Riendo en las narices de dinosaurio

Visto el éxito que ha tenido estos comentarios de mi amigo sacerdote José-Fernando Rey, he pensado seguir poniéndolos en el blog, al menos durante el tiempo de Pascua. Espero que os parezca bien… Así que, aquí va:

Las primeras palabras de Jesús resucitado marcan toda una revolución: Alegraos… No temáis.

Mira a tu alrededor: los mismos motivos para la tristeza que pudiste encontrar la semana pasada continúan allí. Las amenazas que te hacía sentir miedo ayer no se han marchado. Tu vida sigue rodeada por el dolor y la muerte. Enciende el televisor, y comprobarás que no ha cambiado el sesgo de las noticias: homicidios, mentiras, injusticias y calamidades aún ocupan los titulares de portada.

¿Recuerdas aquel microrrelato de Monterroso? «Cuando despertó, el dinosaurio seguía allí». Míralo a la cara: sigue allí. Dormimos con Cristo el sueño de la muerte, despertamos con Él a una vida nueva, y el dinosaurio no se ha ido…

… Ni falta que hace. Quienes hemos cambiado somos nosotros. Escucha a san Pablo: Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba (Col 3, 1). Ante nuestros ojos se ha abierto la eternidad, con todo el Amor de Cristo esperándonos allí. Por eso, si el dinosaurio quiere llevarse nuestra vida mortal, se la entregaremos sin miedo. Nuestro tesoro está en el cielo, y no nos lo puede robar. Y ante las narices del mismísimo dinosaurio gritaremos, como los mártires: ¡Aleluya!

José-Fernando Rey

13 comentarios sobre “Riendo en las narices de dinosaurio

  1. La pequeña, bien perfumada y orgullosa anciana de 83 años, completamente vestida cada mañana a las 8 en punto, con su cabello arreglado a moda y el maquillaje perfectamente aplicado, se muda hoy a un asilo. Su esposo de 80 años, murió recientemente, lo que motivó la mudanza.
    Después de muchas horas de esperar pacientemente en el recibidor del asilo, sonrió dulcemente, cuando se le dijo que su cuarto estaba listo.
    Mientras se desplazaba con su caminador hacia el ascensor, le di una descripción detallada de su pequeño cuarto, incluyendo las cortinas que colgaban de su ventana.
    “Me encanta”, afirmó, con el entusiasmo de un niño de 8 años al que le acaban de entregar una nueva mascota.
    “Sra. Jones, no ha visto el cuarto, espere”. “Eso no importa”, respondió.
    “La felicidad es algo que decides con el tiempo. Si me gusta o no mi cuarto, no depende de cómo estén arreglados los muebles, depende de cómo arregle mi mente.”
    Ya decidí que me gusta. Es una decisión que hago cada mañana, cuando me levanto. Tengo la elección; Puedo pasar el día en la cama, repasando la dificultad que tengo con las partes de mi cuerpo que no funcionan, o salir de la cama y estar agradecida por las partes que sí funcionan”.
    “Cada día es un regalo, y mientras se abran mis ojos, me enfocaré en el nuevo día y los recuerdos felices que he almacenado sólo por ésta vez en mi vida.” La FELICIDAD es como una cuenta de banco: tú retiras de ella, lo que has depositado.
    Así que mi consejo sería, que deposites una gran cantidad de felicidad, en la cuenta de tu memoria.
    Recuerda estas cinco simples reglas para ser feliz:
    1.- Libera tu corazón del odio.
    2.- Libera tu mente de preocupaciones.
    3.- Vive sencillamente.
    4.- Da más.
    5.- Espera menos.
    “Los amigos, son como las estrellas, algunas veces no les ves, pero sabes que siempre, están ahí”.

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  2. El lunes después de la Pascua, el Evangelio nos presenta la narración de las mujeres que, fueron al
    sepulcro de Jesús, lo encuentran vacío y ven un Ángel que les anuncia que Él ha resucitado.

    Y mientras ellas corren para transmitir la noticia a los discípulos, encuentran a Jesús mismo que les dice: “Vayan a anunciar a mis hermanos que suban a Galilea: allí me verán”.

    Galilea es la “periferia” donde Jesús había iniciado su predicación; y de allí reiniciará en Evangelio de la Resurrección, para que sea anunciado a todos, y para que cada uno pueda encontrar a Él, al Resucitado, presente y operante en la historia…

    Por lo tanto, éste es el anuncio que la Iglesia repite desde el primer día: “¡Cristo ha resucitado!”. Y, en Él, por el Bautismo, también nosotros hemos resucitado, hemos pasado de la muerte a la vida, de la esclavitud del pecado a la libertad del amor.

    Ésta es la buena noticia que estamos llamados a anunciar a los demás y en todo ambiente, animados por el Espíritu Santo. La fe en la resurrección de Jesús y la esperanza que Él nos ha traído es el don más bello que el cristiano puede y debe ofrecer a sus hermanos.

    A todos y cada uno, entonces, no nos cansemos de repetir: ¡Cristo ha resucitado! Repitámoslo todos juntos hoy aquí en la plaza: Cristo ha resucitado… Todos: ¡Cristo ha resucitado! Una vez más: Cristo ha resucitado. Repitámoslo con las palabras, pero sobre todo con el testimonio de nuestra vida.

    La alegre noticia de la Resurrección debería manifestarse en nuestro rostro, en nuestros sentimientos y actitudes, en el modo con el cual tratamos a los demás.

    Nosotros anunciamos la resurrección de Cristo cuando su luz ilumina los momentos oscuros de nuestra existencia y podemos compartirla con los demás; cuando sabemos sonreír con quien sonríe y llorar con quien llora; cuando caminamos junto a quien está triste y corre el riesgo de perder la esperanza; cuando transmitimos nuestra experiencia de fe a quien está en búsqueda de sentido y de felicidad.

    Y ahí con nuestra actitud, con nuestro testimonio, con nuestra vida decimos “Jesús ha resucitado”, con todo el alma.

    Pidamos a la Virgen Madre, testigo silenciosa de la muerte y de la resurrección de su Hijo, incrementar en nosotros el gozo pascual. Lo haremos ahora con la oración del Regina Coeli, que durante el tiempo pascual sustituye la oración del Ángelus…

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  3. ¿Por qué Jesús descendió a los infiernos? ¿Cuál fue su misión allí?

    En el Credo de los Apóstoles proclamamos que Cristo “descendió a los infiernos”. ¿Qué significa esta frase? ¿Qué fue a hacer Jesús en ese lugar?

    Este Credo, formulado en el siglo V, se refiere al descenso del alma de Cristo, ya separada del cuerpo por la muerte, al lugar que también se llama “sheol” o “hades”. El Cuarto Concilio Lateranense, en el 1215, definió esta doctrina de Fe.

    En este caso “infierno” no se refiere al lugar de los condenados sino que es “el lugar de espera de las almas de los justos de la era pre-cristiana” (Ott, p. 191).

    Entre la multitud de justos allí esperando la salvación, estaba San José, los patriarcas y los profetas, como todos aquellos que murieron en paz con Dios. Todos necesitaban, como nosotros, la salvación de Cristo para poder ir al cielo. (Ver Hechos 2,24; 2,31; Filipenses 2, 10, 1 Pedro 3,19-20, Apocalipsis 1,18, Efesios 4,9)

    Entre los Padres de la Iglesia que enseñaron esta doctrina incluyen: San Justino, San Ireneo, San Ignacio de Antioquía, Tertuliano, San Hipólito, San Agustín.

    Santo Tomas Aquino enseña que el propósito de Cristo en descender a los infiernos fue liberar a los justos aplicándoles los frutos de la Redención (S. Th. III, 52, 5)

    El Catecismo de la Iglesia Católica sobre esta doctrina:

    Cristo descendió a los infiernos

    632: Las frecuentes afirmaciones del Nuevo Testamento según las cuales Jesús “resucitó de entre los muertos” (Hch 3, 15; Rm 8, 11; 1 Co 15, 20) presuponen que, antes de la resurrección, permaneció en la morada de los muertos.

    Es el primer sentido que dio la predicación apostólica al descenso de Jesús a los infiernos; Jesús conoció la muerte como todos los hombres y se reunió con ellos en la morada de los muertos. Pero ha descendido como Salvador proclamando la buena nueva a los espíritus que estaban allí detenidos.

    633 :La Escritura llama infiernos, sheol o hades a la morada de los muertos donde bajó Cristo después de muerto, porque los que se encontraban allí estaban privados de la visión de Dios.

    Tal era, en efecto, a la espera del Redentor, el estado de todos los muertos, malos o justos, lo que no quiere decir que su suerte sea idéntica como lo enseña Jesús en la parábola del pobre Lázaro recibido en el “seno de Abraham”.

    Son precisamente estas almas santas, que esperaban a su Libertador en el seno de Abraham, a las que Jesucristo liberó cuando descendió a los infiernos”.

    Jesús no bajó a los infiernos para liberar allí a los condenados ni para destruir el infierno de la condenación, sino para liberar a los justos que le habían precedido.

    634: “Hasta a los muertos ha sido anunciada la Buena Nueva…” (1 Pedro 4, 6) El descenso a los infiernos es el pleno cumplimiento del anuncio evangélico de la salvación.

    Es la última fase de la misión mesiánica de Jesús, fase condensada en el tiempo, pero inmensamente amplia en su significado real de extensión de la obra redentora a todos los hombres de todos 605 los tiempos y de todos los lugares porque todos los que se salvan se hacen partícipes de la Redención.

    635: Cristo, por tanto, bajó a la profundidad de la muerte para “que los muertos oigan la voz del Hijo de Dios y los que la oigan vivan”. Jesús, “el Príncipe de la vida” (Hch 3,15), aniquiló “mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo y libertó a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud” (Hb 2, 14-15).

    En adelante, Cristo resucitado “tiene las llaves de la muerte y del Hades” (Ap 1,18) y “al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los abismos” (Flp 2, 10).

    “Un gran silencio se cierne hoy sobre la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio, porque el Rey está durmiendo; la tierra está temerosa y no se atreve a moverse, porque el Dios hecho hombre se ha dormido y ha despertado a los que dormían desde hace siglos … En primer lugar, va a buscar a nuestro primer padre, como a la oveja perdida.

    Quiere visitar a los que yacen sumergidos en las tinieblas y en las sombras de la muerte; Dios y su Hijo van a liberar de los dolores de la muerte a Adán, que está cautivo, y a Eva, que está cautiva con él … Y, tomándolo de la mano, lo levanta diciéndole:

    Despierta, tú que duermes, y levántate de entre los muertos y te iluminará Cristo”. Yo soy tu Dios, que por ti me hice hijo tuyo, por ti y por todos estos que habían de nacer de ti …

    Despierta, tú que duermes; porque yo no te he creado para que estuvieras preso en la región de los muertos. Levántate de entre los muertos; yo soy la vida de los que han muerto”.

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  4. Papa Francisco: El demonio no es un mito, existe y debemos combatirlo

    Papa Francisco: A esta generación se les ha hecho creer que el demonio es un mito, pero el demonio existe y debemos combatirlo

    El Papa Francisco, en todo momento nos hace reflexionar acerca de la existencia del demonio y de sus distintas formas de hacernos caer en la vida para desviarnos del camino de la Salvación que Dios nos ha prometido

    “La vida cristiana es un combate contra el demonio, el mundo y las pasiones de la carne”, es lo que nos recuerda casi constantemente el Papa Francisco en muchas de sus reflexiones y homilías.

    “El demonio existe”, esta, fue una gran afirmación que el hizo el Santo Padre reflexionando sobre la Carta de San Pablo a los Efesios, en una de sus Homilías. Te presentamos a continuación las palabras del Santo Padre

    Debemos luchar contra él, con la armadura de la verdad. Fortaleza y valentía en el Señor, desarrolla en un lenguaje militar la vida cristiana.

    La vida en Dios se debe defender, se debe luchar para llevarla adelante, se necesita fortaleza y valentía para resistir y anunciar. Para ir adelante en la vida espiritual se debe combatir. No es una simple lucha, sino un combate continuo.

    Los enemigos de la vida cristiana son tres: “el demonio, el mundo y la carne”. Es decir nuestras pasiones que son las heridas del pecado original. Por cierto, la salvación que nos da Jesús es gratuita, pero estamos llamados a defenderla.

    ¿De qué me tengo que defender? ¿Qué tengo que hacer?

    “Revístanse con la armadura de Dios” nos dice Pablo. Es decir que lo que es de Dios nos defiende, para resistir a las insidias del demonio. ¿Está claro? Claro.

    No se puede pensar en una vida espiritual, en una vida cristiana, sin revestirse de esta armadura de Dios, que nos da fuerza y nos defiende.

    San Pablo subraya que esta lucha nuestra no es contra las cosas pequeñas, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal. Es decir, contra el demonio y los suyos.

    El demonio no es un mito

    A esta generación y a muchas otras se les ha hecho creer que el demonio era un mito, una figura, una idea, la idea del mal ¡pero el diablo existe y nosotros debemos combatir contra él! ¡lo dice San Pablo, no lo digo yo! ¡Lo dice la Palabra de Dios! Aunque no estamos muy convencidos de ello.

    Además San Pablo dice cómo es la armadura de Dios, cuáles son las diversas armaduras, que conforman esta armadura de Dios. Y señala:

    “Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza”.

    Ésta es la armadura de Dios: la verdad.

    El diablo es mentiroso, es el padre de los mentirosos, el padre de la mentira, y reiterando con San Pablo, hay que estar ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza, “no se puede ser cristianos, sin trabajar continuamente para ser justos. No se puede”.

    Nos ayudaría mucho preguntarnos ¿creo o no creo? ¿creo un poco sí y un poco no? ¿soy un poco mundano y un poco creyente?

    Defenderse con la Palabra

    Sin fe no se puede ir adelante, no se puede defender la salvación de Jesús, necesitamos el escudo de la fe, porque el diablo no nos tira flores, sino flechas encendidas, para asesinarnos.

    Tomen el casco de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios. Y a elevar constantemente toda clase de oraciones y súplicas, animadas por el Espíritu.

    La vida cristiana es una lucha, una lucha bellísima, porque cuando el Señor vence en cada paso de nuestra vida, nos da una alegría, una felicidad grande: esa alegría que el Señor ha vencido en nosotros, con la gratuidad de su salvación.

    Pero sí, todos somos un poco perezosos, no, en la lucha, y nos dejamos llevar por las pasiones, por algunas tentaciones. Es porque somos pecadores ¡todos!

    Pero no se desalienten. Ánimo, valentía y fortaleza, porque el Señor está con nosotros.

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  5. 7 cosas que debes saber sobre el Domingo de Pascua

    El gran día finalmente ha llegado: Pascua, el día más importante del calendario cristiano. Más importante aún que la Navidad.

    1/04/18 11:54 AM
    (JimmyAkin.com/InfoCatólica) El gran día finalmente ha llegado: Pascua, el día más importante del calendario cristiano. Más importante aún que la Navidad.

    ¿Qué pasó en este día?
    ¿Fue la resurrección de Jesús un acontecimiento histórico real?
    ¿Cómo celebra la Iglesia este día?
    ¿Es la Pascua una fiesta pagana?

    Aquí hay 8 cosas que debes saber sobre el domingo de Pascua.

    1. ¿Qué pasó en Pascua?
    Entre otras cosas:
    Las mujeres fueron al sepulcro para ungir el cuerpo de Jesús.
    Vieron ángeles que les dijeron que no estaba allí.
    Fueron a decirles a los apóstoles, que inicialmente no les creían.
    Pedro y el discípulo amado corrieron a ver la tumba y la encontraron vacía.
    María Magdalena, en particular, tuvo un encuentro con el Cristo resucitado.
    Lo mismo hicieron los discípulos en el camino a Emaús.
    Pedro también lo hizo.
    Así hicieron todos los apóstoles, excepto Tomás (que tendría un encuentro posterior).

    ¡Jesús había resucitado de entre los muertos!

    Para leer sobre los eventos en el Nuevo Testamento, puedes consultar: Mateo 28, 1-15; Marcos 16, 1-20; Lucas 24, 1-49; Juan 20; 1-31.

    2. ¿Fue la Resurrección de Jesús un acontecimiento real, histórico o algo más?

    El Catecismo de la Iglesia Católica explica:

    639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento.
    Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: «Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: »(1 Co 15, 3-4).
    El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).

    3. ¿Cuál es el significado de la tumba vacía?

    El Catecismo de la Iglesia Católica explica:
    640 «¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado» (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15).
    A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección.
    Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). «El discípulo que Jesús amaba» (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir «las vendas en el suelo»(Jn 20, 6) «vio y creyó» (Jn 20, 8).
    Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).

    4. ¿Qué significado tienen las apariciones posteriores a la Resurrección de Cristo?

    El Catecismo de la Iglesia Católica explica:
    641 María Magdalena y las santas mujeres, que iban a embalsamar el cuerpo de Jesús (cf. Mc 16,1; Lc 24, 1) enterrado a prisa en la tarde del Viernes Santo por la llegada del Sábado (cf. Jn 19, 31. 42) fueron las primeras en encontrar al Resucitado (cf. Mt 28, 9-10; Jn 20, 11-18).
    Así las mujeres fueron las primeras mensajeras de la Resurrección de Cristo para los propios Apóstoles (cf. Lc 24, 9-10). Jesús se apareció en seguida a ellos, primero a Pedro, después a los Doce (cf. 1 Co 15, 5). Pedro, llamado a confirmar en la fe a sus hermanos (cf. Lc 22, 31-32), ve por tanto al Resucitado antes que los demás y sobre su testimonio es sobre el que la comunidad exclama: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» (Lc 24, 34).

    642 Todo lo que sucedió en estas jornadas pascuales compromete a cada uno de los Apóstoles —y a Pedro en particular— en la construcción de la era nueva que comenzó en la mañana de Pascua.
    Como testigos del Resucitado, los Apóstoles son las piedras de fundación de su Iglesia. La fe de la primera comunidad de creyentes se funda en el testimonio de hombres concretos, conocidos de los cristianos y de los que la mayor parte aún vivían entre ellos.
    Estos «testigos de la Resurrección de Cristo» (cf. Hch 1, 22) son ante todo Pedro y los Doce, pero no solamente ellos: Pablo habla claramente de más de quinientas personas a las que se apareció Jesús en una sola vez, además de Santiago y de todos los Apóstoles (cf. 1 Co 15, 4-8).

    643 Ante estos testimonios es imposible interpretar la Resurrección de Cristo fuera del orden físico, y no reconocerlo como un hecho histórico.

    5. ¿Qué significado tiene la resurrección de Cristo para nosotros?
    El Catecismo de la Iglesia Católica explica:
    651 «Si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe» (1 Co 15, 14).
    La Resurrección constituye ante todo la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó.
    Todas las verdades, incluso las más inaccesibles al espíritu humano, encuentran su justificación si Cristo, al resucitar, ha dado la prueba definitiva de su autoridad divina según lo había prometido.

    658 Cristo, «el primogénito de entre los muertos» (Col 1, 18), es el principio de nuestra propia resurrección, ya desde ahora por la justificación de nuestra alma (cf. Rm 6, 4), más tarde por la vivificación de nuestro cuerpo (cf. Rm 8, 11).

    6. ¿Cómo conmemoramos este día?
    La gran celebración de Pascua fue en la noche del Sábado Santo. Fue la Misa de la Vigilia Pascual. Por lo tanto, las celebraciones del Domingo de Pascua -al menos en lo que concierne a la Iglesia son más restringidas.
    Según el documento principal que rige las celebraciones relacionadas con la Pascua, Paschalis Solemnitatis :

    97. La misa se celebrará con gran solemnidad el día de Pascua.
    Es conveniente que el rito penitencial de este día tome la forma de una aspersión con agua bendecida en la Vigilia, durante la cual debe ser cantada la antífona Vidi aquam , o alguna otra canción de carácter bautismal.
    Las fuentes a la entrada de la iglesia también deben ser llenadas con la misma agua.

    7. ¿Cuál es el papel de del Cirio Pascual?

    Paschales Solemnitatis explica:

    99. El Cirio Pascual tiene su lugar propio, ya sea por el ambo o por el altar, y debe encenderse por lo menos en todas las celebraciones litúrgicas más solemnes de la temporada hasta el domingo de Pentecostés, ya sea en la misa, o en la oración de la mañana y de la tarde.
    Después de la Pascua la vela debe ser guardada con honor en el baptisterio, para que en la celebración del Bautismo las velas de los bautizados puedan ser encendidas de ellos.
    En la celebración de los funerales, la vela pascual debe colocarse cerca del ataúd para indicar que la muerte de un cristiano es su propia pascua.
    La vela pascual no debe ser iluminada ni colocada en el santuario fuera de la época pascual.

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  6. El silencio significa:
    La capacidad de pensar sin cabeza,
    La capacidad de volar sin alas,
    La capacidad de caminar sin pies,
    La capacidad de observar sin perturbar,
    La capacidad de escuchar sin interrumpir,
    La capacidad de palpar sin crear incomodidad.
    La capacidad de disfrutar la flor sin robarle su aroma y sobre todo la capacidad de entrar en ti y ver tu realidad.
    La verdad solo se puede conocer en absoluto silencio.
    No solo el silencio de afuera es necesario, pero también el silencio interior.
    Si al cerrar tus ojos tu mente está en silencio la puerta está abierta para conocer la realidad que te anima a vivir. Esa única realidad que llena tu alma de luz y claridad.
    Sin el silencio tu alma no tiene claridad, no tiene luz.
    El silencio es la atmósfera que el amor necesita para que tu alma brille.
    El silencio en un lado y el amor en el otro le dan alas a tu corazón.
    Esa belleza y esa armonía han sido perdidas debido a la ira, al orgullo etc.. esto es lo que significa la falta de silencio.
    Todas las preguntas están listas para ser respondidas, sin importar que profundas sean. Simplemente entra en la paz del silencio, calma ese mar de deseos, ese mar de ilusiones, deja que la calma te invada, deja que el silencio te posea, en ese momento lo viejo desaparece y lo nuevo nace en ti.
    Recuerda el silencio es el vientre de donde nacen los sabios. Si deseas adquirir sabiduría, vuelve a nacer en medio del silencio. Solo así encontrarás tu razón de ser, la razón por la cual haz nacido.
    Siéntate cómodamente, observa a tu alrededor, no juzgues, detente en tu afán, observa de nuevo, comprende que tu vida es un tesoro, deja tus preocupaciones a un lado. no hay necesidad de llevar un equipaje pasado, ya tu corazón tiene lo que necesitas en este viaje maravilloso que es tu vida.
    Deja el temor y permite que el silencio te posea, solo en esa inmensidad podrás escuchar la voz de Dios dentro de ti llamándote a vivir plenamente, llamando para darte a conocer todos los misterios del universo y no solamente esto, también esa voz quiere darte a conocer el secreto de la vida eterna, pero cuidado, no creas en promesas, has que esta se convierta en tu única realidad. Solo en profundo silencio podrás comprender lo que significa todo esto y sobre todo el estar vivo.

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  7. Auxilio… Dios se olvidó de mi

    Muchas personas piensan que Dios se ha olvidado de ellas y se dicen a si misma: ¿Por qué me abandonó Dios? ¿Es que acaso no soy digna? He puesto toda mi confianza en El y todavía no tengo respuesta. Me siento abandonada, sola y triste. ¿Si Dios me ama por qué permite que estas cosas malas me ocurran? ¿Por qué siempre oro y nunca me responde?

    La verdad es que muchas personas han olvidado como vivir, se han centrado tanto en los problemas y en las cosas que les acontecen que se olvidan de la grandeza de Dios y de los planes que tiene Dios para ellas, sus planes son de bienestar. Dios no se ha olvidado de ti, siempre ha estado pendiente y ha cuidado cada detalle de tu vida. Lo que siempre comparto, el hecho de estar viva es la maravillosa oportunidad para ir tras los sueños que Dios puso en nuestros corazones. Dios no se olvidó, no se olvida y no se olvidará de ti porque tú eres su máxima creación, tú eres un poema de El. Lo que sucede es que Dios no va a hacer lo que a nosotras nos toca hacer.

    Permítidme haceros una pregunta ¿Si tu vivieras tu vida ideal, qué te gustaría hacer?

    – ¿Ayudar a otros?
    – ¿Alcanzar equilibrio en tu vida?
    – ¿Entablar relaciones profundas y satisfactorias?
    – ¿Pasar más tiempo con tu familia?
    – ¿Disfrutar la vida junto a tu esposo o esposa?
    – ¿Comenzar tu propio negocio?
    – ¿Tener una vida saludable?
    – ¿Llevar una vida santa?
    – La lista podría ser larga y podrías contarme de las cosas que te gustaría hacer, ahora todo eso es posible cuando adquirimos el conocimiento de El. Conocimiento es sabiduría, sabiduría es el arte de vivir, “pues por falta de conocimiento mi pueblo ha sido destruido”. Oseas 4:6a

    La falta de conocimiento trae destrucción, trae crisis, trae derrotas, y muchas veces no encontramos respuestas a nuestros problemas por nuestra falta de conocimiento, nuestra ceguera al no ver lo que necesitamos ver para seguir adelante y lo único que alcanzamos a ver son obstáculos. Dios probablemente no te quite los obstáculos cada vez que oras. El desea que tú crezcas y seas responsable para que sola y guiada por el Espíritu Santo y basado en la Biblia puedas vencer cualquier obstáculo. Lo que Dios busca es formar y fortalecer nuestro carácter.

    Hay un relato llamado: La vida que sostienes está en tus manos
    “Un grupo de chicos conocían a un hombre sabio de su pueblo y urdieron un plan para engañarle. Atraparían a un pájaro vivo e irían a visitar al hombre sabio. Uno de ellos sostendría el pájaro detrás de la espalda y le preguntaría: “Hombre sabio, ¿el pájaro está vivo o muerto?” 
Si el hombre sabio respondía que estaba vivo, el chico aplastaría rápidamente al pájaro y diría: “No, está muerto”. 
Si el hombre sabio decía: “El pájaro está muerto”, el chico le enseñaría el pájaro con vida. Los chicos consiguieron que el hombre sabio los recibiera, El que sostenía al pájaro le preguntó: “Hombre sabio, ¿el pájaro está vivo o muerto?” 
El hombre sabio permaneció en silencio durante unos instantes. Después se agachó hasta que quedó a la misma altura que el chico y le dijo: “La vida que sostienes está en tus manos”.

    De la misma manera que muestra este relato “La vida que sostienes está en tus manos”. Dios te ha dado toda la capacidad de poder convertir tus sueños en realidad, está en tus manos el darle vida o matar tus sueños. Para ello vas a necesitar incorporar a tu vida esa búsqueda constante de Dios que me han ayudado y pueden llevarte a esa vida extraordinaria como el compromiso, la disciplina, el aprendizaje, la perseverancia y la responsabilidad. .

    ¿Por qué nos cuesta creer que podemos tener o lograr lo mejor?

    ¿Dios se ha olvidado de ti? De ninguna manera.

    ¿Te olvidarás tú de Dios? Es lo más probable que ocurra. Y para no olvidarse de El hay que estar conectada con El con un corazón agradecido, no un corazón lleno de quejas.

    ¿Por qué no dejas tu problema en el altar? ¿Por qué no comienzas a vivir la vida abundante? ¿Por qué no dejas de vivir en el pasado y comienzas a vivir tu futuro?

    Hay una frase que dice: “El artista no es nada sino está conectado con su don, pero el don no es nada si no se lo pone a trabajar.” Emile Zola

    Recuerda siempre que aunque tú olvides, Dios nunca se olvidará de ti. Ve tras tus sueños recordando las palabras del Apóstol Pablo:” Estoy convencida de esto: el que comenzó tan buena obra en vosotras la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús.” Filipenses 1:6

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  8. El Papa: Los anuncios de Dios son siempre una sorpresa, un “directo al estómago”

    El Pontífice usa el lenguaje coloquial de los jóvenes en su homilía de Pascua

    “Es un golpe en el estomago” el anuncio sorprendente de la Resurrección de Jesús, expresó el Papa Francisco, usando el lenguaje de los jóvenes, durante la Misa del Domingo Pascual que presidió en el Sagrado de la Basílica Vaticana este 1 de abril de 2018.

    La celebración ha iniciado con el rito del ‘Resurrexit’, en el que han participado fieles romanos y peregrinos provenientes de todo el mundo en ocasión de la fiesta de la Pascua.

    El Papa destacó “la sorpresa” como elemento fundamental de la Pascua; la que lleva de prisa a las mujeres a correr a dar el anuncio, la que movió a Pedro y Juan a ir al sepulcro y la que demuestra la “paciencia de Dios” por aquellos que aún no creen que Jesús está vivo. ¿Y tú qué?, preguntó Francisco.

    La sorpresa

    Primero, el Papa destacó el anuncio de la Resurrección hecho por las mujeres. “¡El Señor señor ha resucitado! Ese anuncio que en los primeros años del cristianismo andaba de “boca en boca”.

    Francisco dijo que era el “saludo: ¡El Señor ha resucitado!”. Subrayó que las mujeres que fueron a a la Tumba de Jesús para ungir su cuerpo encontraron “una sorpresa”.

    “La sorpresa… Los anuncios de Dios son siempre una sorpresa porque nuestro Dios es un Dios de las sorpresas”, expresó. Es así, desde “el inicio de la historia la salvación”, como cuando Dios dice a Padre Abraham: ‘Vete de tu tierra y anda’”, expresó.

    Siempre hay una sorpresa detrás de la otra. “Dios no sabe hacer un anuncio sin sorprendernos” y la sorpresa es aquella “que nos toca el corazón ahí donde no te lo esperas”. Luego aludió al lenguaje de los jóvenes: “Es un golpe bajo” , un golpe en el vientre “sin que lo esperes”. “Él va y te conmueve. ¡El primer anuncio hecho sorpresa!”, dijo.

    La prisa

    Segundo: la prisa. Las mujeres van corriendo de prisa a decir: ‘Hemos encontrado esto. Las sorpresas de Dios nos ponen en camino, en seguida, sin esperar. Así corren para ver. “Y Pedro y Juan corren. Los pastores en la noche de Navidad corren, vamos a Belén”.

    “La Samaritana corre para decir a su pueblo: Esta es una novedad, encontré a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. La gente ya sabía las cosas que hizo. Y esa gente corre, deja lo que está haciendo”.

    “Hasta la ama de casa corre y deja las papas en la olla… las encontrará quemadas, pero corre. Lo importante es andar para ver esa sorpresa, ese anuncio”, añadió con su lenguaje directo.

    “Hoy también nos sucede en nuestros barrios y en nuestras aldeas; cuando sucede algo de extraordinario, la gente corre para ir a ver”.

    “Ir de prisa. Andrés, el apóstol, no “perdió tiempo, para ir de prisa donde Pedro y decirle: Encontramos al Mesías”.

    Las sorpresas, las buenas noticias se dan siempre así de prisa. En el Evangelio hay uno que se toma algo de tiempo, no quiere arriesgar. Pero, el Señor es bueno. Lo espera con amor: Tomás. “Yo creeré cuando tocaré sus llagas”.

    El Papa subrayó la paciencia de Dios: “tiene paciencia con nosotros” y con “aquellos que no se mueven tan de prisa”.

    ¿Y yo qué?

    Por último preguntó: ¿Y yo qué? ¿Tengo el corazón abierto ante las sorpresas de Dios, soy capaz de moverme de prisa o siempre con esa cantaleta: ‘Mañana veré, mañana veré’?

    Por eso, exhortó a preguntarse: “¿Qué me dice a mí la sorpresa?” Juan y Pedro fueron de prisa al sepulcro. Juan en el Evangelio nos dice: ‘Cree’.

    Y Pedro también, pero señaló que este apóstol lo hizo a su modo. Pedro. La fe mezclada con el “remordimiento” de haber negado al Señor.

    En esta Pascual del año 2018, preguntó: ¿Y yo qué? ¿y tú qué?

    Flores en San Pedro

    Como es tradición, los floristas de Holanda han donado 50.000 flores y plantas para engalanar la Plaza de San Pedro. Millones de espectadores en el mundo pudieron admirar la belleza de las decoraciones.

    En línea con los mensajes del Papa sobre la Pascua las manchas en las orquídeas significan las gotas de sangre derramadas por Cristo. En este sentido, una novedad fue la exposición de la orquídea holandesa, Cymbidium, que simboliza la amistad y el amor puro.

    En efecto, a los pies de las escaleras delante de la Basílica, se admiraban las grandes composiciones en forma de círculo a simbolizar la unión entres los pueblos: realizadas con 3.500 rosas grandiflora blancas, rosadas pálidas y rosadas salmón.

    También, anoche, el Papa Francisco bautizó a 8 adultos durante la Vigilia de Pascua celebrada en la Basílica Vaticana: “Que no se apague nunca en ustedes la luz de Cristo”.

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  9. Una preciosa catequesis del Papa polaco hace 21 años
    Una preciosa catequesis del Papa polaco hace 21 años

    La comunidad filipina tiene toda una celebración vinculada a la creencia tradicional de que el Jesús Resucitado seguramente debió haber elegido visitar a su Madre primero, incluso antes de que María Magdalena lo viera fuera de la tumba.

    Esta creencia fue reflejada por el Papa Juan Pablo II en la audiencia general del 21 de mayo de 1997.

    Te ofrecemos sus palabras para disfrutar hoy (los subrayados en negrita son nuestros):

    1. Después de que Jesús es colocado en el sepulcro, María “es la única que mantiene viva la llama de la fe, preparándose para acoger el anuncio gozoso y sorprendente de la Resurrección”. La espera que vive la Madre del Señor el Sábado santo constituye uno de los momentos más altos de su fe: en la oscuridad que envuelve el universo, ella confía plenamente en el Dios de la vida y, recordando las palabras de su Hijo, espera la realización plena de las promesas divinas.

    Los evangelios refieren varias apariciones del Resucitado, pero no hablan del encuentro de Jesús con su madre. Este silencio no debe llevarnos a concluir que, después de su resurrección, Cristo no se apareció a María; al contrario, nos invita a tratar de descubrir los motivos por los cuales los evangelistas no lo refieren.

    Suponiendo que se trata de una “omisión”, se podría atribuir al hecho de que todo lo que es necesario para nuestro conocimiento salvífico se encomendó a la palabra de “testigos escogidos por Dios” (Hch 10, 41), es decir, a los Apóstoles, los cuales “con gran poder” (Hch 4, 33) dieron testimonio de la resurrección del Señor Jesús. Antes que a ellos, el Resucitado se apareció a algunas mujeres fieles, por su función eclesial: “Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán” (Mt 28, 10).

    Si los autores del Nuevo Testamento no hablan del encuentro de Jesús resucitado con su madre, tal vez se debe atribuir al hecho de que los que negaban la resurrección del Señor podrían haber considerado ese testimonio demasiado interesado y, por consiguiente, no digno de fe.

    2. Los evangelios, además, refieren sólo unas cuantas apariciones de Jesús resucitado, y ciertamente no pretenden hacer una crónica completa de todo lo que sucedió durante los cuarenta días después de la Pascua. San Pablo recuerda una aparición “a más de quinientos hermanos a la vez” (1 Co 15, 6). ¿Cómo justificar que un hecho conocido por muchos no sea referido por los evangelistas, a pesar de su carácter excepcional? Es signo evidente de que otras apariciones del Resucitado, aun siendo consideradas hechos reales y notorios, no quedaron recogidas.

    ¿Cómo podría la Virgen, presente en la primera comunidad de los discípulos (cf. Hch 1, 14), haber sido excluida del número de los que se encontraron con su divino Hijo resucitado de entre los muertos?

    3. Más aún, es legítimo pensar que verosímilmente Jesús resucitado se apareció a su madre en primer lugar. La ausencia de María del grupo de las mujeres que al alba se dirigieron al sepulcro (cf. Mc 16, 1; Mt 28, 1), ¿no podría constituir un indicio del hecho de que ella ya se había encontrado con Jesús? Esta deducción quedaría confirmada también por el dato de que las primeras testigos de la resurrección, por voluntad de Jesús, fueron las mujeres, las cuales permanecieron fieles al pie de la cruz y, por tanto, más firmes en la fe.

    En efecto, a una de ellas, María Magdalena, el Resucitado le encomienda el mensaje que debía transmitir a los Apóstoles (cf. Jn 20, 17-18). Tal vez, también este dato permite pensar que Jesús se apareció primero a su madre, pues ella fue la más fiel y en la prueba conservó íntegra su fe.

    Por último, el carácter único y especial de la presencia de la Virgen en el Calvario y su perfecta unión con su Hijo en el sufrimiento de la cruz, parecen postular su participación particularísima en el misterio de la Resurrección.

    Un autor del siglo V, Sedulio, sostiene que Cristo se manifestó en el esplendor de la vida resucitada ante todo a su madre. En efecto, ella, que en la Anunciación fue el camino de su ingreso en el mundo, estaba llamada a difundir la maravillosa noticia de la resurrección, para anunciar su gloriosa venida. Así inundada por la gloria del Resucitado, ella anticipa el “resplandor” de la Iglesia (cf. Sedulio, Carmen pascale, 5, 357-364: CSEL 10, 140 s).

    4. Por ser imagen y modelo de la Iglesia, que espera al Resucitado y que en el grupo de los discípulos se encuentra con él durante las apariciones pascuales, parece razonable pensar que María mantuvo un contacto personal con su Hijo resucitado, para gozar también ella de la plenitud de la alegría pascual.

    La Virgen santísima, presente en el Calvario durante el Viernes santo (cf. Jn 19, 25) y en el cenáculo en Pentecostés (cf. Hch 1, 14), fue probablemente testigo privilegiada también de la resurrección de Cristo, completando así su participación en todos los momentos esenciales del misterio pascual. María, al acoger a Cristo resucitado, es también signo y anticipación de la humanidad, que espera lograr su plena realización mediante la resurrección de los muertos.

    En el tiempo pascual la comunidad cristiana, dirigiéndose a la Madre del Señor, la invita a alegrarse: Regina caeli, laetare. Alleluia. “¡Reina del cielo, alégrate. Aleluya!”. Así recuerda el gozo de María por la resurrección de Jesús, prolongando en el tiempo el “¡Alégrate!” que le dirigió el ángel en la Anunciación, para que se convirtiera en “causa de alegría” para la humanidad entera.

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  10. Cuando despertó el dinosaurio seguía allí…… Sí pienso que la cuaresma actualmente es una representación de algo que pasó., hoy en día puede que él dinosaurio. (sociedad) no cambie mucho en global. Pero seguramente en muchos sitios hayan cambiado muchas
    personas.. Sería deprimente pensar que nada se nueve….. Y si pensamos que La muerte de Cristo de alguna manera acabo con el poder de Roma y se fundó la iglesia. Y que no sólo cambio este mundo si no el otro. Uno se puede despertar pensando que hoy hay más católicos que siguen la cruz. Y aunque el mundo sigue siendo igual en apariencia no todos siguen siendo lo mismo. Saludos cordiales 🐣

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