Buen apetito!

Un martes por la tarde, a la hora de la misa, hay más gente en el supermercado que en la iglesia. Si es verano, los feligreses de la terraza del bar de enfrente multiplican por cuatro a los de la parroquia.

Al fin y al cabo, tanto en el supermercado como en el bar, a cambio de un precio, te solucionan un problema: te dan de comer y beber. En la parroquia, en cambio, no solucionamos problemas, sino que mostramos misterios.

Me diréis que la caridad cristiana debe llevarnos a socorrer a los necesitados. Es cierto. Pero si ese socorro se limita a saciar vientres y no despliega ante los hombres el misterio del amor de Dios, habremos fracasado.

Me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. ¿De qué le aprovecha el pan al vientre, si el alma queda vacía?

Cuando concluimos la misa, los sacerdotes decimos: «Prosit!» –«¡Que aproveche!»–. Es lo mismo que dicen los hombres durante un buen banquete. Pero lo que ha entrado por los labios, durante la misa, no sacia el hambre del cuerpo. Por eso, al «Prosit!» respondemos: «In vitam aeternam!» –«¡Para la vida eterna!»–. Hemos visto signos.

5 comentarios sobre “Buen apetito!

  1. Al día siguiente, la multitud que había quedado al otro lado del mar se dio cuenta de que allí no había más que una barca, y que Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían ido solos. Vinieron otras barcas de Tiberias cerca del lugar donde habían comido el pan después de que el Señor había dado gracias. Por tanto, cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y se fueron a Cafarnaúm buscando a Jesús.

    Cuando le hallaron al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? Jesús les respondió y dijo: En verdad, en verdad os digo: me buscáis, no porque hayáis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado.

    Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el cual el Hijo del Hombre os dará, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello.

    Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?

    Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios: que creáis en el que El ha enviado. Le dijeron entonces: ¿Qué, pues, haces tú como señal para que veamos y te creamos? ¿Qué obra haces? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “LES DIO A COMER PAN DEL CIELO.

    Entonces Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: no es Moisés el que os ha dado el pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo, y da vida al mundo. Entonces le dijeron: Señor, danos siempre este pan.

    Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed. Pero ya os dije que aunque me habéis visto, no creéis. Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que viene a mí, de ningún modo lo echaré fuera. Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que El me ha dado yo no pierda nada, sino que lo resucite en el día final. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo aquel que ve al Hijo y cree en El, tenga vida eterna, y yo mismo lo resucitaré en el día final.

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  2. Jesús, el pan de vida

    Lo encontraron al otro lado del lago, y le dijeron: “Maestro, ¿cuándo has venido aquí?”. . Jesús les contestó: “Os aseguro que no me buscáis porque habéis visto milagros, sino porque habéis comido pan hasta hartaros.
    Procuraos no el alimento que pasa, sino el que dura para la vida eterna; el que os da el hijo del hombre, a quien Dios Padre acreditó con su sello”.
    Le preguntaron: “¿Qué tenemos que hacer para trabajar como Dios quiere?”.
    Jesús les respondió: “Lo que Dios quiere que hagáis es que creáis en el que él ha enviado”.
    Le replicaron: “¿Qué milagros haces tú para que los veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra?
    Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo”.

    Jesús les dijo: “Os aseguro que no fue Moisés quien os dio el pan del cielo; mi Padre es el que os da el verdadero pan del cielo.
    Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo”.
    Ellos le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”.

    Jesús les dijo: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás.
    Pero ya os he dicho que, aunque me habéis visto, no creéis.
    Todos los que el Padre me da vendrán a mí. Al que viene a mí no lo rechazo, pues he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.

    Y ésta es la voluntad del que me ha enviado, que yo no pierda a ninguno de los que él me ha dado, sino que los resucite en el último día.
    Pues es voluntad de mi Padre que todo el que vea al hijo y crea en él tenga vida eterna y yo lo resucite en el último día”.
    Los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: “Yo soy el pan que ha bajado del cielo”,
    Y decían: “¿No es éste Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?”.

    Jesús les dijo: “Dejad de criticar.
    Nadie puede venir a mí si el Padre que me envió no lo trae, y yo lo resucitaré en el último día.

    Está escrito en los profetas: Todos serán enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y acepta su enseñanza viene a mí.

    Esto no quiere decir que alguien haya visto al Padre. Sólo ha visto al Padre el que procede de Dios.

    Os aseguro que el que cree tiene vida eterna.

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  3. “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo”.
    Los judíos discutían entre ellos: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”.
    Jesús les dijo: “Os aseguro que si no coméis la carne del hijo del hombre y no bebéis su sangre no tendréis vida en vosotros.
    El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día.
    Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.
    El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él.
    Como el Padre que me ha enviado vive y yo vivo por el Padre, así el que me come vivirá por mí.
    Éste es el pan que ha bajado del cielo; no como el que comieron los padres, y murieron. El que come este pan vivirá eternamente”.
    Dijo todo esto enseñando en la sinagoga de Cafarnaún.

    Palabras de vida eterna
    Muchos de sus discípulos, al oírlo, dijeron: “Esto que dice es inadmisible. ¿Quién puede admitirlo?”.
    Jesús, conociendo que sus discípulos hacían esas críticas, les dijo: “¿Esto os escandaliza?
    ¡Pues si vierais al hijo del hombre subir adonde estaba antes!
    El espíritu es el que da vida. La carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida.
    Pero entre vosotros hay algunos que no creen”. (Jesús ya sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién lo iba a traicionar).
    Y añadió: “Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no le es dado por el Padre”.
    Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y no andaban con él.
    Jesús preguntó a los doce: “¿También vosotros queréis iros?”.
    Simón Pedro le contestó: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
    Nosotros creemos y sabemos que tú eres el santo de Dios”.
    Jesús le respondió: “¿No os elegí yo a los doce? Y, sin embargo, uno de vosotros es un diablo”.
    Hablaba de Judas, hijo de Simón Iscariote; pues éste lo iba a traicionar, y era uno de los doce.

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  4. Buscar a Jesús, buen propósito para un cristiano enamorado.

    ¡Jesús está muy cerca de nosotros: en cada Sagrario¡
    Seguro que cerca de tu casa, de tu universidad, del lugar de trabajo hay una parroquia, una capilla o un convento en el que Jesús Eucaristía te está esperando El enemigo nos tentará con la pereza, con la prisa, con el agobio de todo lo que tenemos que hacer…pero todo eso se vence con el Amor que Él nos tiene.

    “Cuando te acercas al Sagrario piensa que ¡Él…TE ESPERA DESDE HACE VEINTE SIGLOS. Ahí lo tienes: es Rey de Reyes y Señor de señores- Está escondido en el Pan. Se humilló hasta esos extremos, por amor a ti.

    Existe en la vida de la Iglesia una antigua costumbre de hacer cada día una visita a Jesús Sacramentado en el Sagrario, lo que se llama visita al Santísimo. Igual que los amigos gozan pasando tiempo juntos, así nosotros deseamos estar con Jesús. Quizá no podamos detenernos mucho, es un saludo cariñoso, una jaculatoria encendida, una genuflexión hecha con todo el
    corazón….¡Cuanto cambiaría nuestra vida si no abandonáramos esta piadosa costumbre.

    ¡Si quieres, puedes.¡

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  5. Un hombre vio cuando una serpiente estaba muriendo quemada y decidió sacarla del fuego, pero cuando lo hizo, la serpiente lo mordió. Por la reacción del dolor, el hombre la soltó y el animal cayó de nuevo en el fuego y se estaba quemando de nuevo. El hombre intentó sacarla otra vez y otra vez la serpiente lo volvió a morder. Alguien que estaba observando se acercó al hombre y le dijo:
    -Disculpe, ¡pero usted es terco! No entiende ¿que todas las veces que intente sacarla del fuego lo va a morder? El hombre respondió:
    -la naturaleza de la serpiente es morder, y eso no va a cambiar la mía, que es ayudar.
    Entonces, con la ayuda de un pedazo de hierro, el hombre sacó la serpiente de fuego y salvó su vida.

    No cambies tu naturaleza si alguien te hace algún daño no pierdas tu esencia; sólo toma precauciones.
    Algunos persiguen la felicidad, otros la crean. Preocúpate más por tu conciencia que por tu reputación. Porque tu conciencia es lo que eres, y tu reputación es lo que piensan los demás de ti. Y lo que piensan los demás, no es tu problema, es problema de ellos.

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