, es un espacio de tiempo convencional que entre los sumerios tenía seis días. Los antiguos griegos dividieron el mes en tres semanas o décadas, es decir, semanas de diez días; y ciertas tribus africanas tienen todavía semanas de cuatro días.

    Evolución del calendario

    Nuestra semana de siete días es de origen bíblico, y deriva del relato del libro sagrado del Génesis, donde se dice que Dios creó el mundo en seis días y en el séptimo descansó, dándose a entender que la primera semana, en el amanecer de los tiempos, tuvo siete días.

    La discutida costumbre de adelantar el reloj en verano fue idea del gobierno francés en 1916. La mayoría de los países europeos siguieron el ejemplo. En España se la llamó horario de verano cuando se implantó este uso en 1918, durante la noche del 15 al 16 de abril, cosa que fue celebrada en las calles.

  2. ¿Cuál es el origen del calendario actual?

    Desde los primeros calendarios solares, se ha buscado solventar el desajuste temporal ocasionado por la duración de la traslación terrestre, de 365 días, 6 horas y 9 minutos.

    ¿Cuál es el origen del calendario actual?
    Laura Martínez

    En las antiguas civilizaciones se empleaba el calendario lunar para calcular el paso del tiempo. La transición entre un mes y otro la marcaba la órbita de la Luna: cuando esta retornaba a su fase inicial, se daba por concluido dicho periodo temporal. Transcurridos 12 meses lunares, se hablaba de un año completo. Tiempo después, surgió la necesidad de tomar en consideración el paso de las estaciones, y se crearon los calendarios lunisolares, que agrupaban los meses lunares en distintos periodos climáticos.

    En el Antiguo Egipto, aparecieron los primeros calendarios solares, que medían el tiempo guiados por el movimiento aparente del Sol. Esta innovación permitía fechar el momento exacto de la crecida del río Nilo, fundamental para una sociedad que vivía de la agricultura. Los astrónomos egipcios sabían que el año duraba 365 días, pero no consideraron esas pocas horas adicionales que no completan un día. El calendario egipcio cargaba por tanto con siglos de desfase, y la oposición religiosa frenaba cualquier atisbo de reforma.

    En la época del Imperio romano, el calendario tenía 304 días dispuestos en 10 meses, de modo que los pontífices debían intercalar un undécimo mes cada pocos años para compensar el desajuste temporal. Este, sin embargo, llegó a incrementarse hasta el punto de que el invierno terminó siendo fechado en el otoño astronómico. Julio César, en el año 46 a.c., ordenó una reforma del calendario romano con el fin de ajustar de manera definitiva el año al curso del Sol. El calendario juliano, que retomaba los 365 días divididos en 12 meses del calendario egipcio, fechaba las estaciones y sus fiestas romanas correspondientes concordando con el momento astronómico en el que sucedían. Para contrarrestar el desfase, en lugar de intercalar un mes cada X tiempo, se optó por sumar un día cada cuatro años (incluyendo los seculares), lo que originó el concepto de año bisiesto. César tuvo que añadir dos meses ese año, sumando un total de 15, para iniciar su reforma sin retraso temporal ninguno. El emperador alteró también el orden de los meses, situando en primer lugar Enero en vez de Marzo y dando lugar así a la distribución del calendario actual.

    No obstante, el calendario juliano no logró solventar el problema en cuestión. La regla por la que se regían los años bisiestos generó un retraso de 10 días en el calendario civil respecto al calendario astronómico. El Papa Gregorio XIII dictó, el 24 de febrero de 1582, la bula “Inter Gravissimas”, por la que entró en vigor el calendario gregoriano. Esta establecía que el 4 de octubre de 1582 se daría un salto en el tiempo y se convertiría en el 15 de octubre de 1582. Además, se fijaba que habría un año bisiesto cuando el año en cuestión fuera múltiplo de 4, con excepción de los años múltiplos de 100 (exceptuando a su vez los múltiplos de 400, que sí que serían bisiestos). En total, el calendario gregoriano fijaba 97 años bisiestos cada 400 años, en lugar de los 100 que marcaba el calendario juliano. El calendario se adoptó inmediatamente en los países en los que la Iglesia Católica tenía influencia, mientras que los países protestantes, anglicanos y ortodoxos postergaron su implantación durante años o incluso siglos, e incluso algunos continúan llamándolo “calendario juliano” para no reconocer la autoridad de Roma.

    El calendario gregoriano, considerado como oficial a nivel global, no logra tampoco una concordancia perfecta entre año civil y año astronómico, ya que la velocidad de rotación y de traslación de la Tierra se va ralentizando y obliga a revisar las fechas una vez cada 3.000 años.

    #Curiosidades #Romanos

  3. La historia de nuestro calendario

    Nuestro actual calendario está basado en el calendario juliano impuesto por el emperador romano Julio César (Roma, 12/13 de julio del año 100 a. C. – Roma 15 de marzo del año 44 a. C.) que a su vez procede del que utilizaban los egipcios desde el 4236 a. C. que fueron los primeros en señalar al sol como punto de referencia estableciendo que la tierra tardaba un período de 365 días y, más o menos, un cuarto de día en girar alrededor de éste.

    Este sistema de medida del tiempo y las estaciones dividido en días, meses y años se basa, además de en los movimientos de la tierra alrededor del sol, en las apariciones y desapariciones periódicas del astro rey y la luna. Así un día se denominaba al tiempo necesario para que la tierra rotase sobre su propio eje, un mes se calculaba como el período de tiempo que transcurría entre dos lunas llenas o el número de días que la luna tardaba en girar alrededor de la tierra (29.5 días) y un año era el tiempo que la tierra tardaba en girar alrededor del sol (365 días, 5 horas, 48 minutos y 45.5 segundos, o sea, 365 días y un cuarto de día) y se denomina año estacional, tropical o solar.

    Cuando Julio César llegó a Egipto en el aproximadamente 49 a. C. y conoció el calendario que utilizaban allí encargó a Sosígenes de Alejandría que diseñase uno nuevo para el imperio. Este calendario tenía una duración de 365 días y un día adicional añadido cada tres años para compensar el desfase natural por la rotación no sincrónica de la tierra en torno al sol. Fue posteriormente César Augusto (Roma, 23 de septiembre del año 63 a. C. – Nola, 19 de agosto del año 14 d. C.) el que realizó una mejora en el calendario romano corrigiendo los cálculos, sumando este día adicional cada cuatro años y añadiéndolo como año bisiesto.

    Aunque el calendario juliano era bastante preciso cada 130 años se perdía un día por eso el 4 de octubre de 1582 el Papa Gregorio XIII llevó a cabo otra reforma dando lugar al calendario gregoriano. Este nuevo calendario solucionó el problema que planteaba el hecho de que el año juliano tuviera 11 minutos y 14 segundos más que el año solar. Gregorio XIII, asesorado por el astrónomo jesuita Christopher Clavius promulgó el 24 de febrero de 1582 la bula Inter Gravissimas en la que establecía que al jueves 4 de octubre de 1582 le seguiría el viernes 15 de octubre de 1582. Con la eliminación de estos diez días desaparecía el desfase con respecto al año solar y así se propuso que aquellos años bisiestos que son múltiplos de 100 sólo sumasen un día si también son múltiplos de 400 para evitar que huebiese demasiados años bisiestos.
    Esta reforma gregoriana no llegó a todas partes por igual ya que por aquel entonces la fe dividía Europa. Si bien los católicos implantaron el nuevo anuario en 1582, los protestantes continuaron con el calendario juliano hasta el siglo XVIII y los ortodoxos no aceptaron la nueva fórmula hasta el siglo XX.

    El ORIGEN DEL NOMBRE DE LOS MESES DEL AÑO

    El término mes proviene del latín mensis y es cada uno de los doce períodos de tiempo (entre 28 y 31 días) en los que se divide un año y tiene relación con las doce constelaciones del zodíaco. En un principio en la Roma antigua el año constaba de 10 meses comenzando el año con el mes de marzo (cuando comenzaba la campaña militar) y así los últimos cuatro meses fueron denominados septiembre (séptimo mes), octubre (octavo mes), noviembre (noveno mes) y diciembre (décimo mes).

    Enero. Proviene del latín Ianuarius y es el mes dedicado al dios Jano, el dios de los portales y del principio y el final, por esto su imagen se representa con dos caras como las dos caras de una puerta, una mirando al este y la otra al oeste, o sea, por donde sale y se pone el sol. Tiene 31 días. “Enero mojado, bueno para el tiempo, malo para el ganado”.

    Febrero. Era el mes dedicado al dios Februs, el dios de la purificación. El 15 de este mes se celebraba la Februalia (fiesta romana de la purificación) que consistía en que los sacerdotes golpeaban a la viandantes romanos con unas tiras de cuero de animales que sacrifican para ello llamadas februas para purificarlos de sus faltas. Tiene 28 ó 29 días (año bisiesto). “En febrero loco, ningún día se parece a otro”.

    Marzo. Del latín martius estaba dedicado al dios Marte, el dios de la guerra. En la Roma primitiva el año comenzaba precisamente este mes en el que se iniciaban las campañas bélicas. Este mes tiene 31 días.” Marzo ventoso y abril lluvioso, hacen a mayo florido y hermoso”.

    Abril. Del latín aprilis, que a su vez proviene de “aprire” (abrir) cuando en Roma comienza la primavera y empiezan a abrirse las flores y a desarrollarse la vegetación. Está dedicado a Venus (Apru), la diosa de los jardines, la belleza y del amor. Este mes tiene 30 días. “En abril, aguas mil”.

    Mayo. Unos atribuyen su nombre al latín maius en honor a la diosa romana Maya (el primer día de este mes se plantaba un árbol llamado “mayo”, símbolo de la primavera) y otros que es un homenaje a los ancianos o protectores del pueblo ya que deriva de la palabra latina majorum que significa mayores. Este mes tiene 31 días. “Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo, y si vuelve a llover, vuélvetelo a poner”.

    Junio. Existen también dos versiones sobre el origen de su nombre: la primera dice que proviene de iunius, dedicado a Juno, la diosa protectora de la mujer, el matrimonio y los nacimientos, también diosa del hogar y la otra dice que proviene de juniors y se le dedicó a los jóvenes en oposición a mayo dedicado a los mayores. Este mes tiene 30 días. “Junio claro y fresquito para todos bendito”.

    Julio. Procede de iulius, en honor a Julio César ya que él nació en este mes. Antes de que éste modificara el calendario romano este mes se llamaba quintilis, por ser el quinto empezando desde marzo. Debido a que era la época en que se llevaba a cabo la recolección del trigo se representaba con un segador practicando esta faena agrícola.Tiene 31 días. “Julio caliente, quema al más valiente”.

    Agosto. Del latín augustus, rinde homenaje al emperador Augusto por haber restaurado la república y terminado con las guerras civiles. Consta de 31 días. “Cuando llueve en agosto, llueve miel y mosto”.

    Septiembre. Procede del latín septem, es decir, siete porque era el séptimo mes cuando el año empezaba en marzo. Diferentes escenas de vendimia representan este mes dedicado al dios Vulcano. “Septiembre o seca fuentes o lleva puentes”.

    Octubre. Proviene del vocablo octo que significa ocho ya que era el octavo mes cuando el año comenzaba con el mes de marzo en el antiguo calendario romano. Tanto la vendimia como la siembra, tareas de la época que marca, servían para simbolizarlo. Tiene 31 días. “Octubre lluvioso, año copioso”.

    Noviembre. Del latín novem, o sea nueve. Este mes es de 30 días. ”Entrado noviembre, quien no sembró, que no siembre”.

    Diciembre. Del latín decem, por ser el décimo mes del antiguo calendario romano en honor a la diosa Vesta, diosa del fuego del hogar. Se lo representaba con un esclavo que llevaba una antorcha encendida en alusión a las fiestas saturnales. Este mes tiene 31 días. “En diciembre la tierra se duerme”.

    Calendario romano ORIGEN DEL NOMBRE DE LOS DÍAS DE LA SEMANA

    Lunes. Del latín lunae dies, día de la luna. En nuestro calendario cristiano hay un tiempo litúrgico que se rige por el calendario lunar que es la Cuaresma, por este motivo la Semana Santa no se celebra siempre por las mismas fechas.

    Martes. Del latín martis dies, día de Marte que era el dios de la guerra.

    Miércoles. Del latín mercuri dies, día de Mercurio. Era el dios del comercio y el de los viajeros, por ese motivo sus templos se edificaban a la entrada de los pueblos.

    Jueves. Proviene del latín ioviis dies, día de Júpiter, el dios del cielo, de la luz del día y del tiempo atmosférico.

    Viernes. Del latín veneris dies, día de Venus, diosa romana del amor.

    Sábado. Proviene del hebreo sabbath que significa descanso y para los judios es el último día de la semana.

    Domingo. Del latín dominicus dies, día del Señor. Para los cristianos es tradicionalmente el séptimo día de la semana, aunque en realidad es el primero porque se consagra a Jesucristo que resucitó después del sabbath.

  4. ¿Quién inventó los meses del año?

    ​​Un recorrido histórico de la mano de ​Álvaro José Cano, divulgador en Astronomía, para entender de dónde vienen los meses y quién los inventó.

    Pregunta: Romario Arriaga Madera.

    Responde: Juan Felipe Araque, comunicador social.

    Asesor: Álvaro José Cano, divulgador en Astronomía, Planetario Municipal.

    El calendario que usamos para organizar, controlar y distribuir el tiempo de las actividades humanas lo conforman 365 días, aproximadamente, de 24 horas divididas en ciclos de luz y oscuridad, 52 semanas y doce meses que en conjunto constituyen un año.

    El proceso de creación de este instrumento exigió la observación atenta del sol, la luna, las estrellas y los fenómenos naturales; las diferentes culturas lo modificaron para adaptarlo a sus intereses políticos, sociales, económicos o religiosos de la época.

    Hace diez mil años los pueblos esclavos habitantes de Egipto y los valles de Mesopotamia, entre los ríos Tigris y​ Éufrates, observaban, en sus horas de descanso, el cielo nocturno y en especial la luna.

    La consideraban una diosa digna de veneración por su capacidad gradual de presentar distintas caras. Así fue como decidieron que entre cada luna nueva celebrarían un día en honor a ella.

    Así nació la primera semana de la historia de la humanidad; tenía 30 días, aproximadamente, y con el paso de los siglos se transformó en lo que hoy denominamos mes.

    En su observación atenta, además, aquellos esclavos descubrieron que cada siete días, la luna presentaba otras tres formas – creciente, llena y menguante- que merecían también de adoración.

    Fueron, entonces, las cuatro fases lunares las que dieron origen a semanas de siete días con uno dedicado al descanso y la celebración en honor a este satélite natural de la Tierra.

    Mientras tanto, los esclavistas se preocupaban por la principal actividad económica de aquellos días: la agricultura; por esta razón necesitaban conocer a la perfección las épocas ideales de siembra, cosecha ​y almacenamiento de alimentos.

    Con la observación y la práctica agrícola identificaron las estaciones del año, y al relacionarlas con las fases de la luna concluyeron que, por ejemplo, entre una primavera y otra ocurrían doce ciclos lunares. ¡Así nacieron lo​s meses del año!

    Los nombres y número de días que conforman nuestros meses fueron heredados del calendario romano o juliano, elaborado por el emperador Julio César, en el año 46 antes de Cristo (a.C.), con la asesoría del astrónomo y filósofo Sosígenes.

    En sus inicios, este calendario constaba de diez meses: marzo, dedicado a Marte, dios de la guerra, arma de conquista; abril, cuando abre la primavera; mayo, consagrado a Júpiter, deidad suprema; junio en honor a Juno, hermana y esposa de Júpiter; julio, antes quintilis y más tarde ofrecido a la memoria del emperador Julio César; agosto, porque el soberano Augusto lo tributó a su nombre; septiembre, séptimo; octubre, el octavo; noviembre, noveno; y diciembre, décimo.

    Pero, la suma de días del calendario juliano no coincidía con el ciclo astronómico. La solución a este inconveniente fue adaptarlo al modelo egipcio que consistía en años de doce meses que sumaban 365 días, y años bisiestos con 366.

    Además fue necesario adicionarle dos meses. El primero, enero, dedicado a Jano, el Januario o portero, dios de la doble cara que mira al año viejo y al nuevo por venir, y que abre el ciclo solar tras el solsticio de invierno el 21 de diciembre.

    El último sería febrero, fin del invierno y comienzo del deshielo que hacía a la tierra apta para la siembra. En medio de estas tareas, los esclavos se infectaban de hongos en sus pies padeciendo altas fiebres.
    Por esta razón, febrero debe el nombre a las fiebres, que se atribuían a un dios perverso que las causaba. La solución que implementaron consistió en acortar su duración, dejarlo de 28 días, para alejar al maligno.

    En inglés, español, francés, italiano, portugués, los meses conservan los nombres del calendario juliano, que imperó hasta finales del siglo XV en los territorios conquistados por el imperio Romano.

    Sin embargo, a pesar de los ajustes, el calendario juliano continuaba impreciso, tanto así que hacia el siglo XVI tenía diez días adicionales con respecto al ciclo astronómico. El papa Gregorio XIII reparó el error en 1.582.

    Eliminó once días del calendario de los países católicos para que el tiempo del hombre estuviera en armonía con las estaciones climáticas, decretó cuáles años de los siglos serían bisiestos, a través de una fórmula matemática, y estableció el 01 de enero como comienzo del año nuevo.

    Este es el calendario que hoy utilizamos, con semanas de siete días y uno sagrado dedicado al descanso; se impuso con el triunfo del cristianismo sobre el imperio romano para luego esparcirse por el mundo.

    El cálculo exacto de los días de un mes, y en consecuencia de la duración de un año, fue complejo, porque estuvo sujeto al movimiento irregular de los cuerpos celestes, lo que exigió observación frecuente y, en ocasiones, decisiones autoritarias para fijar o rectificar las fechas.

    Por esta razón, el calendario es una convención mundialmente aceptada, para regular el tiempo de las sociedades humanas según sus estructuras sociales y políticas, sistemas económicos y culturales. Además está sujeto a los ritmos del universo y es resultado de observaciones y cálculos que dependen, también, del progreso de las ciencias y las técnicas.

    Bibliografía recomendada:
    ELIAS, Norbert. (1984). Sobre el tiempo. México: Fondo de Cultura Económica. Cap. 44-46. Págs. 209-217.
    LE GOFF, Jacques. (1991). El orden de la memoria. España: Paidós. Cap. II. Págs. 184-215.
    VILLEGAS, B. Fabio. (1995). Kalendario Mundi. Kalendario 2000. Medellín: Universidad Pontificia Bolivariana. Cap. I, II y IV. Págs. 15-47.

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