¿Qué es la Semana Santa?

10 comentarios sobre “¿Qué es la Semana Santa?

  1. La semana santa para mi es un tiempo de reflexión y recogimiento,recordando la muerte y resurrección de nuestro amado Señor Jesucristo. Debemos recordar el sufrimiento que padeció y el sacrificio que Él hizo, para que nosotros pudiésemos ser salvos, os invito amigos a ser parte de este recogimiento y acoger a Jesús en nuestro corazón, pero también debemos alegrarnos y regocijarnos y que no este triste el corazón porque nuestro Señor Jesucristo está vivo y el vive y reina por los siglos de los siglos.

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  2. 8 Consejos para sacar más provecho de la Santa Misa

    Lee y estudia las lecturas antes de ir a Misa, y escucha con atención cuando se proclama la Palabra

    Muchos van a Misa con la expectativa de sacar mucho provecho de ella, pero lo que se obtiene en la Misa depende de qué tipo de cambio se está dispuesto a hacer antes, durante y después de la celebración, porque lo que se pone en la Misa determina lo que se obtiene de ella.

    Permíteme que te de algunas sugerencias que me han ayudado a sacar más provecho de la Misa.

    Aquí hay ocho rápidas indicaciones:

    1. Prepárate adecuadamente para la Misa
    •Lee y estudia las lecturas antes de ir a Misa, y escucha con atención cuando se proclama la Palabra.
    •Estudia las enseñanzas de la Iglesia. Cuanto más conozcas a Jesús y su Iglesia, más la amarás. No se puede amar lo que no se conoce.
    •Confiésate regularmente. Esto te ayudará a prepararte espiritualmente.
    •Reza cada día. ¡Sin oración no tienes poder espiritual!
    •Vístete de manera apropiada. Vas a encontrar al Rey de los Reyes. No te vistas como si fueras a una cita a comer, a la calle o a clase. Es una ocasión especial.
    •Llega a tiempo y siéntate delante. Menos distracciones y más tiempo para la oración antes de la Misa.
    •Una vez en la Iglesia, no hables y no mires a las personas. Reza.

    2. Ten una actitud adecuada
    •No esperes algo entretenido. Estás allí para ofrecer a Dios adoración y recibir la gracia.
    •Busca a Dios en cada momento de la Misa.
    •No permitas que las distracciones externas turben tu paz interior.
    •Encuentra en la predicación una información preciosa para llevarte a casa.

    3. Participa plenamente de la Santa Misa
    •Canta, aunque desafines.
    •Responde a las plegarias y reza con ganas. Da todo a Dios y no te preocupes de los demás.
    •Recuerda que la Misa no es momento para las relaciones sociales.
    •Ofrece a Dios tu dolor y tu sufrimiento, tu alegría y tus oraciones.

    4. Escucha la Palabra de Dios, y déjale que te cambie
    •¿Estás abierto a la posibilidad de que Dios te cambie? Si no lo estás, no cambiarás.
    •Escucha la Palabra que se proclama y déjala que te desafíe.
    •Encuentra un elemento de la homilía que aplicar durante la semana.

    5. Conoce, comprende y proclama tu fe
    •No te limites a recitar el Credo – proclámalo comprendiendo lo que dices.

    6. Dar las ofrendas
    •Si cada católico diera una ofrenda generosa, piensa en todo lo que se podría hacer.
    •Sí, es nuestro deber sostener a la Iglesia, pero más por nuestra fe que por la Iglesia.
    •La mayor parte de la gente da una “propina”, no verdadera ofrenda. Sugerencia: da una ofrenda generosa y no aquellas monedas que te sobren
    •Dar una ofrenda generosa nos ayuda a ordenar correctamente los dones que Dios nos ha dado.

    7. Cuando recibes a Jesús en la Eucaristía, entiende lo que estás haciendo
    •Estás asumiendo el Cuerpo, la Sangre, el alma y la divinidad de DIOS.
    •Te estás uniendo al cielo en la tierra.
    •Te estás haciendo una cosa sola con el Cuerpo de Cristo.
    •Ten reverencia.
    •Comprende que Él está en todos los que le hayan recibido.

    8. Habla a los demás de Él
    •Ahora tienes el poder de evangelizar (compartir la Buena Noticia de Cristo), que es el motivo por el que existe la Iglesia.

    “Si comprendiéramos de verdad la Misa, moriríamos de alegría” (San Juan María Vianney)

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  3. Papa Francisco: Cada uno de nosotros es esa oveja que el Señor lleno de misericordia ha querido cargar sobre sus hombros

    EL Papa Francisco en su Audiencia General de cada miércoles, ha dicho que Dios ama a todos y cada uno de nosotros, Él es totalmente ajeno a la “cultura del descarte” de hoy y como el buen pastor, Él no quiere que una sola persona se pierda.

    El Papa continuó su catequesis de este Año Santo de la Misericordia, siguiendo así, con su ciclo de catequesis dedicados a la misericordia de Dios. En esta oportunidad, ha realizado su reflexión basado en la parábola del Buen Pastor. A continuación su reflexión:

    Dios es cercano a los pecadores

    Todos conocemos la imagen del Buen Pastor que se carga sobre las espaldas a la oveja perdida, ícono que desde siempre representa el cuidado de Jesús hacia los pecadores y la misericordia de Dios que no se resigna a perder a nadie.

    La parábola es narrada por Jesús para hacer comprender que su cercanía a los pecadores no debe escandalizar, sino que por el contrario, provocar en todos una seria reflexión sobre cómo vivimos nuestra fe:

    Delante de los Fariseos que se escandalizaban de su relación con los pecadores, Jesús les propone esta paradoja:

    “¿Quién de ustedes, si se le pierde una oveja, sería capaz de dejar a las noventa y nueve en el desierto para ir a buscarla?”

    Fíjense que no dice que las deja en el redil, en un lugar seguro, sino en el desierto, sin agua, sin comida, a merced de las fieras y ladrones. No parece sensato, y sin embargo así hace el buen Pastor. No se preocupa de poner a salvo primero al resto del rebaño, sino que va de inmediato en busca de la oveja perdida y la lleva a casa sobre sus hombros.

    Dios no descarta a nadie

    La enseñanza que el Señor nos quiere dar, es que ninguna oveja se puede perder. ¿Por qué? Porque el Señor no se resigna al hecho que ni siquiera un apersona se pueda perder: “¡Dios no conoce nuestra actual cultura del descarte!”. Dios no descarta ninguna persona; Dios ama a todos, busca a todos… ¡a todos!.

    Muchas veces también nosotros nos escandalizarnos de esta actitud aparentemente inconsciente del Señor, pero hay una razón para este modo de actuar. No podemos exigir al Señor que permanezca con nosotros, olvidándose del otro; nadie puede sujetarlo, frenar su amor por todos.

    Si queremos tenerle, debemos seguirlo, seguirlo allí donde se encuentra la oveja descarriada, si nos movemos con él, también nosotros haremos fiesta al encontrarla y volver juntos a casa.

    Alégrense conmigo

    Les aconsejo que reflexionen a menudo sobre esta parábola, pensando también en el buen ladrón, porque en la visión de Jesús nadie está definitivamente perdido, sino que son ovejas que van reencontradas.

    La perspectiva del Señor es, pues, dinámica, abierta, estimulante y creativa, y nos empuja a salir en la búsqueda para emprender un camino de fraternidad.

    Cada uno de nosotros es esa oveja que el Señor lleno de misericordia ha querido cargar sobre sus hombros para llevarla a casa y, al mismo tiempo, cada uno hemos sido llamados a recoger junto al Buen Pastor a toda la grey, para participar todos de su alegría. Que Dios los bendiga

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  4. Dios, Señor y Salvador mío, en quien pongo toda mi confianza, te doy gracias por el hermoso regalo de tu presencia que todo lo transforma y todo lo sana.

    Ven y posa tu mano sobre mí y lléname de paz mi corazón, abre mi espíritu a todas las gracias que tienes preparada para mí a lo largo de este día.

    Quiero hacer mía cada una de tus palabras y mediante ella generar obras agradables a Ti. Confío en que caminas a mi lado, me cuidas y me guías

    Como aquellas personas que te recibieron triunfante en Jerusalén, con alegría, palmas y cánticos, así también yo quiero recibirte en mi corazón.

    Tú eres el Rey triunfador, el Señor de la historia y el dueño de mi vida. Que tu amor sea mi escudo que me protege de los que intentan hacerme caer.

    Como aquel burrito que te condujo a tu ciudad santa, te mostró por todo lo alto e hizo que todos recibieran tu luz, así también quiero ser portador tuyo.

    Señor, eres lo más grande de mi vida. Todo te lo entrego. En el momento de las penas, Tú no me dejas desfallecer, pues tu amor es inmenso y me cubre.

    Quiero desde ahora servirte con dedicación, hacer que todos te reciban y en mi compañía, puedan sentir el amor y la felicidad que proviene de Ti.

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  5. Del triunfo a la cruz

    El Domingo de Ramos es llamado también el Domingo de Pasión. Dos nombres diferentes para una misma realidad. Porque este domingo comienza con un ambiente de fiesta. Recordamos, haciendo incluso una procesión, la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Por una vez, Jesús es aclamado por su pueblo. Se le reconoce como el nuevo David, el rey que todos esperaban. Claro que su entrada no es como la de un rey de los de la época. Su montura es un borrico, que no era exactamente la montura de los reyes. Los que le aclamaban formaban parte del pueblo bajo. Seguro que no había muchos sacerdotes ni escribas entre ellos. Los sacerdotes y los escribas estarían más bien pensando en como librarse de él. Así que el triunfo y la cruz se comienzan ya a mezclar. Del mismo modo que la liturgia une esas dos realidades en este día.
    Porque de la procesión pasamos a la misa y, en ésta, las lecturas nos sitúan frente a la muerte de Jesús y su significado. Jesús es el que se entrega a sí mismo a la muerte para cumplir la voluntad de Dios, su Padre, y confía totalmente en él a la hora de su entrega final, como dice el profeta Isaías en la primera lectura. Jesús, es el mismo Dios que entrega su vida por nosotros, que no hace alarde su categoría de Dios, que se somete incluso a la muerte. Y es a través de esa entrega como se va a convertir en signo de salvación para todos. “Ante él se doblará toda rodilla”, como dice san Pablo en la segunda lectura.
    Comenzamos así la Semana Santa. Éste es el pórtico grande en que nos situamos: en Jesús el triunfo mayor es el momento de su muerte. Lo que para nosotros es el máximo dolor, el mayor sin-sentido, para Dios es la oportunidad de proclamar su amor por todos los hombres de la forma más solemne posible. Ya no sabemos qué parte es la más triunfal, si su entrada sobre un borrico en Jerusalén mientras que unos pobres gritan y agitan ramas de olivo, o el momento de la cruz, en el que sólo, abandonado de todos los suyos, firma con su propia sangre que toda su vida ha querido estar al servicio del reino de Dios, ha querido ser un testimonio viviente de su amor por los hombres y mujeres y que su entrega es para que todos tengamos vida y vida en abundancia.
    Sólo queda una pregunta pendiente: ¿Dónde estamos nosotros en toda esta historia? Porque Jesús está entregándose por nosotros, por cada uno de nosotros. Cuando levantamos la mirada y lo vemos, en el borrico o en la cruz, encontramos lo mismo: sus ojos nos miran y nos dicen que lo da todo para que seamos felices, para que vivamos, para que nos amemos. Al menos que durante esta semana, sepamos permanecer cerca de Jesús. No es necesario decir muchas palabras. En silencio pero cerca de Él. Sin distraernos en los detalles superficiales. Simplemente, dejando que llegue a nuestro corazón la hondura de su amor, de su entrega por nosotros. Para que tengamos vida y vida en abundancia.

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  6. Para mí la semana santa no significa nada especial. Está tan desvirtuada que es fácil quedarse en un montón de procesiones para hacer fotos..Palabras bonitas, y un sin fin de actos litúrgicos, donde sé intenta manipular el corazón de las personas a través de reproducciones dolorosas….

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    1. Esto no quiere decir que la liberación de la desilusión, el desánimo y la desesperación pueden efectuarse por un simple truco de la mente por medio de la habilidad de referir nuestras desolaciones de forma automática hacia Dios, sino que, se debe buscar una conversión gradual y dolorosa del alma para llevarla desde una “auto centralidad” hacia una “Dios centralidad” que lleve una tendencia creciente hacia la confianza. Ya no es estar abatido por ver tanto mal en nosotros mismos, en los demás y en el mundo, sino que nos levantamos de eso y empezamos a ver un bien posible en nosotros mismos, en los demás y en el mundo. La visión se extiende desde un probable bienestar hasta un determinado bienestar. Al ampliar este horizonte que revela lo positivo donde antes sólo se esperaba lo negativo, existe el conocimiento de que el único bien es Dios y que está presente en esta tierra, tan real como lo testifican los que reciben la Palabra hecha carne, no por voluntad del hombre, sino por voluntad de Dios.

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    2. Isabel, siento que para ti la Semana Santa se quede solo en lo que dices. En mi primer artículo comentado en este día queda patente que la Semana Santa es mucho mas de lo que tu dices, al menos para mi.
      Un abrazo.

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  7. 25 marzo 2018
    Francisco a los jóvenes en Domingo de Ramos: «Si el mundo calla y pierde alegría, ¡ustedes griten!»

    El Papa Francisco presidió la celebración eucarística del Domingo de Ramos y de la Pasión del Señor, este domingo 25 de marzo, fecha en la que también se celebra la XXXIII Jornada Mundial de la Juventud, informa Renato Martinez, del servicio de noticias de la Santa Sede Vatican News.

    “Cristo murió gritando su amor por cada uno de nosotros; por jóvenes y mayores, santos y pecadores, amor a los de su tiempo y a los de nuestro tiempo. En su cruz hemos sido salvados para que nadie apague la alegría del evangelio; para que nadie, en la situación que se encuentre, quede lejos de la mirada misericordiosa del Padre”, lo dijo el Papa Francisco en su homilía en la Misa del Domingo de Ramos y de la Pasión del Señor, celebrada en la Plaza de San Pedro, este domingo 25 de marzo, fecha en la que también se celebra la XXXIII Jornada Mundial de la Juventud y el 23° Aniversario de la Encíclica “Evangelium Vitae” de San Juan Pablo II.

    Nuestro vivir cotidiano como discípulos
    En su homilía, el Santo Padre recuerda que, la liturgia de este domingo nos invita a hacernos partícipes de la alegría y la fiesta del pueblo que es capaz de alabar a su Señor; pero al mismo tiempo nos dice que esa alegría se empaña y deja un sabor amargo y doloroso al terminar de escuchar el relato de la Pasión. “Pareciera que en esta celebración – señala el Pontífice – se entrecruzan historias de alegría y sufrimiento, de errores y aciertos que forman parte de nuestro vivir cotidiano como discípulos, ya que logra desnudar los sentimientos contradictorios que también hoy, hombres y mujeres de este tiempo, solemos tener”.

    Sentimientos, afirma el Papa, que son capaces de amar mucho y también de odiar mucho; capaces de entregas valerosas y también de saber ‘lavarnos las manos’ en el momento oportuno; capaces de fidelidades, pero también de grandes abandonos y traiciones.

    El canto y la alegría espontánea de tantos “postergados”
    Este relato evangélico del ingreso de Jesús a Jerusalén, precisa el Papa Francisco, puede suscitar cantos y alegría, pero también, enojo e irritación en manos de algunos. “Podemos imaginar –afirma el Pontífice– que es la voz del hijo perdonado, del leproso sanado o el balar de la oveja perdida que resuena con fuerza en ese ingreso. Es el canto del publicano y del impuro; es el grito del que vivía en los márgenes de la ciudad. Es el grito de hombres y mujeres – subraya el Papa – que lo han seguido porque experimentaron su compasión ante su dolor y su miseria. Es el canto y la alegría espontánea de tantos postergados que tocados por Jesús pueden gritar: ‘Bendito el que llega en nombre del Señor’”.

    Esta alegría y alabanza, de los postergados agrega el Obispo de Roma, resulta incómoda y se transforma en sinrazón escandalosa para aquellos que se consideran a sí mismos justos y ‘fieles’ a la ley y a los preceptos rituales. “Alegría insoportable –señala el Papa– para quienes han bloqueado la sensibilidad ante el dolor, el sufrimiento y la miseria. Alegría intolerable para quienes perdieron la memoria y se olvidaron de tantas oportunidades recibidas”.

    El grito del “malhechor” que sólo confía en sus propias fuerzas y se siente superior a los demás
    Es difícil comprender la alegría y la fiesta de la misericordia de Dios para quien quiere justificarse a sí mismo y acomodarse, afirma el Papa Francisco, es difícil poder compartir esta alegría para quienes solo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros y así nace el grito del que no le tiembla la voz para gritar: ‘¡Crucifícalo!’. “No es un grito espontáneo – puntualiza el Pontífice – sino el grito armado, producido, que se forma con el desprestigio, la calumnia, cuando se levanta falso testimonio. Es la voz de quien manipula la realidad y crea un relato a su conveniencia y no tiene problema en ‘manchar’ a otros para acomodarse”.

    Es el grito, agrega el Santo Padre, del que no tiene problema en buscar los medios para hacerse más fuerte y silenciar las voces disonantes. Es el grito que nace de ‘trucar’ la realidad y pintarla de manera tal que termina desfigurando el rostro de Jesús y lo convierte en un ‘malhechor’. Es la voz del que quiere defender la propia posición desacreditando especialmente a quien no puede defenderse. Es el grito fabricado por la ‘tramoya’ de la autosuficiencia, el orgullo y la soberbia que afirma sin problemas: ‘Crucifícalo, crucifícalo’.

    De este modo, concluye el Papa, se termina silenciando la fiesta del pueblo, derribando la esperanza, matando los sueños, suprimiendo la alegría; así se termina blindando el corazón, enfriando la caridad. Es el grito del ‘sálvate a ti mismo’ que quiere adormecer la solidaridad, apagar los ideales, insensibilizar la mirada… el grito que quiere borrar la compasión.

    La Cruz de Cristo el último grito
    Frente a todas estas voces y gritos, afirma el Papa Francisco, el mejor antídoto es mirar la cruz de Cristo y dejarnos interpelar por su último grito. “Cristo murió gritando su amor por cada uno de nosotros; por jóvenes y mayores, santos y pecadores, amor a los de su tiempo y a los de nuestro tiempo. En su cruz – señala el Pontífice – hemos sido salvados para que nadie apague la alegría del evangelio; para que nadie, en la situación que se encuentre, quede lejos de la mirada misericordiosa del Padre. Mirar la cruz es dejarse interpelar en nuestras prioridades, opciones y acciones. Es dejar cuestionar nuestra sensibilidad ante el que está pasando o viviendo un momento de dificultad”.

    “Jóvenes, está en ustedes no quedarse callados”
    Antes de concluir su homilía, el Santo Padre dirigió su atención a los jóvenes, a quienes invitó a no quedarse callados, sino a manifestar la alegría de haber encontrado a Jesús. “Hacer callar a los jóvenes es una tentación que siempre ha existido… Hay muchas formas de silenciar y de volver invisibles a los jóvenes. Muchas formas de anestesiarlos y adormecerlos para que no hagan ‘ruido’, para que no se pregunten y cuestionen. Hay muchas formas de tranquilizarlos para que no se involucren y sus sueños pierdan vuelo y se vuelvan ensoñaciones rastreras, pequeñas, tristes”.

    Queridos jóvenes, dijo el Papa, está en ustedes la decisión de gritar, está en ustedes decidirse por el Hosanna del domingo para no caer en el ‘crucifícalo’ del viernes. “Está en ustedes no quedarse callados. Si los demás callan, si nosotros los mayores y los dirigentes callamos, si el mundo calla y pierde alegría, les pregunto: ¿Ustedes gritarán?”.

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  8. Hoy Domingo de Ramos damos inicio a la Semana Santa, días
    en los que los que la Iglesia nos invita al silencio, la meditación y contemplación de los grandes misterios de nuestra Fe; La Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

    Hoy de manera especial quiero pedirte Señor que me enseñes a ser humilde como Tu, que siendo el Hijo de Dios aceptaste con humildad los insultos, desprecios y descalificaciones que te hicieron.
    Tu viniste a enseñarnos un reinado diferente, de amor, de paz, esperanza, alegría…

    Señor ayúdame para que esta Semana Santa realmente sea eso, una semana dedicada a Ti, que meditando en lo que has hecho por mi, me ayude a transformarme y a llenarme de tu amor.
    Que aprenda a ser humilde como tu me has enseñado y esa humildad se transforme en saber darte el lugar que te corresponde en mi vida y en el servicio a los demás.

    Te pido de manera especial por los que pasan momentos difíciles, por los enfermos y sus familias, por los excluidos y los olvidados, llena su corazón de paz y danos tu bendición.
    Amén.

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