El futuro es apasionante

Biotecnología: ‘hackear’ bacterias para fabricar cualquier cosa

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7 comentarios sobre “El futuro es apasionante

  1. Hace unos dias salía en EL PAIS una noticia sobre Biotecnología para‘hackear’ bacterias y fabricar cualquier cosa. Esa es la rama emergente de la tecno-fáustica que manipula el ADN de una planta, un animal, un humano o una bacteria exclusivamente con fines económicos. Es un mundo peligroso el que se nos viene encima, entre robots y nanotecnología, entre la IA y los OGM, que al final se extenderán a todos los reinos vivos…antes de que todo esto vaya a más y terminemos en una DISTOPÍA de control ultratecnológico y materialista, hemos de cambiar el giro del tiempo y sincoparnos con otra línea mucho más evolucionada que respeta el diseño original de la naturaleza y busca entenderlo antes de manipularlo, busca mantener la salud antes que cronificar la enfermedad, busca el bienestar antes que el dinero…

  2. En un artículo de 2015 la revista Wired titulaba un texto sobre Ginkgo Bioworks “Muévete, Jony Ive. Los biólogos son las nuevas estrellas del diseño”. El titular contenía a un tiempo una advertencia y una profecía. La advertencia iba dirigida a Jonathan Ive, director jefe de Diseño de Apple, uno de los grandes gurús de las tendencias creativas. La profecía indica un camino que se está comenzando a explorar pero que tendrá una importancia creciente en los próximos años: el mercado del diseño inteligente con organismos vivos. Una tecnología que Ginkgo Bioworks define en su web como “diseño de microbios personalizados para clientes en múltiples mercados”.
    La pregunta es cómo se fabrican estos microbios y cómo se les puede domesticar para que sirvan a nuestras necesidades. La respuesta la tiene Christina Agapakis, directora creativa de la compañía: “lo que hacemos es diseñar ADN. El ADN es el código de la célula, lo que le dice qué tiene que hacer. Así que nosotros podemos diseñar nuevos comportamientos para las células cogiendo ADN y genes de otros organismos y poniéndolos dentro de las bacterias”. Suena fácil, pero como aseguraba en una entrevista a The Boston Globe Jeff Lou, responsable de robótica de la compañía, “la biología es la tecnología más poderosa del planeta y todavía no la entendemos. Diseñar y hacer ingeniería con ella es difícil y debemos hacerlo con respeto”.
    Los defensores de estas nuevas tecnologías creen que tendrán aplicaciones en numerosos campos: desde la agricultura a la medicina, pasando por la cosmética, las energías renovables o la producción alimenticia. Al fin y al cabo, como dice Agapakis, la biología “tiene 4.000 millones de años de experiencia”, y no hay nada que sea tan versátil, adaptable e imaginativo para resolver problemas como la vida. Así que aparentemente sólo tenemos que imitarla primero y superar sus limitaciones después. Los biólogos se convierten de esta forma, como anticipaba Wired, en diseñadores e ingenieros, ya que pasan de observar y estudiar la biosfera a modificarla para nuestros propios intereses. Por supuesto, semejante actividad despierta algunas suspicacias y tiene ciertas connotaciones éticas, algo que no resulta nuevo en una rama de la ciencia, la genética, acostumbrada a estar bajo los focos. Para mal… y para bien. Forbes publicó el pasado mes de diciembre un artículo en el que revelaba los cientos de millones de dólares que distintos inversores estaban dedicando a empresas como Ginkgo Bioworks. Un capital que crecerá en los próximos años hasta hacer de la biotecnología la gran industria del futuro. Vijay Pande, pionero de la inteligencia artificial, afirmaba en Forbes que “la biología se encuentra ahora en el lugar en que se encontraba la ciencia de los ordenadores hace 50 años. Por eso invertir en ella es una gran oportunidad”. Parece que ‘hackear’ la vida es ya un gran negocio; si dejan las decisiones en manos de los científicos adecuados, seguro que será también una gran ayuda para hacer de nuestro mundo un lugar mejor.
    Entrevista y edición: Zuberoa Marcos, Maruxa Ruiz del Árbol, Cristina López
    Texto: José L. Álvarez Cedena

  3. Taco y Ties Carlier

    Fundadores de VanMoof

    Si los hermanos Ties y Taco Carlier hubieran fundado su negocio hace ochenta años, tal vez el mundo hubiera sido un lugar un poco mejor, pero nos hubiéramos perdido una de las grandes obras del neorrealismo cinematográfico italiano. Porque estos holandeses aseguran haber inventado un sistema para sus bicicletas que las hace inmunes a los robos. Si la bici de Antonio Ricci hubiera sido una Electrified S de VanMoof el pequeño Bruno no habría madurado de golpe viendo a su padre perder la dignidad y el ladrón de Vitorio de Sica, símbolo de la difícil posguerra en Roma, habría fracasado en su intento.

    Los holandeses Carlier son, como muchos en Amsterdam, su ciudad de origen, unos enamorados de las bicicletas. De hecho, ambos creen que montar en bici le hace ser más creativos. “Durante algunos años, dejé de hacer el recorrido habitual desde casa al trabajo porque mi apartamento estaba a diez metros de la oficina, cuenta Taco Carlier al hablar de su nueva creación. Dejé de montar en bici para ir a trabajar y también dejé parte de mi felicidad y productividad. Por eso, después de tres años, empaqueté todas mis cosas y me mudé a una nueva casa a las afueras de Amsterdam”. Así de gratificante es la experiencia, aseguran, de montar en su nueva bicicleta eléctrica, la Electrified S, dotada de un sistema de seguridad a través de una app móvil que la hace prácticamente invulnerable a los robos.

    Hay quien ya se ha apresurado a comparar la nueva máquina de VanMoof con los coches inteligentes de Tesla, en el sentido de que representan una auténtica revolución para este medio de transporte. La Electrified S, aseguran los Carlier, es tan ligera que no parece una bicicleta eléctrica y su potente pero silencioso motor la hace adecuada para cualquier tipo de terreno urbano (incluso aquellos con desniveles pronunciados o en los que hay que enfrentarse a la fuerza del viento). La autonomía de la Electrified S es otra de sus grandes bazas, puesto que permite rodar hasta 120km con una sola carga: lo suficiente, por ejemplo, como para pedalear desde la Puerta del Sol de Madrid hasta la plaza mayor de Guadalajara y volver.

    Los Carlier dicen tener una misión: conseguir que la bicicleta se extienda en muchas otras ciudades y que el caso de Amsterdam no sea la excepción, sino la regla. Están tan convencidos de ello, que en su página web se atreven a desafiar a todo y a todos: “los ladrones, las cuestas, el tráfico o la seguridad. Si hay algo que se interpone entre vosotros y vuestro deseo de montar en bicicleta, estamos preparados para encontrar una solución”.

    Edición: Azahara Mígel / Douglas Belisario
    Texto: José L. Álvarez Cedena

  4. Antony Evans

    CEO y cofundador de Glowing Plant

    Cuenta la mitología budista que un día, alrededor del siglo V antes de nuestra era, Sidarta Gautama se sentó bajo una higuera una noche de luna llena y prometió no levantarse hasta alcanzar el Nirvana. Permaneció en la misma postura durante 49 días con sus noches. Cuando abrió los ojos se había convertido en un iluminado (un buda) y estaba tan agradecido a aquel “ficus religiosa” por haberle dado cobijo que permaneció una semana entera mirando sus ramas en señal de respeto y admiración. En el caso del Buda la luz llegó de su interior -una iluminación metafórica- pero Antony Evans, fundador de Glowing Plants, quiere que esa luz tenga una dimensión física y que provenga de las plantas.

    La idea de conseguir que algunas especies vegetales brillen en la oscuridad no es nueva. En los años 80 ya se consiguió al introducir encimas luciferinas provenientes de luciérnagas en algunas plantas. Los resultados, aunque llamativos, fueron modestos: había que fotografiar a la planta con una exposición de ocho horas para apreciar una tenue luminiscencia. Más adelante, en 2010, investigadores de la universidad Stony Brook modificaron genéticamente una planta de tabaco al transplantarle algunos genes de una bacteria marina productora de luciferina. Lo novedoso en el proyecto que lidera Evans es que diseñan las secuencias de ADN en un ordenador con un software especial, y después lo imprimen para inyectarlo con una pistola de genes.

    Cualquiera puede conseguir una de estas semillas milagrosas a través de la web de Glowing Plants y hacer crecer una planta luminosa en casa. Incluso, si se atreve, probar sus propios experimentos, puesto que el ADN creado es de código abierto y, por lo tanto, modificable. Antony Evans y sus socios insisten en que su proyecto es la solución a un mundo que consume recursos de forma enloquecida, lo que llevará a quebrar los límites del planeta. La propia Naturaleza, afirman, tiene la respuesta a través de la bioluminiscencia, puesto que es una energía limpia, renovable y sostenible. “Estamos, afirma Evans, entrando en una era en la que diseñar un organismo biológico será tan fácil como diseñar una aplicación móvil” por eso confía en que sus plantas podrán, en pocos años, servir para eliminar las farolas en las ciudades y sustituirlas por árboles luminosos.

    Texto: José L. Álvarez Cedena

  5. Isa, me has hecho reir con tu respuesta. A ti y a tu “doble” os querría muchísimo.
    Mis cólicos dentro de los dolores me ayudan a intentar ser mas recia.
    Un abrazo grandote.

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